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Bienvenido al foro de Shinobi’s Justice, esperamos que tu estancia en el foro sea agradable y lo encuentres entretenido.

Shinobi’s Justice es un foro de rol interpretativo basado en el mundo y la ambientación de Naruto, donde el usuario tiene total libertad para crear el personaje que desee, sin que le falte rol.

El foro posee un equilibrado sistema de subida de parámetros y rangos que permite que se vea una progresión constante, e infinidad de opciones para que el personaje sea único. ¡Te invitamos a comprobarlo por ti mismo!
El ocaso cae en Daichi, y la noche comienza a reinar. En el palacio del feudal, tras meses de planficación, Hikari Aika, feudal de la nación del fuego, aliada con las naciones de la nieve y la tierra, acuerdan terminar definitivamente con los estados practicantes del Shuha Shinto. Los soldados marchan, liderados por sus mejores generales y con pertrechos suficientes para entrar en una cruel guerra. Samuráis, soldados, y ninjas han sido llamados por igual. La guerra se ha desatado, solo queda esperar que no lo consuma todo.

Sin embargo Hikari Aika no marcha con sus tropas. Por primera vez, decide quedarse en su palacio, rezando en el templo de Amaterasu. Es el día de su veinticinco cumpleaños, y espera pacientemente a una sombra del pasado.


♦️
ENLACE AL ÍNDICE DE TRAMAS
♦️
Es la estación del año más cruel y desgarradora, comprendida entre otoño y primavera. Comienza el día 13 de Node y termina el último día de Gami.

Los días ahora tienen tan solo ocho horas de luz al día, disminuyendo cada vez más cuanto más avance la estación, llegando hasta tan solo cinco horas de luz. La temperatura baja en todas las regiones de Daichi, volviéndose un clima frío, desolador. Los días en la Nación del Viento ahora son más agradables, sin embargo al caer la noche el frío se vuelve casi tan insoportable como en la Nación de la Nieve, la cual, ahora experimenta constantes tormentas que cubren todo el país, salvo en la península. Todas las naciones se resguardan ahora del frío, pues los días y las noches son insoportables. Se dice que en los inviernos los yokais proliferan y cubren más el mundo de los humanos.

Precipitaciones constantes en forma de nieve, lluvia, o granizo, descargando en forma de tormentas de nieve cuando el frío se vuelve insoportable, o incluso en granizo en la Nación de la Nieve. Cuanto más se acerca a la primavera, menos frío hará, sin embargo eso no quita lo horrible que de las precipitaciones, que dependiendo del año algunas islas de la Nación del Agua pueden inundarse, y los refugiados ir a la capital hasta que termine la estación.

Los árboles pierden sus hojas hasta quedar en solo un tronco cubierto de nieve, en el mejor de los casos la nieve cubre las hojas y estas aguantan hasta primavera. Sin embargo las bosques de las Naciones del Fuego y la Hierba logran aguantar estas horribles temperaturas sin perder apenas hojas, algo que otros países no logran entender.
¡Bienvenidos a Daichi Magazine, la revista oficial de Shinobi's Justice! En esta revista podréis encontrar entrevistas a diversos usuarios ganadores de awards o cuya participación en una trama haya decantado la misma. Resúmenes de tramas y eventos, y anuncios anticipados de tramas próximas. ¡Si quieres verlas todas, solo haz click en la imagen que hay debajo!

Daichi Magazine
¡Ha habido una enorme actualización en el foro! Ya ha pasado un año desde que abrimos nuestras puertas para mostrar Daichi y todo aquello que lo engloba este pequeño universo, y queremos agradeceros a todos por apoyarnos en este ambicioso proyecto.

♦️
Como habéis podido observar la estética del foro ha sufrido un cambio bastante importante con respecto a la que hemos tenido el pasado año. La gana de colores claros ha dado lugar a una combinación cromática nueva, usando colores que permitan un mayor contraste.

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Modificada la guía de ambientación y cronología, dejando enlaces, descripciones y todo mejor redactado en un solo lugar. Añadido el F.A.Q ambientativo a esta misma guía.

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Nuevo tablón de anuncios que condensa toda la información que había anteriormente en el anterior, más la propia del banner.

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Modificadas las técnicas básicas de la academia para un mejor balance, añadida la técnica de invocación.

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Han sido añadidas las historias y modificado por completo los resúmenes de los 31 clanes y artes que tiene el foro.

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Creado el sistema de profesiones que tanto se pedía, sin embargo este es añadido como algo narrativo y con lo que ganar un poco de dinero. ¡Tenéis más de 100 puestos para escoger!

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El inventario ha cambiado por completo, siendo un precioso y útil código creado por nuestro diseñador, que facilitará mucho las cosas de ahora en adelante.

♦️
Añadida la raza ''Poseído''. que efectivamente hace que en un porcentaje un ser del otro mundo os posea y tome control sobre ciertas acciones.

¿Por qué no te animas a verlo todo por ti mismo? ¡Solo tienes que hacer click a este enlace!

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MISIÓN RANGO D.




Ni la muerte, ni la fatalidad, ni la ansiedad, podían producir la insoportable desesperación que resultaba de perder la propia identidad. Te miran. La mente humana era y siempre sería una inagotable (e imparable) máquina de fabricar prejuicios. Nunca jamás nadie tendría garantizada la total y absoluta racionalidad. Nadie estaba nunca a salvo de caer en las redes de la incoherencia. Intentar que el autocontrol no fuese infectado  y avasallado siempre sería una lucha eterna para la  humanidad. Huid de los peligros de lo incontrolable no era algo sencillo... ni siquiera para una Hiko: o, tal vez, ni siquiera para Mayô. Por suerte, jamás había demostrado tener algún tipo de problema con verse sumergida en riesgos, nunca se había quejado de ser la encargada de mover la batuta, de dictar tanto los ritmos como los descansos. No le inquietaba marcar ni un pianíssimo ni un fortíssimo: eso sí, Mayô siempre actuaba en crescendo. Formaba parte de ella, de su sangre. Te vigilan. Por ello, no le costó aceptar la sugerencia que le propusieron sus superiores; incluso aunque hubiera decidido reducirle el pago a la mitad, habría cogido el encargo con tal de poder escabullirse un rato de las garras de su madre.-Deberías dejar de leer esas gilipolleces y empezar a pensar en comprometerte: ¿has oído hablar del benjamín de los Sabaku? Su tío viene mucho por aquí, estoy segura de que no requeriría demasiado esfuerzo mover los hilos y concertar vuestro enlace.-le había soltado así, de repente, de manera absoluta y completamente gratuita mientras se encontraba ojeando el último ejemplar del Daichi Magazine.-Lo dejaría todo perdido de arena, madre.-mátala, demuéstrale quién manda.-Tengo que irme.-y así había concluido el fortuito encuentro, sin aportar nada más que malhumor a su día y unas ganas inconfesables de arrancarle la cabeza a algo... o a alguien. Pero no podía perder el control, no era el momento adecuado para ello. El trabajo era tan previsible como ineludible: vigilar-.

Mayô preferiría poder pasarse la noche en el sofá de la sala principal del Triángulo del Sur sin pensar en nada más que no fueran las banalidades de una adolescente cualquiera: le resultaba más apetecible la idea de echar a su hermano de su lado del diván y continuar ojeando su estúpida y puñetera revista sólo por llevar la contraria. Haz caso a lo que te dice: madre sólo hay una. Pero, para variar, ellos siempre se tenían que meter en medio. Mientras se acercaba al puesto de coordinación establecido frente a las murallas de la aldea, apretó los labios con fuerza formando una sumisa línea recta y se puso a canturrear entre dientes, una nueva táctica para lograr hacer oídos sordos de las voces. También era reciente lo de atribuirles una identidad propiamente dicha, lo de concederles la benevolencia de dejar de ser eso y pasar a gozar de los beneficios de la personalidad; guardaba la secreta y absurda esperanza de que, al humanizarlos, sus comentarios se ablandasen. ¿No era su mente el origen real del problema? Si se autoengañaba, quizá, y sólo quizá, la enfermedad remitiese. Cucú. Cerró las manos en torno a los puños de su uniforme, conteniendo el irrefrenable impulso de darse con la cabeza contra un muro. Seguimos aquí.-Buenas noches, me presento para cubrir la baja del cuadrante...- ¿ya te has olvidado, culebrilla? Se mordió la lengua, dubitativa.  Es el ocho.  ¡No, el nueve! Entreabrió los labios, dispuesta a no dejarse amedrentar.-... sie...- seis, doce, catorce, veintiocho, ciento cuatro.-... dos.-tras la gruesa ventanilla, una ceja se enarcó por encima del cristal muy lentamente.-Estás mal informada, niña.- no te preocupes, es que tienes muchas cosas en las que pensar.- Vas al undécimo sector, acerca la mano.- no confíes.-Claro.-respondió con encanto, a la par que iba extiendo, con mucha parsimonia, su diestra en su dirección. El hombre corrió la ventana a un lado, le cogió el dorso de la extremidad y le estampó un pequeño sello de tinta oscura. Tenía forma de luna llena: se está metiendo con tus posaderas, querida. Un pálido rubor se extendió por la sombra de sus ojos, apenas perceptible a causa de la mala iluminación.-Ten cuidado, dicen por ahí que las personas que han hecho algo de moralidad discutible escuchan cosas raras ahí arriba. Ya ves, gilipolleces de escalera; la de veces que le he puesto los cuernos a mi mujer y jamás he escuchado ni pío.-se alejó del mostrador en dirección a la escalera principal coreada por las funestas carcajadas del encargado.  Te vacila: tendrías que reventarle el puto cráneo contra el suelo. Frunció el ceño.  Ábrelo en canal, así aprenderá. Comenzó a subir los peldaños de tres en tres, impaciente. Destrípalo y vuelve a casa con la cena caliente lista para ser servida. Se imaginó a su madre hincándole el diente a lo que parecerían chuletas de primera calidad o excelentes salchichas de origen cien por cien vacuno. O ignóralo, ignóralo como a nosotros. Curiosamente, esa le pareció una excelente idea-.

El camino hacia la zona de reclusión fue lento y apacible, sin contratiempos reseñables más allá de una conversación no buscada sobre la cantidad exacta de huesos que se romperían si se lanzaba a una persona desde esa distancia. Una vez en su humilde puesto, Mayô se recostó contra la ingrata piedra y dedicó un buen rato a perder la mirada en el firmamento; ¿acudirían los espíritus en su busca? ¿le susurrarían hórridas visiones al oído al igual que sus propios engendros? Aunque le costara reconocerlo, le causaba curiosidad hacer la comparación, probar a adivinar qué clase de abominables fantasmas serían más temibles, si los creados por la humanidad, o los engendrados por los supuestos dioses que regían sus idas y venidas. Siempre que se trate de desgracias, culebrilla, apuesta al hombre. Guardada por sus inmisericordes sombras, Mayô se preguntó si su corazón sería ligeramente negro... o si directamente estaría hecho de tinta. No exageres, imbécil. No eres para tanto. Punto para ellos-.
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Parámetros:

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Iryoninjutsu
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Inventario:
Mochila (0 kg / 10 kg)


Acceso directo a la Tienda

Misión Uno:

Nombre: La importancia de un vigía.
Rango de la misión: D
Paga de la misión: 250 Ryous.
NPC de Staff: No permitido.
Lugar: Sunagakure no sato.
Número de post: 30 líneas. (Calibrí, 11).
Descripción: Esta vez se busca enseñar a los shinobis la importancia del trabajo de los vigías en la gran muralla que protege la aldea. Tendrás que realizar un turno nocturno de vigilante en la parte más alta de la muralla, ten mucho cuidado ya que las malas lenguas dicen que se ven y escuchan muchas cosas extrañas, algunos hablan de espíritus que rondan el lugar y otros simplemente que se trata de la imaginación de los miedosos, pero no te quedes con las palabras y compruébalo por tu mismo ¿será cierto o no?



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MISIÓN RANGO D.




Idiota: mantente alerta. Mayô era plenamente consciente de sus capacidades, de sus virtudes y de sus puntos fuertes, así como también sabía de qué pies cojeaba o, más concretamente, cuál era su talón de Aquiles y ese, definitivamente, no se trataba de la falta de cerebro. Por eso no dejó que las constantes dejaciones por parte de sus insoportables 'ecos' le hicieran el más mínimo de los efectos: sencillamente, ella estaba por encima de todo eso. ¿Te crees una niña lista? Recostada contra el muro, apretó los labios con tanta fuerza que formó una apergaminada línea recta a causa del esfuerzo; no lo creía, lo afirmaba.-Lo soy.-confirmó, quizá con un poco menos de firmeza de la que le habría gustado mostrar. Echó unos centímetros la cabeza hacia atrás, de manera que quedara firmemente apoyada en la piedra helada y se permitió el lujo de sellar sus párpados apenas un minuto. La oscuridad le calentaba el corazón: sus engendros le helaban la sangre.  Deja que la chica piense lo que quiera: está en la edad de estimarse por encima de sus capacidades. No era la primera vez que se metían con su inteligencia: era uno de los insultos más recurrentes, más fáciles de escupir y de pensar. Esas eran las buenas faltas de respeto, las que, en un principio, resultaban inocuas en una digestión inicial pero, con el tiempo, hacían costra en el estómago y terminaban causando una úlcera letal. No se dejó amedrentar: apretó los dientes y volvió a abrir los ojos, repudiando las inquinas contra su persona... si es que podía denominarse así, claro estaba.  Te sobrestimas, gilipollas. ¿Y qué? Tanto daba: no era un pecado ser orgullosa, ¿o tal vez sí? Cabeceó un par de veces de izquierda a derecha, aturdida. ¿No oyes eso? Entreabrió los labios, como si tuviera intención de decir algo, mas, finalmente, dejó el aire silbar en silencio entre sus dientes.  Escucha, escucha. No le dio la gana, y punto-.

Pero las palabras ya estaban dichas, y el sentimiento sembrado en su pecho. Fíjate, fíjate. Se llevó ambas manos a los oídos, desesperada por acallar la tentadora voz de la paranoia. ¿Acaso no eres capaz de escucharlo? Negó en silencio, de pronto aterrada ante la perspectiva de dejarse llevar por sus rumores, sus murmullos incoherentes que siempre terminaban terrible e irremediablemente mal. Toc, toc. Le tembló el corazón: suspendido en el centro de su pecho, lo notó tiritar de puro, genuino y viscoso espanto. Mentían, estaba segura de ello... se divertían acosándola, jugando sin reparo alguno con sus sensaciones, siendo su ruina. Pero no iba a dejarles, no daría su brazo a torcer; sabes que eres una persona cabezota cuando, digan lo que digan los demás, sigues afanándote inútilmente a tu propia sentencia. Toc, toc. Se le escapaba la calma de entre los dedos: no sólo debía enfrentarse a su histeria inherente a su condición, sino a la misma noche opaca y sombría como boca de lobo que lo engullía todo en su lúgubre abrazo de oso. ¿No vas a abrir? Tozuda, aferrada a sus trece, volvió a negar con mayor ahínco si cabe que antes. Que fueran a mirar ellos si tantas ganas tenían de ser engullidos por... ¿por el qué? Apenas se alzó unos centímetros en el sitio: sin darse cuenta, y aunque le costara reconocerlo, comenzaba a imaginarse gilipolleces. Crac. ¿Real o falso? Cu, cu. ¿No era un lugar extraño para que se posara un pájaro? Los de mal agüero no entienden de nidos, culebrilla. Loca, se estaba volviendo loca. Se puso en pie muy pero que muy lentamente, acechando en la nocturnidad cualquier posible predador fugado de alguna clase de cuento de hadas maldito. ¿Le tienes miedo al Lobo? No, ya no era una criaja... y aún así, no pudo evitar tragar saliva con pesadez a medida que un escalofrío le recorría, parsimoniosamente, la totalidad de su columna vertebral. ¿Al Coco, quizás? Apoyó la espalda contra el final de la muralla, claramente a la defensiva. Obcecada en su terror, las historias sobre fantasmas impíos en busca de justa y merecida retribución le anegaron la razón, manchando cualquier rastro de cordura de su oscuro pensar. La Bruja Mala vive en casa, por eso no te preocupes. Maldita sea, ¡no era momento para bromas o recochineos! La muerte le pisaba los talones, la estaba a punto de... de... ¿de qué, maldita sea?-.

Y entonces se mostró: un hombre enfundado en una negra gabardina, quizá no salido de ninguna historia infantil pero sí de las novelas negras que tanto consolaban a su insaciable madre cuando las tardes lluviosas de otoño no la dejaban comerse la ciudad. Ni su maleducado cabeceo en señal de saludo, ni el folio sellado que le tendió consiguieron calmar sus inquietud. Mátalo. Lo miró fijamente, todavía temblando a causa del espanto, y no fue capaz de articular sonido alguno. Fíjate en cómo te observa: ha venido a asesinarte.-¿Quién cojones eres?-le increpó, al borde de un colapso nervioso. Guiada por un instinto animal de conservación, propinó un manotazo a la diestra tendida y rodeó a la incipiente amenaza hasta quedar a su espalda, muerta de miedo. Mátalo, mátalo, mátalo. Se pasó una mano por la cara, incapaz de decidir sobre si palpar el abrigo azabache o quedarse tal y como estaba, inmóvil.  ¿Y si no es real? Lo es. No. Sí. Retrocedió uno y otro paso, colmada de ese miedo que ha consumido a incontables hombres a lo largo de la historia: la incertidumbre.  ¿Y tú que sabes sobre alucinaciones, si se puede saber? Que se callaran, que cerraran la puta boca -si es que la tenían- y la dejaran pensar en paz... o pensar a secas, en general. Pues más que tú, y que ella. Silencio, silencio, rogaba silencio. Acepta la locura. No. Crea el delirio. Y una mierda. Establece la duda. Qué le dieran. Alimenta la paranoia-.

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Parámetros:


Resistencia
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Percepción
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Iryoninjutsu
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Inventario:
Mochila (0 kg / 10 kg)


Acceso directo a la Tienda

Misión Uno:

Nombre: La importancia de un vigía.
Rango de la misión: D
Paga de la misión: 250 Ryous.
NPC de Staff: No permitido.
Lugar: Sunagakure no sato.
Número de post: 30 líneas. (Calibrí, 11).
Descripción: Esta vez se busca enseñar a los shinobis la importancia del trabajo de los vigías en la gran muralla que protege la aldea. Tendrás que realizar un turno nocturno de vigilante en la parte más alta de la muralla, ten mucho cuidado ya que las malas lenguas dicen que se ven y escuchan muchas cosas extrañas, algunos hablan de espíritus que rondan el lugar y otros simplemente que se trata de la imaginación de los miedosos, pero no te quedes con las palabras y compruébalo por tu mismo ¿será cierto o no?



MISIÓN RANGO D.




Dio un par de pasos hacia atrás por pura inercia, pero lo cierto era que una pequeña risa se estaba escapando de entre sus labios. Observó tanto su propia mano temblorosa extendida en dirección a la sombra sin identidad, como la esbelta y recta postura del mismo, a medio camino entre la que uno adoptaría para parecer (que no ser) elegante y la que cualquier ser viviente apadrinaría si sufriera una disantería aguda. La risa ya no era tan pequeña: no era que Mayô fuera extremadamente temeraria, sino que, simplemente, no se terminaba de creer la actitud del espectro. Porque no, aquel esperpento con forma humana no podía ser, ni de coña, una persona. Escrutó, todavía sometida a las irrefrenables carcajadas que doblegaban sus cuerdas vocales, el estar de la bestia, su manera de mirar al frente sin reaccionar a ni una sola de sus provocaciones, su pesada respiración que resonaba en el eco de la noche. La irritación creció en su garganta, se esparció por su semblante y floreció en su mirada, que ahora bailaba entre la inseguridad y la certeza.-¿Qué te pasa, maldita sea?-mátalo, mátalo, mátalo. Como un trueno negro, se le pasó por la cabeza la posibilidad de que aquel tipo fuera alguna clase de disminuido mental que se hubiera escapado del manicomio más cercano... mas tampoco la consolaba el hecho de que cientos de chalados idos de la olla como aquel pudieran estar vagando por las calles tranquilamente. Es una amenaza: elimínalo. Una mueca de puro nerviosismo y asco surcó sus facciones: la idea de que alguien pudiera acusarla de asesinato premeditado de un retrasado mental la llenó de intranquilidad. Que parezca un accidente, que la inercia guíe tu mano. Dudó-.

Si contuvo la respiración, no fue por miedo. Si sus labios acallaron la risa y adoptaron un gesto sombrío, no fue porque la angustia los cerrara. Si alzó ambas manos en un gesto compungido, dubitativo, no fue por culpa de la dudas. Tampoco las consecuencias a posteriori frenaron su impulso: que en el centelleo de las estrellas viera el reflejo de la horca al caer no le quitó el aliento. Que su alma se estremeciera al imaginarse arrebatando una vida no tuvo nada que ver con la falsamente llamada 'conciencia'. Qué ruin. Cubrió sus oídos como si el ruido en el exterior fuese insoportable: no quería escuchar lo siguiente. Una lástima que uno no pudiera silenciarse a sí mismo, ¿verdad? Estás culminando los detalles: te preguntas cómo ocultar la prueba principal del delito, ¿a que sí? De haberse tratado de una apuesta, el espanto se habría llevado el premio gordo. La facilidad con la que el plan cobraba forma, crecía, entre sus manos la asustó: ¿tan sencillo resultaba ponerlo todo en su sitio, arreglar los cabos sueltos?-Te voy a dar una última puta oportunidad: dime quién coño eres, qué haces aquí.-no te va a contestar porque no existe. El horror cruzó sus pupilas y se clavó en lo más recóndito de su histeria infundada: ¿y si era cierto, después de todo, que aquel individuo inmóvil, plantado ante sus ojos claros, no era más que un simple desvarío nocturno? No supo qué preferir: por un lado, deseó fervientemente que las macabras historietas sobre fantasmas de los vigías fueran tan ciertas como que la tierra era plana, atribuirle la estrambótica situación a un factor externo, completamente ajeno a ella misma; por otro, que se tratara de un espejismo de su enfermedad, de su miseria, dejaría el pavor a ser devorada por sus pecados zanjado. ¿Sobrenatural o imaginario? ¿monstruo o ruina? Ahí estaba la clave-.

 ¿Por qué no lo compruebas? Tócalo. Se echó a temblar de los pies a la cabeza: ¿realmente quería resolver su duda? Cobarde. Las sienes empezaban a arderle, dejando tras sus monocordes punzadas de dolor un profundo malestar. Gallina. Retrocedió un nuevo paso, tan mareada que pensó que perdería el equilibro y se precipitaría contra el suelo. Co, co, co. Aquella mierda se estaba volviendo incontrolable.-Cierra el pico.sabía que entendías de aves. Apretó los puños, se golpeó ligeramente ambos lados del cráneo, no muy segura de si buscaba molestarlos a ellos o castigarse a sí misma por haber soltado las riendas de la situación. Co, co, co, co.-¡Ya basta!-se volvió hacia atrás, como si así pudiera encontrar una figura a la que empujar, unos hombros a los que zarandear inmisericorde hasta obtener su merecido silencio. Pero no encontró nada más que lúgubres espirales de oscuridad, y una sonrisa maquiavélica dibujada en la piedra.  No estamos por ahí. La provocación la hizo estallar: se giró entonces hacia la derecha, lanzando manotazos al aire sin coordinación o premeditación. Mira mejor. Con tal de llevarles la contraria, se llevó la diestra a los ojos, forzándose a cerrarlos.  Actúa mejor. Se quedó muy quieta en el sitio, pálida de manera claramente enfermiza. Sé mejor. Por eso no tenía que preocuparse: ni queriendo podría hacerlo. Mucho menos de forma accidental.-¿QUERÉIS QUE LO TOQUE? ¿SÓLO ESO?-imploró al viento, rozando la histeria de manera peligrosa a cada palabra.-PUES VALE, MUY BIEN. VOSOTROS GANÁIS, ¡¿LO OÍS?! ¡ME HABEÍS VENCIDO!-pegó un grito sin dueño, destino o receptor. Y entonces avanzó torpemente hacia esa espalda silente, hacia ese ser mezquino salido de la nada para atormentarla, hacia el núcleo de su pesadilla. No vio venir la piedra en el camino, tampoco su caída; sin querer, la punta de su zapato se enganchó bajo la roca, se enredó y ocasionó que su cuerpo se precipitara, en plena carrerilla, hacia delante sin remedio. Empújale: lo estás deseando. Quiso volver atrás, a mucho antes de haberse dado por derrotada, y frenarse. Pero lo hecho hecho estaba, y sus manos buscaron apoyarse con demasiada fuerza no pretendida hacia la parte baja del dorso de la sombra. Si nadie la paraba, sabía lo que vendría después: la caída. Qué mala eres-.

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Parámetros:

Resistencia
=
4
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4
Fuerza
=
40
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40
Velocidad
=
40
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Percepción
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Ninjutsu
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1
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Taijutsu
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5
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Iryoninjutsu
=
1
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0
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0
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1

Inventario:
Mochila (0 kg / 10 kg)


Acceso directo a la Tienda

Misión Uno:

Nombre: La importancia de un vigía.
Rango de la misión: D
Paga de la misión: 250 Ryous.
NPC de Staff: No permitido.
Lugar: Sunagakure no sato.
Número de post: 30 líneas. (Calibrí, 11).
Descripción: Esta vez se busca enseñar a los shinobis la importancia del trabajo de los vigías en la gran muralla que protege la aldea. Tendrás que realizar un turno nocturno de vigilante en la parte más alta de la muralla, ten mucho cuidado ya que las malas lenguas dicen que se ven y escuchan muchas cosas extrañas, algunos hablan de espíritus que rondan el lugar y otros simplemente que se trata de la imaginación de los miedosos, pero no te quedes con las palabras y compruébalo por tu mismo ¿será cierto o no?



MISIÓN RANGO D.




Treinta minutos. Mil ochocientos segundos repletos de gritos, refutaciones, promesas, puñales, recriminaciones, ataques, equivocaciones y sin quereres varios. Treinta minutos podían parecer una cifra insignificante, irrelevante, de poca trascendencia. ¿Cómo podía compararse la mitad de una hora con una noche entera? ¿o con los cinco meses que habían pasado desde su último acceso de frustración? ¿y con sus quince años de vida? No parecía viable. Pero el efecto no tenía por qué ser inmediato: la recogida de una cosecha nunca sería presta ni instantánea. Durante las siete estaciones siguientes, Mayô le echaría la culpa de todo aquello a la piedra en medio del camino: evitaría tocar cualquier clase de pensamiento que redirigiera el peso de la inevitable situación sobre sus propios hombros. Treinta minutos no son muchos desde una perspectiva numérica, no. Sin embargo, a veces, incluso un segundo basta para marcar, destruir, reparar o condenar. Y da igual lo escaso que suene, lo intrascendente que parezca a nivel global, lo fácil que resulte de ignorar normalmente; si algo comparten todas las unidades de medida del tiempo, es que únicamente circulan en una dirección. Los minutos, las horas, las estaciones, los lustros, las décadas, las existencias tan sólo saben avanzar, dejar atrás. Aunque un segundo se mastique como si no fuera nada, nunca podrás recuperarlo, jamás tendrás en tu poder retorcerlo hasta cambiar su significado; en cuanto sendas manos de Mayô se apoyaron, certeras, sobre la espalda de la sombra sin rostro, su destino quedó sentenciado. Quién sabe cuántos millones de instantes desperdiciados, echados a perder por un mísero momento: un minúsculo error acababa de costarle la existencia entera al individuo. Observó su cuerpo precipitarse hacia el vacío, el quebrar de sus huesos al dar contra el suelo; el eco de su existencia rebotar en su insignificancia y perderse para siempre. Por suerte -o por desgracia- para Mayô, sus quince años eran todavía muy escasos y quebradizos. Aún tenía mucho tiempo para... ¿asimilarlo? ¿olvidarlo? Afróntalo. Y aquello sí que era un consejo-.

¿El primero que le brindaban sus informes esperpentos? Resultaba indiferente. Lo importante era que se lo tragase. Que su cerebro lo descodificase y archivase, que su corazón lo viviese y aceptase, que la boca de su estómago lo sintiese y recibiese.  Témelo. La criatura no buscaba que el miedo la bloquease, disfrutaba más del temblor de su voz que el de su mano: de poco le serviría un juguete asustadizo que se negase a acercarse. EL engendro buscaba otro tipo de temor: no el que te anula, sino el que se te queda grabado, aquel que no puedes olvidar ni negar. Espéralo. Y aquellas tres duras palabras se le quedarían incrustadas en la retina hasta el fin de sus días: por y con ellas regiría el resto de su vida, cada uno de sus arrebatos, de sus gestos, de sus momentos de zozobra. Acongojada, retrocedió cuantos pasos pudo hacia atrás y se detuvo en el borde trasero de la muralla; ¿habría sido justicia poética dejarse caer y morir de igual forma que el desconocido?  No merece la pena. Y tuvo que darles la razón, pues, aunque hubiera sido su mano la causante de la catástrofe, el efecto mariposa lo había iniciado alguna corriente de viento o el zapato de un soldado despistado. Era la ejecutora, pero no la responsable. No cargaría con esa culpa: se negaba en rotundo. Respiró hondo, obligándose a tomar una decisión. Dejarlo estar o avisar al encargado, ahí estaba la clave.  Si no das la alarma, te echarán la culpa cuando lo descubran. Tampoco es que tuviera nada que ocultar: si el hombre no había esgrimido palabra alguna ante sus exigencias de identificación, el problema era suyo. No, ya no, niña mala. Relajó los hombros, suavizó la postura tal y como su padre acostumbraba a hacer ante las amenazas más temibles; 'mirad, no me tiembla ni el alma'. Con paso lento, descendió los escalones que conectaban su puesto de vigía y se aproximó, fingiendo marcado espanto, a la caseta en la que apenas cuarenta minutos antes un hombrecillo le había dado la bienvenida.-Ha... ha ocurrido algo horrible.-y tras entreabrir los labios en una mueca de fingido horror, le contó lo sucedido con todo lujo de terribles detalles. En ningún momento se la señaló con el dedo: a fin de cuentas, los accidentes ocurrían-.

Una vez limpiado el cristo, le pidieron que guardara recato con lo acontecido, le brindaron una sonrisa nerviosa y la dejaron en su zona de reclusión para que cumpliera con el resto de su guardia. No les convenía levantar escándalos: suficientemente aterrorizados estaban ya los soldados con las historias de viejas como para hacerles partícipes del incidente.  ¿Por qué intentas dormir, culebrilla? Nuevamente apostada contra la fría piedra de mármol, Mayô se tapó ambos oídos, tal y como si el ruido en el exterior fuese insoportable.  Nosotros estamos bien despiertos. Por supuesto, en ningún momento de lo que quedaba de noche sin luna consiguió conciliar el sueño. ¿Ya no quieres jugar más? A pesar de haber prometido dejar su conciencia quieta, silente, sus pensamientos acudían constantemente al instante en el que su mano había rozado la piel del monstruo no tan monstruo. ¿Había empujado a propósito o sin querer? Cuando el inoportuno amanecer la sorprendió con los ojos bien abiertos, muda de horror, aceleró y apretó el paso dejando la muralla de los espantos atrás: ya había tenido bastantes cuentos sobre fantasmas por un día. Porque aquella noche, porque en aquella media hora en la que se había dejado guiar por quien no debía, Mayô había aprendido muchas cosas respecto al tiempo, pero también había comprendido un poquito más de otras tantas. De eso-.

[4/4] 61 LÍNEAS.









Parámetros:

Resistencia
=
4
+
0
+
0
+
0
=
4
Fuerza
=
40
+
0
+
0
+
0
=
40
Velocidad
=
40
+
5
+
0
+
0
=
45
Percepción
=
1
+
0
+
0
+
6
=
1
Ninjutsu
=
1
+
0
+
0
+
0
=
1
Fuinjutsu
=
1
+
0
+
0
+
0
=
1
Genjutsu
=
1
+
0
+
0
+
0
=
1
Kenjutsu
=
1
+
0
+
0
+
0
=
1
Taijutsu
=
10
+
5
+
2
+
0
=
17
Iryoninjutsu
=
1
+
0
+
0
+
0
=
1

Inventario:
Mochila (0 kg / 10 kg)


Acceso directo a la Tienda

Misión Uno:

Nombre: La importancia de un vigía.
Rango de la misión: D
Paga de la misión: 250 Ryous.
NPC de Staff: No permitido.
Lugar: Sunagakure no sato.
Número de post: 30 líneas. (Calibrí, 11).
Descripción: Esta vez se busca enseñar a los shinobis la importancia del trabajo de los vigías en la gran muralla que protege la aldea. Tendrás que realizar un turno nocturno de vigilante en la parte más alta de la muralla, ten mucho cuidado ya que las malas lenguas dicen que se ven y escuchan muchas cosas extrañas, algunos hablan de espíritus que rondan el lugar y otros simplemente que se trata de la imaginación de los miedosos, pero no te quedes con las palabras y compruébalo por tu mismo ¿será cierto o no?



RECUENTO:

Total: 250 líneas.
Misión: 30 líneas.
A repartir: 220 líneas.
En: 17 en Taijutsu (35).


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