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No te olvides de visitar la Guía de Combate que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. En Shinobi's Justice utilizamos un sistema de combate de rol interpretativo donde empleamos técnicas y un sistema de parámetros, así como un medidor de chakra. Recordamos que las técnicas y los parámetros son interpretativos, no deben tomarse siempre al pie de la letra. Se puede ganar un combate cumpliendo las normas y describiendo bien tanto el escenario como la situación aunque se esté en desventaja, del mismo modo que se puede perder un combate ganado al no cumplir las reglas.






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No te olvides de visitar la Guía de Ambientación que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. A la hora de crear tu personaje es muy importante que pienses la religión, el país, y la aldea, pues cada una es, a su modo, única. Aconsejamos una lectura lentura y pausada para poder elegir lo mejor para el personaje que desees crear.






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No te olvides de visitar la Guía para Novatos que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. A la hora de hacer los registros, no olvides que puedes hacer el expediente, el perfil ninja y las cronología y relaciones al mismo tiempo, sin embargo hasta que el expediente no te sea aceptado NO PODRÁS hacer los registros ni de aldea ni de PB.




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Niños que viven entre delitos de sangre ante los dioses que veneran con frivolidad y devoción, entre gritos y violencia que marca sus vidas por el resto de la misma. Criada en aquél lugar por una parte de la familia que habita en el lugar desde hace alguna generación, siempre mostrando fidelidad y confianza al Kusakage. Así eran los Uchiha, personas capaces de dar todo lo que tienen en el lugar que ocupen, siendo como soldado o dirigente, siempre permanecen con una doctrina de sangre: El orgullo de llevar tal nombre. Pero ese nombre ni podía intentar eclipsar un orgullo mayor de haber nacido en aquél país, en aquella patria que sólo era su templo, el mismo País de la Hierba, donde a diario sus habitantes enfrentan con valentía y unidad la situación de conflicto a pesar de ser de los ejércitos más pequeños pero más nobles, valientes y defensores de su idea, la cual le une a otras tierras, el Shuha Shinto, la forma que han decidido tomar los habitantes de éste país para venerar a sus dioses. Inmersa en toda ésta patraña idílica, se encuentra Saori, sólo una niña pequeña incapaz de ver el fondo de todo ésto más allá de la visión que se le había dado desde niña, incapaz de negarla, y al mismo tiempo, incapaz de seguirla. Sólo una niña, sin suficiente sentido crítico para fudarla, sin suficientemente maldad para aceptar sus formas pero segura de algo: No hay nadie más sabio que los dioses, y los humanos no siempre entienden lo que dictan. Si dictan que hay que venerarlos, es por algo; si dictan que hay que acabar con un enemigo, hay que humillarlo en el campo de batalla... Y si hay que matar, por algo querrán que se haga. La muchacha nunca había sido capaz de soportar ver todo el espectáculo que la Secta Shinto proporciona a sus fieles, y eso no quedaba más que ser respetado. Una chica demasiado agraciada y feliz para ello, una muchacha demasiado pequeña para entender lo que le rodea. La religión no era más que aquello que funcionaba, y funciona, pero aquél país conocido por su devoción, no termina por lograr tal avance su le saque de aquello... Y su pueblo tampoco lo aceptará jamás.

Dualidad donde las halla, la inocencia y la perversión, mentes violadas a la fuerza por la sangre y mentes que dejan que ésta fluya en ellas, como un río que desemboca en sus actos, oscuros y dudosos. Sentada sobre los árboles, hoy más pensativa que de costumbre no podía sacar de su cabeza los pensamientos, aferrada a sus rodillas a los pies de un enorme árbol bajo la ciudad que ha jurado defender y vuvur por ella más allá de su vida o su muerte. Algo la acosaba... ¿La exigencia? ¿El formar parte de un ejército? No. Hoy eran sentimientos de amor cruzados con el odio. Noticias que vuelan por la mente infantil y perturbada de la chiquilla que rige su vida a una palabra predicaba con la muerte y el sufrimiento de niños... Niños como Saori. Y es que una gran cantidad de forasteros acudían últimamente a la villa, pues el examen de ascenso tendría aquí lugar, y el Kusakage había invitado a todos a un gran festival en el cual, muchos niños habían conducido a la diversión y a su clímax a las mentes más perversas de aquella realidad... Si tan contrarios son al Shuha Shinto y a sus modos, ¿qué les lleva allí? ¿Qué les lleva a gozar con la sangre de niños pequeños sin más delito que la vida? Aquellos forasteros pomposos, los kage, no hacen nada contra el hecho más terrible y tenebroso del País de la Hierba... No será tan malo. Al fin y al cabo, la muchacha no quería dudar de sí misma ni la doctrina que se le enseñó, solamente le duele ver como sus antiguos compañeros de clase mueren torturados, y en el último ritual, había caído uno. Pensativa, como pocas veces veces mostraba ésta muchacha alegre y marchosa, se mostraba hoy.

Una tarde nublada pero sin lluvia, en la que los viejos troncos de la Arboleda, como se le llamaba, se veían asociado en la humedad que los días como hoy o los pasados le cedían a la naturaleza. Sobre su cabeza, la vida seguía como siempre en la ciudad, familias felices y forasteros, muchos forasteros. Más arriba aún, enormes alimañas surcaban el cielo, hecho ell cual no alarmaba a nadie más que aquellos tipos extraños que llegaban de o te lugares del mundo. Mirando a la nada, la chiquilla tenía una mirada vacía, pérdida en un mar de pensamientos extraños - ¿Y si mañana me toca a mí? - se preguntaba constantemente - ¿Y si le toca a Shiore...? ¿Debo aceptarlo y vivir con ello? ¿Debo entender que los dioses la requieren como bendición? - martirizaba su mente contra un intento dialéctico revocado al más rotundo fracaso. Suspiraba, muriendo un poco más en aquél rincón cualquiera. Solamente en su mente permanecía solemne un principio fundamental, inviolable por nadie en el mundo... Kusagakure no sato. Su hogar, dispuesta a defenderlo, a dar su vida por ella. ¿Si alguien de allí no lo estaba? Nada más merece morir, como el tramo que seria. Soldado de Kusagakure, de ocupación guerrera.


Hablo - Pienso - Narro





Historia contada por Inshun, el Mar Mayo 30, 2017 12:46 pm



Expediente

Ficha Ninja

Cronología

País de la Hierba

Shuha Shinto


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El sol se colaba por los espacios que dejaban las hojas de la arboleda donde buen rato ya llevaba entrenando Inshun. Saltaba de rama en rama, de piedra en piedra, sin tocar jamás el césped. Era una especie de juego que se había inventado hace tiempo. Con esto entrenar a diario no se hacía tan tedioso ni aburrido como sería golpear el mismo tronco o lanzar el mismo kunai a una diana. Poco a poco fue poniéndole reglas a su práctica. No podía pisar la misma rama o el mismo árbol dos días seguidos, no tenía permitido apoyarse en más de dos piedras entre cada árbol o en más de dos árboles por cada piedra. Debía evitar a toda costa el lado del río ya que estaba repleto de piedras y eso hacía que el reto perdiese sentido. Aun así y haciendo su juego cada vez más complicado siempre llegaba un punto en el que le cogía el truco y se perdía la emoción. Esto precisamente era de lo que Inshun más sed tenía; emociones, algo que hiciera que su corazón acelerase. Perseguir aves o insectos saltando de rama en rama solo le llenaba una hora como mucho. Sacó su ninjato en pleno vuelto mientras partía en dos una rama que se interponía en su camino. “Aburrido” Pensó mientras perdía de vista al conejo que había perseguido desde las alturas durante los últimos quince minutos. Giró la espada corta en su mano mientras miraba a su alrededor buscando algo que hacer, algo para distraerse, no soportaba estar desocupado ya que eso le incitaba a pensar. Odiaba pensar. Con un ágil movimiento guardó la espada en su vaina y bajó de un salto al suelo, cayendo grácilmente en el césped. Había perdido el juego. Comenzó a caminar sin un rumbo fijo, simplemente hacia adelante por donde suponía que se volvía a su aldea. Llevaba un atuendo bastante curioso para quien fuese que no le conociera. Una camiseta sin mangas gris con un estampado de manchas cubierta por una camiseta negra muy ancha y de cuello holgado de cuyas mangas caían un par de tiras de tela por cada lado. Pantalones anchos y holgados, remangados por debajo de las rodillas atados por un cinturón que servía a su vez para sujetar la bolsa en la que tenía guardadas sus armas ninja. En la parte de atrás del cinturón estaba, envainada, su ninjato, que se hacía pasar por una katana corriente y su Fuma Shuriken. Aunque abultaban un poco no le molestaban ya y no llamaban mucho la atención a menos que te fijaras en ellos.

Sacó de su bolsa una libreta y comenzó a ojearla mientras caminaba. Contenía, escritos con una letra fina, irregular y prácticamente ilegibles, varias canciones y poemas que había anotado durante los últimos años. Disfrutaba de la música y la poesía ya que le permitía ocupar su mente mientras caminaba de un lugar a otro o simplemente cuando no tenía nada que hacer. Tarareaba mientras repasaba en su mente la letra de algunas canciones que, a decir verdad, estaban inspiradas en rezos y mantras religiosos del Shuha Shinto. Le calmaban la ansiedad cuando estaba nervioso y le ayudaban a relajarse cuando estaba demasiado alterado como para dormir. Eran como canciones de cuna cantadas por una madre, solo que su madre jamás le cantó una ni le dejó ningún recuerdo agradable en el que apoyarse en sus momentos más vulnerables. De pronto llegó a un pequeño claro en el bosque y debajo de uno de los árboles vio a una chica joven. Muy joven. Parecía una niña. Tenía el pelo negro y una constitución que a primera vista se veía muy frágil. “Tendrá la misma edad que mi hermana.” Pensó Inshun mientras verla le despertaba un instinto fraternal. El chico venía de una familia muy numerosa donde sus hermanos y sus primos vivían en la misma casa. Solía pasar mucho tiempo con ellos antes de que se independizara, y aunque seguía visitándolos cada pocos días no era comparable a pasar juntos todos los días a todas horas. Los juegos y las risas de cuando estaban todos juntos eran de los pocos recuerdos felices que tenía de aquella casa, el resto de su felicidad derivaba de los sacrificios que ayudaba a realizar en el templo.

Guardó su libreta de nuevo en la bolsa y se acercó a la niña. Parecía pensativa. Tal vez estaba preocupada por algo, tal vez estaba perdida. Los ninjas de Kusagakure no suelen tener problemas en orientarse en la arboleda pero tal vez aquella chica aún estaba estudiando en la academia. Este era el caso de Inshun, y el propio joven no se había graduado hasta cumplir los catorce. – Hola, ¿qué haces por aquí? Pareces preocupada.- Dijo con un tono amable, el mismo con el que se dirigía a sus hermanos y primos pequeños. Le gustaban los niños, veía en ellos una inocencia y felicidad que los adultos perdían con la edad. Le había ocurrido a muchos de sus conocidos y le había ocurrido a él.

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~ (ff9900) Hablo ~ Narro ~ Pienso (ff6633)~
De pronto, una voz surcaba su mente como un velero en mar abierto... Pero a cañonazos. Su silencio interno se derribaba con la aparición de una persona que atendía a la chiquilla en un momento de debilidad reflejado en su cara, que no pudo disimular al no sentir la presencia de alguien que también merodeaba por la arboleda, a quien no podría dejar fuera de su furtiva escena, viéndose obligada y forzada a responder con educación a un rostro conocido de la villa - Oh, buenos días, senpai - saludaba sonriente la muchacha, mientras apoyaba su mano en el suelo para ponerse en pie. Uniendo sus manos en el centro de su cintura, agarradas con los dedos entrelazados, dedicando un intento de cálida sonrisa - No se preocupe, estoy bien. Sólo pensaba en mis cosas, ya sabes... Mi hermana, los chicos... Cosas de niñas - excusaba, dando la contradicción en bandeja con la mirada, la cual indicaba que sus palabras metían.

El respeto a las personas de rango o edad mayor era algo crucial, los Uchiha eran personas de honor, nunca se debia aparentar lo contrario, al menos asi fue enseñado a Saori. Igual no conocía el nombre ni nada sobre Inshun, solamente de haberle visto por la aldea algún vez, lo cual no era poco corriente en una pequeña aldea como Kusagakure no sato. Así, la muchacha miraba al chico que desde que entró en la academia, veía entrenar con los mayores, con los otros Shin más experimentados y curtidos, por lo que debía mostrar respeto a alguien de una posición mayor - ¿Y qué tal todo? ¿Qué le trae por éste lugar? -

Off:
Primero que nada, disculpa por la tardanza. He estado una semana sin internet, por lo que no he podido postear. Sorry!


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