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No te olvides de visitar la Guía de Combate que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. En Shinobi's Justice utilizamos un sistema de combate de rol interpretativo donde empleamos técnicas y un sistema de parámetros, así como un medidor de chakra. Recordamos que las técnicas y los parámetros son interpretativos, no deben tomarse siempre al pie de la letra. Se puede ganar un combate cumpliendo las normas y describiendo bien tanto el escenario como la situación aunque se esté en desventaja, del mismo modo que se puede perder un combate ganado al no cumplir las reglas.






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No te olvides de visitar la Guía de Ambientación que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. A la hora de crear tu personaje es muy importante que pienses la religión, el país, y la aldea, pues cada una es, a su modo, única. Aconsejamos una lectura lentura y pausada para poder elegir lo mejor para el personaje que desees crear.






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No te olvides de visitar la Guía para Novatos que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. A la hora de hacer los registros, no olvides que puedes hacer el expediente, el perfil ninja y las cronología y relaciones al mismo tiempo, sin embargo hasta que el expediente no te sea aceptado NO PODRÁS hacer los registros ni de aldea ni de PB.




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Primer y Segundo día

Recordó todos los días en los que su abuelo le obligaba a levantarse en mitad de la noche para comenzar su entrenamiento, uno que podría durar hasta que al viejo le diese la gana, se lo llevaba a una zona de entrenamiento previamente preparada en la aldea y se quedaban allí hasta pasados unos cuantos días.-Que locura, ese viejo realmente buscaba hacerme el más fuerte, ¿Pero a qué precio maldito hijo de perra chiflado?, ¡No necesitas matar a una persona en alma y vida!, no puedo descuidar más mi entrenamiento o seré tan inútil como aquellos-Caminó desvelado en la madrugada, salió de su casa por la costumbre, la maldita costumbre que lo seguiría hasta la hora de su muerte. En realidad echó de menos el sentirse más poderoso, aquellos extenuantes entrenamientos lo dejaron en más de una ocasión en un estado muy cercano a la muerte, pero su efectividad era más que notable, quizá podría evitar aquello de acabar hecho mierda pero podría volver a ejercitarse de forma extrema, los resultados eran todo lo que importaba y tampoco podía dejar de lado su profesión, es un shinobi, no podía conseguir vivir tranquilo siendo un debilucho, también los Dioses y los Yokai lo castigarían si se perdiese demasiado en lo frugal, debía primero hacer hacerse fuerte y entre medias disfrutar todo lo que pudiese. Llegó a la zona de entrenamiento, por toda la zona se encontró con muchos chicos y chicas mostrando habilidades extraordinarias, desde técnicas de ninjutsu de distintos tipos de elementos a taijutsu de un muy alto nivel, algunas técnicas mostradas le sorprendieron.  Comenzó a darse cuenta como se había estancado con su entrenamiento diario, muchos muchachos más jóvenes que él lo habían sobrepasado, ¿Cómo podría permitirlo?, agradeció desde el fondo de su corazón que su abuelo estuviese muerto, de estar vivo sería él quien comiese lombrices bajo tierra con una lápida que rezaba lo inútil y débil que había sido en su corta vida.Se dirigió al apartado claro en el que había sido entrenado por su abuelo durante toda su vida, le costó acercarse sin evitar recordar todas las veces que había sangrado sobre aquella tierra, armas que había destrozado, veces que perdió la consciencia. Se colocó en el centro de aquella enorme circunferencia, múltiples maquinas lanzadoras de armas arrojadizas se encontraban desperdigadas, trampas, hilos de acero, armas arrojadizas como shurikens y kunais clavados en la tierra dentro de aquella circunferencia.-Cuanto tiempo ha pasado…-Murmuró mientras Heihachi se acercaba a una katana vieja y sin apenas filo tendida en uno de los extremos  del terreno, la recogió notando su peso, ahora era más pesada que años atrás, ¿Cómo era eso posible?, ¿Su Kenjutsu se había debilitado?, ¿Perdió fuerza?, agarró con firmeza la empuñadura sin entender el motivo, apretó y apretó el mango de la espada intentando dilucidar algo, pero fue en vano, se resignó por el momento, simplemente había demasiado que hacer.-De todas formas antes debo preparar todo esto.-Se dijo a sí mismo para animarse.  Se puso manos a la obra y comenzó a poner en orden el lugar, retiró los lanzadores, las trampas, los hilos, las armas arrojadizas y todo lo que estuvo por medio, comenzó a preparar los lanzadores y disponerlos alrededor de la circunferencia, muchos de ellos en posibles puntos ciegos que le costase aún más esquivar, un hilo de acero se comunicaba con todos los lanzadores y finalizaba en la parte central de la zona de la circunferencia, cargó las sencillos artilugios lanzadores con todos los distintos kunais, senbons y shurikens, algunos incluso oxidados, sobraron bastantes para la recarga siguiente, fue entonces cuando se disponía para recordar la técnica que su abuelo le enseñó en aquel momento, era con la espada y otras tantas con una lanza, siempre quería hacer de su nieto alguien diestro en más de una arma, sin olvidar por supuesto la destreza en el lanzamiento y utilización de las distintas armas arrojadizas, su abuelo siempre fue un tipo metódico y ambicioso, de hecho él era alguien muy versátil en cuanto al uso de armas y por ello quería a su nieto otorgarle dicha habilidad que consiguió en todos sus años de entrenamiento y experiencia.-¡Oye!, ¿Qué haces aquí?, ¿No sabes que esta zona de entrenamiento perteneció siempre a Kimura Sarutobi?, ¡Lárgate echándole leches de aquí o te daré una paliza!-Un espontáneo apareció en la apartada zona en la que se estaba ejercitando, era alguien bastante musculoso, un tipo de mediana edad, le sonaba haberle visto alguna que otra vez charlando con su abuelo, Heihachi soltó un leve resoplido hastiado por esa actitud tan intimidadora e injusta, no le había dado tiempo siquiera a justificarse, ¿Tan obvio era lo débil que era ahora que otros podían tomarlo por un mero guiñapo que poder mover a su antojo?, se dio un par de golpecitos en la sien y negó despacio intentando ahogar esos sentimientos agresivos y de mosqueo que su abuelo siempre quiso evocar en él. Tras una profunda respiración una leve sonrisa se esbozó en su rostro, un rostro que no mostraba calidez ninguna, una falsa sonrisa a juego con unas falsas palabras para apartar a ese imbécil rápidamente de su vista.-Oh Yamaguchi, soy yo, soy Heihachi Sarutobi, su nieto, procedía a entrenar ahora, así que si me disculpa-Antes Heihachi llevaba el pelo corto, muy corto, su abuelo jamás le hubiese permitido llevarlo largo, es por eso que el tal Yamaguchi no le reconoció, también porque había pasado muchos años sin aparecer por aquí. Rápidamente el musculoso Yamaguchi se sorprendió al no haber reconocido al orgullo de Kimura, su nieto, un shinobi que estaba esculpiendo a su misma semejanza pero con unas habilidades y un futuro mucho más prometedor.
–¿Heihachi?, ¿De verdad eres tú?, ¡Disculpa, disculpa!, enseguida me marcho muchacho y te dejo con tu entrenamiento, tu abuelo estaría orgulloso…sí, muy orgulloso, jejeje-Dijo asumiendo su faz una cara algo rara, entre confuso y asqueado, estaba pensando “¿En qué clase de persona se había tornado aquel chiquillo?”, en pocos minutos Heihachi regresó a la tarea en la que se hallaba, no podía desperdiciar más tiempo con tonterías. Las técnicas que su abuelo quiso enseñarle aquella vez y no pudo continuar perfeccionándolas hasta aprenderlas como una  oración a los Dioses, de memoria y sin necesidad de pensarla ni tan siquiera un segundo, debía ser un acto reflejo. La primera se trataba de una técnica defensiva capaz de bloquear lanzamientos de armas arrojadizas de todo tipo.
• Bujutsukan Ken: Fusagu Kaze (Arte de la Espada: Bloqueo Aéreo):
• Rango de alcance:Genin: 5 metros || Chūnin: 8 metros || Jōnin: 15 metros || Tokubetsu: 25 metros.
• Entrenamiento:1º Especialidad: 0 líneas || 2º Especialidad: 15 líneas.
• Sellos:Ninguno.
• Duración:Un turno, el de ejecución y el próximo del rival.
• Gasto de chakra:0.
• Descripción:El shinobi en cuestión a una distancia prudente, mueve rápidamente su antebrazo para bloquear cualquier proyectil del rival. En caso de que el proyectil sea frágil irremediablemente se quebrará.
• Extras;El proyectil enemigo máximo 60 centímetros. El arma empleada para esquivar 1 metro mínimo

De hecho tenía todo listo, con la katana aún en su diestra, notando su peso, a su alrededor veinte artilugios lanzadores de armas arrojadizas con distintos tipos como kunais, senbon y shurikens cargados, en su siniestra un hilo de acero que accionaría en orden los distintos dispositivos.-En la frente debe haber sabiduría y en la mano fuerza-Murmuró dichas palabras apretando los dientes y abriendo mucho los ojos, entonces tiro una vez del hilo. El primer proyectil se aproximó, un kunai, fijó su vista en él,  irguió la espada en su dirección y golpeó levemente el aire, tuvo que mover la cabeza para no ser herido por el arma que no había conseguido esquivar.-Maldición, ahora mi cuerpo recuerda aquel tormento-Practicó durante unas pocas horas y apenas conseguía rozar las armas que fueron arrojadas hacia él. Fue en uno de esos intentos cuando las palabras de su abuelo Kimura inundaron su mente, “¡Más fuerte!, ¡Ten ese orgullo!, ¡Esa mirada de odio que tienes hacia mí úsala en el entrenamiento!”, volvió a recoger el hilo y tirar de él,  ésta vez con más fuerza accionando dos lanzamientos, dos senbon se aproximaban, la mirada de Heihachi se había vuelto fría, su expresión tornó llena de agresividad, con un golpe de espada, un movimiento limpio y sin aperturas, cortó limpiamente aquellos dos senbon, el aura que notó despedida de él le sorprendió, la espada cayó al suelo, miró su mano confuso, la imagen de su abuelo esgrimiendo la katana apareció en su mente, aquel rápido movimiento, esa destreza con el arma había notado como si formara parte de él, una extensión de su propio brazo, como si se tratara de recoger algo que has lanzado tú mismo al aire, su vista se había agudizado un poco más al notar las agujas arrojadizas aproximarse, esa concentración, ese orgullo, esa determinación había hecho que la técnica de espada funcionase a la perfección. Volvió a recoger la envejecida espada mellada y sin apenas filo. Un vivaz brillo en los ojos de Heihachi parecía empujarlo a continuar-Siguiente técnica, ¿Cuál era maldito abuelo?-En el fondo del corazón de Heihachi su abuelo Kimura, a pesar de ser como era, como de mal le hacía pasar, le había dejado un legado, lo había instruido, el odio hacia su abuelo solo se había reducido muy poco, pero notó cierta calidez en sus enseñanzas del pasado que en ese entonces no llegó a comprender.
• Tsuya surudoi (Destello afilado):
• Rango de alcance:0.
• Entrenamiento:1º Especialidad: 0 líneas || 2º Especialidad: 15 líneas.
• Sellos:Rata y Buey.
• Duración:Un turno, el de ejecución y el próximo del rival.
• Gasto de chakra:35.
• Descripción:Concentrando una cantidad media, se crea un aura azul alrededor del filo, permitiendo perfectamente al usuario cortar cualquier objeto de menor densidad a su objeto o levemente mayor como si fuera mantequilla. Se usa para cortar piedras,otras armas más pequeñas. Esta técnica contrarresta incluso los pequeños proyectiles con chakra, dura un turno,
• Extras;La densidad del arma se controla por tamaño.
Cerró los ojos intentando recordar cual fue la siguiente técnica, imágenes de su abuelo corrigiendo su postura y mostrándole los sellos de rata y buey que debía usar, el shinobi de Kusagakure comenzó a colocarse en la posición correcta arraigada en su memoria, corrigiendo eficazmente cada pequeño desliz que pudiese cometer al realizar la que era una de las técnicas de espada más complejas de su rango. Clavó la espada en el suelo con un rápido movimiento, realizó los sellos con ambas manos, primero el sello de la rata, seguido con rapidez por el sello del buey, el chakra circuló por todo su cuerpo hasta pasar a sus manos, recogió de nuevo la espada sin perder la concentración, un aura azul empezó a ser emitido por la katana desde su filo, esgrimió el arma fijando como objetivo una roca grande fuera del diámetro que había preparado, sin embargo antes de llegar la técnica se había disipado, había perdido la concentración y no había podido finalizar la técnica correctamente, la katana ahora era el mero trozo de metal casi sin filo y mellada, no había ni pizca de chakra siendo emitida a través de ella.-Otra vez…-Dijo convencido de hacerlo bien esta vez, sin embargo necesitó cuatro intentos más para lograr completarla, el aura azul estaba lista y resplandeciente en el filo del arma y con un rápido corte la pequeña roca se partió por la mitad, el corte fue brusco y no todo lo limpio que debiese, pero era en parte culpa del arma vieja y en tan mal estado, el haber perdido todo el soporte de su abuelo en cuestión monetaria lo hacía alguien pobre si no se disponía a realizar misiones pronto, pero para ello debía de estar preparado-Segunda técnica aprendida-Concluyó clavando la espada nuevamente en el terreno y secándose el sudor de la frente, estaba hecho polvo, necesitaba descansar lo suficiente para seguir con el buen ritmo de entrenamiento que estaba consiguiendo, del bolsillo interior del kimono, uno más ligero con una tela bastante transpirable, extrajo uno de sus abanicos, éste tenía motivos grises y azules, se abanicó tomando asiento en una roca cercana, tras un descanso de media hora sus energías fueron recuperadas en parte, al menos las suficientes para poder completar otro par de técnicas de espada. Regresó al centro del diámetro de entrenamiento y durante un buen tiempo se centró en intentar esquivar sin desviar los proyectiles, haciendo que su agudeza visual y su agilidad aumentasen poco a poco, también fue otra forma de hacer entrar en calor los músculos. Sudando, con algunos cortes en el ligero kimono y su piel, pero no habiendo desperdiciado la fuerza gastada tensó dos hilos de acero en bastante malas condiciones atándolos a los soportes de los mecanismos de lanzamiento, pero al usar una espada de mala calidad para intentar cortarlos deberían de servir, la técnica que iba a usar era una en la que engañaba al contrario y cortaba aquello que se encontraba detrás de él, tales como hilos de chakra y otros objetos, en este caso lo intentaría con ambos hilos de acero de muy mala calidad.
• Ryū Uragiri (Decapitación inversa):
• Rango de alcance:0.
• Entrenamiento:1º Especialidad: 0 líneas || 2º Especialidad: 15 líneas.
• Sellos:Ninguno.
• Duración:Un turno, el de ejecución y el próximo del rival.
• Gasto de chakra:20.
• Descripción: El usuario se impulsa con fuerza hacia el objetivo principal, engañándolo y cortando todo lo que está tras el,no sirve para atacar a personas, pero sin embargo si es capaz de cortar hilos de chakra y sucedáneos.
• Extras;Para esta técnica se necesita un stat en fuerza mínimo 10.
Su abuelo le demostró esta técnica, le hizo a él mismo sostener los hilos de acero que iba a cortar, en aquella ocasión su abuelo usó una espada de gran calidad que siempre portaba con él y los hilos de acero eran el doble del grosor normal, aun así Kimura pudo cortarlos en tan solo un gesto encontrándose de espaldas a su nieto. Ésta fue una de las técnicas que más impresionado dejó a Heihachi de pequeño a pesar de que su complejidad para alguien que esté versado con la espada no es mucha. Abriendo los ojos de repente recogió la espada del suelo donde se encontraba anclada, tras percibir los diferentes movimientos y cambios bruscos que hizo su abuelo con la espada, se situó d espaldas a los hilos y dio una leve carrera hacia el frente haciendo un corte horizontal  de izquierda a derecha tras un alto salto. Se dio la vuelta para comprobar si lo había logrado, había notado como el corte se había proyectado, unas cuantas gotas de sudor corrieron por su frente hasta ser secadas con la manga del kimon, los hilos de acero a pesar de estar tan maltrechos no habían recibido ni un soplo de aire como daño, comenzó a repetir el ataque y tampoco tuvo efecto, simplemente rasgó uno de los hilos. Más motivado ahora continuó con el ataque una segunda, una tercera, hasta la sexta vez y tras un leve descanso logró conseguirlo a la séptima, el uso constante de chakra y la definición inversa del ataque era agotador de forma continua, ese descanso le permitió meditar sobre el uso del chakra en la técnica y como proyectaba el corte, reteniéndolo a su paso y desencadenándolo sobre los objetos en cuestión, en este caso los hilos de acero.

Tras terminar con la técnica de espada, volvió a clavar la katana en el centro del diámetro hasta que tenga que hacer uso de ella nuevamente. Comenzó a recoger de algunos de los lanzadores algunos kunais, y shurikens, todos ellos no estaban en muy buenas condiciones por el constante uso de entrenamiento, pero para practicar técnicas y lanzamientos seguían valiendo, más aún para alguien que tenía los bolsillos vacíos. Unos instantes antes de partir hacia la zona en la que se encontraban las dianas oteó el lugar en el que había estado practicando durante horas, se dio cuenta de la privacidad que había conseguido obtener gracias a su abuelo, por qué eligió aquel sitio, la noche estaba cerca, el sol estaba medio oculto en el horizonte y unos cuantos faroles alumbraban unos pocos árboles cubiertos por dianas en diferentes lugares. Heihachi situó mejor aquellos faroles, les aumentó la llama y comenzó a lanzar armas arrojadizas, primero empezó con los shuriken, las estrellas ninjas dieron en su mayoría a los objetivos inmóviles, poco a poco se iba soltando cada vez más, incluso usó algún truco como hacer cambiar la dirección del proyectil en el transcurso de un lanzamiento con otro. Cuando la noche por fin alcanzó los campos de entrenamiento muchos jóvenes se marcharon, pocos eran los que permanecieron allí a la luz de unos cuantos faroles, en las zonas más céntricas del campo de entrenamiento había grandes focos,  pero el Sarutobi se hallaba en la zona más alejada para impedir que otros le interrumpiesen,  fue entonces cuando el ruido ambiente había disminuido que comenzó a cerrar los ojos y recordar la siguiente enseñanza con armas que su abuelo le había mostrado.
• Tobu (Potenciar):
• Rango de alcance:Genin: 10 metros || Chūnin: 15 metros || Jōnin: 30 metros || Tokubetsu: 45 metros.
• Entrenamiento:1º Especialidad: 0 líneas || 2º Especialidad: 15 líneas.
• Sellos:0.
• Duración:Un turno, el de ejecución y el próximo del rival.
• Gasto de chakra:35 en total,en el caso de usar menos, el consumo seguirá siendo el mismo.
• Descripción:Técnica que a efecto práctico casi cualquier ninja puede realizar,pero muy lentamente. Este agarra seis objetos filosos y al instante los imbuye de su chakra, haciéndolos más rápidos, resistentes y penetrantes. El máximos de objetos es seis, y se puede realizar más veces para lanzar más proyectiles.
• Extras;Los seis objetos han de medir un máximo de 60 centímetros.El chakra es normal, no elemental.
En principio su abuelo extrajo un único shuriken y lo lanzó contra el tronco de un árbol, de forma increíble lo atravesó una vez Kimura infundió chakra sobre el arma arrojadiza, una ranura había aparecido en el grueso tronco del árbol. Heihachi abrió los ojos y observó ese mismo árbol, allí donde se debía encontrar la ranura había vuelto a crecer corteza, extrajo seis shurilens, tres en cada mano, cada uno aprisionado por dos dedos y desde ellos empezó a emitir chakra, sus sistema circulatorio de chakra estaba a pleno rendimiento para acelerar la técnica, en un instante lanzó los shuriken, éstos dieron en su objetivo a duras penas, la mitad se salió de la diana, mientras tanto los otros pocos atinaron en la zona más exterior de ésta. Entre jadeos esta segunda vez lo hizo con kunais y su puntería fue algo mejor, de hecho dos de ellos atravesó la diana y parte de la corteza del árbol en el que se hallaba.  Tras un tercero y un cuarto intento parecía haber dominado lo suficiente la técnica, ya lo había practicado de pequeño bajo la supervisión de su abuelo, sin embargo esta vez era distinto, su nivel de comprensión era mucho mayor, así como el hacer de la técnica algo tuyo. Sin embargo continuó practicando alternando el uso de la técnica y el mero lanzamiento de armas arrojadizas, poco a poco su puntería y habilidad con el uso de éste tipo de armas fue en aumento, realizaba descansos mientras recogía los proyectiles que había lanzado previamente,  parte del kimono estaba cubierto de sudor, así que descubrió la parte superior del torso, gracias a que el clima acompañaba y no bajaron mucho las temperaturas. Lanzó una última andanada de proyectiles usando la técnica ya aprendida,  justo en el último shuriken que lanzó había cerrado los ojos y dado en el centro de la diana, había memorizado la posición y conseguido incrustar en el interior del árbol el arma arrojadiza, aún le quedaba un poco para llegar a la habilidad de su abuelo, pero sin duda era un gran comienzo.

Salió de la zona de entrenamiento y llegó a casa, había estado un día completo entrenando de madrugada a madrugada, no había comido nada en todo el día, la comida podía ralentizar el proceso de entrenamiento intenso, es por ello que ahora se atiborró, había llenado la mesa de comida, no era un gran chef pero la carne le salió deliciosa, también había algo de pan y bebida que anunciaban como energética para ninja. Después del festín que se pegó se dio una rápida ducha y cayó redondo en la cama, era totalmente distinto a los entrenamientos con su abuelo, ¿Por qué tanta prisa abuelo? , ¿Por qué tan extremo?, antes de poder cavilar sus propia preguntas se cernió en un profundo sueño. Fue a la mañana siguiente cuando el trinar de los pájaros lo despertó, Heihachi se movía en la cama más que una cola de lagartija, una almohada se hallaba al otro lado de la habitación, media sábana sacada fuera y él en una posición la mar de extraña.-Segundo día…- Murmuró arrastrándose hasta el cuarto de baño para dejar salir todo aquello que había engullido la noche anterior, cuando salió y antes de desayunar algo de fruta del bol que había llenado hacía unos días cogiendo “prestado” del huerto de uno de sus vecinos más próximos, tuvo las ganas de extraer la pipa del bolsillo interior del kimono de vestir que tenía preparado para una vez que acabase con el entrenamiento intensivo, con la zurda sujetó su propia muñeca.-No, no lo hagas, aguanta, un día más y podrás fumar lo que quieras…aagghh..-Dirigió la mano obligada por la otra a coger el kimono de entrenamiento que había dejado secando en la baranda del exterior de la vivienda, oteó Kusagaure o la parte que veía de ella, amaba su aldea, era lo que tomaba como suyo, aquello a lo que pertenecía, sus gentes, la tranquilidad del bosque, todas aquellas viviendas construidas en árboles, el solo filtrándose por entre el frondoso bosque y alimentando cada rincón con sus rayos, tomó una fuerte respiración recordando lo que se había propuesto, hacerse fuerte, para conseguir lo que quieres, incluso una vida sencilla  y tranquila, debías pelear por ello, estar por encima de la gran mayoría, sino cualquiera podría perturbar esa tranquilidad que te habías ganado, no era solo alcanzarla la tarea difícil, alcanzar tu objetivo en la vida podía ser complicado, pero aún más era defenderlo una vez te encontrases en la cumbre. Motivado por la estampa mañanera de la aldea y sus aldeanos comenzando el día, se dirigió a la cocina cogiendo algo de fruta que comer, un plátano y dos manzanas, que comió de camino a la zona de entrenamiento. No parecía propio de Heihachi, su caminata debía ser tranquila y pausada, disfrutando de todo aquello que le rodeaba con la pipa pendiendo de su boca, su abanico otorgándole algo de aire y ese toque distintivo suyo. Una vez llegó a la zona de entrenamiento un grupo de pequeños de la academia ninja se encontraba ahí, un maestro los guiaba por los distintos tipos de campos, por suerte la zona más alejada en la que el Sarutobi entrenaba estaba fuera del rango que normalmente la gente solía usar, debía de dar gracias a su abuelo, en un día normal se podría haber pasado jugando y tonteando con aquellos niños toda la mañana, pero no era el Heihachi corriente el que se despertó aquel día, al igual que el día anterior su motivación para hacerse más fuerte lo impulsaba a no perder de vista su objetivo, debía entrenar hasta conseguir sentirse satisfecho, cada pocos días un entrenamiento exhaustivo como éste lo elevaría a un nivel que pocos a su edad podrían alcanzar, su abuelo siempre le repetía que el esfuerzo tiene recompensa, ahora recordaba una expresión triste en la faz de su abuelo cuando éste creía que no lo veía. El genin de Kusagakure despejó todas aquellas distracciones de su cabeza y esgrimió una vez más la destartalada katana que había dejado clavada en el centro del diámetro de entrenamiento el día anterior. Calentó con una serie de cortes a un rival imaginario, su abuelo lo llamaba entrenamiento sombra, debías ser más rápido que ella, los pájaros que se encontraban cercanos eran mudos a oídos de Heihachi, lo único que podía escuchar era el aire ser cortado en dos, en tres, en cuantro, por la katana que esgrimía.
• Busoukaijo (Desarme):
• Rango de alcance:0.
• Entrenamiento:1º Especialidad: 0 líneas || 2º Especialidad: 15 líneas.
• Sellos:0.
• Duración:Un turno, el de ejecución y el próximo del rival.
• Gasto de chakra:0.
• Descripción:Esta técnica se basa en retirar el filo de las manos del rival con el propio, enfrentandolo.El usuario da un brusco movimiento de muñeca y brazo para llegar a hacer esta técnica.El filo que se porta a de poseer un mango y un protector,para que dicha maniobra sea fácil de ejecutar, en el caso de no portar dicho requisito se podría hacer con dos filos.Inevitablemente funcionará si el usuario posee un mayor stat de Kenjutsu al del contrincante.
• Extras;En el caso de usar dos filos es necesario que cada uno mida un mínimo de 60 centímetros.
De repente se detuvo, tomó una posición en guardia con la katana en alto, solo entonces cerró los ojos, de nuevo el trinar de los pájaros inundó sus oídos así como los gritos, esfuerzos y charlas de los shinobis que se hallaban a unas cuantas decenas de metros de él, pero de nuevo todo se silenció, una voz comenzó a ser oída, otro recuerdo, era la voz de su abuelo, “Debes girar tu muñeca, ¿lo ves?, no, así no estúpido, tener un nieto para esto. ¡Debes hacerlo más rápido!, ¿Ves?, ¡Así!, después extiende el brazo al lado contrario en el que veas que tu oponente esgrime su arma con fuerza, luego usa la guarda de tu arma o el propio filo, ¡Así!”. Abrió los ojos y comenzó realizar los ejercicios que su abuelo le hacía practicar cuando era pequeño, era una técnica únicamente basada en la habilidad con la espada, debía seguir visualizando a ese rival, esa sombra que solo podías ver tú, la de Heihachi era muy parecida a la imagen de su abuelo, alto, orgulloso y con aquella mirada fría, agitó la espada, mal, de nuevo, lo repitió tantas veces que sus muñecas comenzaban a adormecérsele, el peso de la espada cada vez se hacía más grande, con cada media hora que pasaba hizo un descubrimiento eficaz sobre el movimiento, en su interior Heihachi quería que aquella sombra construida como su rival y abuelo por su mente le diese ánimos, pero lo único que hacía era mirarlo con aquella terrible y orgullosa expresión de siempre. Al final consiguió realizarla, no obtuvo ningunas palabras de ánimo, el pecho del shinobi se movía con rapidez, clavó la espada en el suelo y llevó una mano a sus rostro, el sudor descendía por su cabello algo alborotado y con la coleta medio deshecha, también por toda su cara, dejando marca de gotas de sudor en el árido suelo donde no crecía nada de hierba, debido al extremo uso de aquel  perímetro en el que se movió durante sus largos y extenuantes entrenamientos desde que era pequeño. La voz de alguien se escuchó.-¡Hermanito eso fue genial!-Heihachi se sorprendió mirando hacia su retaguardia, no se había percatado de que uno de los niños se había acercado hasta esta zona del campo de entrenamiento más alejada, soltó un leve resoplido, alzó la visa al cielo que aquel pequeño claro del bosque le permitía vislumbrar, se rehízo lo coleta y secó el sudor que se escurrió por su frente con el kimono, se acercó hasta el pequeño que conocía, lo había visto muchas veces, de hecho jugó con él y el resto de niños de la academia mucha veces.-Oh eres tú Kotaro, debes volver, seguro que tu profesor está preocupado-Esbozó una sonrisa entrecerrando los ojos, el pequeño sonrió y contesto dando pequeños saltos.-No, no, quiero quedarme con el hermanito, quiero ver cómo te entrenas y ser tan fuerte como tú-Dijo esperanzado e insistente el niño. Heihachi insistió temiendo que si el pequeño se quedaba más tiempo el profesor o más niños vendrían e interrumpirían el entrenamiento, quizá incluso quieran quedarse a ver como entrenaba un tiempo, algo que no quería que ocurriese.-No, Kotaro, regresa, haz caso a tu hermanito mayor…-Intentó contener sus ganas de echarle con prisas, la sombra que tenía justo detrás, alguien que solo existía en su cabeza le vociferó “¡Sigue entrenando, echa al mocoso o lo clavaré en una estaca!”, el niño siguió sonriendo y negó con la cabeza entre risas-No, me quedaré con el herma…-Antes de que pudiese terminar Heihachi tomó la misma expresión que poseía su abuelo en sus recuerdos, una cara llena de rabia contenida, rectitud, la personificación de lo estricto.-¡He dicho que te largues mocoso!-El pequeño asustado como si hubiese visto a un Yokai corrió espantado y llorando, se esperaba de cualquier persona esa actitud, pero no con el hermanito que venía a jugar con ellos cuando se los encontraba en la calle. Heihachi se llevó una mano al rostro, sabiendo que clase de cara debía de haber tomado para espantar así al chiquillo, tragó saliva con esfuerzo y permaneció así unos instantes, después regresó de nuevo a la espada, desclavándola y esgrimiéndola con rabia, el odio su abuelo se incrementó de nuevo, no pudo alejarlo de él incluso muerto y sin embargo para hacerse más fuerte era alguien a quién debía evocar tanto en su memoria como su actitud, sino no avanzaría.
• Mukau (Dirigir):
• Rango de alcance:0.
• Entrenamiento:1º Especialidad: 0 líneas || 2º Especialidad: 15 líneas.
• Sellos:Ninguno.
• Duración:Un turno, el de ejecución y el próximo del rival.
• Gasto de chakra:25.
• Descripción:El shinobi manda al filo de su arma agarrada una cantidad mínima de chakra, para redirigir el ataque que el enemigo iba a esquivar,Dicho golpe no hace un daño profundo y sirve para contraatacar.
• Extras;Fácil de esquivar en rango chūnin o superior. No puede contraatacar ataques a larga distancia, solo de corta.
¡Slash!, un corte tras otro la espada se movía rasgando, delante y detrás, un corte bajo, vertical, en diagonal, incluso repetía algunas de las técnicas que ya dominaba, fue entonces cuando contuvo la respiración y el movimiento, dejó la espada en posición horizontal con la mano sosteniendo la hoja, recordó la última técnica que debía aprender, ésta consistía en redirigir el ataque al enemigo en un contraataque,  no era un gran daño pero servía como respuesta, “¡Escucha solo lo repetiré una vez!, el ataque vendrá desde cualquier dirección, puede ser desde cualquier ángulo y posición, solo usa ésta técnica cuando el rival se aproxime, repítelo de nuevo, ¡Otra vez!”. Heihachi continuó esgrimiendo el arma con las correcciones de su abuelo hechas, diez veces, veinte veces, no se detuvo, los callos de las manos empezaron a sangrar y dejar impregnada la empuñadura de la destartalada espada, el chakra se movía con rapidez por el interior del cuerpo del genin, el filo del arma se imbuyó de chakra mientras hacía el movimiento, una y otra vez, así hasta que la espada cayó de sus manos. Entre jadeos se dejó caer al suelo, sentía que casi había llegado al punto al que su abuelo siempre lo llevaba, por suerte pudo detenerse y no caer inconsciente, la sombra desapareció profiriendo una última  palabra “Débil”, se tumbó en la tierra durante un buen tiempo, ya era el atardecer, el tiempo volaba cuando uno se enfocaba en su objetivo. Se levantó cubierto de tierra y polvo al cabo de unos veinte minutos, el sol estuvo a punto de ocultarse, pensó en lo que había progresado y la última palabra de aquella sombra lo carcomió por dentro, aún no había hecho nada, solo era el comienzo, sin embargo tras abandonar la zona de entrenamiento su actitud amable y tranquila había aparecido de nuevo, al menos hasta que dentro de unos días retomase aquel entrenamiento infernal que se había propuesto hacer. Llegó a casa, le costó subir por sus propios medios al árbol en el que se hallaba construida por lo que tomó el mecanismo de ascenso que tenía construido en un lateral y comunicaba por un puente a varias casas de aquella zona de Kusagakure. Nada más llegar echó en una cubeta grande donde lavaba la ropa el kimono lleno de tierra, sudor y polvo, después tomó una larga ducha mientras pensaba en lo que iba a hacer los días siguientes, sabía que le hacía falta dinero para poder hacerse con equipo, no podía seguir sin hacer misiones por más tiempo, desde que murió su abuelo llevó una vida sin preocupaciones viviendo con lo que podía, gastándose todo el dinero que su abuelo había dejado como herencia, aquello se debía acabar, debería de ir a pedir una misión,  pero antes de todo eso debía descansar. Preparó algo de comida, no le apeteció hincharse como la otra noche, echó algo de alcohol en las heridas de sus manos para desinfectarlas y se arrodilló junto a la cama, rezó a los Dioses así como a los Yokai para paliar su furia, tardó poco en sentirse como en una nube una vez reposó su cuerpo, después de aquello pensó en todo el tiempo que llevaba sin hacer un sacrificio, antes de ir a pedir una misión sacrificaría una gallina o algún animal, era una molestia, pero había que hacerlo.



Conteo:
320 líneas en total
90 líneas= 6 técnicas de Kenjutsu
200 líneas= 8 puntos en Kenjutsu
30 líneas= 2 puntos en Percepción
Tercer y Cuarto día

El genin de Kusagakure se encontraba sobre la cama, sentado con las piernas cruzadas y contando el dinero que había ganado por la misión que realizó el día anterior, aún le parecía poco pero se dio cuenta de que no poseía aún el suficiente poder como para hacer fácilmente siquiera misiones de rango D, era algo humillante para alguien con dieciocho años ya, muchas de las personas de su edad habían ascendido y convertido incluso en Chunnin, realizando misiones de nivel prioritario en equipos y haciendo su lugar en la aldea.-Solo parezco un recién salido de la academia, Bufff-Solo portaba la parte inferior de un pijama, unos pantalones cortos, había hecho bastante calor estos días así que se mantuvo así durante su día de descanso en casa, pero la conciencia le estaba carcomiendo, la voz de su maldito abuelo parecía crecer en fuerza, cada vez más y más insistente, “Débil” le decía.

No había otra cosa que entrenar, solo así acallaría esa voz que le impedía incluso conciliar bien el sueño. Recogió el dinero y lo guardó en el cesto de la ropa sucia, cualquiera no tendría valor para rebuscar allí. Comenzó a prepararse, se quitó el pantalón del pijama y se puso un kimono de entrenamiento de tela mucho más ligera y transpirable, aún no había ido a la tienda de armas así que no portaba armas arrojadizas o equipo de cualquier tipo, de cualquier forma se iría a entrenar a la zona más alejada del bosque, su abuelo lo llevó más de una vez a una zona en la que crecían un tipo particular de setas de gran tamaño, algunas fueron incluso plantadas y alimentadas con chakra por shinobis de la aldea como método de protección en la zona. Heichachi comió  algo y tomó algo de fruta para el camino, se dio cuenta que a la vuelta tendría que llegarse a la tienda y comprar o no tendría que llevarse a la boca a su regreso. Justo cuando salió se topó con un anciano en el puente que se dirigía al elevador el anciano salía y el entraba, cuando lo reconoció los ojos del Sarutobi se abrieron como platos, era Migure, de pelo cano, bajito y con una desagradable risa que siempre lo acompañaba muy parecida a la de una hiena, era un excompañero de equipo de su abuelo Kimura, pudo apreciar cómo se dirigía hacia él. Ambos se detuvieron una vez pasaron por delante el uno del otro, quedando ambos de espaldas.

- ¿Tú abuelo te sigue hablando después de muerto?, jiajiajiajia-Soltó aquella risotada a pleno pulmón, le importaba bien poco a quién pudiese molestar a pesar de ser muy temprano en la mañana, el sol acababa de despuntar, tan solo obtenía satisfacción cuando otros eran molestados. Heihachi lamentó el haberse topado con él, de los amigos de su abuelo era al que menos soportaba, siempre tan directo y mezquino, era de hecho el compañero perfecto para Kimura, por algo eran tan buenos amigos, era normal que jamás hubiese creado una familia, nadie podría aguantarlo.-Mi abuelo está muerto, así que déjalo donde está, desde que él no está será mejor que te largues por dónde has venido, no eres bienvenido aquí más y ahora si me disculpas tengo cosas que hacer-Heihachi muy serio emprendió de nuevo la marcha dejando al menudo anciano de pelo cano aún de espaldas en silencio, éste rompió a hablar nuevamente haciendo que el Sarutobi detuviese sus pasos-Tu abuelo me confió algo, solo estoy aquí para cumplir con su deseo, niño solo vengo a informarte de ello, estate siempre alerta, el entrenamiento de tu abuelo aquellos días fue solo para acelerar el proceso, a él no le quedaban muchos días, él sabía que moriría pronto, tu abuelo pudo ser muchas cosas, pero se preocupaba por tu futuro…jiajia…-Continuó riendo mientras Heihachi no parecía comprender lo que estaba diciendo, ¿Su abuelo sabía que iba a morir?, ¿Todo fue por su futuro?, el Sarutobi perdió la calma, se dio la vuelta y acusador señaló con el dedo a Migure-No digas tonterías maldita bazofia humana, se perfectamente como de mezquino era mi abuelo y al igual que él lo eres tú, no intentes excusarlo, no inventes estupideces para limpiar su memoria, él se preocupaba solo por el futuro y la reputación del clan aquí en la aldea, ¡Que los Yokai se te lleven y tu alma se pierda en el Yomi!-Maldijo mientras se alejaba, fue echando más y más maldiciones sobre todos los ancianos amigos de su abuelo, éste último también incluido, Migure solo rió como de costumbre, al poco instante de perder de vista a Heihachi desapareció, muchas vecinas cotillas estaban asomadas a las ventanas sin dar crédito a la impertinencia de aquel viejo riendo a pleno pulmón tan temprano en la mañana.

Heihachi corrió en dirección a las profundidades del bosque, acelerando el ritmo, cada vez más y más rápido, corría para no pensar, llevaba la bolsa de la comida atada al hombro, la tenía que sostener con una mano para que el contenido no saliese disparado debido a las cabriolas y movimientos que hacía de un árbol a otro, poseía la agilidad de un mono. Fue adentrándose más y más en el bosque, alejándose de la aldea y entrando más en contacto con la naturaleza del entorno. Se dio cuenta de varios animales salvajes, también de varios insectos que superaban las medidas cotidianas, sin embargo no eran peligrosos. De pronto el Sarutobi recordó algo que debía hacer antes de empezar el entrenamiento, solía hacerlo con su abuelo y era algo que había quedado arraigado en las costumbres y creencias que poseía. En un visto y no visto apareció junto a un gallo salvaje, poseía un buen tamaño pero no poseía las cualidades necesarias para esquivar la rápida mano del shinobi que agarró su garganta, se arrodilló con fuerza, haciendo dos agujeros profundos en la tierra allí donde había caído, el gallo aún vivo intentó resistirse, sin embargo fue en vano, Heihachi comenzó a orar a los Dioses y Yokai por igual ofreciendo a la gallina como ofrenda de sacrificio, tras terminar la oración poco a poco apretó más y más el cuello del gallo, éste murió lentamente. Se alzó sacudiendo sus manos y limpiando sus rodillas de tierra. Realizó una leve reverencia, jamás le gustó aquella tan exagerada que hacía su abuelo golpeando incluso el suelo un par de veces con la cabeza. Ya estaba hecho el sacrificio así que pudo continuar con su viaje hacia la zona del bosque en el que crecían aquellas setas tan raras, emprendió de nuevo la marcha ajustando bien la bolsa con las provisiones a su hombro, escuchaba sonidos extraños provenientes de algunas zonas más densas de arbustos y árboles, sin embargo no quiso prestarle mayor atención, pronto llegaría a la zona de destino, allí debería inspeccionar si había algún peligro antes de proceder con el extenuante entrenamiento, a pesar de que dudaba de que hubiese allí algún ser vivo cerca. Había tenido cierta preocupación cuando se topó con Migure, debía de llegar a tiempo a la zona de entrenamiento, porque a una determinada hora algo ocurría, tenía aún mucho margen sin embargo aquel excompañero de su abuelo era tan imprevisible como una tormenta de verano. Con poco más de una hora había llegado al sitio designado, un claro en medio de las profundidades del bosque, enormes árboles con troncos tan gruesos que haría falta cerca de un veintenar de personas dándose la mano para abrazarlos, en sus cortezas nacían setas de gran tamaño parecidos a paraguas con sus tallos en forma de jota, Heihachi escogió un sitio ya predefinido, no fue al azar, no fue tampoco la primera vez que estuvo ahí, en un determinado árbol había un agujero excavado, lo hizo él mismo cuando apenas era un mocoso, había ahuecado y hecho un pequeño habitáculo, dejó dentro las provisiones, se retiró la parte superior del kimono dejándola colgando del cinto, su pecho y brazos estaban al descubierto, multitud de cicatrices recorrían su cuerpo, unas cicatrices muy antiguas hechas por nada más y nada menos que su abuelo, así como las duras pruebas a las que lo sometía. Se dirigió hacia un árbol próximo, parecía estar libre de setas, el motivo era simple, su corteza era tan simple que no podía ser atravesada por cualquier planta que quisiese nacer a partir de él.

El Sarutobi acarició la corteza, una parte en la que estaba menos áspera que el resto, había marcas de golpes, incluso algunas zonas descascarilladas, tomó una posición marcial, cerró los ojos recordando aquel dolor en sus manos y piernas, una sombra comenzó a formar próxima a Heihachi, sabía que estaría ahí, nunca se iría si no podía superarlo, la sombra comenzó a hablar “¡Un golpe!, ¡No pares!, ¡Otro!, ¡Más fuerte!, ¡Débil, eso es demasiado débil así no llegarás a nada!”, el shinobi golpeó con un derechazo sobre la corteza, el primer golpe siempre fue el peor, el primer contacto con el dolor, los primeros cortes en la piel si no estaba encallecido, ahora el izquierdo, otro golpe recto haciendo recular el brazo derecho y colocándolo en una posición marcial, de nuevo, así hasta conseguir destruir una capa de la corteza y dejar sus nudillos doloridos y con algo de sangre, fue entonces cuando cambió para golpear con sus piernas, se descalzó y propinó al árbol una patada alta, media y otra baja, en rápida sucesión, después más despacio, agregando un cambio rápido de ritmo de una a otra pierna para atacar desde ambos lados en un corto espacio de tiempo, también patadas en el aire, los golpes eran compactos, muchas veces permaneció con los ojos cerrados recordando las correcciones de su abuelo que ayudó a la mejor colocación de sus brazos y piernas antes y después de cada ejecución, golpe tras golpe parecía haber vuelto al pasado, el dolor se acumulaba, Heihachi apretaba los dientes con una expresión iracunda en su rostro, parecía querer gritar, pero lo único que se escuchaba en aquella zona aparte de los sonidos de animales salvajes y pájaros cantores eran aquellos golpes, pronto la tarde comenzó a transcurrir y Heihachi hizo varias pausas cortas para recobrar el aliento, hasta entonces no había descansado más de diez minutos, pero ahora yacía sentado junto a su madriguera o escondite por llamarlo de alguna forma. Observó aquellas enormes setas, parecía estar pensado en el siguiente paso de su entrenamiento, regresó la vista al cielo que podía verse en el pequeño claro que había, el sol tardaría aún cuatro horas en ponerse. Tomó una manzana para comérsela mientras examinaba sus nudillos, dejaron de sangrar y tenían mejor aspecto que cuando empezó, sus piernas y pies estaban doloridos pero sin problemas para continuar el día siguiente, parecía haber terminado la primera pequeña parte del entrenamiento, de pronto se introdujo en el hueco del árbol lanzando los restos de la manzana a un lado y echándose a dormir, iba a permanecer la gran parte de la noche despierto por lo que tuvo que aprovechar y almacenar algo de descanso previo. Al cabo de tres horas se despertó, la noche había caído haciendo que todo el lugar fuese invadido por la penumbra, algo somnoliento se dirigió al exterior del pequeño refugio, observó como las setas empezaban a despedir unas pequeñas y apenas apreciables lucecitas, Heihachi se dirigió al centro del claro  y se sentó con las piernas cruzadas, poseía el kimono de nuevo puesto correctamente, esta vez el ejercicio físico pasó a segundo plano, cerró los ojos y comenzó a hacer circular el chakra por todo su cuerpo a gran velocidad, de nuevo la sombra apareció esgrimía una sonrisa satisfecha oteando hacia las distintas setas “Pequeña basurita, ¿Recuerdas ésta parte del entrenamiento?, si no te esfuerzas lo suficiente caerás presa de un desagradable genjutsu”, el Sarutobi abrió los ojos repentinamente, pronto iba a empezar, intentó evocar a partir de sus manos el chakra elemental de viento, pequeñas cantidades fueron despedidas a partir de sus palmas, comenzó a ajustar la emisión de dicho chakra elemental, fue entonces cuando una de las setas más próxima despidió unas cuantas pequeñas micro explosiones, diminutas lucecitas se esparcieron al aire, comenzaron a girar alrededor de la seta, eran esporas, por alguna razón poseían aquella fluorescencia que las hacía destacar aún más por la noche, la única hora al día en el que salían, por suerte Heihachi lo sabía, de hecho se había preparado para esto, uno de los entrenamientos de su abuelo para mejorar su habilidad con el ninjutsu elemental, debía por todos los medios impedir respirar aquellas esporas.

En mitad de la oscuridad, sentado con las piernas cruzadas observó como aquellas cientos de esporas se acercaban poco a poco a él, rodeándolo, el Sarutobi esgrimió ambas manos, situándolas una a cada lado de su cabeza con las palmas orientadas hacia fuera. Las esporas comenzaron a arremolinarse más y más rápido, la primera embestida fue eludida haciendo girar los brazos a su alrededor bruscamente mientras emitía elemento viento a través de sus palmas, las esporas fueron repelidas, de nuevo se volvieron a juntarse como si de una bandada de pájaros se tratase, realizaron varias figuras en el aire hasta volver a intentar arremeter contra Heihachi, el shinobi golpe con las palmas repetidas veces, un conjunto de esporas se acercaba, golpe y dispersión, por otro lado, de nuevo un golpe crearía un diminuto empuje a las esporas empujándolas hacia atrás y dispersándolas. Más micro explosiones se escucharon, de repente todas las setas una a una comenzaron a expulsar esporas, el genin del clan Sarutobi se levantó de golpe acumulando más chakra elemental, aquello había sido solo el calentamiento, ¿Cómo podría no acordarse de la primear vez que vio ocurrir aquello?, las esporas lo alcanzaron por todas partes, sufrió mucho bajo aquel genjutsu y su abuelo no lo ayudó en lo más mínimo, dijo que la experiencia lo moldearía, le haría más capaz de soportar el dolor y entender los genjutsu. Fue envuelto en un torbellino de esporas, miles y miles de esporas lo rodearon, corrió hacia una de las paredes de esporas y golpeó con ambas manos por delante emitiendo una ráfaga de viento algo más fuerte, muchas esporas se dispersaron abriendo una apertura, iba a disponerse a pasar y salir de allí, sin embargo otro conjunto de esporas apareció creando un arco, parecían estar dirigidas por alguien, desde luego sabías que estas esporas no eran corrientes, las setas habían sido plantadas, criadas y alimentadas durante años por chakra de shinobis, eran parte de una técnica trampa genjutsu, por ello atacaba a aquellos que irrumpieron en ella y no realizaron los sellos pertinentes para identificarse, este claro concretamente perteneció al grupo de defensa del abuelo Kimura y sus compañeros. Heihachi intentó bloquear con una patada y generar algo de aire para impedir que las esporas le alcanzasen, retrocedió de un salto viendo que de esa forma era inútil, la pared de esporas se había regenerado en un instante, no pudo salir. Jadeaba cansado, había estado consumiendo chakra, sin embargo debía poder hacer frente a algo como esto, se había preparado, sabía lo que tenía que hacer, no podía suceder como todas las últimas veces que lo había intentado con su abuelo, no quería sufrir de nuevo los efectos de ese desagradable genjutsu. Heihachi estaba a punto de realizar los sellos para identificarse, había hecho el sello de la rata pero de pronto la sombra a su espalda habló, “¿De verdad?, ¿Tan pronto te retiras?, recuerdo que de pequeño al menos tenías las agallas de seguir intentándolo, aunque fuese en vano, vamos cobarde, huye”, una risa con sorna pretendiendo humillar a aquel que la escuchase hizo eco en los oídos del Sarutobi, éste deshizo el sello de la rata y soltó un soplo de aire, volvió a aspirar con fuerza.

-Cállate, tú estás muerto maldito cabrón, de qué mierda te ríes…-Se dirigió de nuevo a una de las parees del torbellino, muchos grupos de esporas lo habían intentado atacar pero consiguió repelerlas con agilidad, aún no poseía el talento suficiente en taijutsu para poder ejercer suficiente presión con un golpe y hacer dispersarse las esporas por lo tanto tenía que mantenerse con su ninjutsu de viento. Siguió usando palmadas para extender más y más el aire hacia afuera, con algo de esfuerzo consiguió abrir una brecha en la pared del remolino de esporas, de pronto las esporas cayeron desde arriba, saltó por la apertura que había logrado hacer, las esporas estaban descendiendo, parecía que la planta de un edificio se derrumbaba, intentó alejarse pero al comprimirse en el suelo tantas, las esporas se esparcieron muy lejos sin que Heihachi pudiese hacer nada, intentó cubrir su faz y boca con la manga de su kimono aguantando la respiración pero fue inevitable, su piel ya había sido tocada por unas cuantas esporas. De repente se encontró una tierra yerma de color rojo, había enormes grietas muy parecidos a precipicios pues no podía ver el fondo de ellos, caminó con cautela por allí sin saber dónde diablos se encontraba, estaba bastante perdido y se sentía raro. De pronto una criatura apareció delante de él, poseía seis musculosos brazos, un aspecto humanoide sobredimensionado pero con rasgos animales, piel gris oscura como una nube de tormenta y ojos rojos, Heihachi lanzó una patada baja intentado desestabilizar a aquel monstruo, si es que podía otorgarle tal cumplido a semejante aberración, para sorpresa del genin de la hierba, la criatura apenas notó la patada, era duro como una roca, el dolor hizo gritar a Heihachi, agarró su pierna, apretó los dientes y palmeando el suelo se echó hacia atrás varias veces. Buscó algo que lanzar a la criatura, encontró un fragmento rojo, parecía una piedra, lo agarró y más dolor inundó la mente del shinobi, aquella piedra roja se derritió en lava al más mínimo contacto, la mano derecha se le estaba derritiendo, de repente el monstruo avanzó hacia él de forma abrupta, dio varios pasos alcanzándolo en menos de un suspiro, Heihachi no pudo hacer nada por evitar ser atrapado, el dolor lo carcomía por dentro y una de sus piernas estaba fracturada, se dio cuenta al intentar apoyarla para encontrar la piedra. Aquella criatura esbozó una sonrisa siniestra, los colmillos los tenía tan desarrollados que sobresalían fuera de su boca, los seis brazos lo sujetaron sin opción a moverse o resistirse, se sintió como aquel gallo que sacrificó en esos momentos, ¿Cómo había llegado esa criatura aquí?, ¿Se trataba de un Yokai?, la criatura esgrimió sus dientes con la intención de darle un bocado, arrancó de cuajo el hombro del shinobi, la sangre fluía sin parar, Heihachi aún estaba consciente, parecía la criatura hacía algo para impedir que cayese en el sueño eterno antes de verlo sufrir, continuó devorándolo por partes, el ninja de Kusagakure simplemente fue devorado hasta desaparecer, notó cada bocado y masticación que la criatura realizó en él a pesar de estar “muerto”. Fue entonces cuando abrió los ojos, se hallaba tumbado bocarriba observando un pequeño fragmento del cielo azul, giró la cabeza y vio que se encontraba en el claro, rodeado por gruesos árboles y setas, era de día, las esporas desaparecían con la luz del sol y gracias a los dioses había conseguido salir de aquel genjutsu, fue consciente ahora de que había entado en aquella técnica al respirar las esporas, se pellizcó con fuerza comprobando si de verdad estaba fuera del genjutsu, suspiró aliviado, se levantó y comenzó a dirigirse a la madriguera, había permanecido bastante tiempo de aquel genjutsu y tenía bastante hambre, de sus provisiones recogió pan y un poco de queso, luego se dirigió a un arroyo para rellenar la cantimplora que había vaciado.

Al regresar y guardar el agua, se dirigió al árbol donde comenzó a practicar su taijutsu, esta vez combinó patadas y puños, una y otra vez, sin descanso, un golpe tras otro, una vez calentó dejó caer la parte superior de su kimono ajustando el cinto y comenzó a realizar golpes concentrados, permanecía quieto en una posición marcial y soltaba un poderoso golpe acompañándolo de un breve grito con energía, por su torso corría el sudor, deshizo la coleta y se hizo un moño para estar más fresco, de nuevo comenzó a con series de golpes rápidos, cambios entre patadas y puños, comenzó a agregar el uso de los codos y las rodillas, con cada golpe la seguridad de Heihachi crecía, se había sentido desconfiado de sus propias capacidades después de haber sido alcanzado por aquel genjutsu, como aquella bestia lo había devorado le había creado un sentimiento de incapacidad para hacer frente a cualquier situación, la necesitaba eliminar y la única forma era con dolor y entrenando, haciéndose más fuerte uno podía estar seguro de poder salir airoso cuando una situación acontezca. Continuó toda la mañana hasta que la tarde arribó, hizo solo un leve receso para comer, después de la siguiente comida se quedaría sin nada más que llevarse a la boca y entonces debería de ir a buscar alimentos al bosque, también formaría como parte del entrenamiento así que no era una pérdida de tiempo después de todo. Se sentó en el centro del claro para hacer fluir su chakra por el sistema circulatorio del mismo, concentrado cerró los ojos notando las perturbaciones de su interior, estaba intranquilo, sabía lo acontecía por la noche, como aquel enorme grupo de esporas volverían a ser producidas por las setas que habían estado recolectando energía solar y humedad del ambiente para alimentarse, su abuelo también le comentó que se alimentaban de la energía natural en sí misma pero no entendía a qué se refería, fue entonces cuando la sombra apareció de nuevo a la espalda de Heihachi, aquella sombra con el mismo aspecto que su abuelo comenzó a relatar, “Mocoso, aún crees que puedes hacerlo y sin embargo no has preparado nada, ¿Recuerdas que fue lo que te recomendé en aquel entonces?, ¿Por qué te enseñé el elemento viento?, si pudiera ahora mismo te golpearía, esas cicatrices no son nada, deberías haber visto como mi padre me golpeaba a mí, estúpido mocoso, eres un inútil, ¿No te has dado cuenta aún?, hay alguien vigilándote”, la sombra comenzó a desaparecer, era una sensación que había sentido desde hacía un rato, pero creía que era solo imaginaciones suyas, quizá algún animal. Abrió los ojos e intentó percibir por donde podría estar, se levantó colocando en orden su kimono.

-Muéstrate maldito, ¿Quién eres?-Hizo un gesto con la mano haciéndose ver molesto, sin embargo lo que estaba era preocupado, ¿Quién más podría conocer este sitio?, de repente una sombra surgió por entre los árboles cercanos y cayó justo a cinco metros delante de shinobi de Kusagakure, era otro genin de la aldea, poseía el pelo de punta y de color verde, era una cabeza y media más bajo que el Sarutobi, ladeó la cabeza observando a Heihachi, entonces habló.-Que raro que hayas sido capaz de darte cuenta, parece que te había subestimado, desde que fuiste incapaz de salir airoso de toda aquella cantidad de esporas daba por hecho que eras un verdadero inútil en todos los sentidos, fue muy gracioso verte ahí sufriendo con aquella desagradable cara, ¿Qué fue lo que viste en ese genjutsu?-Dejó de hablar y extrajo tres shurikens.-¿Cómo diablos conoces este sitio?, estuviste todo el rato observándome, ¿Qué es lo que tramas?-Heihachi se puso en guardia, sabía que este tipo no traía nada bueno con él, corrió hacia él echando en falta una buena espada, tampoco tenía armas arrojadizas que enfrentar a las suyas y el tipo parecía venir bien preparado. El desconocido lanzó los tres shurikens con una torcida sonrisa dibujada en su cara, éstos fueron dirigidos a los pies de Heihachi que paró en seco, los shurikens se clavaron en el suelo, el pelo pincho hizo aparecer otros tres shurikens en su otra mano y los lanzó, esta vez con la intención de dar de lleno a Heihachi, éste rodó por el suelo recogiendo los tres shurikens que lanzó anteriormente y los lanzó para que hiciesen encuentro con del enemigo, tres chispas saltaron cuando los filos de las estrellas ninja se encontraron.

–No está mal, no está nada mal, desde luego tienes buena mano para las armas, ¿Qué tal un poco de taijutsu?-Como un vendaval el peliverde corrió en busca de Heihachi, éste intentó bloquear con un brazo, el genin rival había lanzado una patada alta, consiguió bloquearla pero llevaba bastante potencia así que fue desplazado hacia atrás varios metros. El Sarutobi no tuvo tiempo para distraerse, había regresado la mirada a su desconocido contrincante y éste le había golpeado nuevamente con un puñetazo, ese golpe llevaba todo el peso de su cuerpo, giró la cadera justo antes de golpearlo, el Heihachi se había dado cuenta de ello, sin embargo aquel potente golpe lo mandó a volar nuevamente a pesar de que giró un poco el cuello para evitar daños mayores. Fue arrastrado hacia atrás con fuerza, plantando los pies dejó dos surcos en el suelo y se apoyó con la zurda, Heihachi pasó su lengua por los dientes recogiendo el sabor metálico de la sangre, tenía el interior del labio partido, escupió algo de sangre y miró al peliverde con ira en el rostro, parecía que este tipo era alguien bastante bueno en taijutsu, sus movimientos eran rápidos y llevaban un gran peso detrás de cada golpe. Heihachi realizó varios sellos, perro, tigre, pájaro,  fue entonces cuando una cantidad bastante notable de chakra fluctuó por sus manos, con el hilo de sangre descendiendo por su mentón y el rostro apretado con furia, incluso el peliverde se impresionó por un momento, el Sarutobi corrió para hacer contacto con su rival, éste saltó en el aire y descendió realizando una patada descendente.

-¡Cómete esto y dale recuerdos a tu abuelo de mi parte!-Dijo el pelo pincho con una risa escueta, había hecho un giro en el aire realizando una patada giratoria descendente, sin embargo Heihachi no se amilanó, se movió como un rayo mientras lanzaba un puñetazo hacia su pierna, el puño estaba recubierto por una capa de chakra de viento, era una técnica que podía fracturar incluso huesos.-Pelo pincho, ¿Cómo es que conoces a mí abuelo?-El puñetazo a pesar de llevar menos fuerza física por el impulso descendente de la patada del enemigo, la pierna del rival hizo todo el trabajo al embestir aquella concentración de chakra de viento, se escuchó un fuerte “¡Crack!”, el peliverde gritó de dolor dando una vuelta de campana y desplomándose en el suelo, Heihachi salió lanzado hacia al suelo con solo magulladuras, satisfecho soltó una risa algo más tranquila mientras se ponía de pie, recogió tres de los shurikens que habían  chocado entre sí previamente, vio como el pelo pincho giraba sobre el suelo sosteniendo su pierna.-¡Está bien, está bien!, soy Yinta, no lances esos shurikens no puedo esquivar así, verás tú conoces a mí maestro Migure, él me mandó aquí, quería ayudarte a mejorar más rápidamente así que…-Quiso continuar explicándose mientras se ponía de pie, pero Heihachi le cortó en seco mientras lanzaba los tres shurikens al suelo para que no se acercase, no parecía confiar en que de verdad tenía la pierna en tan mal estado, además en ese golpe sintió que poseía unos protectores bastante fuertes bajo esas ropas pero no estaba del todo seguro-Eres bastante desconfiado con la gente que te observa desde la oscuridad, ¿Verdad?-Esbozó una sonrisa mientras se alejaba, el sol comenzaba a ocultarse, el tiempo pasaba volando y la noche significaba que las esporas estarían de nuevo inundando el claro.-¿No te cansas de hacer el estúpido?, sé que no tienes la pierna tan mal-La seriedad en el rostro de Heihachi daría algo de respeto a todos los que lo conocen en su actitud cotidiana, alegre y tranquila. Yinta asintió despacio ahora totalmente serio, había apoyado la pierna, pudo apreciar en él un leve resentimiento de dolor al apoyarla pero poco más, ambos se miraban en silencio, el sol mientras tanto iba moviéndose, escondiéndose por el oeste.-¿Sabes qué ocurrirá ahora?, oh cierto, estuviste espiándome cual pervertido-Dijo el Sarutobi enviando su mirada a las setas más cercanas, después regresó la vista al peliverde, éste también se encontraba oteando las setas, se encogió de hombros cuando le devolvió la mirada-Esporas, sin embargo no son un problema para mí.-Heihachi frunció el ceño, entendía que éste joven era fuerte, pero de ahí a tomar las esporas como si fuese una mera piedra en el camino era algo demasiado altanero incluso para alguien con una boca chancla como él.-Desde luego eres osado Yinta, si es que ese es tu verdadero nombre.-Se sentó en el suelo con las piernas cruzadas intentando hacer circular su chakra y estabilizarse recuperando un poco, no sabía por qué estaba tan tranquilo el pelo pincho pero desde luego él no se estaría sin hacer nada, ya había pensado una posible manera de escapar del montón de esporas cuando se apelmazasen pero no estaba seguro de que fuese a funcionar, Heihachi cerró los ojos y permaneció haciendo circular el chakra, estaba atente a los sonidos que Yinta realizaba, no podía permitirse perder el tiempo y tenía que recuperar y tener todo el chakra listo para cuando las esporas fueran liberadas, por el contrario Yinta estaba al parecer tonteando con una crema que extendía en su gemelo, la zona donde recibió el puñetazo. Fue justo cuando el sol se puso por completo que las micro explosiones provenientes de la primera seta se produjeron, Heihachi abrió los ojos poniéndose de pie, Yinta que estaba tumbado tratando su pierna sin mucho entendimiento y esfuerzo se irguió también. Ambos se miraron sin articular palabra, la oscuridad ya empezaba poco a poco a adueñarse de todo el bosque, las esporas del tamaño de una uña comenzaron a mostrar su fluorescencia, poco a poco empezaron a resaltar en mitad de la noche,  el pelo pincho comenzó a realizar sellos cuando las esporas comenzaron a acercarse a los dos.

-¿Qué diablos estás haciendo?, ¿No te dijo el estúpido de Migure que…?, ¡Detente!-Dejó de explicarse sabiendo que por las buenas no entendería nada. Gracias a la propia luz fluorescente que desprendían las esporas podía ver con la luz ambiental verdosa donde se encontraba y los movimientos de manos de Yinta, corrió para interceptarlo en un placaje, impidió por los pelos que terminara el jutsu-¿Qué haces chiflado?, solo iba a lanzar un jutsu de fuego y quemar hasta hacer cenizas esas esporas, quita de encima-Dijo más que molesto el peliverde. Heihachi lo apartó de si también con un empujón y le explicó los motivos-Estúpido, escucha con esas orejas de adorno, cualquier contacto con un desencadenante energético, rayo o fuego, por muy pequeño que sea haría que saltásemos por los aires junto con todo este claro, ¿Es eso lo que buscabas hacer?,  no ¿Verdad?, entonces estate quieto y presta atención a como debes tratar de apartar esas molestas esporas sin tener que salir volando por los aires o incinerado junto a esta porción de bosque.-Dijo de forma tajante, la sombra de su abuelo apareció detrás de Yinta negando con la cabeza, “Es un imbécil de cuidado, matándolo le harías un favor a Migure, mocoso, ¿Cómo pretendes dar lecciones sobre algo que ni tú mismo estás seguro de que lo vas a lograr?”, la figura recibió una mirada de soslayo cargada de odio por parte de Heihachi, fue entonces cuando se dispersó, el ninja perteneciente al clan Sarutobi se acercó por voluntad propia a las esporas, cuando estaba a pocos metros realizó varios sellos haciendo que el chakra elemental naciese desde su manos, parecía empujar con suavidad las esporas que se alejaban sin siquiera acercarse a las manos del genin a cuarenta centímetros, eran repelidas y mandadas a volar lejos dispersándose, había focos más concretos de esporas, allí fue donde Heihachi golpeó al aire,  el sudor corría por la frente del shinobi. Muchas más micro explosiones sonaron de repente, una tras otra hizo que el corazón de ambos shinobis se acelerara, no podían dejarse nada o caerían en un genjutsu que quizá no tuviesen la suerte de resistir.

–Rápido Yinta ven aquí, usa tu taijutsu para mantener a raya las esporas más grandes, esas a su vez liberan otras más pequeñas como último recurso una vez se alejan e intentan pillarte desprevenido,  no dejes que ninguna te toque en partes donde tengas la piel expuesta, usa los golpes de aire compactos para alejarlas, cuanto más tiempo pasemos sin estar dentro del genjutsu más probabilidades tendremos de despertar por la mañana una vez salga el sol.-Dijo todo esto con la respiración acelerada y haciendo pausas cada vez que podía, estaba agotado, comenzó a dejar de usar el chakra elemental y únicamente ayudándose de movimientos fuertes de taijutsu, Yinta parecía más experimentado en el arte de combatir con los puños y las piernas, parecía haber creado una pantalla con distintos tipos de golpe en el que las esporas salían disparadas, Heihachi usó varias patadas giratorias intentando levantar algo de aire con cada movimiento, haciendo retroceder a los grupos más numerosos de esporas hasta recuperar algo de chakra y realizar de nuevo una técnica de viento que pudiese darle algo de soporte y tiempo para ejecutar su plan de escape. Yinta maldecía mientras golpeaba al aire con fuertes puñetazos y alguna que otra patada, ninguno de los dos podría mantenerse por mucho más tiempo así. Heihachi vio como las esporas comenzaban a actuar como la última vez, se empezaban a arremolinar alrededor de ambos que se situaron juntos en el centro del claro para mantener a raya las esporas fluorescentes que despedían destellos de luz verdosa, si no fuesen tan peligrosas sería hasta una visión hermosa, como si miles y miles de luciérnagas comenzasen a danzar juntas. Espalda contra espalda sendos genin jadeaban cansados, la técnica natural-genjutsu defensiva se envolvía alrededor de ellos, sabía que Migure se la había jugado, había cambiado el sello para identificarse para evitar ser atacado, incluso dudaba que Yinta lo supiese, ese vejestorio no le tenía aprecio a nada, para él todo era una maldita broma de la que poder reírse, Heihachi se preguntó si para él incluso su propia vida no sería más que un chiste.-Esto pinta mal, maldita sea la hora en la que hice caso a mi maestro y me ordenó venir aquí a ver como lo hacías, él no me entregó el sello de identificación dijo que no hacía falta-Su estado de ánimo había pasado, de jocoso a serio y por último a enfadado consigo mismo por la estupidez de salir al encuentro de Heihachi cuando su maestro solo le dijo de observarlo. Ambos shinobis comenzaron a lanzar terribles golpes repeliendo las esporas que se aproximaban siendo despedidas del terrible y enorme remolino en el que estaban envueltos. La única apertura que existía era en la parte superior, ambos no tenían tiempo que perder, ambos sabían que después de un tiempo se derrumbarían hacia abajo todas esas esporas, algo a lo que no podrían enfrentarse aunque usasen dos jutsus de viento a la vez, cosa imposible debido a que al parecer Yinta poseía en principio solo afinidad con el elemento fuego según dedujo el Sarutobi al ver la intención anterior de lanzar un jutsu de fuego. Aguantaron mientras el remolino los envolvía e intentaba devorarlos por medio de los conjuntos de esporas que se desviaban de su trayectoria hacia el interior, debían esquivar con presteza o caerían en un genjutsu tan aterrador como el que tuvo la mala suerte de experimentar el Sarutobi, el peliverde era consciente pues vio todo el tiempo que permaneció sumido en aquella ilusión al ser tocado por las esporas y los momentos previos en los que no pudo evitar aquella encerrona. A pesar de estar espalda contra espalda cada uno buscaba salvarse a sí mismo, las únicas miradas que se echaban el uno al otro mientras esquivaban y golpeaban el aire era para comprobar que el otro no había caído y debía hacerse cargo de más trabajo. El remolino comenzó a perder velocidad, ninguna espora se acercaba a ellos ahora, el momento de la caída estaba llegando, el torbellino comenzó a hacer que sus paredes se acercasen, Heihachi realizó un único sello, el del pájaro chakra de viento comenzó a moldearse bajo sus pies, miró en dirección del pelo pincho y bramó.

-La única opción es salir por arriba, de un salto jamás lo lograremos…-Iba a intentar justificar un plan cuando de repente Yinta dio un enérgico salto hacia arriba. Una sombra se había formado junto a los genin instantes antes de que uno de ellos saltase, era por supuesto la sombra de Kimura que aún atormentaba a Heihachi a pesar de que le era útil para recordar los jutsus y sus correcciones, ¿Cuándo llegaría el día en el que lo mandaría a freír espárragos?, la sombra que no era otra cosa que una proyección mental del recuerdo de su abuelo así como su odio acumulado habló, “Estúpido mocoso, ¿Crees que él se esperará a que te decidas?, con salvarse el apuñalaría tu corazón un millar de veces de ser necesario, un Sarutobi debe actuar con determinación, debe ser implacable”, el nieto de Kimura agitó la mano espantando a la sombra y deshaciéndola, pegó un salto persiguiendo a Yinta en el aire, las paredes del remolino se estrechaban más y más, el viento había impulsado más fuerte y más alto a Heihachi sin embargo no sería suficiente y lo sabía, antes de dejar al peliverde actuar hizo lo propio para asegurarse salir de la encerrona, con un fuerte pisotón sobre la cabeza de Yinta tomó un nuevo impulso.-Disfruta del buen sueño, con permiso me adelantaré-Con una socarrona sonrisa, la misma que había utilizado previamente el alumno de Migure, salió del remolino de esporas y se alejó sin mirar atrás hasta el árbol en el que tenía su refugio, desde aquella cierta seguridad observó como las esporas cayeron sobre Yinta como le había pasado a él previamente, justamente como había hecho con él, el shinobi imperturbable observó como las esporas lo sumían en un genjutsu para luego con el atisbo de los primeros despuntes del alba se iban deshaciendo, a pesar de parecer que solo habían pasado unos instantes había permanecido horas evitando ser tocado por las esporas, luchando para no sucumbir ante tal gran técnica defensiva. Heihachi soltó un suave suspiro de alivio, acercándose a su refugio y tomando algo de agua y comida, la última que quedaba, le resultó escasa pero gratificante, un mendrugo de pan, agua y carne de cerdo seca que vendían como barritas de snacks. Después de comprobar que todas las esporas habían desaparecido se acercó para ver a Yinta, éste no parecía haber salido del genjutsu, había una posibilidad de despertarse cuando el sol se llevaba a las esporas pero no siempre ocurría, había casos en los que el afectado pasó días completos, se encontraba tumbado en el suelo con leves espasmos en el rostro, Heihachi no se regodeó pero parecía conforme, nadie se iría sin pagar las consecuencias de lo que le habían hecho a él, el peliverde solo se quedó mirándolo mientras sufría durante horas en aquel genjutsu en el que fue devorado, ¿Por qué habría de darle más clemencia a su enemigo si no la tuvo con él?, recogió uno de los kunai que poseía guardado Yinta en su bolsa y dejó inscrito un mensaje para cuando despertase, si es que lo hacía. “Dile al estúpido de tu maestro que no se inmiscuya en mis asuntos por mucho que prometiese mierdas a mi abuelo, primer aviso”, dejó el kunai clavado en el tronco y comenzó a de forma tranquila a marcharse de vuelta a la aldea, podría haber matado a Yinta, pero aparte de que era un ninja de la aldea necesitaba a alguien que le llevase un mensaje a ese molesto viejo. Tras un largo tiempo consiguió llegar de vuelta a Kusagakure, estaba hecho un zombie andante, a pesar de haberse tomado la caminata con calma fue más del doble de lo que tardó en ir, el cansancio acumulado comenzaba a hacer efecto. Desistió de ir a comprar comida, simplemente llegó a casa usando por supuesto el elevador, no tenía el cuerpo para escalar nada, ni siquiera se duchó, se tumbó en la cama y no despertó hasta el día siguiente, momento en el que se odió por olvidar que era festivo y pocas tiendas abrían, desayunó en un tenderete algo de ramen a mitad de precio por motivo de la festividad religiosa, se encontró con Kotaro y sus amigos, los invitó a golosinas tal y como les prometió, tras esto se dirigió a un templo, realizó su correspondiente rezo y se tumbó en mitad de un banco de la aldea observando el paisaje mientras fumaba su pipa, ¿Le habría llegado el mensaje a Migure?, solo la suerte de aquel genin llamado Yinta daría la respuesta, sabía que ese mensaje provocaría una de esas risas desagradables, pero en el fondo dudaría, Heihachi no juraba en vano.



Conteo:

436 líneas en total
350 líneas= +10 Ninjutsu
30 líneas= +2 Taijutsu
25 líneas= +1 Taijutsu(Habiendo superado 10)
30 líneas= +2 Percepción

1 línea sobrante

✖PRIMERA PARTE PARCIALMENTE RECHAZADA
Shinobi's Justice


No puedes entrenar las técnicas de tu segunda especialidad hasta llegar a Jonin, cuando llegues podrás, sin embargo, se te añadirán los stats por practicarlos.


✓SEGUNDA PARTE ACEPTADA
Shinobi's Justice


Se te añadirán los respectivos stats que solicitas.


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