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Era una bonita mañana en Iwagakure. Kaminari se despertó a una hora temprana, como siempre, con los primeros rayos de sol asomando por su ventana. Se sacó la sabana y se levantó de la cama entre bostezos y torpemente caminó hasta el baño. La casa estaba en silencio, al igual que el vecindario, la calle, y casi que toda la ciudad. Las tenues luces del amanecer se colaban entre las rendijas de las persianas, dejadas a medio cerrar, y permitían ver al ojo descubierto una cantidad preocupante de motas de polvo que flotaban, apenas sin moverse, en la habitación del chico. Agarró un cubo de agua y se llevó las manos, llenas, al rostro. Repitió tres o cuatro veces hasta que se sintió despierto. El agua estaba helada y era la mejor ayuda para empezar el día. Se miró al espejo mientras se lavaba los dientes. Su cabello, aunque despeinado, apenas era algo diferente de cómo lo llevaba con regularidad. “Así valdrá” Pensó mientras escupía y de llevaba la toalla a la boca. Se quitó la camiseta roñosa del pijama y bajó las escaleras a paso lento y sin ganas. Pensó en desayunar fuera pero no es que tuviera dinero suficiente para hacer esas cosas a menudo. Agarró una rebanada de pan y lo pasó con un tarro de leche agria. Se sentó en la silla y miró por la ventana, a través de las cortinas. Aquellos momentos del día eran sus favoritos y no sin motivo. Por alguna extraña razón le gustaba el ambiente que se veía, la luz, el frío, los tonos, todo parecía sacado de un cuento.

Sus divagaciones fueron interrumpidas por unos golpes en la puerta. “¿A quién se le ocurre llamar a estas horas?” Se preguntó mientras perezosamente se levantaba y caminaba hasta el corredor principal que daba a la calle. Volvieron a oírse golpecitos de nudillos contra la madera. –Si, si, ya voy.- Dijo en voz lo suficientemente alta como para que quien fuera que estaba llamando le escuchase. Llegó a la puerta y, dejando la cadenita que impedía a la puerta abrirse completamente, la entreabrió para ver quién era. Al otro lado del rellano vio a una mujer ataviada con ropajes propios de los ninjas y una chaqueta que indicaba su rango jounin. “Oh mierda” Pensó mientras quitaba la cadena a toda prisa y torpemente abría la puerta del todo. La mujer era más bajita que él pero imponía demasiado respeto. Se puso recto mientras ella le miraba y le preguntaba si era Osoroshi Kaminari. –Eh, presente, digo, s-si, soy yo...- Contestó nervioso. Ella ignoró su patético murmullo y, desganada, le entregó una carta diciendo que le habían mandado una misión que debía cumplir hoy sin falta. –¿Qué? D-digo, sí señora, e-esto…- La mujer volvió a mirarle raro y suspiró. Antes de que pudiera darse cuenta ya había desaparecido en un parpadeo. Kami se llevó la mano a la cabeza “Ugh, qué mal he quedado… Pero vaya si era guapa…” Cerró la puerta y abrió el pergamino que contenía el documento. “¿Un entrenamiento especial? ¿Qué demonios significa esto?” Se llevó un vaso de agua a la boca mientras seguía leyendo “¿PUEDO MORIR?” Escupió el contenido de su boca del sobresalto. –En serio… ¿Qué cojones es esto?

Una hora más tarde una chica pelirrosa entró a su casa y le encontró tirado en su habitación. Estaba en la cama pero solo sus piernas. La otra mitad de su cuerpo estaba en el suelo, boca abajo. –Kami… ¿Qué estás haciendo?- Preguntó ella, ya ni siquiera sorprendida por la extraña posición del chico. –Soy un peón, puta mal pagada, persona forzada a ver la luz del sol…- Comenzó a canturrear este, dramatizando sus palabras de forma exagerada. –… Sabía que un día se te acabaría yendo la olla pero no pensaba que sería tan pronto.- Dijo con una expresión de clara decepción en su rostro. –Soy un peón, y no tengo nada, y aunque agache la espalda duele más el corazón…- Continuó el joven. –Kami te juro por dios que como no te calles te arranco la lengua. Sí señora.- El shinobi rodó sobre sí mismo y se quedó de rodillas en el suelo, como si fuera un crío de primaria al que acababan de castigar sin recreo. –Emm… ¿Me podrías decir cómo has entrado en mi casa?- Añadió tímidamente. –Sé dónde tienes la llave de repuesto.- Contestó la chica de forma engreída. –Creo haberla cambiado de sitio hace unos días…- Dijo Kami tímidamente. –Eres muy predecible.- Replicó la chica. “Oh mierda, se me olvidó poner la cadena de vuelta cuando recogí el sobre…”Y… ¿Qué se supone que haces aquí?- Preguntó el chico con intriga. No era extraño que Rina se pasara por su casa de vez en cuando pero era raro verla siquiera despierta a estas horas y más aún que viniera sin una razón. La chica se quedó callada un instante y le miró fijamente. –… ¿Tienes comida?- “Ahí está la razón” Pensó Kami un tanto decepcionado. Rina había venido a gorronearle comida, misterio resuelto. –Claro, pero no esperes mucho más que un triste pan.- Contestó mientras se levantaba y comenzaba a caminar al piso de abajo, donde se encontraba la cocina. –No te preocupes, cualquier cosa me sirve. Mis padres se fueron temprano por cosas del trabajo y no me apetece cocinar. Dirás que no sabes cocinar.Pues claro que se cocinar, idiota.- Respondió la joven con tono agresivo. “No sabe cocinar” Se reafirmó el chico en la cabeza, ya que no se atrevía a replicar en voz alta temiendo las consecuencias.

Llegados en la cocina Kaminari comenzó a abrir todos los cajones habidos y por haber mostrándole a Rina que, efectivamente, no tenía mucho más aparte de unos tristes panes, arroz sin hacer, mantequilla, sake, una bolsa de caramelos, medio tarro de mermelada, harina que debía llevar ahí meses y pescado seco. La leche se la había terminado aquel mismo día. La chica agarró desvergonzadamente el tarro de mermelada y comenzó a untar unas rebanadas de pan. Mientras lo hacía Kami se quedó sentado en la encimera en silencio. –¿Por qué estas así?- Pregunto la chica de repente. –¿Huh? A que te refieres?- Contestó el joven sobresaltado, ya que había estado perdido en sus pensamientos hasta que la joven rompió el silencio. –Ya sabes, cuando entré y estabas boca abajo cantando esa mierda depresiva.- Dijo finalmente. –Oh, eso… bueno… me han asignado una misión esta mañana y…- Comenzó Kami vagamente. En realidad no le apetecía en lo más mínimo explicárselo a Rina. Si supiera que estaba así porque temía enfrentarse a unos cuantos ninjas se reiría de él y le tomaría el pelo de forma exagerada. Ya le había apodado “El perdedor” por los combates perdidos contra un par de gennins. –Se podría decir que me da una pereza horrible.- Declaró finalmente rascándose la oreja. No le iba a decir la verdad, aunque tampoco estaba mintiendo; además de no querer salir herido le daba, efectivamente, mucha pereza. –¿Huh? ¿Qué ha sido eso? Si te la han asignado levanta el culo y hazla, es tu trabajo.- Esas palabras golpearon justo en la diana. Tenía razón, ser shinobi era su trabajo, y uno que había elegido por voluntad propia además. –Como siempre eres despiadada.- Dijo el chico mientras se ponía en pie. Era algo que tenía que hacer por obligación. No es que pudiera renegar de cumplirla sin echar a perder su reputación como ninja, o al menos lo poco que le quedaba de esta. –De todas formas tengo que ir en una hora más o menos, tampoco hay prisa.- Rina seguía comiéndose sin pudor el resto del pan de Kami. –Hay que ver, me extraña que nadie pueda considerarte atractiva viendo la forma en la que comes. ¿Te olvidas de quién fue la primera persona que se me confesó?Tenía diez años y no sabía que eras un animal salvaje.- La chica se giró bruscamente y le dio un codazo en las costillas. –¡AUCH!- El aullido de dolor del desprevenido Kami seguramente se escuchó por todo el vecindario. –Serás...- Rina se limitó a sonreír y siguió comiendo.

Cuando terminó fue al salón, donde Kami estaba ojeando unos libros. Cruzó la habitación con pasos cuidadosos, sin hacer demasiado ruido, como si estuviera dando saltitos. Miró las extensas estanterías del muchacho. Recordaba que éste le había contado que prácticamente todos los libros eran de su padre. Muchos de ellos eran de medicina, siendo su padre especialista en ninjutsu médico, aunque también había una buena cantidad de textos sobre otras disciplinas, habiendo una buena base de cultura general y toda clase de artes ninja si alguien decidía leerlo entero. –Hmm… ¿Todo esto era de tu papá?- Preguntó finalmente, preguntándose si había algo que fuese de su madre. –Sí, todo lo que está en el salón. Los míos están en mi habitación.- Contestó el chico sin levantar los ojos del pergamino en el que estaba inmerso. Rina se acercó interesada al sofá donde el joven estaba sentado y, desde atrás, apoyó su cabeza sobre el hombro de esto asomándose al texto con curiosidad. –¿Qué lees?Las bases del fuinjutsu, técnicas de sellado general y cosas así.- Habían estudiado algo de eso en la escuela pero nunca lo pusieron en práctica salvo en un par de clases, donde tampoco lograron ningún resultado. –Hmm… ¿Y es interesante?.Si te soy sincero, no, es sumamente aburrido y tedioso.- La chica quedó confundida ya que aquella no era la respuesta que esperaba de parte del joven. –Eh… Entonces ¿por qué lo lees?- Preguntó confusa. –¿Te acuerdas de cuando me viniste a buscar a los campos de entrenamiento?- Empezó Kami, cerrando el pergamino y mirándola a ella. –Aquel tipo con el que estaba. ¿El que te metió una paliza?El que me metió una paliza.- Afirmó el shinobi, no sin suspirar molesto. – Sí, ¿qué pasa con él?. En un momento del combate utilizó una técnica de sellado que anuló completamente mi estrategia. Parecía poder sellar y devolverme cualquiera de mis técnicas Raiton.- Al oír esto Rina le miró sorprendida. Ella sabía la potencia de los Jutsus de Kami desde la escuela por lo que enterarse de que alguien podría hacer eso hizo que se le cayera un mito. –¿En serio? ¿Tan inútil eres?- Gritó con gesto de sorpresa. –Ja, ja. Si, al parecer sí. En el arte del fuinjutsu existen una serie de técnicas que te permiten sellar sin falta cualquier Jutsu de tu rango o inferior. Es una habilidad bastante inquietante. Nunca pensé que podrían contrarrestarme de manera tan simple.- Después de mirarle pasmada unos segundos tratando de procesar la información la chica se levantó y le dio la espalda. –Buuu, ahora me entero de que el único punto fuerte de Kami puede ser sobrepasado así de fácil. ¿Cómo quieres que te respete a partir de ahora?.- Preguntó con un tono burlón. –¿Desde cuándo me has respetado?.- Rina se paró un segundo en silencio. –…Touché.

Kami siguió ojeando el pergamino hasta después de que Rina se fuese de vuelta a su casa. Antes de que se diera cuenta ya era la hora de ir a entrenar con los ninjas tal y como se indicaba en la misión. “Espero que esto no acabe mal…” Pensó mientras se ponía su ropa corriente y cogía su equipamiento ninja. Ya no se le hacía raro andar con el fuma shuriken por las calles, se había acostumbrado a unas cuantas miradas desvergonzadas de vez en cuando. Aparte se llevó una sudadera con capucha, en lugar de la que llevaba siempre, ya que era barata y se había preparado para salir de allí con la ropa hecha unos despojos. Cerró bien la puerta, cambió de lugar, por décima vez aquel mes, el escondite de la llave, y se dirigió a los campos de entrenamiento. El lugar donde le habían asignado era algo distinto de donde solía hacerlo siempre. Se trataba de un campo privado con unos pequeños pilares de roca repartidos por todo el sitio de anchura suficiente como para esconder una persona detrás. Era bastante grande pero no tanto como los otros y definitivamente no lo suficientemente grandes como para que peleen cómodamente cuatro personas. Al menos para Kami ya que se sentía agobiado al saber que no podría mantener una buena distancia con todos como le gustaba hacer cuando combatía. “Habrá que pensar cómo hacemos esto de forma efectiva…” Cuando llegó sus compañeros de entrenamiento ya le estaban esperando. No es que hubiera llegado tarde pero era común que a los castigados se les obligase a presentarse algo antes. –Está bien.- Comenzó a hablar. –¿Cómo soléis hacer esto?.- Los ninjas mostraron un desconcierto general. “Definitivamente no valgo para ser profesor…” Pensó mientras se llevaba las manos a la cabeza. –Hmm si nadie propone nada, ¿qué tal si empezamos con un combate de calentamiento? Nada serio, luego aumentaremos el rit- ¡WOAH!- Gritó sobresaltado mientras un shuriken pasaba a menos de un palmo de su nariz. Parecía ser que los shinobis ya habían empezado el entrenamiento mientras Kami estaba hablando. O eso o de verdad pretendían matarle. Lo que era seguro era una cosa, más que motivados estaban enfadados, enfadados de que un gennin viniera a darles lecciones y un entrenamiento extra. Sentían su orgullo herido pero, ¿Qué esperaban, siendo tan inútiles?

Está bien, si eso es lo que queréis…- Dijo el joven, cabreado, con una expresión como si estuviese a punto de ir a por su cuello. Ante esto los shinobi retrocedieron, intimidados, pero ya era tarde. Kaminari agarró su fuma shuriken y lo lanzó con todas sus fuerzas contra el primer ninja, el que le había tirado el shuriken segundos atrás, que trató de esquivarlo como pudo saltando hacia atrás e intentando pararse sobre uno de los pilares de roca que medían entre dos y cuatro metros a lo sumo. Sin perder tiempo el joven corrió persiguiendo ese primer ninja, se impulsó con el fuma shuriken que estaba clavado en el pilar y alcanzó su altura antes de que su enemigo pudiera darse cuenta. Con toda la fuerza que le proporcionaba la inercia Kami le asestó una buena patada, dirigida a la cabeza, que el ninja bloqueó con sus antebrazos. “No está mal, pero no es suficiente” Pensó Kami mientras su patada empujaba a su adversario fuera del pilar, cayendo este hacia abajo y aterrizando a duras penas. Los otros dos no perdían el tiempo y, mientras uno le lanzaba un par de shuriken, el otro comenzaba a correr hacia la dirección de Kami realizando unos sellos. “Mierda, no me puedo despistar un segundo” Pensó mientras saltaba a otro pilar, más alto, evitando los proyectiles. De repente el que corría hacia él terminó de realizar los jutsus, saltó hacia un pilar y lo usó para impulsarse hacia donde estaba Kami con una velocidad considerable. Alrededor de su puño se formó una corriente de aire que, de golpear al chico, le dejaría un gran corte. “Es la misma técnica que vi utilizar a Elemir” Se dijo el shinobi mientras saltaba de pilar en pilar buscando evitar las armas arrojadizas de uno y los golpes del otro. “Tener la ventaja de altura no me ayuda especialmente cuando me enfrento a varios enemigos a la vez.” Realizó una serie de sellos y al aterrizar en uno de los pilares se dio la vuelta y, buscando evitar todo lo posible el golpe del ninja, le impactó en el pecho con un Raiton: Puño del rayo. El chispazo resultante lanzó al enemigo hacia atrás, tirándole del pilar, mientras que el Fuuton: Kaze no enchō le pasó lo suficientemente cerca del pecho como para rasgarle las ropas y dejarle un corte que, si bien no era demasiado profundo, hizo brotar la sangre de la herida.

“Joder, esto es peligroso” Pensó mientras miraba a su alrededor buscando a los otros ninjas. Nada más vio a uno tuvo que apartar la cabeza casi por reflejo ya que le había lanzado un kunai. Nuevamente los ninjas apuntaban a la cabeza, buscando provocar daños letales. “Estos malparidos…” Se dijo mientras preparaba unos sellos, pero el otro shinobi realizó un movimiento extraño y el kunai que Kami había esquivado dio un giro brusco y se enredó en una de sus manos. “JODER, llevaba un hilo…” Con un fuerte tirón el shinobi le hizo perder el equilibrio y caer del pilar. Mientras, otro de los ninjas le lanzó un shuriken aprovechando que estaba en caída libre. Ante esto el chico no tuvo otra opción que no fuera cubrirse con el antebrazo de su mano libre, donde quedó clavado el arma. –JODER.- Gritó de dolor. Agarró un kunai de su bolsa y cortó el hilo antes de que se volviera problemático Aterrizó a duras penas en el suelo y se extrajo el shuriken del brazo mientras miraba a su alrededor tratando de localizar a sus enemigos. De repente escuchó un silbido. Se oía alto y claro y duró más o menos cinco segundos. Esto desconcertó a Kami de gran manera ya que no comprendía qué podría haberlo causado. “¿Una técnica de Fuuton? ¿Un arma? ¿Qué carajos fue eso?” Se preguntó mientras abría aún más los ojos y prestaba máxima atención a su alrededor buscando la fuente de aquel sonido. Antes de que se diera cuente y como su hubiera salido de la nada uno de los ninjas apareció delante suya y le atacó con un kunai. “Tengo que esquivar” Pensó, pero sus piernas no se movieron. Parecían estar pegadas al suelo con algún tipo de Jutsu. Viendo que no podía escapar trató de cubrirse con el kunai que tenía en la mano pero, por alguna razón, ya no lo tenía en la mano. “¿QUÉ CARAJOS ESTÁ PASANDO?” Se dijo mientras el ninja enemigo le hundía el kunai en el estómago. Un fuerte dolor recorrió todo su cuerpo. “¿Estoy acabado? ¿Qué acaba de pasar?” En un instante se dio cuenta. El silbido no había cesado, seguía sonando de fondo. Sólo una explicación se le vino a la cabeza. “¡¿UN GENJUTSU?!”

Solo había una manera de comprobarlo. Si su teoría era cierta el kunai de antes seguía estando en su mano, aunque él pensase lo contrario. Reuniendo todo el valor del mundo hizo fuerza con su mano derecha y la acercó rápidamente a su pierna. Un punzante dolor le recorrió la pierna y, de repente, el ninja que le había apuñalado el estómago desapareció junto al dolor. Como si de un acto reflejo se tratase soltó el kunai y miró a su alrededor. Estaba rodeado por los tres shinobis y a punto de recibir una paliza por dos de ellos mientras el tercero, que era el culpable del genjutsu, estaba a un lado algo más apartado. Uno de ellos alcanzó su brazo con el kunai, provocándole un buen corte mientras el otro estaba detrás a punto de golpearle con la misma técnica de viento de antes. Gracias a que se había librado del genjutsu relativamente rápido pudo hacer el sello de la serpiente y recubrirse al instante de una capa de tierra protectora que bloqueó tanto el daño del golpe por la espalda como el segundo corte del tipo que tenía al lado. Aun así no anuló completamente el daño, ya que los ataques atravesaron la armadura de tierra y le hicieron pequeñas laceraciones, nada comparables por otro lado a las que habría recibido de no haber activado el escudo a tiempo. Realizó unos sellos mientras los ninjas saltaban hacia atrás tratando de alejarse ante el esperado evento, no habían planeado que Kaminari pudiese salir de esa manera de su ilusión. Ya era demasiado tarde de todas formas, el joven formó dos esferas chispeantes en sus manos usando el Rayo: Bala relámpago. Los ninjas no pudieron apartarse a tiempo y, mientras uno utilizaba una técnica de tierra para intentar bloquear el ataque, el otro se lo comió de lleno porque no podía evitarlo de ninguna manera. Su compañero sufrió un destino parecido ya que, aunque le había dado tiempo a levantar su defensa, el Jutsu de Kami era demasiado potente como para que este pudiera contenerlo y lo atravesó perdiendo parte de su daño pero golpeando al objetivo de todas formas. Sin perder el tiempo Kaminari dio un salto y corrió hacia el ninja que seguía en pie, que se puso en guardia y sacó un kunai de su manga, seguramente con un mecanismo oculto que llevaba. Kaminari hizo lo mismo y trató de golpearlo un par de veces con este, siendo bloqueados todos sus intentos. Dio un paso hacia atrás y lanzando el kunai al aire realizó unos sellos y lanzó un relámpago en dirección enemiga. El relámpago era lento y el adversario, confiado, se apartó fácilmente de su trayectoria pero sin explicación aparente el rayo cambio de dirección y rebotó en el kunai que Kami había lanzado previamente, dirigiéndose directamente a la misma arma que sostenía el enemigo e impactando despiadadamente en este. El factor sorpresa era la razón por la que el Raiton: Hansha dageki era el Jutsu preferido de Kami. Casi nadie se esperaba que cambiase de dirección de esa manera.

Sus adversarios, que se acababan de levantar del suelo, no parecían querer darse por rendidos. El joven trató de recuperar el aliento. Estaba jadeando y había gastado bastante chakra. Para colmo tenía ambos brazos heridos y el corte que se hizo a sí mismo en la pierna. Recogió sus kunais del suelo y se puso en posición de combate. –Vamos, malditos, puedo patearos el culo todo el día.- Su intención era hacerles perder los nervios. Era cierto que cargarían a por el con más fuerza y sería mucho más peligroso pero dejarían más aberturas que Kami podría aprovechar para noquearles del todo. El ninja de antes agarró un silbato y se lo llevó a la boca. “Así que con eso inicia su genjutsu” Pensó el chico mientras se tapaba las orejas antes de que pudiera oír el sonido. Su adversario, al ver que había descubierto su táctica resopló enfadado y se lanzó a por él con un kunai. Mientras, el que estaba a su izquierda le lanzó un kunai que Kami esquivó con facilidad y el de su derecha volvió a cargarle con aquella técnica de viento que reforzaba su taijutsu. A la vez que se apartaba buscando evitar el kunai recordó lo que ese ninja hizo la última vez y con un movimiento de su brazo enredó el alambre que, efectivamente estaba enganchado al kunai, en su brazo solo para darle un fuerte tirón y hacer que se precipitara en su dirección. Mientras, con el mismo alambre que había agarrado enredó la mano portadora del arma del ninja enfrente suya y con una hábil maniobra le colocó en la trayectoria del shinbi a su derecha que, ante este giro de los acontecimientos, no fue lo suficientemente rápido como para cambiar la dirección de su golpe y acabó causándole un profundo corte en el pecho de su compañero. El ninja que quedaba agarró hábilmente un kunai sin que Kami se diera cuenta y trató de apuñalarle en el pecho. El joven, que se vio sin tiempo para evitar la acometida, usó su propia mano para parar el ataque, quedando el kunai clavado en esta y con la otra le dio un fuerte puñetazo en la nariz a su enemigo. Antes de que pudiera reaccionar el adversario que en este punto Kami estaba seguro de que se especializaba en taijutsu le dio una fuerte patada en las costillas lanzándole al suelo.

El joven se encontraba en un momento crítico ya que su adversario se abalanzó hacia él buscando darle una patada mientras estaba en el suelo pero con todas las fuerzas que le quedaban se arrancó el kunai de la mano y, poniendo ambas palmas en el suelo, utilizó la Descarga Terrestre para pillar por sorpresa al ninja que estaba demasiado centrado en acabar la batalla que, efectivamente, se la comió entera, retorciéndose por el calambre y quedando paralizado mientras Kami se levantaba y le daba una patada en el pecho, lanzándolo hacia atrás y haciéndole rodar por el suelo. –Por el amor de dios, ¿queréis matarme o qué os pasa? ¿Qué parte de entrenamiento no habéis entendido?- Los ninjas no tenían fuerzas para continuar luchando, y tampoco las tenía Kami, dejándose caer de rodillas en el suelo y agarrándose la mano que no paraba de sangrar. –Tengo que pasar por el maldito hospital otra vez. Mierda.- No lo odiaba ni mucho menos pero le habían comentado las enfermeras que frecuentaba aquel sitio mucho más de lo recomendable. “Normal si me mandan misiones de este tipo…” Pensó mientras se acercaba a los shinobis, que poco a poco se recuperaban del fiero enfrentamiento. –Y por esto mismo os han mandado un entrenamiento extra. Ni siquiera podéis derrotar a un gennin promedio. ¿Cómo se supone que habéis sobrevivido hasta ahora?- Aunque los shinobis se mostraban algo reacios a aceptar que Kami era, efectivamente, un gennin promedio, parecieron comprender finalmente que debían hacerse mucho más fuertes si querían completar su maldito trabajo. –Ahora si me permitís necesito ir al hospital urgentemente.- Dio media vuelta y comenzó a recoger todo el equipamiento ninja que había utilizado y lanzado en aquel combate, incluido su fuma shuriken. –Y vosotros deberíais hacer lo mismo.- Gritó desde la lejanía recordando las heridas que habían recibido ellos también. “Espero que esto haya servido para algo, casi pierdo la cabeza en el enfrentamiento…”

Llegado al hospital, el cuál era como su segunda casa dada la frecuencia con la que lo visitaba, saludó amigablemente a los enfermeros y el personal que, para bien o para mal ya le conocían de tanto que se pasaba por allí. –Holaaa.- Saludó animado a su enfermera, quien nada más verle preguntó qué había pasado esta vez. –Bueno, se podría decir que acabo de completar una misión.- Con expresión de desconfianza la mujer comenzó a desinfectarle las heridas y a aplicarle los vendajes. Lo más grave había sido su mano, pero nada que una semana de reposo no pudiera arreglar. –Como siempre, haces que me sienta como nuevo.- Dijo Kami con tono halagador. Sin embargo no se libró de la reprimenda de turno por no tener cuidado mientras realizaba sus misiones. “Un día acabaré muerto, de eso no hay duda” Pensó mientras volvía a su casa.
Datos de la misión:
Nombre: Al borde de la muerte.
Rango de la misión: C.
Paga de la misión: 450 Ryous.
NPC de Staff: No permitido.
Lugar: Iwakagure no sato.
Número de post: 60 líneas. (Calibrí,11).
Descripción: Los ninjas de asalto han entrado al castillo del Damyo por séptima vez este mes, pero como siempre vuelven siendo unos inútiles. Te han pedido que entrenes con ellos pero de una manera más dura de lo normal, ten cuidado, como no te cuides te mataran.

Líneas realizadas: 273
Líneas requeridas: 60
Líneas sobrantes: 213

Stats entrenados:
+4 puntos en Fuinjutsu: 60 lineas (Stat entre 1 y 10)
+4 puntos en Genjutsu: 60 lineas (Stat entre 1 y 10)
+4 punto en Kenjutsu: 60 lineas (Stat entre 1 y 10)
+2 puntos en Iryoninjutsu: 30 lineas (Stat entre 1 y 10)
Sobran 3 lineas.
Justificación:
-Fuinjutsu: leer y aprender de los libros sobre el fuinjutsu.
-Genjutsu: ser víctima de uno durante el combate y salir.
-Kenjutsu: utilizar mis armas cortantes para combatir.
-Iryoninjutsu: presenciar como me curan las heridas en el hospital y aprender de ello.


~~ Hablo (#990033) - "Pienso" (#009966) - Narro -  Umeko Rina (#ff6666) ~~

✓MISION ACEPTADA
Shinobi's Justice


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