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No había pasado demasiado tiempo desde que el muchacho de cabellos verdes había regresado del Festival Hinode, celebración que se hacía entorno a una leyenda tan antigua como la tierra misma. Esta relataba los sucesos ocurridos entre Yamata no Orochi y Susano´o, una gran leyenda que circulaba a través de todo el continente, sin hacer ningún tipo de distinciones religiosas o bélicas. Muchos creían que tal cuento era cierto y Kentaro, que era un creyente de una religión que para muchos era más una secta, creía en eso. En el país del viento las cosas eran raras, al menos desde un punto de comparación a otros países donde el tema religioso era mucho más calmado. Allí todo era tan sanguinario y letal que hasta un jovencito como Okabe pudo llegar a acostumbrarse a eso, además del calor tan abrasador que están tan acostumbrados a vivir por caprichos del destino, no sabía por qué le había tocado vivir allí ni tener la familia que tenía, pero no iba a quejarse.

Ya era un gennin y no tenía nada más que dedicarse a cumplir con su deber con la aldea oculta entre la arena, aquella que básicamente le había todo lo que tenía. No obstante, habían ocasiones en las que este salía por motivos personales a hacer cosas varias, ya fuera por motivos personales, de trabajo o por mero gusto. Muy pocas veces había salido de su país natal, cosa que se evidenció cuando visitó la sierra de los ciervos, pero esta vez era común puesto que no saldría del país del viento. Su ubicación actual databa en el mercado errante, aquél que era conocido en el continente por tener muchas cosas por vender, comprar y más. Se decía que si no había algo allí, no se encontraría en ningún otro sitio visible o descubierto. Los rumores eran tan ciertos como podrían llegar a ser, para Kentaro dicha afirmación era cierta pues en su propia experiencia dicho sitio de comercio nunca le había fallado. Él había llegado a esa zona con la intención de buscar algo interesante para sus marionetas, tal vez nuevas armas o cosas nuevas que añadirles para que fueran mucho más eficaces en combate.

Tal vez no lo admitía, pero muy en su interior viajaba por tener un poco de despeje en su mente, el viaje que tuvo que hacer desde el otro país le había dejado exhausto, sin ninguna gana de hacer alguna misión. Sus iban paseando a lo largo del mercado, con sus edificaciones simples y rústicas, llenas de arena que era levantaba por el viento mismo y por el ajetreo de la gente que pasaba de un lugar a otro. Curiosamente ese día había bastante gente, más de la que él estaba acostumbrado a ver allí, aunque también era cierto que pasaba la mayor parte de su tiempo en Sunagakure. Le pareció bastante curioso más no raro, no tenía problema con eso, y es que él estaba ahí única y exclusivamente para observar y si le gustaba algo, comprar. Sus pasos iban lentos y dedicados, tratando de no chocar con la gente que atareada pasaba de un lado a otro, las voces de los mercaderes de allí retumbaban en los oídos del marionetista como un espectáculo de ruido total.

No sabía que le depararía el futuro o qué encontraría, pero hubo algo que le llamó la atención. Un pequeño y humilde puesto de frutas en medio de todo, este estaba vacío de manera rara pues no parecían ser alimentos locales por obvias razones. Se acercó con notable curiosidad para ojear un rato – Buenas – dijo con amabilidad mientras sus orbes observaban las manzanas, peras y demás frutas que estaban a disposición del público general. Alcanzó a escuchar una voz curiosa, y es que era una anciana la que le respondió, pero que esto último no signifique nada pues su tono de habla era bastante fuerte, delatándola como una mujer de carácter de esas que a esa edad ya no existen. No le prestó demasiada atención, centrándose en los alimentos, se veían buenos, pero por alguna extraña razón no quería comprarlos, había algo que le decía que no los comprara. No sabía qué era, tal vez su sentido de ambición o una sensación estúpida, no tenía ni idea de lo que estaba pasando por su mente. No obstante, en ese momento llegó alguien, el joven Kentaro no sabría decir muy bien si era alguien importante o no, pero reconocía esa voz de algún lado – Conozco esa voz – comentó para sus adentros mientras intentaba mantener la concentración. Sin embargo, esto no sucedió pues levantó la mirada, sólo para darse cuenta de que era una mujer que no conseguía recordar de donde, pero que se le hacía conocida. Y al curioso titiritero no se le ocurrió otra manera más que quedársele mirando por unos segundos para intentar resolver su confusión mental.




Historia contada por Atsuko, el Mar Abr 25, 2017 4:50 am



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Le gusta que la saquen de paseo, aunque el mismo fuera tan banal como ir a un mercado... Por supuesto, que el mercado es el más grande que puede haber en su país. Las visitas por lo general son bastante cortas, pues no puede evitar que su propio cuerpo se sobreexcite con la cantidad de cosas a su alcance, ni que decir entonces de las personas… ¿Pero qué es tan atractivo a los ojos de Atsuko el poder ir al mercado? No había ocasión en la que no fueran, que si se portaba lo suficientemente bien, podría recibir un regalo por ello. En ese punto se le puede considerar alguien infantil –alguien que siempre anhelo tener una especie de premio o mimo similar-. Houjou en ese aspecto, era alguien bastante generosa para la muchacha de cabellos rosas. No importaba que simplemente fuera algo pequeño, era el gesto lo que terminaba por emocionarla.

Como ahora.

El antojo de una manzana la había atormentado desde que habían vuelto del País de la Cascada, y la extensa posibilidad de comer cosas que es tan difícil de cultivar en su tierra natal. La textura firme pero jugosa de aquella fruta de cascara roja le fascinó de un modo que no tenia precedentes. Incluso Akko había aceptado el hacer tareas que por lo general declinaba sin discusión alguna, solo por la promesa de comer una manzana –si es que la hallaban-.  Ciertamente tampoco quería ir demasiado ilusionada, la misma Houjou le aclaro que seguramente la fruta no podría sobrevivir tan fácilmente a un viaje de esa magnitud y seguir manteniéndose tan apetitosa como la que ella comió en su momento.

De todos modos, no parece ser el caso. O algo así quiere imaginar. La joven ha buscado algún puesto de frutas, pero al no encontrar justamente la que estaba deseando, ha empujado a su tutora a ir a los confines mas alejados del mercado errante. En una choza que no le traía de ningún modo el mejor recuerdo, de la cual trato de evitar directamente la imagen de quien pudiera atender y centrarse en la fruta. Sería una lástima que Houjou fuera capaz de notar el nerviosismo que la posibilidad de reconocer un rostro le provocaba, por eso es que parece casi jugar entre los puestos. Ya se encargará la pelirroja de arreglar lo demás. Akko prefiere fingir demencia en situaciones así para evitar ser mas sociable.

-Manzana manzana.. ¡Quiero man~za~na!- Tararea, husmeando entre los cajones, desconfiando en realidad de la apariencia de la mayoría de la mercadería. Se la veía tan brillante que casi se podía reflejar en ellas. ¿No se supone que por el viaje, las mismas deberían llegar ligeramente maltrechas? Asumiendo que la calidad simplemente era de la mejor. Atsuko quedo pensando bastante en las palabras de su tutora, antes de que el antojo terminara haciéndola mandar al diablo el sentido común. -¡Manzana!- Exclamo, con la eterna sonrisa que porta aunque la misma pueda ser demasiado forzada en ocasiones.

-¡Houjo san, mira que halle!- Exclamo saltando hacia la pelirroja por su espalda, trayendo en su mano la manzana mas roja del cajón. Podían discutir cuantas llevar, aunque si solo podía llevar una, esa definitivamente seria la elegida por la muchacha. Su mirada ahora, era auténticamente feliz. Y la podría mantener así mientras pudiera evitar mirar directamente a la encargada de la tienda. No obstante, eso influyo a que su cabeza y su rango de visión quedaran clavados en otra persona que estaba presente en el lugar.

-¿Hum..?- Murmuro, notando que la vista de ese muchacho estaba clavada en la pelirroja. No sería extraño, considerando que Houjou era una mujer que solía atraer miradas por lo esbelta y atractiva que resultaba. Sobretodo por el tamaño de sus pechos que fácilmente podrían rivalizar con la cabeza de la misma Akko –aunque decirlo tan así era una obvia exageración-. Pasaron unos segundos en donde la misma muchacha escudriño al sujeto, hasta que finalmente un pequeño recuerdo llego. -¿No es el novio de la muchacha de kimono rojo…?- Murmuro bajito, lo suficiente para encontrar o no concordancia con la pelirroja, que seguramente noto mucho antes que estaba siendo observada.




Historia contada por Houjou, el Mar Abr 25, 2017 4:29 pm



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Esto no cuenta precisamente como parte del tratamiento, sino tan solo un saludable paseo.

Por el día de hoy no quiere pensar en que todas las acciones relativas a Akko siguen un propósito médico, o de lo contrario cada aspecto de su vida va a terminar convirtiéndose en un doctrina, en lugar de ser una experiencia. Sí, es cierto que ese país tan violento solo se preocupa por la efectividad en la guerra y un desempeño eficiente en la misma, pero para Houjou la humanidad tiene mucha más relevancia, un propósito mayor, que solo los conflictos y el belicismo. No debe ser malinterpretada, no es una pacifista ni alguien contaminada en falsas morales, es tan solo una mujer que cree que las enemistades a nivel de naciones solo benefician a quienes no pelean en las mismas. Es todo un desperdicio...

Y no va a permitir que Akko sea desperdiciada...

En vista de que quiere darle un día libre, la lleva al mercado a comprar cosas fuera de las provisiones para sustentarse de manera cotidiana. Es nada más para hacerla tomar aire fresco, aunque sea tan caluroso debido al clima, mas es lo que ella necesita ocasionalmente para que sienta además que no está encerrada debido a una condición. Houjou sonríe, mirándola estar tan animada mientras camina con ella, escuchándola cantar solo una palabra y estar tan apartada de lo que sería un ataque de euforia o paralizándose por un delirio. Suspira, aliviada por el buen momento, pensando para sí misma y comunicándose con el patrón a quien le ha dedicado sus rezos, no para ganar su favor, sino para mantenerlo a raya a él y a sus maquinaciones siniestras.

"Amatsu-Mikaboshi, si de verdad existes y escuchas, confórmate con mis rezos, pues nadie con cordura ni sensatez te rendiría tributo. No inflijas daño a esa chica, ni permitas que ningún otro espíritu divino intervenga; ya ella tiene demasiado consigo misma..."

- ¿Hm~? ¿Qué conseguiste? - Sacada de su silenciosa oración, Houjou observa a su niña con una fruta inusualmente brillante y fresca, parecida más bien a un adorno en lugar de una manzana real. Pudo dudar al respecto, incluso se atreve a olfatearla un poco al acercarse ligeramente, pero no puede notar nada que la haga distar de una cosa autentica. - Bueno... Tal parece que conocen un método de conservación muy avanzado, pues luce en exceso saludable. Toma unas cinco más Akko, con eso tendrás una merienda variada en los días siguientes. - Con eso, Houjou da palmadas sobre la cabeza de la jovencita, dando su aprobación, pero manteniéndose alerta de una posible estafa.

Sin embargo, su atención cambia cuando Akko la hace llevar la vista hacia un muchacho que, ciertamente, ya había visto con anterioridad. No lo conocía en lo absoluto, nada más un breve encuentro que ni siquiera llegó a conversación. - Hm, tienes razón niña. Supongo que si podrás ir a saludar esta vez. Conviene que conozcas más personas. - Dicho esto, Houjou la rodea de sus hombros con un brazo, llevándola a caminar hasta ese joven que bien ha sabido llamar la atención en su quietud.

- Esta vez sí es un entorno más tranquilo para hablar, ¿No crees? - Dirá en voz alta para hablar a ese personaje, mostrándose serena y amigable. Ante todo, cordialidad... Y mantener a su niña bajo un abrazo, que más que protector, es para generarle confianza.
Sus estuvieron clavados en la mujer de cabellos rojos que estaba por allí cerca, su mente no concebía muy bien de dónde la conocía. Pero la cuestión era que sí, la había visto en algún sitio que curiosamente era muy cercano cronológicamente, para él, el hecho de que su subconsciente le diera señales sobre ella er4a algo raro. Para completar toda esa nube de confusión, los pensamientos del marionetista se despejaron un poco más en cuanto vio a otra fémina, esta era más joven y con un rostro que denotaba mucha más inocencia, de cabellos rosados la recordaba también de algún sitio que pronto pudo recordar. Su mirada no se apartó de ellas hasta que se dio cuenta que se dirigían hacia a él, no había mucho distancia, pero sí la suficiente como para hacer que el muchacho de cabellos verdes desviara su mirada hacia la zona de frutas, intentando parecer al menos convincente. Durante ese pequeño momento de transición, pudo recordar de dónde las conocía - ¡El Festival Hinode! – hizo un grito mental en señal de iluminación, y es que había podido recordar el lugar exacto.

No le extrañaba demasiado que no supiera reconocerlas, teniendo en cuenta que ni siquiera llegaron a mantener una conversación por cosas del destino. Fue algo curioso que las volviera a ver, tal vez ellas iban a buscar algo al famoso mercado del país del viento, aunque tampoco debía descartar la idea de que también fueran residentes de la arenosa nación. No tuvo demasiado tiempo para pensar o analizar más, siendo que la voz de la más grande del par lo incitó a comenzar una conversación con ella de manera amable - ¿Eh? Pues sí, tienes razón – comentó el ninja de sunagakure tratando de mantener la compostura al tiempo que ocultaba su vergüenza, quería ser amable aunque en su expresión se notaba un poco de nerviosismo por su acto anterior. Examinó de manera fugaz a la fémina de cabellos rojas, le parecía atractiva y al menos desde su punto de vista, parecía muchísimo más segura que la menor; eso no le importaba en lo absoluto, pero en su pensamiento no podía dejar de hacer ese razonamiento - ¿Ustedes estuvieron en el Festival hinode verdad? – soltó de forma amable y cortés al tiempo que soltaba un sonrisa, no parecían malas personas y la verdad sea dicha, a él no le desagradaban visualmente.

Se estaba preguntando de manera oculta en sus pensamientos la procedencia de las chicas, iba a preguntar pero necesitaba meterse en más cosas imprudentes. Para su buena fortuna, su vista notó como la manzana que la menor cargaba encima relucía de una forma muy especial – Linda manzana – quería tratar de romper el hielo de forma casual, aunque muy en el fondo sabía muy bien que la fruta en cuestión se veía bastante apetitosa – La verdad es que no es muy común ver frutas tan buenas por acá – dirigió su mirada hacia los alimentos que estaban a su lado, ignorando casi por completo la existencia de la dependienta que a esas alturas no le importaba ser parte de la conversación. No sabía muy qué decirles, las conocía, pero dicho saber no era más que una presente casualidad de vista en el país de la cascada, nada que realmente fuera importante que decir o aportar.

No obstante, en un momento casi indeterminado algo curioso y malo ocurrió. Un sujeto encapuchado apareció de la nada, llevándose muchas de las manzanas que en el puesto había mientras que al mismo tiempo empujaba el sitio donde estas se encontraban. Naturalmente, como Kentaro estaba tan cerca de estas, no pudo evitar caerse de manera estrepitosa como un árbol que cae al ser cortado, cayó casi sin quererlo ni poder reaccionar. Por su parte, el ladrón en cuestión no hizo nada más que tomar manzanas, pero hubo algo que lo detuvo por un segundo mínimo, y es que observó de manera curiosa a chica de cabellos rosados con la intención de robarle, pero por alguna extraña razón no lo logró a hacer por miedo a que alguien de la autoridad le encontrara. - ¡UN LADRÓN! – gritó la mujer que a pesar de poseer una actitud fuerte, no dejaba de ser una señora de gran edad. Todo el mundo en cuestión se acercó en un momento en cual el malhechor ya había escapado de la escena del crimen, dejando a un Okabe tirado en el suelo junto a un montón de manzanas y una multitud que miraba todo de manera curiosa - ¡UN LADRÓN, UN LADRÓN! – la vendedora no hacía más que gritar, y es que nunca se esperó que le robaran su mercancía. No tenía muchas cosas por las qué gritar, esperaba que alguien la salvara y en cierto modo así sucedió - ¡¿Qué sucedió?! – dijeron un par de guardias que habían llegado pasados unos cuantos segundos.

Kentaro por su parte permaneció en el suelo hasta que pudo levantarse, se había llevado un buen golpe, además de que ni siquiera pudo hacer o mirar nada. Simplemente había sido víctima de la circunstancia sin saber que lo peor estaba por venir, y es que mucha gente ya lo estaba mirando de mala manera por algo que él ni siquiera había hecho.

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