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Bienvenido al foro de Shinobi’s Justice, esperamos que tu estancia en el foro sea agradable y lo encuentres entretenido.

Shinobi’s Justice es un foro de rol interpretativo basado en el mundo y la ambientación de Naruto, donde el usuario tiene total libertad para crear el personaje que desee, sin que le falte rol.

El foro posee un equilibrado sistema de subida de parámetros y rangos que permite que se vea una progresión constante, e infinidad de opciones para que el personaje sea único. ¡Te invitamos a comprobarlo por ti mismo!
El ocaso cae en Daichi, y la noche comienza a reinar. En el palacio del feudal, tras meses de planficación, Hikari Aika, feudal de la nación del fuego, aliada con las naciones de la nieve y la tierra, acuerdan terminar definitivamente con los estados practicantes del Shuha Shinto. Los soldados marchan, liderados por sus mejores generales y con pertrechos suficientes para entrar en una cruel guerra. Samuráis, soldados, y ninjas han sido llamados por igual. La guerra se ha desatado, solo queda esperar que no lo consuma todo.

Sin embargo Hikari Aika no marcha con sus tropas. Por primera vez, decide quedarse en su palacio, rezando en el templo de Amaterasu. Es el día de su veinticinco cumpleaños, y espera pacientemente a una sombra del pasado.


♦️
ENLACE AL ÍNDICE DE TRAMAS
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Es la estación del año más cruel y desgarradora, comprendida entre otoño y primavera. Comienza el día 13 de Node y termina el último día de Gami.

Los días ahora tienen tan solo ocho horas de luz al día, disminuyendo cada vez más cuanto más avance la estación, llegando hasta tan solo cinco horas de luz. La temperatura baja en todas las regiones de Daichi, volviéndose un clima frío, desolador. Los días en la Nación del Viento ahora son más agradables, sin embargo al caer la noche el frío se vuelve casi tan insoportable como en la Nación de la Nieve, la cual, ahora experimenta constantes tormentas que cubren todo el país, salvo en la península. Todas las naciones se resguardan ahora del frío, pues los días y las noches son insoportables. Se dice que en los inviernos los yokais proliferan y cubren más el mundo de los humanos.

Precipitaciones constantes en forma de nieve, lluvia, o granizo, descargando en forma de tormentas de nieve cuando el frío se vuelve insoportable, o incluso en granizo en la Nación de la Nieve. Cuanto más se acerca a la primavera, menos frío hará, sin embargo eso no quita lo horrible que de las precipitaciones, que dependiendo del año algunas islas de la Nación del Agua pueden inundarse, y los refugiados ir a la capital hasta que termine la estación.

Los árboles pierden sus hojas hasta quedar en solo un tronco cubierto de nieve, en el mejor de los casos la nieve cubre las hojas y estas aguantan hasta primavera. Sin embargo las bosques de las Naciones del Fuego y la Hierba logran aguantar estas horribles temperaturas sin perder apenas hojas, algo que otros países no logran entender.
¡Bienvenidos a Daichi Magazine, la revista oficial de Shinobi's Justice! En esta revista podréis encontrar entrevistas a diversos usuarios ganadores de awards o cuya participación en una trama haya decantado la misma. Resúmenes de tramas y eventos, y anuncios anticipados de tramas próximas. ¡Si quieres verlas todas, solo haz click en la imagen que hay debajo!

Daichi Magazine
¡Ha habido una enorme actualización en el foro! Ya ha pasado un año desde que abrimos nuestras puertas para mostrar Daichi y todo aquello que lo engloba este pequeño universo, y queremos agradeceros a todos por apoyarnos en este ambicioso proyecto.

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Como habéis podido observar la estética del foro ha sufrido un cambio bastante importante con respecto a la que hemos tenido el pasado año. La gana de colores claros ha dado lugar a una combinación cromática nueva, usando colores que permitan un mayor contraste.

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Modificada la guía de ambientación y cronología, dejando enlaces, descripciones y todo mejor redactado en un solo lugar. Añadido el F.A.Q ambientativo a esta misma guía.

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Nuevo tablón de anuncios que condensa toda la información que había anteriormente en el anterior, más la propia del banner.

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Modificadas las técnicas básicas de la academia para un mejor balance, añadida la técnica de invocación.

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Han sido añadidas las historias y modificado por completo los resúmenes de los 31 clanes y artes que tiene el foro.

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Creado el sistema de profesiones que tanto se pedía, sin embargo este es añadido como algo narrativo y con lo que ganar un poco de dinero. ¡Tenéis más de 100 puestos para escoger!

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El inventario ha cambiado por completo, siendo un precioso y útil código creado por nuestro diseñador, que facilitará mucho las cosas de ahora en adelante.

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Añadida la raza ''Poseído''. que efectivamente hace que en un porcentaje un ser del otro mundo os posea y tome control sobre ciertas acciones.

¿Por qué no te animas a verlo todo por ti mismo? ¡Solo tienes que hacer click a este enlace!

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Había pasado poco más de una semana desde que Khára y Jhin pasaron tiempo juntos, a solas, y también desde que la chica había aceptado la propuesta de salir que el peliblanco había puesto sobre la mesa. El día anterior, Jhin envió una carta a Khára con el fin de hacerle saber que el gran día llegaría y podrían tener su primera cita. ¡Ya era hora! Te ves bien, Jhin, te ves bastante bien. se repetía a sí mismo una y otra vez ahí de pie frente al gran espejo de su habitación. Era una de las pocas veces en las que el chico había optado por vestir pantalones largos y una camisa, incluso se había tomado la molestia de peinar su cabello. En verdad se veía muy elegante y ni él mismo podía creer que se trataba de ese ninja al que apenas y le gustaba levantarse cada mañana.

El plan del día era ir junto a Khára a por algo sencillo, puede que comieran un helado o, tal vez, una torta. ¿Quién sabe? ¡PUES EL DEBÍ SABERLO! Sus planes no eran muy claros, esa era la verdad, pero el estar perdido se debía a que lo único que quería era pasar tiempo junto a Khára, el resto daba igual. Te matará por imbécil. tragó con dificultad y se le coloró el rostro. ¿Por qué no se tomó un tiempo para planear las cosas? Es decir, no es como que tuvo una semana entera para ello ni nada por el estilo. ¿Verdad? Calma, todo saldrá bien. y debía ser así si es que quería seguir vivo.

Nuestro trajeado, perfumado y nervioso Jhin salió a las calles de la aldea con nada más que un fajo de billetes en el bolsillo y la esperanza de no arruinar (aun más) las cosas. El punto de encuentro sería justo en el centro de la villa, donde casi todas las ramas de los árboles se encontraban y ahí revelaría a la peliverde un plan que iba trazando de a poco. Venga, el helado suena como una muy buena idea sus pensamientos siempre comenzaban de la misma forma; se animaba a sí mismo creyendo que se trataba de una gran idea y luego se odiaba al encontrar mil y un puntos negativos al asunto.

Por suerte para él, lo único negativo del día era su plan de acción. Esa tarde de invierno era hermosa, el frío no estaba tan insufrible como días anteriores y hasta se podía andar sin mil cosas encima para proteger la piel. Aun así, fue inteligente y trajo consigo un abrigo que colgaba de su mano, así podría ofrecer el mismo a la chica si es que no era capaz de soportar el clima. La gente también se prestaba para la ocasión pues la mayoría de los aldeanos habían decidido permanecer en casa, dejando las calles de Kusa muy vacías, casi como si estuviesen dispuestas para ellos dos en un día tan especial. Calma, te digo que nada malo ocurrirá. ya se encontraba en el centro de la aldea y, claro, se había tomado la molestia de salir muy temprano para llegar al menos media hora antes de que la misma Khára lo hiciera.

Para que sus piernas no murieran, decidió tomar asiento en una de las tantas bancas que habían en el lugar y colocó el abrigo sobre sus piernas. Pasó sus manos al menos cinco veces para arreglar el cabello y abotonó su camisa en la parte alta del cuello, donde acostumbraba a llevarla suelta. Calma... si le pagaran un ryo por cada vez que dijo aquello... sería millonario.

Líneas: 34

(peinado del jhinsito) (???)





Hablo  | Narro | Pienso
Estaba nerviosa. Las manos le temblaban, las piernas también y qué decir de su respiración, para su madre adoptiva que estaba detrás de ella, peinando su larga cabellera verde le resultaba graciosamente gratificante que finalmente el peliblanco tuviese la disposición y valentía de dar el primer paso, la mujer adoraba al niño y qué decir de Khára, más que adorarlo, estaba enamorada de él. Las palabras de la mayor se asomaron por su oído, diciéndole que todo estaría bien, que se veía hermosa en aquel vestido color gris, algo corto para ser invierno, medias oscuras hasta el muslo y el cabello recogido. Dos mechones verduzcos se asomaban fuera de la coleta de caballo enmarcando su rostro y cubriendo la pena que se denotaba en él. Gracias… No podía más que agradecerle por todo lo que estaba haciendo por ella, hasta se había tomado la molestia de prepararle un té de hiervas para antes de salir.


Caminó por las calles de la ciudad tan insegura como acostumbraba su cuerpo a lucir antes de ver o estar con Jhin, las miradas de las pocas personas fuera de la aldea le hacían recuperar poco a poco la confianza que tenía perdida y justo a unos metros, observó a Jhin. Tan lindo como siempre. Hoy lucía distinto a cualquier otro día del muchacho, había optado por pantalones largos y hasta peinarse esa cabellera tan rebelde suya, ¿debía tomarlo como un buen signo? Su madre le había dicho que eso significaba el interés pero ella con 17 años aún tenía muchas dudas de lo que eso pudiese significar, seguía siendo algo insegura en términos románticos aunque fuese difícil de aceptarlo.


Decidió esconderse detrás de un árbol, admirándolo como una acosadora a su más amado ninja famoso, arreglándose el vestido, oliendo por segunda vez la fragancia corporal de aromas frutales y colocando los mechones detrás de su oreja, pero resultaban tan rebeldes que volvían a colarse en su rostro. No seas maricona, ve. No lo dejes esperando. Se dio ánimos (aunque de la peor manera) y camino cuidadosa hacia él, no pudo evitar morderse el labio ya tembloroso con su sola presencia, era perfecto para ella o así creía. ¡J-Jhin! Al principio le había costado sacar una sola letra de su nombre, estaba segura de que notó su nerviosismo de aquí a 30 metros de distancia, sobre todo por sus manos que continuaban temblando. ¿Qué debía decir ahora? No seas estúpida, actúa natural, di algo, es tu amigo. Sospechará que te gusta. KHÁRA NELLIEL, DI ALGO. Y como estúpida, soltó. ¡ALGO! Escuchó su yo interior golpear el rostro con la palma. ¡DIGO!, Disculpa… Es que… Y volvió a morder el labio inferior, mirando los costados. Tenía suerte de que solo estuvieran ellos dos. Seguro es el frío, ¿cómo estás? Que torpe se había vuelto con los años.

Líneas: 30.



HablarPensar — Narrar —

El paso del tiempo se hizo ajeno a Jhin mientras esperaba allí sentado, pero el nerviosismo y las ganas de ver a su amada siguieron tal y cual en todo momento. En algún momento, cuando eran cada vez menos los rayos del sol que atravesaban las densas copas de los árboles, Jhin logró escuchar su nombre. No cabía duda alguna de que esa era la voz de Khára, así que el chico se giró hacia el origen para dar con, efectivamente, la chica a quien esperaba. Iba tan linda con ese vestido color crema, el cabello recogido en una coleta de caballo y por último, lo que flechó de lleno al chico, ese perfume tan delicioso que había utilizado.

Al chico ni le interesó el traspié de ella al hablar, tan sólo se enfocó en lo linda que se veía y en que no era el único que tomaba el asunto con tanto interés. Tranquila, de seguro que es el frío y nada más. respondió sonriente mientras se colocaba de pie y se acercaba a ella, dándole un beso en la mejilla y justo antes de tomar su mano. Venga, caminemos un rato para olvidar el clima. trató de sonar tan seguro como fuese posible y, tal vez, ella sería capaz de tomar algo de eso para fortalecerse.

Con Jhin a la cabeza, los tortolitos anduvieron juntos por las calles de la aldea, siendo esa una de las pocas veces en las que no se encontraban rumbo a una misión o entrenamiento. Te ves muy linda. señaló el shinobi pasados los primeros dos minutos de caminata, trataba de observar a Khára lo menos posible para que se sintiera más tranquila, claro que era muy difícil considerando su situación. Y creo que yo estoy muy lindo, no sé... digo. bromeó mientras ajustaba el cuello de la camisa, nervioso. El pla... se detuvo para corregir la idea. Esto no era una misión, así que no podía hablar de planes, era una cita así que debía hablar de... Los preparativos... si, esa sonaba como una buena palabra, supongo. Van más o menos así; iremos a por un helado y una de esas tortas que tanto me... ¿nos gustan? Jeje... Si, esto... Y luego... Bueno, realmente no lo sé. concluyó echando todo al desagüe. La verdad es que estuve muy nervioso durante toda la semana y no sabía muy bien que hacer. ¿Te parece si improvisamos en la marcha? propuso y esperó que ella no enojase por el "descuido" del chico.

Líneas: 25





Hablo  | Narro | Pienso
¿Por qué debía sentirse tan nerviosa si él lograba calmar toda ansiedad que podía sentir? Era algo tan contraproducente e irónico que le resultaba irritante, se sentía limitada y hasta idiota, aunque su madre le decía que el mor ponía estúpido a cualquiera. Me parece la mejor idea que puedas tener. Sonrió con un poco de más tranquilidad, había tomado el brazo de Jhin entre los suyos aferrando la misma extremidad entre su pecho y la mejilla pegada en la misma, podía oler su perfume suave, dulce, digno de él. Khárita, mi vida, ¿quieres actuar como una puta persona normal? Pensó pero por segundo casi prefirió hacer caso omiso, tan solo escuchando lo que su impulso le decía, no la razón. No quería frenarse con él.


¿Tú crees? No pudo evitar ponerse colorada con el comentario, le había parecido tan tierno el comentario que casi no sabía qué decir hasta que sacó la broma. Lo cierto es que sí, te ves guapo y hueles delicioso, eso siempre gusta. Confirmó con una risilla muy segura. Ah, ¿entonces no tenías preparado nada para nuestra cita…? Creí que te importaba un poquito… Rodeó los ojos, claramente se trataba de una mofa pero ella intentó hacerlo real soltando su brazo pero lo cierto es que poco le duró. Quizás y luego podemos ir a tu casa, o a la mía. Mamá no está pero igual dejó libros, cena y todo, claro... Si tu quieres. Se encogió de hombros volviendo a tomar su brazo aferrándolo en su pecho, la idea de un helado en invierno le resultaba algo extraña pero poco importaba si lo hacía junto a él. Conozco un local de postres, ponen unas cosas llamadas pie de manzana y encima un boooola gigaaaaante de helaaaaado. Estaba exagerando al hablar, pero la cosa era hacer un poco más ameno y divertida la cita.

Líneas: 20.
Puntos extra: 2. (2 en percepción.)



HablarPensar — Narrar —

Khára reaccionó de manera positiva ante la torpeza del chico, cosa que le permitió relajarse aun más y seguir adelante sin mayor preocupación. Pero eso no fue todo, inclusive ofreció un muy buen plan de... digo, preparativo, ¿si? en fin, una nueva idea que llamó la atención del joven shinobi. ¿Pie de manzana? Suena bien, aunque prefiero la fresa. Me encantan las fresas. preguntó sin saber cuan bien lo había pronunciado. Lo real es que Jhin no le daría muchas vueltas al asunto, si se podía comer y Khára confiaba en aquel establecimiento, irían a comer en él. Además, la propuesta del helado seguía sobre la mesa. Pues vamos a por ello, siento que mi estómago lo disfrutará. respondió tras "pensarlo" durante algunos segundos. Y claro, podemos ir a tu casa luego de comer. No preparé nada para cenar y tu mamá cocina de maravilla. ¿podías dejar de pensar y caer en cuenta de lo que ocurre? Que tarado.

Pero bueno, el caso es lo que chicos siguieron caminando con Khára guiándoles; Jhin iba sonriente, con los dedos de la diestra entrelazados a la mano de la chica y el brazo calentito por el contacto con ella. Las calles se iban despejando aun más y, durante algunos minutos, fueron los únicos ahí fuera. Ya solo restaba una decena de rayos para que el sol perdiera toda su influencia en la aldea, aunque la luna ya estaba cobrando terreno a espaldas suyas, iluminando los alrededores a medida que el astro amarillo se ocultaba. Así que este es el sitio. exclamó una vez la peliverde se detuvo frente al local.

Se trataba de un negocio especializado en postres, de arquitectura rústica y con mucha gente en el interior. Lo primero que sintió Jhin al entrar fue un ambiente familiar, eso además del aroma de los dulces que servían, preparaban y exhibían. Se podía escuchar el ruido de los vasos al chocar los unos con otros, puede que por algún brindis que se estaba llevando a cabo en la sala, los cubiertos al chocar contra los platos y la mezcla de al menos quince conversaciones distintas. La especialidad del día era justamente lo que Khára había dicho: pie de manzana, solo que iba acompañado de chocolate caliente o, si el cliente lo deseaba, jugo natural. Fue entonces cuando Jhin entendió cuan estúpida era la idea de comer helado en pleno invierno. De seguro Khára ya le había llamado idiota en su cabeza o, al menos, lo consideró como una propuesta muy rara.

Jhin fue capaz de ignorar lo estúpida que había sido al comienzo de su cita y caminó junto a Khára hacia el mostrador de la tienda. Todo ahí se veía delicioso, pero el chico estaba más que comprado desde un principio, iría a por el pie de manzana y nada lo detendría. Me gustaría el especial del día para mí y... se detuvo antes de observar a la chica experta en origami. ...para ti? preguntó mientras le acercaba aun más hacia él, sujetándola por la cintura con cariño sin apartar la mirada de la suya en ningún momento.

Líneas: 32





Hablo  | Narro | Pienso
Tienen cosas con fresas, desde helados, hasta yogurt y pastelillos, todo lo que quieras comer ahí lo tienen, todo. Hizo énfasis en lo último, quizás con un poco más de picardía divertida que otra cosa, sabía de todas maneras que si por Jhin fuera, se comería un establecimiento entero e igual no quedaría satisfecho del todo, aún tendría muchísimo espacio para más. Como tú quieras, siempre están abiertas las puertas para ti. Musitó encogiéndose de hombros y una sonrisa ladina en el rostro, la cosa se iba poner más interesante de lo que había pensado y quizás hasta entretenido para ambos; pero aún no quería hacerse a la idea.

De todas maneras decidió dejar el rumbo a libertad dejándose llevar por lo que sea que fuese a pasar luego de aquello, aún si iban a leer, comer, dormir, lo que fuese. Sus pies caminaban libres guiando el camino que ambos tomarían para pasar una deliciosa… ¿Cena? A ojos de cualquiera no era lo más romántico, pero para Khára caminar de la mano con Jhin, aferrada a su brazo tal cuál enamorada de película y con la enorme esfera plateada detrás de ellos resultaba sencillamente perfecto, quizás más que eso. Jamás se había imaginado una escena mejor y se reía en sus adentros pensando en cómo personas conocidas de ambos se reirían de ambos. Se gustaban, todos lo sabían, menos ellos. Sí, aquí es. Confirmó una vez que sus pies se detuvieron y su único propósito de avance fue para entrar junto con él.

Frente al mostrador, tan solo se dedicó a observar detenidamente los ojos oscuros de Jhin y posterior a él, un menú colgante en un falso intentando de ignorar la mano justo en la cintura, se le había erizado la piel y hasta ido un poco la respiración pero debía permanecer normal a ojos de media Kusa detrás de ellos. Yo me basto con uuun… Lo mismo, sin chocolate, por favor. Nunca había tolerado bien el chocolate y no deseaba un malhumor en la cita que resultaba tan importante para ella.

Apresuradamente sacó unos cuantos billetes justo cuando la mujer al otro lado del mostrador indicó el precio total, fue pura cortesía, no deseaba que el albino gastase todo su dinero. Hay que esperar, pero podemos ir a la mesa de allá, se ve realmente bonita. Señaló la zona lateral, una mesa pegada justo en la pared con sillones grandes, acogedores y privados de zonas delanteras y traseras. No esperó una respuesta afirmativa de Jhin para tomar la iniciativa de llevarlo justo hacia allá y a la hora de sentarse, le indicara con una mirada que fuese a su lado. Aún no sé cómo vas a comer una cosa llena de chocolate, se escucha y ve asqueroso. Comentó con una mueca de disgusto, no era amiga del sabor, olor y todo lo referente a eso.

Líneas: 30.



HablarPensar — Narrar —

Khára pidió el especial del día, pero a diferencia de Jhin, no quería ni ver un poquito de chocolate en su mesa. Además, puso de su propio dinero para pagar una parte de la cuenta sin siquiera pensarlo dos veces. Muchas gracias. dijo antes de recibir el cambio por parte del cajero. Ahora solo quedaba esperar, tal y como había señalado la chica, en alguna de las mesas y disfrutar su pedido una vez llegase a ellos. La kunoichi eligió un lugar bastante lindo en los laterales del local y llevó a Jhin sin siquiera esperar una respuesta de su parte.

Tomaron asiento uno al lado del otro en la zona y Jhin aprovechó la oportunidad para examinar el sitio. Podía observar el establecimiento casi por completo ahí donde se encontraba, la iluminación no era tan molesta como en otros sectores y era bastante fresco. También estaban los asientos, muy cómodos y claro, su mesa, tan limpia que lucía como nueva. El pie no tiene ni una pizca de chocolate encima. le aseguró tras escuchar el comentario negativo sobre su elección. Es una taza con chocolate caliente, mucho peor. llevó ambas manos a su cuello y simuló estar apretando el mismo, como si estuviese asfixiándose. Todo parte de una broma. El chico tenía bien claro lo mucho que Khára odiaba al chocolate, pero él no podía comprender tal cosa pues lo consideraba como una de sus cosas favoritas en todo el mundo.

El servicio del sitio era bastante bueno, sus platos y bebidas llegaron a la mesa en un santiamén a manos de un camarero y estaban listos para disfrutar por lo que habían pagado. Espero que no te hayas equivocado. exclamó con la mirada bailando sobre la tarta; el postre se veía tan delicioso, con los costados tostados y una bola de helado encima (tal y como Khára le había dicho), desprendía un olor que le maravillaba. Muy bien, aquí vamos. un mordisco fue lo único que hizo falta para que el ninja terminase enamorado del postre y hasta le costó bajar la velocidad tras dar otros dos bocados, pero consiguió detenerse. Bueno, admito que esto fue todo un acierto. aceptó sonriente antes de secar sus labios con una servilla para luego tomar el rostro de Khára y plantar un enorme beso en la mejilla. ¡Muchas gracias! y como si nada hubiese ocurrido, siguió comiendo.

En cierto punto, el peliblanco dejó de comer (claro que no le quedaba mucho por tragar) para observar a su gran amor. Creo que hicimos bien al salir... reveló con ambas manos sobre la mesa, dando vueltas al plato en el que había sido traída su tarta. ...y no lo digo solo por la comida. una pequeña risa, típicas de él cuando se encontraba nervioso. Se siente... se siente bien el estar junto a ti, por ti... por los dos, no por una misión o para entrenar. Solo por nosotros. su vista consiguió a la mano de Khára y Jhin no dudó en ir a por ella, entrelazando los dedos de su mano con la diestra.

Líneas: 31





Hablo  | Narro | Pienso
Pocos minutos habían pasado entre la broma de Jhin con la taza de chocolate hirviendo y la llegada de los deliciosos platillos por parte del local. Dos platos relucientes con una porción perfectamente cortada del pie y una bolita de helado de vainilla justo por encima, derritiéndose sobre la masa del postre en sí. Fascinante y delicioso a simple vista, estaba segura de poder comer más de uno. ¿Alguna vez me he equivocado? Sonrió ladina al muchacho, esperando que diese el primer bocado. Recién dio el primero bocado soltó una risa pues en parecía no querer dejar nada sobre el, lucía casi igual a un niño comiendo helado a escondidas de su madre. Deberías darle un beso, seguro le gustas y te corresponde. Sus pensamientos la empujaban a hacer aquello que jamás había hecho y tanto temía. No ahora. Se dijo a si misma mientras simulaba asentir y sonreír.

Pero él no parecía dar indicios de algún día, un sencillo beso en la mejilla le bastaba para saber que no era más que otra amiga en común y, en un suspiro, supuso que así estaba mejor. Me alegra que te haya gustado. Bajó la voz poco a poco, dando pequeños bocados del postre que no había ni siquiera tocado. Tragar se le dificultó justo en el momento que continuó hablando, qué debía decir y por qué le estaba diciendo eso? Que tan contradictorio le seguía resultando todo. A mí también me alegra, creo que nunca había tenido la oportunidad de decirte que disfruto mucho estar contigo, sea como sea. Aceptó la mano ajena, apretando con una ligera fuerza como queriendo suprimir los nervios, de hecho ni siquiera optó por mirar más que el platillo a medio acabar.

El estómago lo tenía hecho un nudo, uno donde la comida no pasaba y nervios tenía de que fuese devuelto, pero no. En… Ajá, en fin… Tomó una última rebanada del pie con algo de helado derretido mirando de puro reojo a Jhin. Mira niño, te quedó un trozo. Indicó con el índice pedacitos del pie en la comisura del labio, era muy tierno. HAZLO. Apretó ambos labios y negó ligeramente, limpiando la zona con el pulgar y posterior a ello plantar un beso justo en ese mismo lugar, tentándose a ir un poco más lejos. Todo se basaba en una estadística de 50/50, 50 de positivo, 50 de negativo y el terror de saber que podía ser cualquiera de los dos le hervía la sangre de nervios, ansias y todo sentimiento ligado.

Los minutos comenzaban a pasar mientras ella sonreía para sus adentros pensando en qué hubiese pasado si ambos labios se tocaba, el cómo hubiese reaccionado de manera positiva o negativa (cosa que le sacó poco a poco la sonrisa.) ¿Se te apetece irnos o quieres lamer un poco el plato? Se mofó jalando su mejilla con una risa en medio. Además de que se está haciendo tarde, siempre puedes quedarte a dormir en casa si te apetece. Aportó encogiéndose de hombros, el codo sobre la mesa y la mejilla sobre el puño esperando una respuesta por parte del muchacho, debía darle su tiempo para que procesara cada palabra.

Líneas: 33.



HablarPensar — Narrar —

Sus labios estuvieron tan cerca. Pero cerca no es suficiente. en lo absoluto. Le habría gustado recibir un beso, uno de verdad, pero al mismo tiempo pensaba en que, quizás, ella no quería que su primer beso tuviera lugar en la tienda de postres. No, creo que ha sido suficiente pie por el día de hoy. contestó mientras tomaba un par de billetes y lo dejaba sobre la mesa, como propina, antes de colocarse de pie. Y si, me agrada la idea de ir a tu casa. claro que si, bandido. En especial porque la mía queda al otro extremo de la aldea y no creo que pueda caminar luego de esta comida. su mano estaba extendida hacia Khára, ofreciéndola para que pudiese deja su puesto y se marcharan de allí.

No supo cuanto tiempo habían pasado allí dentro, pero si que fue un buen rato. Las calles estaban completamente solas y la única señal de actividad venía del negocio en el que se encontraban. El sol había desaparecido tras el horizonte y ahora solo quedaba la luz de la luna para guiarles de regreso a casa. También estaba el clima que, a esa hora, era increíblemente frío. Ten, no quiero que te resfríes... no soy muy bueno que digamos con eso de cuidar a los demás. exclamó el chico luego de ofrecer el abrigo que había traído junto a él para la cita con la única intención de dárselo a Khára cuando llegase el momento. Bien pensado, chico.

Ya listos, el par de tortolitos iniciaron la caminata hacia el hogar de Khára con el fin de pasar el resto de la noche. Jhin, ya sin miedo a lo que podría o no ocurrir, buscó la mano de Khára con la propio, encontrando la misma para así entrelazar los dedos. Espero que no te moleste, es que tiendo a perderme en estas calles. mintió él como parte de una broma. La mano de su crush estaba muy fría, contrastaba con lo calentita que era la piel del Suneku en ese momento, pero se sentía... interesante. ¿Quién habría pensado que podrían ir así, agarrados de la mano? Puede que todo el mundo, si, pero al menos eso no pasaba por la cabeza Jhin, tan inseguro de si mismo que la había tomado unos cuantos años el pedirle una cita a Khára.

Por su cabeza no pasaba ni un solo tema interesante para discutir mientras caminaba y... es que en realidad no quería hablar. La noche era demasiado perfecta como para ser interrumpida con alguna de sus estupideces. Es decir, tenían toda una aldea colgante para ellos solos, en plena noche bajo la luz de la luna y las estrellas, no había lugar para un mal chiste o para alguna historia, en especial porque ambos lo sabían prácticamente todo del otro. Lo que si les interesaba, o interesaba en el caso de Jhin, era llegar a casa y ver si tenía las agallas para dar el primer paso.

Líneas: 29





Hablo  | Narro | Pienso
¿O porque te da nervios quedarte a solas conmigo? Intuyó en mofa, aceptando con una sonrisa pícara y divertida la mano que se aproximaba, lo cierto es que ella también se hubiese puesto tan nerviosa como él o peor aún. Estoy segura de que mi madre hizo algo con pescado, de todas maneras, no veo que tengas hambre por ahora así que no me preocuparé de ti hasta que vea que me molestas lo suficiente como para callarte la boca. Pausó, aquello sonó mal. Con la boca. ¿Qué? CON COMIDA. Fue algo tarde, ya se había puesto tan roja como un tomate maduro y qué duro fue para ella continuar el camino a casa.

Una brisa fresca basto para que la piel se le erizara pero para eso, Jhin siempre estaba ahí. Debes aprender de mí con lo mucho que te cuido. Aceptó el abrigo con un mano, colocándolo encima de sus hombros como si de una cobija se tratara, aunque a fin de cuentas con la altura de Jhin podía ser aún más que una cobija. Con la mano entrelazada a la del albino, y el aroma del mismo por medio del abrigo sentía que esto no podía ir mejor, aunque sin dudas faltaba algo… ¿Y si lo hacía? ¿Significa que soy el hombre aquí? Siempre me toca cuidarte y hacerlo todo yo. Soltó la carcajada aferrando el brazo del caballero nuevamente hacia su pecho, les había tomado cinco años llegar a esto sin un beso y aún así no quería imaginar cuánto más para la tercera o cuarta base.

El camino a casa se le hizo particularmente extenso pero en compañía de Jhin no resultaba incómodo de hecho, era aún más cálido y ligero. Al no haber un tráfico real de personas, la puerta de su casa estaba cada vez más cerca hasta el punto de tocar la perilla de la misma. ¿Te quedarás a dormir? Cuestionó sin mirarlo, estaba muy ocupada abriendo la puerta que el tema de conversación salió para eso, hacer un tema de conversación casual. Mamá dejó de esas revistas que te gustan en la mesa, puedes leerlas mientras te traigo algo de beber. Ofreció como buena anfitriona que era, dejando pasar al albino en su casa.

Una vez el cuerpo del joven entró a su casa, procedió a cerrarla y hacer justo lo que se había propuesto. Su casa constaba de un pequeño recibidor con percheros y un lugar justo para colocar los zapatos, su madre detestaba el piso lleno de tierra. La alfombra es nueva, ten cuidado. Señaló la sala justo después del recibidor, en sí, todo su hogar eran dos pisos de una buena madera de roble, lo más destacable era la chimenea y los sofás rojizos, acolchonado y ubicados estratégicamente junto al fuego, su cocina (y donde se encontraba llenando un vaso de agua) estaba en el cuarto lateral con una preciosa mesa en medio.

¿Quieres algo más aparte de agua? Inquirió colocando el vaso lleno sobre la mesa de su sala, justo al lado de las revistas que la peliverde ya le había ofrecido al joven.

Líneas: 32.



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Khára era una de las pocas personas que podía bromear de aquella forma con Jhin y salirse con la suya, daba igual que tan pesada pudiese ser o no, hasta era capaz de reír junto a ella. Pero sí, unas cuantas bromas en el camino alcanzaría para hacer tiempo y llegara a la casa de Nelliel, momento en el que surgió la pregunta de la noche. ¿Se quedaría o no junto a ella? Un poco obvio, creo. Claro, como te dije, estoy muy lejos de casa. respondió mientras daba un vistazo al interior de la casa. El lugar estaba bastante limpio y es que claro, si Khára no podía soportar algo de suciedad a su alrededor, ni imaginar como sería su madre.

Quitarse las zapatillas fue un acto instintivo para Jhin quien, con la inseguridad de toda persona al visitar una casa ajena, se acercó al sofá más cercano y tomó asiento. Él escuchó cada palabra de Khára a la perfección, pero no se atrevió a mover un dedo debido a lo sobrecargada que estaba su cabeza en ese preciso instante. Es un beso, maldita sea, ¿por qué le das tantas vueltas al asunto? pensó con la mirada puesta sobre las revistas. No era capaz de leer que decían las portadas, todo parte de la disputa que se llevaba a cabo entre su corazón y su cerebro. Claro que es la gran cosa, un beso lo dice casi todo. Ella podrá saber si eres o no el indicado, debes tener cuidado. tembló de miedo, Khára se acercaba.

Llevaba el vaso de agua que había prometido y terminó por colocarlo en la mesa, justo frente a Jhin. El chico lo tomó y se aseguró de tomarlo con calma, escuchando las palabras de las chicas trago a trago. Cuando ya no había más, colocó el vaso de regreso en su sitio y miró a Khára de pies a cabeza. A la mierda. decidió no pensarlo ni un segundo más. Se colocó de pie y rodeó la mesa con calma hasta estar frente a ella. Era muy alto, al menos veinte centímetros superior y ahora se notaba más que nunca... tan cerca él uno del otro sin nada que pudiese distraerlos. Las manos del chico se movieron con sigilo por detrás de ella, rodeando la cintura y obligándole a recortar la poca distancia que había entre uno y otro. Sabía que la temperatura estaba cerca de los cero grados pero ahora mismo abundaba el calor. Cruzó miradas con Khára durante dos segundos muy cortos, ofreció una sonrisa y, "sin previo aviso", besó sus labios.

Lo que pasó en la cabeza de Jhin puede entenderse como mil explosiones, simultaneas, en pleno terremoto. Todos los momentos que había compartido junto a Khára se amontonaron sobre el diminuto espacio de tiempo que ocupó ese primer beso, agregando aun más valor a un momento que ya de por sí lo significaba todo para él. Los labios ajenos se sentían suaves al contacto, fríos debido a todo el tiempo que pasaron en la calle y, en resumen, todo lo que Jhin había soñado. Lo siento. susurró tras separarse ligeramente, negando cualquier tipo de respuesta a la chica puesto que otro beso llegaría un instante después. Uno más largo y pasional, acompañado por la diestra del Suneku que se apoyaba ligeramente sobre la mejilla de Khára, ofreciendo una caricia. El cabello de la chica rozaba la mano del chico y le erizaba la piel, era una sensación extraña pero para nada incómoda, más bien... le gustaba. Permitía que cayera sobre ellos dos y cada desliz sobre él le alertaba, le obligaba a seguir en movimiento, a mantener con vida un momento por el cual pasó esperando años. Un momento que valía cada maldito segundo de su vida.

Líneas: 37





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En su cabeza rondaban mil cosas con nombre “Jhin” marcadas en cada una, quizás por eso había pasado desapercibida el temblor del muchacho al momento de entregar el vaso o ese extraño movimiento al levantarse con una sola ruta: ella. Justo en ese momento se quedó inmóvil, ¿qué trataba de hacer? Para cualquiera hubiese sido lo obvio, pero para Khára que desconocía por completo los sentimientos del albino (o que en cierto modo se hacía la ciega) se le dificultó por conocer las intenciones a simple vista. Las manos ajenas rodearon su cintura con delicadeza, obligándola a acercarse con un par de pasos torpes. ¿Y bien? Se preguntó a si misma aunque ni siquiera su yo interno tenía una respuesta clara o un porqué de su pregunta. Lo que pasó a continuación no fue más que un sentimiento tan extraordinario que obligó a su corazón a palpitar con fuerza, y no solo eso, las manos le temblaban y justo aún después de del primer beso y la diminuta separación el labio inferior también temblaba.

Su mente estaba en blanco y su cuerpo solo hacia reacciones de manera lenta, muy lenta. Ni siquiera pudo entender lo que el albino decía y hasta poco después notó el segundo beso en camino. Haz algo idiota. Y como si de un pellizco para regresar a la realidad se tratara, sus reacciones volvieron a su estado normal, quizás un poco más rápidas pero concretas; procedió a rodear el cuello de Jhin con ambos brazos intensificando poco o más el segundo beso apasionado, ese que tanto había esperado por darle en… ¿Cuánto tiempo había pasado ya?, ¿cinco años? Que sencillo había sido y qué estúpidos que eran ambos.

Se dedicó a acorralar a paso lento y seguro el cuerpo de Jhin sin soltar su agarre o el beso, su destino fue el sofá o más específicamente, el del Suneku. Ella tan solo había decidido sentarse en el regazo aprovechando la cercanía y acorralando al mismo con las piernas en ambos costados de su cuerpo. No veo motivo para que te disculpes… Masculló segundos después de separar sus labios con una ligera mordida al inferior del contrario. El sentimiento era extraño pero no le quitaba en nada lo maravilloso que podía sentirlo, le recorría todo el cuerpo y quería cerciorarse de que él también pudiese sentir lo mismo que ella sentía.

Dejó que los minutos pasaran observando los ojos del albino, eran claros, probablemente más claros que los propios pero podía verse reflejada en ellos con un fuerte rubor en las mejillas, dándole el aspecto de una niña enferma con lo pálida que era. Se me hace difícil pensar que era algo que desde hacía ya mucho tiempo quería hacer y recién hasta ahora lo vaya logrando. Río, pero de muy mala gana antes de tomar su mentón y besar la punta de la nariz. Porque si, porque me gustas. Las palabras fluían como un río pero a decir verdad, no le importó.

Líneas: 31.



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La chica guió a ambos hasta el mueble, terminando sobre el regazo de Jhin. Él dejó que los minutos pasaran mientras le abrazaba, sintiendo la calidez de su cuerpo y sus palabras. ¿Cómo es que no había dado el primer paso antes? Era obvio que se gustaban, que aquel sentimiento no iba en un solo sentido y que valía la pena intentarlo con tantas probabilidades de ganar. Te entiendo perfectamente. respondió él mientras colocaba ambas manos sobre las piernas ajenas. Mientras más repetía aquella acción, más se "emocionaba", y la posición de Khára no hacía más que incrementar esa sensación que tanto estaba disfrutando.

Observar como ella, a pesar de estar tan nerviosa como su propio rostro lo indicaba, iba hacia delante sin siquiera pensarlo le encantaba. Era la misma Khára llena de confianza a pesar de las circunstancias adversas que veía día a día en misiones o entrenamientos, la Khára de quien se había enamorado. Logró apartar la mirada de la vista ajena y, nervioso, se aventuró a otras partes de su cuerpo. Es tan... blanca... ese y otros comentarios bastante obvios se pasearon por su cabeza, pero todo se resumía en una sola frase: su cuerpo es una bendición.

No quería presionarle, pero se sentía muy... atrevido, ahora mismo se llevaba a cabo un combate en su cabeza por lo que creía era correcto y lo que no. Mientras tanto, dejaba que su cuerpo tomase todas las decisiones. Ambas manos subieron lentamente hasta el rostro de la chica, contrario a la temperatura, que parecía elevarse a mil grados en un par de segundos. Le acercó hacia él con la delicadeza que le había caracterizado durante toda la noche y depositó otro beso en sus labios, uno más seguro y duradero que el primero. Sentía como ella se deslizaba lejos de él debido a la posición en que se encontraba y esto no le agradaba en lo absoluto; sin romper el beso, llevó las manos hacia la parte baja de los muslos y le alzó hasta quedar tan cerca de él como fuese posible.

El vestido de la peliverde se había recogido lo suficiente como para que los dedos de Jhin rozaran la piel de Khára al alzarle y esto fue como agregar fuego a un explosivo. Tentado por llevar las acciones a algo más que un beso y cegado por el tono del momento, alcanzó las nalgas de la chica al tiempo que soltaba un resoplido de excitación, muy leve, pero fácil de detectar estando tan cerca el uno del otro. Era la primera vez que experimentaba aquella combinación tan rara y exquisita de acciones y pensamientos, se negaba a parar, quería ir más allá, a por todas. Pero no podía ser un maldito animal, no frente a ella.

Su agarre se escurrió con la destreza de una serpiente hasta afianzarse sobre la espalda ajena, y por debajo del vestido era incluso mejor que antes. La piel de Khára se sentía fría al contacto, contrario a lo que el mismo Jhin sentía con cada beso o caricia que ella le daba. ¿Puedo? preguntó en un hilo de voz tras la larga sesión de besos en la que habían decidido sumergirse. Khára no necesitaba más palabras para entender esa pregunta, bastaba con el contexto en el que se encontraba para darle una razón de ser mas no estaba claro si era suficiente para dar vía libre a los deseos del chico.

Líneas: 35





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Entre la moral y la ética había exageradas diferencias, a ella le gustaba pensar cómo se veía desde el punto social ciertas circunstancias y luego analizarlas desde su enfoque personal, y a decir verdad, ahora mismo no tenía un objetivo claro para ninguna de las dos. No con las manos del albino recorriendo cada milímetro de piel sin ningún tipo de permiso o pudor para ello, desde apegarle a su cuerpo con las manos en los muslos hasta adentrarse a su espalda con unos tenues resoplidos de placer no hacían más que erizarle la piel, subir la adrenalina que podía palpar en sus venas o dar ligeros mordiscos a los labios contrarios de manera totalmente inconsciente en baile de besos que habían mantenido por varios minutos.

Aún a pesar de su actuar decidido con las yemas tocando cuello pecho y pelvis del albino, no pudo evitar tener cierto nerviosismo entre tanto y tanto, observaba de reojo el reloj de pared marcando las 8:30, las luces de la casa totalmente apagadas con tan solo la fogata como compañía… No, no era el lugar ideal. Puedes… Masculló con los labios en el oído del muchacho, haciendo una pausa muy repentina para morder el lóbulo muy suave. Pero antes, vamos a mi habitación. Quizás para alguien más la oración hubiese sonado común, pero ella con solo eso se sentía una sucia. Y le dio risa en el interior.

Se deshizo con ayuda del albino del incómodo vestido que cubría su pálido cuerpo, estaba lo suficientemente encogido que deshacerse de él no fue nada complicado. Llévame… Su voz más que la común tenía un tono placentero incluido usado exclusivamente para que Jhin hiciese lo que ella misma le había pedido u ordenado. Por ende, y sin esperar una respuesta afirmativa (o negativa) aferró sus brazos al cuello del varón, deslizando el cuerpo de manera sutil hacia arriba, cerca de la pelvis. Por favor… Volvió a mascullar muy por encima de su oído con el mismo tono anterior. Era una manera poco ortodoxa pero tenía fe en un resultado complaciente.

Sin embargo, pese al calor del momento y la compañía de la fogata su piel se mantuvo tan fría como de costumbre, lo único que mantenía una temperatura ambiente eran sus manos, mismas que habían estado aferradas al cuerpo de Jhin en todo momento, difícil hubiese sido para él lidiar con un par de cubos de hielo merodeando por su pecho y espalda, justo como ahora. La derecha vagabundeaba sin rodeos por el pecho, acariciando ligeramente con las yemas, a veces con las uñas, ¿y por qué no con ambas?

No sentía frío pero aquello había sido la excusa perfecta para acurrucarse en el pecho contrario con los labios dejando un camino de besos en el proceso, de esos que dejan marca entre beso, beso y mordisco. De esos que le gustaban a ella.

Líneas: 30.



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Saber que Khára estaba jugando de la misma forma que él le animaba a seguir y experimentar aun más, a probar cuales en los límites de aquella noche, deseando no quedarse con una cucharada del postre sino que hacerse con todo el pastel. Ella acariciaba el pecho del chico, cambiando sus modos de cuando en cuando a modo de juego, cada uno tan placentero como el otro. Se besaban el uno al otro sin discreción, dejando los labios como uno de los objetivos menos atractivos ahora que habían descubierto los placeres de ir a por el cuello, tan cerca de la clavícula de les causaba escalofríos.

Con ayuda del chico, la peliverde se deshizo el corto vestido, dejando su piel a la mirada del Suneku. La opinión de él ante lo que veía seguía firme: perfecta. Su piel era tan blanca, puede que más, como los brazos, piernas y cuello. Tan delicada. Bien, te llevo. susurró tomando con fuerza a la chica por ambas piernas antes de colocarse de pie. Ella seguía acurrucada sobre el pecho de Jhin, jugueteando con la piel del chico cada que tenía la oportunidad mientras él caminaba hacia la habitación. Sabía muy bien donde se encontraba, ya había estado en ese lugar, por otras razones como sería de esperar, así que no necesitó instrucción alguna para dirigirse al segundo piso y abrir la puerta indicada.

El cuarto estaba sumergido en una oscuridad casi absoluta, cosa que a Jhin le pareció oportuna pues no deseaba tener los focos sobre él. Tan solo la luz de la luna se filtraba por las ventanas que, interrumpida por cortinas semitransparentes, no hacía su "trabajo" del todo bien. Sin siquiera agotarse por el recorrido, Jhin tomó asiento sobre la cama de Khára, mucho más cómoda que la propia y permitió que ella adoptase la misma posición que tenía en el sofá.

+18:
La pena y el nerviosismo habían quedado atrás, o abajo para ser más exactos, allí en la habitación, en la seguridad de la penumbra, Jhin estaba muy seguro de sí mismo. Llevó ambas manos hacia la espalda de Khára y tanteó la piel hasta conseguir los broches del brasier, deshaciendo el agarre en tan solo un par de movimientos. Sostuvo los tirantes durante algunos segundos, aún sin revelar el busto de la chica y acercó sus labios a los ajenos para formar un beso muy ligero, casi imperceptible. Tras ello, retiró la prenda para así arrojarla a quien sabe donde.

Si bien se podía ver poco y nada ahí en la habitación, Jhin creyó que podía verlo todo y más. Sin pena a sucumbir a sus deseos, el peliblanco tomó ambos senos y apretó ligeramente antes de ir a devorar sus labios en un acto sin mesura ni templanza, rozando lo excesivo. Sus labios descenderían lentamente, distinto a lo que había mostrado en un comienzo, hasta colocarse sobre la clavícula donde depositaría al menos una docena de besos largos y cortos.

El descenso continuaría tal y como lo tenía planeado, llegando a donde quería desde un principio, el pecho ajeno. Una de sus manos, que luego de aquel acercamiento inicial se habían mantenido en la parte baja de la espalda, iría hasta el pezón derecho para apretar sin mucha fuerza. Era un acto instintivo, solo una minúscula parte de él sabía que esto le excitaría a Khára y podría endurecer el pezón, cosa que logró en tan solo un instante. No hubo palabra alguna durante aquel momento, en especial por parte de un Jhin cuya mente estaba casi en algún otro rincón del mundo.

Excitado, ansioso y con todos los medios para satisfacer sus deseos, Jhin alzó a Khára un par de segundos después, dejando su pecho justo frente a él, dispuesto de manera perfecta para llevar el seno a sus labios sin siquiera planteárselo. La sensación suave sobre su lengua era fantástica, sus manos eran incapaces de soportar lo que pasaba y se aferraban a las piernas de la chica con furia, marcando la piel blanca en el proceso. Jugueteó con el pecho de la chica durante unos pocos segundos; deslizando la lengua alrededor del pezón y chupando el mismo hasta que escuchar el gemido de alerta por parte de Khára, ese que le pedía dar un poco más de atención al otro.

Líneas: 44





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