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Bienvenido al foro de Shinobi’s Justice, esperamos que tu estancia en el foro sea agradable y lo encuentres entretenido.

Shinobi’s Justice es un foro de rol interpretativo basado en el mundo y la ambientación de Naruto, donde el usuario tiene total libertad para crear el personaje que desee, sin que le falte rol.

El foro posee un equilibrado sistema de subida de parámetros y rangos que permite que se vea una progresión constante, e infinidad de opciones para que el personaje sea único. ¡Te invitamos a comprobarlo por ti mismo!
El ocaso cae en Daichi, y la noche comienza a reinar. En el palacio del feudal, tras meses de planficación, Hikari Aika, feudal de la nación del fuego, aliada con las naciones de la nieve y la tierra, acuerdan terminar definitivamente con los estados practicantes del Shuha Shinto. Los soldados marchan, liderados por sus mejores generales y con pertrechos suficientes para entrar en una cruel guerra. Samuráis, soldados, y ninjas han sido llamados por igual. La guerra se ha desatado, solo queda esperar que no lo consuma todo.

Sin embargo Hikari Aika no marcha con sus tropas. Por primera vez, decide quedarse en su palacio, rezando en el templo de Amaterasu. Es el día de su veinticinco cumpleaños, y espera pacientemente a una sombra del pasado.


♦️
ENLACE AL ÍNDICE DE TRAMAS
♦️
Es la estación del año más cruel y desgarradora, comprendida entre otoño y primavera. Comienza el día 13 de Node y termina el último día de Gami.

Los días ahora tienen tan solo ocho horas de luz al día, disminuyendo cada vez más cuanto más avance la estación, llegando hasta tan solo cinco horas de luz. La temperatura baja en todas las regiones de Daichi, volviéndose un clima frío, desolador. Los días en la Nación del Viento ahora son más agradables, sin embargo al caer la noche el frío se vuelve casi tan insoportable como en la Nación de la Nieve, la cual, ahora experimenta constantes tormentas que cubren todo el país, salvo en la península. Todas las naciones se resguardan ahora del frío, pues los días y las noches son insoportables. Se dice que en los inviernos los yokais proliferan y cubren más el mundo de los humanos.

Precipitaciones constantes en forma de nieve, lluvia, o granizo, descargando en forma de tormentas de nieve cuando el frío se vuelve insoportable, o incluso en granizo en la Nación de la Nieve. Cuanto más se acerca a la primavera, menos frío hará, sin embargo eso no quita lo horrible que de las precipitaciones, que dependiendo del año algunas islas de la Nación del Agua pueden inundarse, y los refugiados ir a la capital hasta que termine la estación.

Los árboles pierden sus hojas hasta quedar en solo un tronco cubierto de nieve, en el mejor de los casos la nieve cubre las hojas y estas aguantan hasta primavera. Sin embargo las bosques de las Naciones del Fuego y la Hierba logran aguantar estas horribles temperaturas sin perder apenas hojas, algo que otros países no logran entender.
¡Bienvenidos a Daichi Magazine, la revista oficial de Shinobi's Justice! En esta revista podréis encontrar entrevistas a diversos usuarios ganadores de awards o cuya participación en una trama haya decantado la misma. Resúmenes de tramas y eventos, y anuncios anticipados de tramas próximas. ¡Si quieres verlas todas, solo haz click en la imagen que hay debajo!

Daichi Magazine
¡Ha habido una enorme actualización en el foro! Ya ha pasado un año desde que abrimos nuestras puertas para mostrar Daichi y todo aquello que lo engloba este pequeño universo, y queremos agradeceros a todos por apoyarnos en este ambicioso proyecto.

♦️
Como habéis podido observar la estética del foro ha sufrido un cambio bastante importante con respecto a la que hemos tenido el pasado año. La gana de colores claros ha dado lugar a una combinación cromática nueva, usando colores que permitan un mayor contraste.

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Modificada la guía de ambientación y cronología, dejando enlaces, descripciones y todo mejor redactado en un solo lugar. Añadido el F.A.Q ambientativo a esta misma guía.

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Nuevo tablón de anuncios que condensa toda la información que había anteriormente en el anterior, más la propia del banner.

♦️
Modificadas las técnicas básicas de la academia para un mejor balance, añadida la técnica de invocación.

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Han sido añadidas las historias y modificado por completo los resúmenes de los 31 clanes y artes que tiene el foro.

♦️
Creado el sistema de profesiones que tanto se pedía, sin embargo este es añadido como algo narrativo y con lo que ganar un poco de dinero. ¡Tenéis más de 100 puestos para escoger!

♦️
El inventario ha cambiado por completo, siendo un precioso y útil código creado por nuestro diseñador, que facilitará mucho las cosas de ahora en adelante.

♦️
Añadida la raza ''Poseído''. que efectivamente hace que en un porcentaje un ser del otro mundo os posea y tome control sobre ciertas acciones.

¿Por qué no te animas a verlo todo por ti mismo? ¡Solo tienes que hacer click a este enlace!

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Can you hear me?




A saber que significaba aquel sentimiento tan putrefacto. Sentía sus huesos desmoronarse, convertidos en la bebida más pura que podría existir. Ojalá ya hubiese terminado esa tortura insufrible. Aún tras aquella marcha fúnebre a camello que le arrebato la consciencia no fue capaz de liberarse de su pesar. La pequeña y fina crisálida en su piel comenzaba a desmoronarse. Paso a paso, era asombroso como salía volando, perdiéndose por el desolado sendero que ambos jóvenes desencontraban al andar. Navegando hacia la nada, dejando tan solo los recuerdos de lo que allí una vez pasó. Sus cicatrices poco a poco desaparecieron en los brazos de la niña, que jamás se detuvo en su fiera batalla contra la misma muerte, sí, una batalla por él. Es curioso pensar que ambos lo dieron todo por quien ni conocían, aun cuando poco antes bien podían haberse matado entre ellos. Las vueltas que da la vida son incontrolables y ellos no eran más que la prueba en estado puro de tan absurda afirmación. Y luego escriben libros de psicología, como si el ser humano pudiese ser comprendido por vagos estudios creando estereotipos. Allí solo había dos almas luchando por lo que creían correcto. No había honor en juego, no había orgullo interponiéndose, tan solo una voluntad férrea para no dejarse controlar, para no volver a fallar miserablemente.

Argh. Mascullo al momento en que su cuerpo era lanzado sobre la camilla, ¿o sería un contenedor de la morgue? Llegados a ese punto cualquiera le valía. Caer sobre aquel colchón sin tiempo a delicadezas era tan doloroso como... nada, en realidad, ya no dolía. Su cuerpo carecía de sensaciones; sus piernas estaban entumecidas, sus parpados débiles apenas abiertos no dejaban vislumbrar más que un vago fulgor que hasta sus miedos fundía. Directamente no había ninguna sensación en su cuerpo, estaba muerto al fin, quizás faltaba darle el ultimo empujón para enviarlo a un nuevo plano, donde por fin podría ser un imbécil junto a Akutare en el paraíso. Es curioso, podía advertir algunas manos empujándolo con fuerzas, incitándolo a vivir; Yuki El amor de su vida, la sacerdotisa psicópata que tanto le había cautivado. Por poco tiempo que estuvieran juntos, fue la relación más intensa que jamás pudo experimentar. Jhin Su mejor amigo, el jodido vago que le traía tranquilidad al grupo, ojalá al fin se le hubiese declarado a… ¿A quién era? Khara Sí, cierto, la pequeña peliverde que siempre terminaba envuelta en sus estupideces, sentía un poco de pena por ella, pero cuanto la quería.
Ni se dio cuenta de cómo poco a poco llamaba a sus seres queridos, casi como una suplica de rescate. Una pequeña lagrima salió de su ojo desvanecido, mostrándole en aquel instante lo mucho que le quebrara el no poder volver a verlos. Quería abrazarlos, rogarles que no lo dejaran solo, que lo ayudaran y volvieran a hacer las mismas tonterías de siempre. Podía ser mejor, podía arreglar todo lo que había hecho mal. “¿Sufrirán si me voy?” No lo harán. Ni lo notaran Aquello podía no estar tan mal, era mejor que hacerlos sufrir sin sentido. Por suerte ella tampoco lo haría, no tendría que pasar mal. Liz Su amada hermana, la razón de su vida, de su entrega y de su fuerza. Jamás pudo seguir sus pasos, debía estar decepcionada, pero cuanto la amaba. No había día que no sufriera su perdida, buscando su rostro hasta en el viento, anhelando el consuelo que tan solo ella podía darle.

Que siniestra resulto la marcha por aquel lugar. Los pacientes de heridas leves lo miraban asustados, los médicos no sabían como reaccionar, creían mejor era darlo por perecido y abandonarlo a su suerte. Pero afirmo las fuerzas que aun le quedaban con mano de fuego, entregando un tal vez ultimo pedido a los dioses para que se compadecieran de él: No deseaba continuar con vida, pero le valía poder volver a mirarla y decirle las últimas palabras que su mente por más que tratara no era capaz de hilar: Quería darle las gracias por todo aquel esfuerzo, quería disculparse, quería enseñarle. No había sentido en su actuar, pero que agradecido estaba por el.
La busco con el rostro, sin poder ver, estirando su brazo hacia la nada, incapaz de mantenerlo elevado. Ni-ña Musito mientras un temblor comenzaba a sacudir su cuerpo con bestialidad. La camilla sonaba como si hubiese un terremoto en el hospital. No tardaron en cerrarse las puertas de golpe pasando al quirófano, dejando fuera a cualquier curioso que quisiese mirar lo que estaba ocurrido. Y no tomaron ni un segundo, casi corriendo comenzaron a operar, ni se molestaron en dormirle, no había tiempo, ni hacía falta. En pocos minutos la pérdida de sangre sería tan grande que sería imposible salvarlo. “Pásame el bisturí y prepara la mascarilla” No tenia ni idea de que estaba pasando. A lo mejor te queda una cicatriz cool y te vuelves el más sexy de Kusa.

¿Conoces la historia de los lobos? Que maravilloso relato, tan fantasioso como real. "Si, Liz me la conto de pequeño." Hablaban de aquella fabula de nuestra batalla interna entre dos fieros lobos. El lobo negro, odio, dolor, enojo, rencor, egoísmo, arrogancia, inferioridad. La mezcla de todos aquellos sentimientos que nos terminan convirtiendo en gente falsa, despreciable y sin valor. El lobo que más fuerte suele ser, y que más fuerte parece volverse con el paso de los tiempos. Y el lobo blanco, pureza, sinceridad, cariño, respeto, esfuerzo, humildad y fe. El lobo que nos protege de arrepentimientos, llevándonos por “el buen camino”. La historia cuenta que ambos lobos luchan constantemente durante toda nuestra vida, y poco a poco ganará aquel al que alimentes. Y dime Daimon. ¿Cuál fue el tuyo?



60 Lineas.








Yuki Love:


Y me convertí en la persona perfecta, para la mujer incorrecta.
DaixYuki (Thanks Lili <3):




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CAN YOU HEAR ME?




Eres tóxica. La toxicidad era directamente equivalente al veneno. Lo tóxico se extendía por todo tu cuerpo hasta detoriarlo. Que no romper. Lo tóxico dañaba directamente a la salud de cualquier persona que tuviese contacto con algo así. Grave, tortuoso, perjudicial, letal. Dejaba tanto posibles heridas externas, como internas. O te destrozaba lentamente, o te mataba. Había que evitar el uso  y la fricción con productos de dicha índole, había que confinarlos. Al igual que sucedía con el combustible nuclear gastado, había que conservarlos, aislarlos en piscinas o contenedores. Resultaba necesario proteger a los demás de los productos nocivos y corrosivos, se sabía indispensable la urgencia de fomentar la utilización de fuentes y materiales más seguros. Mejores. Observó a Daimon después de que éste extendiera su trémula mano en su dirección: las palabras pronunciadas por su indeseable eco no le importaron ni afectaron, pero sí que la atravesaron. No se trataba de algo que no hubiese escuchado o entendido con anterioridad. Mayô podría considerarse inmejorable, insuperable, óptima e irreemplazable, pero también terminaba siempre siendo la mala de la historia. Sus palabras, sus acciones, sus decisiones y sus influencias eran corrosivas y  destructivas. Su mundo y sus días se construían y  asentaban sobre intoxicaciones de mercurio y plomo. Mayô sabía cuál era la primera consecuencia de vivir siendo un riesgo, no tenía problemas en identificar el eslabón de la cadena llamada humanidad que se había visto daño y devorado: su corazón. No le importaba, no le interesaba; los latidos artificiales podrían obrar un trabajo aceptable en su lugar. El mundo nunca la vería como una buena persona, siquiera como una persona; lo sabía, lo aceptaba. No ha durado a tu lado ni medio día: es un nuevo récord. Cogió aire. El Sol, a su muerte, acabaría por engullir una indeterminada cantidad de planetas. El Sol, conforme creciese, evaporaría los océanos. El Sol, al igual que ella, no era bueno: no sólo daba la vida, también la quitaba. Lo sabía, lo entendía-.

Se tragó tanto las palabras que quería pronunciar, como las que su deforme entidad le había dedicado. Conforme uno crecía, se daba cuenta de que había dos posibilidades con respecto a su vida: o afrontar las cosas, o aceptarlo. Mayô lo había hecho de manera precoz: aceptaba ser una mala persona. Acumulaba los prejuicios que le iban enumerando como si fueran cromos coleccionables: se convertía, lentamente, en el próximo Chernóbil. El intento de corazón se hizo a sí mismo daño al latir. El pecho se vio dañado al inspirar. No fue su posición lo que la aplastó, sino la realidad.-Señorita, no puede entrar a quirófano. La avisaremos en cuanto tengamos noticias, no se preocupe.-tal vez, el desprecio contenido en la declaración de su pequeño engendro sí que había hecho algo más que atravesarla. Mayô se sabía un imposible. Mayô se sabía insufrible. Mayô se sabía una ruina. Mayô era una chiquilla que trataba de asentarse sobre su pierna derecha. Era como debía ser: no le quedaba ninguna otra alternativa.—Sólo la dosis hace al veneno. —espetó tras unos segundos de silencio, de contaminación. Sus labios se apretaron a la vez que sus facciones se enfriaron: tal y como si, verdaderamente, estuviese siendo víctima de un envenenamiento. Se rehusó a tomar asiento en la sala de espera: fina línea recta formada en su boca, dedos plegados que construían un puño, ojos que en esta ocasión no conseguían despegarse de una puerta sellada a cal y canto que representaba tantos aspectos de su vida que se le antojó ridículo. Una burla. ¿Qué quieres decir con eso? ¿que te consideras un elemento compaginable con una vida normal? No me hagas reír. Voz resentida, voz que buscaba machacar cuanto se le pusiera por delante. El disparo no llegó a acertar: el proyectil no encontró una pared a la que adherirse, tan sólo vaho que atravesar. Las palabras quedaron condenadas a vagar sin rumbo por una conciencia que ya no entendía de golpes bajos: conformaron una bala perdida inmersa en una realidad que jamás acertaría a entender del todo. Me das asco-.

Finalmente, tras una espera que se antojó eterna e insípida a partes iguales, un hombre embutido en un traje macerado se asomó en el habitáculo y le hizo una discreta seña para que se aproximara a su posición.—La operación ha terminado: debería despertar dentro de un par de horas.—por el tono de voz con el que presentó la situación, Mayô dedujo que la cirugía no había sido precisamente coser y cantar. El hombre, meditabundo, extendió la diestra con la aparente e inocua  intención de conducirla hacia la habitación en la que el pelirrojo debería encontrarse descansando (si es que uno podía llamar así al proceso de mierda que proseguía a una experiencia cercana a la muerte), pero Mayô se opuso a mantener ningún tipo de contacto. No fuera a contagiarle su toxicidad y ocasionar más víctimas de su inexorable plaga: suficiente tenía con que el contador estuviera a tres  y medio. Como no podía ser de otra manera, se mantuvo a veinte centímetros del coartado médico mientras lo seguía a través de una amasijo de pasillos sin forma, coherencia o patrón; los ambulatorios del País del Viento dejaban demasiado que desear y mucho que lamentar. Si no, que se lo dijeran a ella. La presentación del cuerpo inconsciente del Suneku se le antojó exagerada y desorbitada: ¿era tan necesario darle a la estancia un ambiente tan lúgubre y dramático? Sólo faltaban las plañideras a ambos lados de la cama llorando a moco tendido: no hay presupuesto, tendrás que representar tú ese papel. Ya le gustaría a él-.

En caso de que despierte, avísenos de inmediato.—enarcó una ceja muy lentamente, a la par que chasqueaba la lengua con sonoridad.—¿En caso?—repitió con marcado escepticismo: se volvía a comprobar que la sanidad en aquella nación avanzaba a trompicones, a marchas exageradamente forzadas.—Nunca se puede estar seguro del todo sobre nada, señorita.—con  una leve inclinación de cabeza, el doctor desapareció tras la ajada y maltrecha puerta, dejándola a solas con el igualmente maltratado Daimon: el muchacho se aferraba a su papel de moribundo con uñas y dientes, maldita sea.—Si supieras lo que te haces, desaparecías de este hospital y de mi vida. Si supieras lo que te haces, no volverías a hablarme.—al menos, le había avisado.

66 LÍNEAS.







Parámetros:

Resistencia
=
4
+
0
+
0
+
0
=
4
Fuerza
=
40
+
0
+
0
+
0
=
40
Velocidad
=
40
+
5
+
0
+
0
=
45
Percepción
=
1
+
0
+
25
+
0
=
26
Ninjutsu
=
1
+
0
+
0
+
0
=
1
Fuinjutsu
=
1
+
0
+
0
+
0
=
1
Genjutsu
=
1
+
0
+
0
+
0
=
1
Kenjutsu
=
1
+
0
+
0
+
0
=
1
Taijutsu
=
10
+
5
+
30
+
0
=
45
Iryoninjutsu
=
1
+
0
+
0
+
0
=
1

Inventario:
Mochila (0 kg / 10 kg)


Acceso directo a la Tienda



Can you hear me?




El sonido de los monitores, los pasos resonando en la sala y las palabras inentendibles de los cirujanos. Todo resonaba en una sala que parecía estar devorándolo vivo. Tan oscura, tétrica y desolada. Por más que abriera los ojos era incapaz de ver más allá de sus pestañas, tampoco podía moverse, estaba atado de manos y pies en la camilla, sin saber por qué. Tan solo podía mover los ojos, su boca estaba tan dormida como el resto de su cuerpo, no sentía nada. Sin embargo, no entro en pánico. Intento reventar las ataduras que tenía, pero ni supo si se logro mover, no tenia caso. Sus ojos ya no aguantaban más.

Escucho el incesante pitido que el monitor de su pulso devolvía. Comprendió que ya había terminado. Y no estaba mal. Sentía dolor ciertamente, había asumido que en el paraíso esos sentimientos mundanos no existirían, pero nadie había muerto y regresado como para confirmarlo. Su travesía en un mar de sueños no había hecho más que comenzar, tantos recuerdos bellos por revivir, tantos infiernos por eliminar. Tenía el control, y planeaba aprovecharlo. Surcando las estrellas como nadie había podido hacer, apago los interruptores de sus traumas, las luces desaparecían y tan solo dejaban grises e invaloras añoranzas. Su primera paliza, el rechazo de sus padres y el abandono de su hermana, eran todo algunos de las muchas cosas que eliminaba de su corazón. Se sentía liberado, renovado, desprendido de tantas cosas que ya casi no le dejaban respirar. Pero no supo si borrarla a ella. El pequeño ángel que le había visitado y que en solo unas horas le llevo a entregar su vida Demonio. No necesitaba tenerla en su memoria, por más agradecido que estuviese, al final había muerto por su culpa, ¿no? Que fácil es señalar con el dedo, buscar culpables en los demás para escabullirte de las decisiones. Pero sus falanges perdían la fuerza, una y otra vez. Incapaces de terminar el trabajo que su cerebro les estaba encargando. Bórrala. No... ¡SI! No puedo.  ¡HAZLO! Basta. O serás al que borre primero. No era lo suficientemente valiente, recordar aquel rostro preocupado que trato de salvarlo con tanto esmero, no podía eliminar aquello. Era la única persona que estuvo hasta el final, y era la persona que menos razones tenía para hacerlo. Jodida niña, que manera de estrujarle el corazón a un hombre de piedra.

El movimiento ya hacia un rato había terminado. Pudo percatarse de que lo habían trasladado a otro lugar. Sí, la sala de recuperación, donde la chica lo acompañaba sin él saberlo. Qué vergüenza le hubiese dado darse cuenta de que todas sus palabras estaban siendo escuchadas por la pequeña. Incluso las de su enemigo imaginario. Moviéndose de golpe por momentos en la camilla en pequeños espasmos espontáneos. Nada de lo que ocurría ya llegaba hasta él, tan solo un falso silencio absoluto.

Retiro sus dedos fríos del interruptor, y en su lugar, se adentró en su remembranza. Seguro que así funcionaban los fantasmas, porque literalmente estaba viendo todo desde fuera, observándose a sí mismo y a la peliblanca hablar. Que bestia que había sido su primer contacto, la muy… Atrevida le había pateado nada más encontrarlo, aunque no era algo merecedor de un estrangulamiento tan abrupto.
Paso rato viendo cada instante, cada pequeño detalle, como de si su película favorita se tratase. Y de cuantas cosas se percató con ello. Lo idiota que había sido, lo mal que estaba desde el principio, seguramente hubiese muerto de todos modos si no se la encontraba. Y lo más llamativo, aquella vez no le hablaba a él “No me llames por mi nombre…” Por no remarcar todas las otras veces que las palabras se le escaparon de la boca. A lo mejor también tenía un amigo imaginario, ¿los amigos imaginarios de las mujeres igualmente serían hombres? Joder, si no se quitaba esa duda no iba a poder dormir el resto de la… eternidad. Pero aquel rostro de miedo cuando la ataco, sumado a su impacto y nerviosismo al verlo caer, eran muestras tan puras de sinceridad. Sonrío orgulloso, contento de las decisiones que aquel día había tomado, contento de haber hecho aquel viaje tan estúpido, simplemente por saber que ella estaría bien. Pero aun quería despedirse. Pequeña… Su mano busco el rostro del imaginario ente que su mente creaba para su deleite. La atravesó, eliminándola, distorsionando el mundo que podía contemplar, ya no había nada que soñar. Pero que real se sentía aquella piel, aquel cabello, tan reales que parecía mentira, que irónico. “… desaparecías de este hospital y de mi vida.” Sus ojos se abrieron con lentitud, queriendo desmantelar aquella mentira, para poder volver al infierno. ¿Desde cuándo el averno era tan maravilloso? Porque aun con tan mal ambiente, no había algo que le pudiera haberlo llenado más de felicidad que verla allí, cuidándolo. Si te dejará de hablar, ¿cómo vas a compensarme esto? Tienes muchos restaurantes a los que llevarme. Sus ojos fueron incapaces de mantenerse abiertos y su brazo perdió fuerzas, sin poder continuar acariciando el cabello de la niña, pero su boca, dios, su boca jamás regalo una sonrisa tan pura, que uno de los momentos más felices de su vida fuese moribundo en un hospital podría ser penoso, para él, simplemente perfecto.




56 Lineas.








Yuki Love:


Y me convertí en la persona perfecta, para la mujer incorrecta.
DaixYuki (Thanks Lili <3):




CAN YOU HEAR ME?




Ceder nunca había sido una palabra bien recibida en el diccionario que Mayô había ido formando a lo largo de los años. No estaba restringida, no era invisible ni impermeable (no era un 'lo siento'), pero su presencia era tan limitada como la verdadera existencia de las entidades que se ensañaban con la execración de su mente. Su madre nunca transigía ni toleraba: el abrigo que calentaba las acciones de la mujer había acabado por envolver a todo el núcleo familiar. Mayô no entendió las repentinas reacciones de Daimon. La irritó que sus labios optasen por balbucear incoherencias cargadas de connotaciones ininteligibles para ella, quedarse fuera del ruedo, pero en aquella ocasión no se quejó. No protestó ni le reclamó porque, en parte, las enlazó con la desalmada pérdida de oxígeno que había sufrido recientemente a causa de sus impulsos imprudentes. Interpretó y fue capaz de descifrar parte de su soliloquio: sus molares chocaron unos contra otros porque ese tipo de vaivenes eran visitantes habituales. Se vio sin saber cómo darles la vuelta: se vio teniendo que ceder. No le gustó dicha flaqueza: pero tampoco le gustó el rumbo (o más bien el tono) de la conversación. Nuevamente, el pelirrojo la estaba sacando de su molde. Irguió la espalda, pisó con más fuerza el suelo mientras se aproximaba al lecho y se llevó la mano al cuello: se lo rascó. Volvió a dejarla caer enseguida. Supo que, a diferencia de las anteriores, sus últimas palabras sí que estaban dirigidas a ella. Desconocía cómo acabó por ser conocedora de ello: quizás por el mismo motivo por el que él también había llegado a intuir que la inmisericorde reprimenda que ella le había regalado al aire, cuando se encontraban a merced de los taciturnos designios del  desierto, no llevaba precisamente su nombre de remitente. La tensión, el no saber cómo darle la vuelta a la situación (consideraba necesario aprender a ignorar sus arrebatos de excesiva e incomprensible dualidad) y la sorpresa quedaron demostradas en la curvatura de sus cejas.—No tengo presupuesto para invitarte a nada que no sean unas galletas de arroz.—matizó bruscamente, carraspeando incómoda ante el tacto de su mano. ¿Tendrá tu mismo séptimo instinto, lagartija? Porque aunque aquellas palabras dedicadas a sí mismo no la hubiesen tenido a ella como destino, sí que la tuvieron como camino. Tampoco es que le importase saber cuál era su sentido, su origen, pero no era capaz de quitárselo de la cabeza. Hacía tiempo que no se sentía tan mal.—Vale, haré un esfuerzo y subiré a algún plato moderadamente típico de por aquí, Daimon.—gruñó, pero cedió-.

Pero la duda no desapareció, siguió rondándole las entrañas tan clara que comenzó a dolerle la cabeza. ¿Y qué es lo que piensas hacer al respecto? ¿Quién era ella para entrometerse en asuntos que no eran de su incumbencia? Si hace no tanto estaba clamando por que el Suneku desapareciese de su vida sin dejar ni rastro. Tal vez, ese giro inesperado de sus intereses se debía, simple y llanamente, a su veleidosa y enfermiza personalidad. O quizás, a que era tóxica y su propia toxina estaba comenzando a causarle graves efectos secundarios y secuelas irremediables, como el interés por el prójimo incluso cuando este había intentado asesinarte antes de sacrificarse por ti. Pregunta. Entreabrió los labios como si tuviese intención de ir a añadir algún detalle irrelevante a la conversación, mas sencillamente dejó silbar en silencio el aire entre sus dientes.  Es mejor callar, Mayô. Que la llamase por su nombre era toda una novedad, señal de que le molestaba, o quizás asustaba, su repentina e insana curiosidad hacia los problemas metafísicos del accidentado moribundo. Le echó un vistazo a su aspecto: no parecía encontrarse al borde de la muerte, así que decidió que era un buen momento para cambiarle el mote. ¿Te vas a quedar con la duda?¿Cómo te encuentras, culebra?bienvenido al grupo de apodos despectivos, trabajaremos todos juntos para sacar lo mejor (o lo peor) de cada situación. Decidió que no quería saber la respuesta, que prefería quedarse con lo puesto a arriesgarse a obtener una respuesta dañina, que no tóxica. Optó por centrarse en otra cosa, porque ya que el rumbo de la visita parecía no ser el típico, las conversaciones también tendrían que ser distintas. Le apretó el hombro, cohibida. Si él creía merecer que le convidase a decenas de restaurantes exóticos, Mayô también creía merecer una retribución.—¿Qué es lo que no querías borrar?—lanzó, bombardeó y cuestionó con cierta aspereza. Mucho le había costado morderse la lengua y no soltar si tapujos lo que realmente le hubiera gustado articular en voz alta: sabes que no lo conseguirás. Dudarás. Rogarás.

Probablemente Mayô estuviese más cabreada de lo que quisiese reconocer: probablemente, los causantes no fueran otros que ella misma y sus constantes miedos y limitaciones. Los de siempre. Quizás porque el tema a tratar la aterraba y desvelaba a partes iguales, quizás porque era consciente de la importancia que supondría en su vida esclarecer puntos oscuros, incógnitas insondables, en ese ámbito inenarrable. ¿Te crees capaz de librarte de nosotros? No calles: habla, pregunta, interroga.¿Con quién... estabas hablando antes?—finalizó con la respiración entrecortada. Y aunque podría haberse mordido la lengua y aguantado las ganas de obtener respuestas, no lo hizo: no lo hizo porque le recarcomía el corazón dejar escapar una oportunidad del calibre de aquella y porque, tal vez, necesitaba equivocarse, cometer errores y volver a respirar en paz. Caminaba al paso implacable y distante que marcaban sus incomprensibles engendros, pero en la dirección que ella había tomado-.


60 LÍNEAS.







Parámetros:

Resistencia
=
4
+
0
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4
Fuerza
=
40
+
0
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0
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=
40
Velocidad
=
40
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45
Percepción
=
1
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0
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Ninjutsu
=
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Fuinjutsu
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Can you hear me?




La felicidad no era algo fácil de describir. Muchos la llaman sentimiento, algunos otros emoción. Buscando entre vagas palabrerías el definir algo que cada uno debe crear. Ese efecto mariposa que se activa hacia un lado u otro según tu respuesta ¿La tienes? Si/No. La pequeña esfera activando interruptores que sentenciaran tu destino, la fortuna o la desgracia caen sobre los jugadores de esa ruleta rusa que es la vida. Por cierto, no participar también significará perder. Y acostumbramos pensar que el juego en tan solo de una ronda. ¿La bala no salió? Felicidades, desde ahora usted siempre será feliz. ¿La bala si salió? Lo lamento, bienvenido a un infierno interminable. Sin embargo los azares de la vida también están participando, nos dan uno, dos y mil turnos para volver a tirar. A veces moriremos sin pena ni gloria, en otras ocasiones seremos los afortunados agraciados con la suerte del loco. Creemos que estamos encarcelados a cada suceso desafortunado que nos acompaña en nuestra travesía, hundiendo nuestro pequeño barquito de papel. Pero podemos salir de ese pozo sin fondo, tan solo aferrando la mano que nos extienden desde la ventana. Podemos escalar hasta el cenit y alzar el cáliz atiborrado de vehemente fuerza de voluntad, previo a mojar nuestros labios en semejante brebaje mortal, que inequívocamente nos devuelva a la vida para hacernos comprender, que siempre tuvimos balas de mayor calibre que nuestros problemas. Me sirve. Estaba envenenado, y que bien que se sentía. Pues aquella era la única definición de felicidad que el podía procesar, sentirse acompañado. Dinero, amor, viajes. ¿Alguna vez te han dicho como ser feliz? De ser así, regresa atrás y piensa si ese alguien te quería ayudar, o mejor, déjame responderte esa interrogante: No lo hacía. Buscamos el trébol de cuatro hojas como si nos fuera a aportar algo, porque todos lo buscan. Pero quizás tu felicidad se encuentre en un una simple y marchita hoja. Pues es en tu interior donde lo puedes encontrar. La felicidad no es algo fácil de describir, no. Sobre todo, porque no necesitamos hacerlo.

Me imagino que en este sitio el platillo típico es arena con salsa de soja. Replico entre risas, fingiendo que el cuerpo no le atormentaba por dolor en el movimiento. Sentía que ya había protestado en exceso por sus agonías, pues por más que fueran inevitables, habían sido demasiadas. Como si no te las hubieses buscado. No estaba errado, pero tampoco era algo que no volvería hacer por el resto de la eternidad, siempre que pudiese regresar a ese mismo punto de calma y de armonía. La miro con los ojos entre abiertos mientras procesaba el nuevo apodo que le había entregado. ¿Culebrilla? Pues no suena mal. Claro, en aquel instante ser una culebra no era mala idea. Animales tan fascinantes como insospechados. Sigilosas y adaptables criaturas que aun con su aspecto inofensivo, engullían presas sin dudar. Tan solo por hoy, seré una culebra rey. Saco su lengua serpentina que se estiraba más de lo que cualquier humano podría expandir ese órgano, con el típico siseo digno de una más de aquella raza. ¿Y tú? ¿Te di mucho trabajo? El pesar en sus palabras se hizo obvio, quería tan solo decir “gracias” pero que amargura le causaba el no saber lo que había causado a la pequeña. Los problemas que había significado su flaqueza a la hora de actuar.

Se le helo la sangre, su pulso paso de cero a cien con tan solo una oración. Lo dijiste en voz alta, subnormal. Pero él estaba desmayado, no podía estar hablando, no había dicho nada para nadie que no fuese el mismo, sí, como siempre tan solo había estado pensando y luchando con su propia desazón. Mierda. Mierda. No podía permitir que ella lo descubriera, no podía dejar que sus inconsistencias mentales salieran a la luz, sería tachado de loco y ella… ¿Y ella qué? No estaba tan mal, a lo mejor ella lo entendía, y ya llegados a aquella instancia daba igual. “¿Lo hacemos?” Siempre tienes que arruinarlo. Además, no se trataba de alguien normal, pudo contemplarlo, pudo escucharlo. Tomo un par de segundos tras el latigazo de aquellas preguntas que abrían el casino de amistades. Allí solo podía apostar una vez, poner las manos al fuego para que su idea no fuese un error más del montón. No es la primera vez que estoy bajo un telón que se cierra sobre mi cabeza. En ese momento podemos decidir lo que queremos llevarnos al otro lado, lo que queremos que nos acompañe en el camino. Su dedo alicaído se extendió, señalándola con dificultad. A la pequeña niña que aún no me dice nombre, no quería borrarla, iba a llevarla conmigo. Inhalo, exhalo, una y otra vez, con tanto énfasis como su pulmón le permitía, resultaba difícil respirar, tenia miedo de confesar, de apostar todo en su full house. La tensión del silencio tan solo pudo ser destruida con los pequeños golpes que su índice daba contra su frente. Tú también tienes alguien hablando aquí dentro. ¿Cierto? Se le escapo una risa nerviosa, buscando un segundo el consuelo del suelo, antes de devolver la seriedad a su expresión. Siempre me está hablando, siempre me esta ordenando desde dentro. Y está buscando tomar mi cuerpo. Él te quería eliminar. La incertidumbre tomo el control, la necesidad de escuchar una respuesta acorde a su confianza. A lo mejor lo abandonaba en aquel mismo instante, a lo mejor compartía su experiencia, tomando los pilares de aquella conversación para dar rienda suelta a sus pensamientos. Las bases estaban asentadas, ahora solo quedaba esperar, recostado en un miedo que le hacia sentir cayendo e la nada misma. La preocupación lo estaba consumiendo.



61 Lineas.








Yuki Love:


Y me convertí en la persona perfecta, para la mujer incorrecta.
DaixYuki (Thanks Lili <3):




CAN YOU HEAR ME?




Los segundos estaban sobrevalorados: los minutos demasiado trillados y desmenuzados. Las horas no eran más que la expulsión (o el vómito) de esa estructura cíclica. Las actuales unidades de medida del tiempo se encontraban más paradas que el reloj de pared que su padre le regaló a su madre en las Navidades de hace siete años. Aunque, tal vez eso, fuese porque dicho aparato era tan horrendo que sólo serviría para lanzárselo encima a alguien. ¿No dicen por ahí que lo verdaderamente importante es la intención? Y una mierda. Pobre inocente mente infantil. Pero el hecho más importante de todo aquello era que para Mayô no estaba pasando el tiempo: o al menos, no de la forma habitual. La endemoniada lagartija (o mejor aún, arañita) tenía la suficiente caradura (o era lo suficientemente caprichosa) como para poseer y usar un reloj único y particular: cosas de ser víctima de un trastorno delirante. ¿Cuál era una de las señalas que confirmaba que el día empezaba?: dejarse atormentar por la entidad de turno a la que le apeteciera estirar las piernas -o la voz, en este caso- un rato. ¿Cuál era el problema de dicha elección? Que el final de todo aquello se veía tan lejano que ni siquiera alcanzaba a verlo con los ojos. Tal vez la palabra adecuada fuera peligro. Disparo astuto y certero por parte de Daimon: armadura de hierro la que Mayô vestía. Sus labios se ondularon de forma burlona: sus ojos reflejaron un firme escepticismo. Su mirada descendió desde la cabeza de la culebra hasta sus pies, para luego, efectivamente, alzar una de sus famosas cejas.—Supongo que, siendo herbívoro, estarás bien informado sobre las peculiaridades culinarias inanimadas de cada región.—y Mayô utilizó dicho término en lugar de cualquier otro de forma completamente premeditada. Así quedaba más clara la utopía de aquel asunto. No obstante, la carcajada raquítica que profirió el Suneko (que, a pesar de seguir respirando, muy buen aspecto no tenía) la hizo cambiar de opinión; nada de suspenses innecesarios por el momento. Qué coñazo de tía, ¿qué es la vida sin un poco de peligro? Encontraron la cintita esa que nos ponen a modo de collar dentro de tu bolsillo. Eso es todo.—puntuó con severidad, crudeza y cierta indiferencia antes de que su voz de salamandra moribunda se tomase la molestia de increparle algo al respecto-.

Dudo que el puesto de Rey continúe disponible: has llegado tarde.-prosiguió. La imagen de Daimon desangrándose a lomos del camello todavía escocía al recordarla. No le quitó la vista de encima: el ardor, a diferencia de las sombras bajo sus pensamientos, podía llegar a ser relativamente controlable. No nos gusta cómo te observa, haz que pare.Tienes que elegir entre principito retrasado (es lo que tiene la consanguinidad) o concubina del Monarca. Elige.—¿hacerle un poco la pelota para que se pusiese mejor? Si bien era importante y determinante, en aquellos momentos había pasado a un tercer plano. Mayô tan sólo quería demostrar que si la palabra comprensión no podía ser escrita junto a su nombre y apellidos, tampoco podía aparecer el término 'ingenioso' junto a los de él. Quid pro quo.¿Has hecho que te miren eso?—nuevo dardo: apenas realizó un seco y escueto ademán en dirección a su lengua viperina. Mayô prácticamente no tenía tiempo para respirar: la cabeza le dolía, pero no era precisamente por aquella falta de oxígeno. Opinaba que a la dramática situación sufrida en el desierto no se le podía aplicar la palabra trabajo: aquel pensamiento no se encontraba relacionado con el esfuerzo físico realizado, ni siquiera con la insoportable presión psicológica experimentada. El asunto era mucho más profundo, convergiendo peligrosamente con cierto tema de autocontrol en el cual ambos parecían tener problemas.—Más que trabajo, lo llamaría retribución.—susurró con rudeza, un tanto a la defensiva quizá.—Y la respuesta es un : fue una retribución difícil de abonar, pero justa.—la inquietud llegó: a Mayô, no le importó. Saca los colmillos, no cedas terreno. Entreabrió los labios, sintió que le faltaban fuerzas para continuar.—Pero te merecías el pago.—se dijo que eso era lo único que importaba, lo esencial del asunto. Qué poco elegante eres. El siguiente acto de la función, la devastó-.

El daño no vino causado por su forma de encararle. El golpe en el orgullo tampoco se lo asestó la seguridad de sus palabras. El dolor que le ocasionó el bombeo de su corazón tampoco fue provocado por el cambio de actitud de la serpiente. La respiración no se le cortó por culpa de aquel par de falanges descoloridas posadas sobre su frente. Su mirada no se volvió fría, lejana, apática y agresiva por el hecho de que le confirmase sus sospechas. Su espalda no se inclinó hacia atrás por haberse sentido ligeramente derrotada. Su condición no cayó con fuerza sobre sus hombros por verse bloqueada. El alma no dolió por sus palabras en sí, sino por su veracidad. Por su realidad. Porque en aquella ocasión, Daimon sí que tenía razón. Porque en aquellos momentos y a diferencia de en otras declaraciones, sus reflexivas palabras no sólo la irritaron. Otro sentimiento, uno mucho más corrosivo, intranquilo y redundante entró en el ruedo. Treinta minutos en una habitación de hospital no eran suficientes para hacerla comprender, pero sí que lo eran trece segundos para devastar. No quiso creerse sus palabras: se negó a permitir que terminasen de bajar hasta su estómago. Se quedaron en su garganta: se atragantó con ellas. Se convirtieron en otra semilla que esperaba verse regada para poder crecer. Sus cejas se arrugaron  y sus labios formaron una mueca: aunque por un motivo bastante distante al habitual. Se grabaron en su mente mientras que Mayô luchaba por hacerlas desaparecer y omitirlas. ¿Acaso él puede oírnos?¿Las... escuchas?—pero ya era tarde, su efecto era, sencillamente, imparable-.


63 LÍNEAS.






Parámetros:

Resistencia
=
4
+
0
+
0
+
0
=
4
Fuerza
=
40
+
0
+
0
+
0
=
40
Velocidad
=
40
+
5
+
0
+
0
=
45
Percepción
=
1
+
0
+
25
+
0
=
26
Ninjutsu
=
1
+
0
+
0
+
0
=
1
Fuinjutsu
=
1
+
0
+
0
+
0
=
1
Genjutsu
=
1
+
0
+
0
+
0
=
1
Kenjutsu
=
1
+
0
+
0
+
0
=
1
Taijutsu
=
10
+
5
+
30
+
0
=
45
Iryoninjutsu
=
1
+
0
+
0
+
0
=
1

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Can you hear me?




Primera conclusión: Esa chica estaba loca. Segunda conclusión: Seguía sin decirle su jodido nombre. Tercera conclusión: Lo tenía bajo una ilusión. Porque no encontraba otra explicación para la tranquilidad que le causaba saber que ella sufría lo mismo que él. Saber que alguien en ese pequeño inmenso mundo compartía su pesar y lo reconocía. Niña, dime tu nombre de una vez. Ni los feudales guardan tanto misterio. Y no era realmente algo que le importara, pero ya habían pasado más cosas juntos que parejas de 80 años de casados: Se conocieron, aunque casi se matan. Conversaron, aunque fuera insultándose. Jugaron, aunque fuera sin consentimiento. Volvió a tratar de matarla, ¿peleas de pareja? Hicieron un amigo en común, aunque no era un amigo. Lo insultaron juntos, eso si es algo positivo. La llevó a cenar, un plátano... de merienda. Casi muere por ella, sin sentido alguno por cierto, y ella se desvivió para salvarlo, al hombre que casi la decapita. Pues si, no podría pensar en un mejor vinculo. Ahora venía saber el nombre, en un par de años quizás incluso el apellido. Los tiempos habían cambiado; en la modernidad las relaciones avanzaban así de rápido. Increíble.

Y fue su propia consciencia la que dio el primer paso No hace falta que te lo aclare, ¿no? El poder que tenía sobre el se hizo obvio, corrosivo estremecimiento recorriéndole el cuerpo, el dolor regresando a la herida y el nudo que de formaba en su garganta, como si de un simple títere se tratara. Aquel ser daba la orden de "Alto" la cual aun sin quererlo, siempre estaba obligado a obedecer. Siervo de su propia mente, esclavo de su indecisión, aquellos instantes le recordaban la debilidad de su ilusamente poderosa convicción. Pero se abrazo al sufrimiento, y cargándolo en brazos camino hacia adelante, un vanidoso atisbo de independencia le hacia cruzar las fronteras que sus miedos creaban entre lo que quería y lo que podía. ¿Qué si las escucho? Hizo una pequeña pausa, dejándose caer sobre la dura almohada de la camilla, perdiéndose en un techo de terror, tan lóbrego y corrompido que se hacia pesado de observar Están ahí, y cada día hablan más y más fuerte. Me destrozan los tímpanos, me causan un dolor de cabeza que no puedo ni explicar. No tenia palabras apropiadas para expresar lo que sentía, la frustración que experimentaba al no poder liberarse ni en aquel preciso instante. Comenzó siendo tan solo una, pero desde hace un tiempo otra llego. Se despierta para reírse de mi, de lo que esta por venir.

Suspiro y devolvió la mirada a sus ojos. —El esta aquí desde que tengo 12 años, tan solo una persona puede controlar-Te lo adverti. Y luego de desafiarlo, de atreverse a la levantar la voz aun contra cualquier pretexto, un simple sentimiento le inundo el cuerpo: Miedo. Miedo por estar enfrentándose a si mismo. Porque iba a regresar a la soledad, saltando él mismo directo a un abismo del que tanto había luchado por escapar. Porque aun cuando su corazón le pedía desesperadamente que aprendiera a hablar, su mente le recordaba que él era el único capaz de ayudarlo a aguantar, pues nadie volvería a casa a liberar sus penas. Esa voz iba a mermar su fortaleza poco a poco, día y noche atacando cual parásito. Sí, el miedo lo atravesó mil veces, porque recordó que el mejor para destruirlo, era él mismo. Pero es algo que podemos superar. Lo sé, tú también te has sentido encerrado, atrapado en tu propio cuerpo, gritando por dentro todo lo que quieres decir, pero no se mueve, te paraliza en el lugar y comienzas a arrepentirte antes de siquiera comenzar a escapar. Inferioridad, causa y efecto, moralismos. Porque es una bestia lenta, pero que siempre te alcanza, es el enemigo más fuerte que tendrás que derrotar. Reacciona. Pero él tampoco se pudo oír, tan solo se inmovilizo, sin poder articular, recorriendo los pasillos de su mente, buscando una salida inexistente para tan solo darse contra las paredes de su mala suerte. Se estaba balanceando en la diana que siempre se rompe antes de cruzar.

Se quedo mirándola, mientras se vaciaba poco a poco. La confianza se escurría de su cuerpo, casi se podía nadar en ella. No dejes que te consuman, como a mí. Y no fue más que una mezcla de razones, tanto un pedido de auxilio sin sentido, como un consejo para ayudarla a caminar. Los sentimientos son el arma más poderosa que todos podemos usar. Es la única capaz de romper el tiempo, el espacio y el sentido, tan solo para conseguir llegar. Un arma capaz de lastimar, de herir, así como de proteger y curar. Pero él aun no la sabia utilizar.



50 Lineas.






Yuki Love:


Y me convertí en la persona perfecta, para la mujer incorrecta.
DaixYuki (Thanks Lili <3):




CAN YOU HEAR ME?




Era como si, de una forma u otra, el escaso camino andado le hubiese ayudado a acostumbrarse a las declamaciones de Daimon. Mayô podría no querer entender muchas cosas, pero la comprensión de aquellas vehementes palabras parecía surgir de manera innata. Tal y como si esos espacios llenos de quietud, insinuaciones y temblores fuesen rellenados con pinceladas de aprehensión. Una total y absoluta locura teniendo en cuenta que Mayô todavía dudaba al recitar las diferentes fases del Sol. No habla de lo mismo que tú: lo que él te dice, ni te importa, ni lo entiendes.  No era algo nuevo: no le sorprendía aquella afirmación. No era información nueva que escuchar. No se trataba de algo que no hubiese sido anteriormente masticado y engullido. Deglutido y asimilado: escrito en el cerebro por la opinión popular. A Mayô no le importaba el mundo porque era un lobo y a los lobos sólo les interesaba su manada. No miraban por nada más allá de sus propios intereses. El resto de criaturas a su alrededor, sencillamente, no merecían la pena. Se encogió de hombros con gesto imperturbable: tan inamovible y álgido como la propia arena. Tan indescifrable como todo aquello que estaba viviendo. No le costó asimilar y entender esas frases porque ya estaba acostumbrada. Asimiló su significado de forma automática: descendió con la misma rapidez y con la idéntica quemazón que produce el bajar de la comida por una sonda de alimentación artificial. Y eso, sus voces, tampoco lo podían entender: o tampoco entraba en sus intereses. Que te duela, ni nos importa, ni queremos entenderlo. Porque no era de su apetencia comprender la intensidad y el destino de su órbita. Ni nos importa, ni lo entendemos. La serpiente empezó a sentir pinchazos en el cráneo provocados por la escasa temperatura que escarchaba sus pensamientos. Durante un instante, echó de menos el calor que desprendía cada abrazo de su padre. Movió los dedos porque, a pesar de que la sensación térmica era excesiva, ella pensaba que necesitaba hacer que entrasen en calor para que no se sintiesen tan agarrotados. Sensación que el frío había provocado en todo su cuerpo. Mayô creía haber podido digerir aquellas frases, pero la realidad era que se le habían quedado atragantadas. No es como nosotros, no te dejes engañar. Mayô permanecía impasible, pero la sensación de atragantamiento produce asfixia.—¿Al igual que a ti?—pronunció con tono gélido. Y en aquella ocasión, su voz no sonó como ataque. No fue otra manera de insinuarle a un tercero que era estúpido. No se trató de una agresión, sino de un miedo atroz-.

Mayô no era paciente. Mayô no era comprensiva. Mayô no era atenta. Mayô no era empática. Mayô no era un sol. Mayô no hacía bien. Se está burlando de ti: se está quedando contigo. Cambió el peso de una pierna a otra. Le habrán contado que pasas de todo y sólo quiere putearte. Como, al parecer, todo el mundo sabía que a Mayô no le importaba nada, no dijo absolutamente ni una sola palabra durante el silencio que se instauró. Porque, como, al parecer, Mayô era de piedra, lo único de aquella situación que le podría afectar sería el abrasador tiempo. O, tal vez, como tampoco dijo nada cuando el Suneko quedó atrapado en su propio mundo de pensamientos laberínticos y callejones sin salida, en vez de piedra era hielo. Hielo derretido. Se hundió algo más en el sitio casi sin darse cuenta: frunció el ceño y apretó los labios. Se sintió ofendida y rechazada a partes iguales. Tal vez, incluso pese a ser de hielo, dolida. ¿Con quién? ¿importaba realmente el destinatario cuando era uno mismo el que representaba aquel papel? Te ha dado un único consejo, y ya la has cagado. Abrió la boca para quejarse, para exigirlo, para reclamar su irreflexiva mente de vuelta, pero volvió a cerrar los labios ante las nuevas declaraciones de sus entidades. No digas nada que pueda usar en tu contra: te miente, te miente, te miente. O quizás, y sólo quizás, se callaba porque, en realidad, no se había esperado una confesión tan directa y veraz; no estaba acostumbrada a la sinceridad. Puede que, uno de sus escuetos dardos, se hubiese quedado incrustado en mitad de uno de sus carámbanos. Sin llegar a atravesarla. Aún Tal vez, y sólo tal vez, sería como una grieta que se extendía con el tiempo. Ni sus ojos, ni su pelo ardiente, ni sus gestos: Mayô no vio nada más de Daimon porque estaba demasiado concentrada conteniendo otra cosa.—¿Cómo puedo saber que dices la verdad?—apretó las manos contra sus hombros: no se lo quería creer y trató de expulsar aquella conclusión.—No te atrevas a mentirme. Que ni se te pase por la cabeza vacilarme.—advirtió en un comedido siseo, notando un ligero temblor recorrerle cada una de sus entumecidas articulaciones. ¿No le crees? Qué cruel eres, culebrilla. El efecto fue automático: en menos de lo que tardaba una persona en pestañear, Mayô se sintió culpable-.

Deslizó la mirada hacia el hombre hundido: había venido para apoyar, pero ahora era ella quién necesitaba un punto de aguante. Se le habían quitado las ganas hasta de respirar.—¿Qué te está diciendo en este momento preciso? No, mejor aún.—empezaba a sentir los pies dormidos y la ropa le pesaba por el bochorno, pero no se movía ni un centímetro de su posición.—Que hable eso.—Mayô no era empática, pero no había podido evitar ofrecerle el mismo trato condescendiente y despersonalizado que le daba a sus propios engendros a la supuesta entidad abstracta del pelirrojo. Nuevamente, deseó estar en el hogar, aunque sólo fuese para quejarse de lo escandaloso y horrible que era el reloj de pared de su salón. Volvió a fijar la mirada en el hombre: su expresión volvió a mostrarse impertérrita y tirante. Gruñó. Hundió sus falanges unos milímetros más en los hombros del contrario: empezó a respirar con tranquilidad y seguridad. Como debía y sabía: como le había enseñado su padre. ¿No vas a matarle? Lo último que se le podría haber pasado por su mezquina cabecita era matarlo. Porque estaba claro que, fuera verdad o mentira, Daimon sí que era algo. Porque estaba claro que, al menos, él sí entendía lo que significaba ser así. O, tal vez, porque con él no estaba en soledad-.

67 LÍNEAS.







Parámetros:

Resistencia
=
4
+
0
+
0
+
0
=
4
Fuerza
=
40
+
0
+
0
+
0
=
40
Velocidad
=
40
+
5
+
0
+
0
=
45
Percepción
=
1
+
0
+
25
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0
=
26
Ninjutsu
=
1
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0
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1
Fuinjutsu
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1
Genjutsu
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1
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=
1
Kenjutsu
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1
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1
Taijutsu
=
10
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5
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30
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45
Iryoninjutsu
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1
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0
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1

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