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Bienvenido al foro de Shinobi’s Justice, esperamos que tu estancia en el foro sea agradable y lo encuentres entretenido.

Shinobi’s Justice es un foro de rol interpretativo basado en el mundo y la ambientación de Naruto, donde el usuario tiene total libertad para crear el personaje que desee, sin que le falte rol.

El foro posee un equilibrado sistema de subida de parámetros y rangos que permite que se vea una progresión constante, e infinidad de opciones para que el personaje sea único. ¡Te invitamos a comprobarlo por ti mismo!
El ocaso cae en Daichi, y la noche comienza a reinar. En el palacio del feudal, tras meses de planficación, Hikari Aika, feudal de la nación del fuego, aliada con las naciones de la nieve y la tierra, acuerdan terminar definitivamente con los estados practicantes del Shuha Shinto. Los soldados marchan, liderados por sus mejores generales y con pertrechos suficientes para entrar en una cruel guerra. Samuráis, soldados, y ninjas han sido llamados por igual. La guerra se ha desatado, solo queda esperar que no lo consuma todo.

Sin embargo Hikari Aika no marcha con sus tropas. Por primera vez, decide quedarse en su palacio, rezando en el templo de Amaterasu. Es el día de su veinticinco cumpleaños, y espera pacientemente a una sombra del pasado.


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ENLACE AL ÍNDICE DE TRAMAS
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Es la estación del año más cruel y desgarradora, comprendida entre otoño y primavera. Comienza el día 13 de Node y termina el último día de Gami.

Los días ahora tienen tan solo ocho horas de luz al día, disminuyendo cada vez más cuanto más avance la estación, llegando hasta tan solo cinco horas de luz. La temperatura baja en todas las regiones de Daichi, volviéndose un clima frío, desolador. Los días en la Nación del Viento ahora son más agradables, sin embargo al caer la noche el frío se vuelve casi tan insoportable como en la Nación de la Nieve, la cual, ahora experimenta constantes tormentas que cubren todo el país, salvo en la península. Todas las naciones se resguardan ahora del frío, pues los días y las noches son insoportables. Se dice que en los inviernos los yokais proliferan y cubren más el mundo de los humanos.

Precipitaciones constantes en forma de nieve, lluvia, o granizo, descargando en forma de tormentas de nieve cuando el frío se vuelve insoportable, o incluso en granizo en la Nación de la Nieve. Cuanto más se acerca a la primavera, menos frío hará, sin embargo eso no quita lo horrible que de las precipitaciones, que dependiendo del año algunas islas de la Nación del Agua pueden inundarse, y los refugiados ir a la capital hasta que termine la estación.

Los árboles pierden sus hojas hasta quedar en solo un tronco cubierto de nieve, en el mejor de los casos la nieve cubre las hojas y estas aguantan hasta primavera. Sin embargo las bosques de las Naciones del Fuego y la Hierba logran aguantar estas horribles temperaturas sin perder apenas hojas, algo que otros países no logran entender.
¡Bienvenidos a Daichi Magazine, la revista oficial de Shinobi's Justice! En esta revista podréis encontrar entrevistas a diversos usuarios ganadores de awards o cuya participación en una trama haya decantado la misma. Resúmenes de tramas y eventos, y anuncios anticipados de tramas próximas. ¡Si quieres verlas todas, solo haz click en la imagen que hay debajo!

Daichi Magazine
¡Ha habido una enorme actualización en el foro! Ya ha pasado un año desde que abrimos nuestras puertas para mostrar Daichi y todo aquello que lo engloba este pequeño universo, y queremos agradeceros a todos por apoyarnos en este ambicioso proyecto.

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Como habéis podido observar la estética del foro ha sufrido un cambio bastante importante con respecto a la que hemos tenido el pasado año. La gana de colores claros ha dado lugar a una combinación cromática nueva, usando colores que permitan un mayor contraste.

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Modificada la guía de ambientación y cronología, dejando enlaces, descripciones y todo mejor redactado en un solo lugar. Añadido el F.A.Q ambientativo a esta misma guía.

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Nuevo tablón de anuncios que condensa toda la información que había anteriormente en el anterior, más la propia del banner.

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Modificadas las técnicas básicas de la academia para un mejor balance, añadida la técnica de invocación.

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Han sido añadidas las historias y modificado por completo los resúmenes de los 31 clanes y artes que tiene el foro.

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Creado el sistema de profesiones que tanto se pedía, sin embargo este es añadido como algo narrativo y con lo que ganar un poco de dinero. ¡Tenéis más de 100 puestos para escoger!

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El inventario ha cambiado por completo, siendo un precioso y útil código creado por nuestro diseñador, que facilitará mucho las cosas de ahora en adelante.

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Añadida la raza ''Poseído''. que efectivamente hace que en un porcentaje un ser del otro mundo os posea y tome control sobre ciertas acciones.

¿Por qué no te animas a verlo todo por ti mismo? ¡Solo tienes que hacer click a este enlace!

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Tal y como esperaba, su querido y asilvestrado maridito profesional había entrado en la estancia con unas infinitas ganas de recibir un castigo.-Byakko, se llama a la puerta antes de entrar.-le reprendió, pluma en mano, mientras trataba de cerrar los últimos cabos sueltos de su inminente viaje.-Dos veces, para ser exacta-sumergió la punta del utensilio en el tintero, la humedeció con la espesa substancia azulada y garabateó en el dorso de una hoja lo que bien podría ser una sentencia de guerra o una invitación a tomar el té.-La primera, para asegurarte de que esa persona que buscas se encuentra en la habitación.-depositó la estilográfica sobre la mesa de sábalo, justo a su izquierda, y alzó la mirada con exagerada lentitud y dramatismo en dirección al recién llegado; resopló. No se molestó en ofrecerle un asiento: todo el mundo sabe que a los perros, por educación, hay que dejarlos esperando en la puerta.-La segunda, para cerciorarte de que la persona que buscabas y has localizado desea que, precisamente , la encuentres.-¿tan difícil era comportarse de manera civilizada? Por supuesto, tratándose de aquel gigantón terco y zafio, la respuesta era un monosílabo, rotundo y enorme sí.-Oh, Byakko, menos mal que, lo que te falta de materia gris, lo compensas con una buena dosis de exagerada musculatura y gruñidos ininteligibles.-lo consoló, a su distintiva manera, con un premeditado y ensayado tono conciliador. Le miró con la misma estudiada y tácita lástima con la que una madre contempla a su hijo comerse los mocos o un dueño observa a su perro ladrarle alelado a la luna.-Toma: échale un vistazo a esto.-repuso, conciliadora, a la par que le tendía un papelito pulcramente doblado en cuatro mitades.-Y no lo arrugues, muerdas o babees.-añadió, frunciendo las cejas en un profundo y teatral mohín de pura preocupación que bien podría haber pasado por cierto si no fuera por la sonrisa vaporosa que se asomaba a la comisura de sus labios. De todas formas, nunca me han gustado las novelas dramáticas. Prefería las de temática oscura.

Apoyó ambos codos sobre la mesa: el chocar de dichas extremidades hizo crujir la madera. Los labios de la mujer se apretaron: se preparó de antemano para su violenta reacción. Como era de esperar, la misión de carácter peculiar que les habían asignado a dedo no despertó las pasiones del intelecto primitivo y alcalino de su compañerito.-Oh, vamos, Byakko... no te pongas así.-musitó con mal fingida pena.-Ya sabes bien cuánto detesto tener que ser yo la que siempre te dé todas las malas noticias: me parte el corazón.-su tono de voz fue tan modesto que no era posible vislumbrar ninguna pista que ayudase a discernir si se estaba burlando de él o hablaba en serio. Como una buena artista, se puso en pie con la versada calma de una boca que se prepara para abalanzarse sobre su víctima; apartó la silla con recelo, casi mimo, y se dirigió muy lentamente en dirección a su preciado invitado.-Oh, vaya, se me ha olvidado ofrecerte una taza de té.-la consternación casi sonaba sincera: iba mejorando. Torció la boca en una suerte de media sonrisa, se echó el Erhu a la espalda y salió antes que Khervo de la redondeada estancia. Las mascotas detrás de sus dueños, por favor.-Qué cabeza la mía, ¿verdad?-soltó una risilla magnánima, encantadora, y así dio comienzo la marcha rumbo a las afueras de la nación, donde se les había encomendado prestar especial atención a un individuo non grato que merodeaba de calle en calle en busca de algo. Personalmente, Sheru no encontraba intrigante, ni mucho menos estimulante, que te dieran el misterio resuelto; conocer de antemano los detalles referentes a las cinco preguntas básicas que todo buen lector debe ir resolviendo a lo largo de una novela estropeaba el final. Acudían al pueblo en cuestión con el epílogo destripado, y eso la ponía muy mal humor.-Byakko, vamos a subir a un carromato; hazme el favor y trata de no dar la nota sacando la cabeza por la ventanilla.-y ahora sí se coló la aspereza en sus palabras. Con alguien tenía que pagar su frustración, ¿no?

Mientras aguardaban por el rudimentario vehículo, le escuchó lo que tuviera que decir con actitud imperturbable: sus facciones se mostraron tan impasibles que casi parecían una parte más del decorado de aquella pantomima. Cruzó los brazos por delante del pecho: sus ojos se fijaron en los de él.-Si te portas medianamente bien, luego te compraré un helado, ¿vale?-le prometió con gesto maternal. Hasta se permitió alzar unos centímetros la mano derecha y darle un par de benévolas palmaditas en el antebrazo.-Buen chico, buen chico.-oh, vaya, se había excedido de nuevo. Justo entonces, el repiquetear de las ruedas del carromato contra el camino y el retumbar de los cascos de los caballos anunciaron la llegada inminente del transporte.-Odio viajar: siempre se me encrespa el pelo.-se lamentó con gesto miserable. ¿Que si se cansaba en algún momento de exagerar y exacerbar hasta el más ínfimo y ridículo de los detalles? Seiryu encontraría descortés y poco lúcida la pregunta. Ya deberías saber que no. La diligencia de caballos se detuvo frente a las dos pintorescas entidades sin fórmula alguna de cortesía: no hubo cocheros preocupados de su comodidad ni disculpas por la tardanza. Casi sintió compasión por el conductor: tenía entre sus manos la oportunidad de pasar de personaje cuaternario a terciario y la había dejado escapar como quien no quería la cosa. La ambición era contagiosa, pero los primeros brotes de inmunidad comenzaban a germinar en la sociedad; cada vez más personas renegaban de su minuto de gloria y se conformaban con el triste asiento del espectador. No le sorprendería que ni se hubiese dado cuenta de que acababa de ser suprimido de su próxima novela, de perder el único papel importante que, seguramente, podría desempeñar a lo largo de su miserable y patética existencia.-te lo pierdes.-siseó para sus adentros, revelando la ponzoña adherida a sus cuerdas vocales, su naturaleza viperina. Se acercó al carromato con pasos cortos y calculados: no tenía muy claro cómo conseguiría escalar hasta sus asientos de cuero viejo y sudado. Quizás, lo único que desearía tener la ocasión de reprocharle al escritor de su propia historia era el no haberle dado un par de centímetros más de estatura. Tendré que esperar a una nueva edición.
65 líneas.
MISIÓN:
Nombre: Ajeno a la Hierba. (Disponible solo una vez)
Rango de la misión: D.
Paga de la misión: 1000 Ryous.
NPC de Staff: No permitido.
Lugar: Kusagakure no Sato.
Número de post: 50 líneas.(Calibrí,11).
Descripción: El encargo es curioso, la misión estaba encima de la mesa del despacho de Kusakage, la idea es viajar hacia la zona de las afueras e investigar un pequeño pueblo transitado, supuestamente hace cosa de algún tiempo lleva apareciendo una persona encapuchada por el sitio, se cree que es un ninja rival a nuestra aldea, Tu tarea no es interactuar con el sino observarle y obtener la mayor información referente a este individuo, busca donde se hospeda y entra sin ser visto cuando no esté ahí, todo dato es relevante y puede ser condicionante a futuro, una vez hayas recolectado los datos más prioritarios entrégalos en el despacho.
Ataviado como resultaba costumbre con su pesada armadura metálica, lacada en profundos y oscuros colores, sembrada con el hedor a sangre coagulada y con la terrible máscara mortuoria colgada del cinto, Khervo se encaminaba a la oficina de aquella pusilánime chiquilla que de nuevo, volvía a estar bajo su cargo. Cargando con su mandoble en la zurda, agarrándolo mas allá del mango, directamente sobre el filo e inclinandolo hacia delante para evitar  que quedara emponzoñado por la porquería del suelo. Ya ante la puerta no dudo un instante y la abrió de par en par de un violento impulso, haciendo que esta chocase contra algún objeto sin importancia de la habitación en un estrépito repentino. - Byakko, se llama a la puerta antes de entrar.-  Ignorando sus dardos cargados de malicia, Khervo paseó la mirada descubierta por la habitación pulcramente ordenada de su insufrible compañera hasta hallar una silla en la que posar con sumo cuidado el mandoble, como si fuera el quien necesitara descanso y no él mismo. -La primera, para asegurarte de que esa persona que buscas se encuentra en la habitación. - Y cuando el monstruoso mandoble estuvo erguido sobre la silla, con la pronunciada y afilada hoz sobre el asiento y el resto del arma sobre las cabezas de ambos, Khervo se giró parsimoniosamente para observar a aquella intentona de mujer dando reprimendas a sus mayores, dedicándole un gesto seco, provisto de la atención desapasionada del ajeno espectador. Quiso dejarla terminar. -La segunda, para cerciorarte de que la persona que buscabas y has localizado desea que, precisamente tú, la encuentres.- Carraspeó sin apartarle la mirada, con la cabeza torcida y gacha por la dificultad que le suponía mirarla a los ojos desde sus alturas. Así pues, se agacho produciendo un quejido de esfuerzo fingido.

- Si la gente quisiera ser encontrada por mi no querrían ser encontrados nunca mas, niña Dijo, o mas concretamente, escupió con un tono despectivo y evidente. Luego, se reincorporó y se apoyó sobre el escritorio mientras observaba el escaso techo de aquel zulo inhabitable que le habían concedido a Seiryu como despacho. No sonrió siquiera al hallar oportuno darle una minúscula habitación a un homúnculo como lo era su impuesta compañera, aunque le hizo gracia.

- Oh, Byakko, menos mal que, lo que te falta de materia gris, lo compensas con una buena dosis de exagerada musculatura y gruñidos ininteligibles.- De nuevo, aquel tono condescendiente y falso que solia utilizar en un insulto velado. Ni siquiera la miró.

- Alguno de los dos tiene que aportar algo, Seiryu. - Dijo justo al pasar la zurda sobre su mandíbula recta y severa, reconfortado en no hallar marcas algunas de sangre o despojos diversos en su cara.

-Toma: échale un vistazo a esto.- Dijo, al ofrecerle un misero papelillo metódicamente doblado sobre sí mismo y aun mas delicadamente escrito. Khervo ladeó la mirada con indiferencia y le arrebató el mensaje a Seiryu de las manos en lo que a él le resultaba un movimiento calmo y a otros tantos, especialmente a la quisquillosa de su compañera, un gesto burdo, violento al fin y al cabo. -Y no lo arrugues, muerdas o babees.- Ahí si sonrió levemente, con un gesto torcido engendrado por la incredulidad.

- Sin prisas. Por mucho que yo haga ya esta envilecida por tu propia bilis, Seiryu. No creas que no me fijo. - Remató justo como lo hace cada tarde en la plaza de Kusagakure: con un tajo descendente y sin filo a la altura del cuello. Sin sangre, solo un chasquido ensordecedor, muchos aplausos, vítores suficientes... ningún reto.
El contenido del mensaje sin embargo no fue del agrado directo del verdugo, que se dedico a leerlo con atención y a soltar malos gestos sobre lo que tenía que soportar. Era ridículo, una burla estúpida a sus capacidades ¿Es que acaso no bastaba con los públicos actos de violencia desmedida que representaba con suma regularidad para la gloria de su estúpida religión? ¿A quien debía demostrar su pulso imperturbable, su hoja ahogada en sangre en podredumbre?
- Oh joder... ¿Es que acaso tengo que llevar una puta cuenta de a cuantos mato en su nombre? - Maldijo al aire y dejó el papel sobre el escritorio de su compañera. No la miró, no se dignó a responderle en ninguna otra intentona mas por minusvalorarle u ofenderle. Con la sangre hirviendo de una rabia nacida de quien se siente en un anonimato inmerecido Khervo agarró su arma con desaire y acompañó la niña en su reparto indiscriminado de ponzoña hasta el carromato que los llevaría a su objetivo. Ofuscado, con la mandíbula torcida tratando de contener la rabia que lo impelía a desgraciar todo el puñetero carro que debía transportarlo, Khervo apretó su mandoble con fuerza y terminó por arrojarlo dentro del transporte en cuanto este se hubo detenido justo frente a ellos.

- Odio viajar: siempre se me encrespa el pelo.- Y cuando comprobó en un fugaz vistazo el problema irresoluble por la complicada etiqueta que controlaba a Seiryu como cruel comandante, Khervo lanzó un resoplido de angustia. Se acercó de un paso a ella, la agarró por debajo de los hombros y la arrojó dentro del carromato sin contemplaciones, eso si, tratando de no romperla.

- No te aceleres y seré yo quien te compre un helado, niña. - Añadió justo al subirse al carromato, el cual incluso se inclinó peligrosamente hacia un lado, amenazando con volcarse al recibir el peso del enorme ejecutor sobre él.
Se subió y dio un par de golpes a uno de los lados del carromato, unos que hicieron vibrar todo el vehículo y lo puso en marcha de un respingo.

Misión:
Nombre: Ajeno a la Hierba. (Disponible solo una vez)
Rango de la misión: D.
Paga de la misión: 1000 Ryous.
NPC de Staff: No permitido.
Lugar: Kusagakure no Sato.
Número de post: 50 líneas.(Calibrí,11).
Descripción: El encargo es curioso, la misión estaba encima de la mesa del despacho de Kusakage, la idea es viajar hacia la zona de las afueras e investigar un pequeño pueblo transitado, supuestamente hace cosa de algún tiempo lleva apareciendo una persona encapuchada por el sitio, se cree que es un ninja rival a nuestra aldea, Tu tarea no es interactuar con el sino observarle y obtener la mayor información referente a este individuo, busca donde se hospeda y entra sin ser visto cuando no esté ahí, todo dato es relevante y puede ser condicionante a futuro, una vez hayas recolectado los datos más prioritarios entrégalos en el despacho.
Parpadeó un par de veces. Con el aura de una niña a la que le acababan de decir que la habían comprometido y con el misterio de una mujer maquinando su próximo golpe maestro. Con la confusión de una esposa que no comprendía los acontecimientos que la rodeaban y con la dulzura propia del primer beso. Con la rabia que una escritora le profesaba a un personaje que le había salido demasiado zoquete. El golpe que se llevó contra la agria madera del carromato no le dolió. De hecho, en lugar de llevarse la mano dominante a la zona afectada, la deslizó hacia el hombro tocado por la bestia maleducada que llevaba por mascota y se concentró en alisar las indeseables arrugas de su vestimenta, hijas bastardas de la grosería.-Byakko, por favor, ten más cuidado.-le reprendió con esmerada severidad, con la misma postura recta y diligente, rigurosa, que una maestra adopta para reprender a sus peores alumnos. Le dirigió una mirada cargada a partes iguales de intransigencia y crudeza: le dejó claro que el profesor manda y el pupilo cumple.-Esta clase de telas se estropean con facilidad: hay que tratarlas con respeto y decoro.-sus pálidos labios revelaron una sonrisa de dientes blancos y demasiado perfectos. Hasta ella se dio cuenta de la hipocresía que suponía cuidar como a un hijo el uniforme de la religión que deseaba manchar con su propia tinta más temprano que  tarde. Volvió a esconder la ponzoña tras su exquisita carne y torció la mirada hacia la minúscula ventana del esperpéntico carromato: los paisajes anodinos suavizaron su gesto y le regresaron su aura tranquila y juguetona.-Si me vas a comprar un helado, cielo, que sea de regaliz negra. No soporto los sabores dulces: me agrian el ánimo.-contestó como quien no quería la cosa. Estaba acostumbrada a tratar con niños: era parte de su inevitable trabajo-.

-Mira, ya estamos llegando.-le hizo notar con un suave ademán del rostro.-Menos mal, porque ya empezaba a preocuparme que te entraran ganas de orinar y no tuvieras la paciencia necesaria para esperar a un momento oportuno.-oh, qué problemáticos podían llegar a ser los perros mal enseñados. Con una maniobra no demasiado elegante, el rudimentario vehículo se detuvo a la entrada del pueblo a la espera de que sus pasajeros se apearan con la mayor brevedad posible; aunque el cochero les hubiera dirigido alguna palabra, Seiryu no la habría escuchado. Un personaje tachado es menos que un hombre muerto. En aquella ocasión, logró descender sin demasiadas complicaciones gracias a su carisma natural; un campesino que pasaba por los alrededores la descubrió escrutando, ceño fruncido en alto, la distancia que separaba sus minúsculos pies del suelo y se ofreció enseguida a tenderle una mano.-Déjeme socorrerla, señorita.-el tacto de la piel rugosa del desconocido contra su inmaculado kimono casi la hizo retorcerse del asco: nadie te ha dado líneas en esta escena, miserable. No obstante, mantuvo el gesto impertérrito y una suave sonrisa apoyada, que no dibujada, en la comisura de sus labios de lirio.-Es usted muy amable, caballero; lamentablemente, no puedo decir lo mismo de mi maridito.-se permitió añadir un tímido mohín a su máscara. Casada con un mentecato, pobrecita de mí. Bajó los escalones conteniendo el aliento -y el asco, para qué callarlo- y le dedicó una impávida inclinación de cabeza al amable extra. Ni nombre te pondré. Sin molestarse en averiguar si Khervo le seguía de cerca, desfiló por las desérticas calles del poblado haciéndose con sus secretos, rutas y pautas; estudió las posturas torcidas de los edificios, la mala disposición de los mercados y los puntos clave en los que un espía podría sentirse como en casa vigilando a los transeúntes. En un balance general, el lugar no era la gran cosa. Un escenario de paso, como mucho; sin detalles particulares, genérico-.

Finalmente, la posada “Reposa la Cabeza” apareció ante sus ojos como una rata en una alcantarilla: no le sorprendió ni su mal estado ni los tablones de madera que lucía por ventanas. Podía irse olvidando de disfrutar de una buena taza de café... de hecho, dudaba hasta de que poseyeran alguna clase de té mediocre.-Byakko, no muerdas.-ordenó antes de empujar la astillada puerta e introducirse en el interior del destartalado establecimiento. Se llevó una mano a la altura de la nariz y la mantuvo ahí, repeliendo el mal olor, durante todo su trayecto hasta el escritorio de recepción.-Buenos días.-saludó dulcemente, a la par que entornaba con mucha levedad los párpados para enfocar con mayor claridad la figura encorvada que tenía delante. En todas las historias tenía que aparecer un anciano, desde luego.-¡Oh! ¡más visitantes! Últimamente estamos pasando por una buena racha, ¿verdad, Riko? Es una pena que mi pobre esposa ya no esté aquí para verlo... ay, cómo me habría encantado invitarla a cenar y bailar para celebrarlo.-al parecer, les había tocado uno del tipo enternecedor.-Lamento su pérdida, señor.-añadió un deje de cortesía a su proceder, buscando así ganar su confianza.-A mi maridito y a mí nos encantaría ocupar la habitación número tres: nos conocimos allí hace muchos años y, como estamos celebrando nuestro aniversario, nos pareció entrañable la perspectiva de pasar la noche en el mismo lugar en el que toda la magia empezó.-afirmó convencida, casi sonando sincera. Si se le escapaba algún deje de falsedad no era su culpa: fingir una relación, mucho más un matrimonio, con semejante mole de estupidez le parecía una crueldad innecesaria hacia sí misma.-Oh, no saben cuánto lo lamento... actualmente un joven se está hospedando en esa en concreto. Pero les puedo ofrecer la número cuatro, ¡es incluso más espaciosa e íntima!-notó la lástima reflejada en los iris acuosos del anciano. Lo siente de verdad, qué mono.-Oh, nos conformaremos entonces.-susurró desencantada, antes de dar media vuelta y dirigirse hacia la sala de restauración.-Invítame a algo, cariño.
65 líneas.
Con el semblante ensombrecido por el ultraje y el desprecio inexcusable un hombre podía dejarse llevar hasta límites desconocidos, poseído por un severo instinto de retribución, de recuperar lo que a uno pertenece o mas bien, obtener un premio ajustado a su valía. Con demasiada frecuencia, imbéciles petulantes sin asomo de pudor trataban a verdaderos artistas de la carne como Khervo como simples salvajes poseídos por una perversidad absurda. No fueron pocas las ocasiones en las que sus representaciones fueron aplaudidas con desdén y sarcástico movimiento, cual deprimente felicitación de algo que si bien era aceptado, no era realizado bajo sus términos. El cómo la nobleza clerical de Kusagakure se jactaba de las acciones mas dantescas y desproporcionadas con tal de granjearse el favor de otros tantos lunáticos sanguinarios que componían el macabro plantel de las altas esferas del feudo. ¿Fe? ¿Devoción por lo que uno hace? Falacias, este territorio conformado por supuestos matarifes no era muy distinto a cualquier otro. Un simple baile de máscaras y sombras impulsados por distintas clases de dividendo. Para los extranjeros, era dinero, prestigio, poder militar... y para la espantosa aristocracia de Kusagakure y los países en cuya tierra se asentaba el Shuha Shinto; sangre, muerte. Y durante el camino de ida, Khervo torcía el gesto ignorando los reproches de Seiryu, abstraído en cual debía ser su siguiente movimiento, su próxima representación, el acto por el cual seria apercibido por las masas, alzado de entre el vulgo como el asesino despiadado que era. No, quizás... esa no era la forma. Apartó la mirada del paisaje cambiante para dedicarle una mirada profusa y fija al rostro de Seiryu, tratando de hallar en sus marmóreas facciones y en su traje de delicada factura una respuesta que no era capaz de discernir entre las altas hierbas de la nación, un rastro concluyente que le ofreciera el reconocimiento y de nuevo sintió que erraba en su pensar.

- No es el dulce quien te agria, niña. Es mas bien al contrario. - Aseveró, al tiempo que agachaba la vista y seguía con lentitud el suave contorno de su hoja, aquella hoz con la que había asesinado de un millar de formas distintas a toda clase de seres humanos e incluso bestias desprovistas de la plomiza carga del raciocinio. Nunca sintió un desequilibrio semejante en los años en los que había ejercido su cruel ocupación de verdugo. En aquel trabajo que con tanta libertad le permitía torturar a los cerdos largos, en los que experimentaba toda clase de golpes ascendentes que hacían que las costillas estallasen en un simple impulso y perforaban los órganos como si de una ominosa explosión interna se tratara. En ellos supo como reaccionaba su propia especie al verse enfrentada a las consecuencias de la tortura y el horror físico. De ello, aprendió, disfrutó de sobremanera y se jactaba por ello. Pero durante ese viaje hacia una tarea indigna en un acompañamiento aun mas humillante, Khervo sopesaba sus decisiones.
Las palabras de Seiryu anunciaron la llegada al pueblo objetivo. Un lugar miserable y ocupado por personajes de toda condición que no se hallara mas allá de la sordidez del provinciano.  Como de costumbre, su carga particular se hizo notar con una nueva frase dirigida como un dardo embadurnado en excrementos. - Cuando ocurra, mi procaz subalterna, serás tú misma quien limpie, ya que con tanto gusto te regodeas. -

Ante un grito del cochero y movimiento brusco del carromato Khervo se halló en aquel destino nefasto que tanto le avergonzaba. Se inclinó para agarrar con la zurda su mandoble, esperando a que Seiryu se dignara a bajar las escaleras. Tuvo cierta paciencia al oír como un provinciano le ofrecía su ayuda para bajar. Khervo lanzó un resoplido lleno de exasperación y de un impulso descendió del carro y apartó al aldeano de un sonoro golpe en plena cara. Uno que perfectamente habría sido catalogado como “magnifico” e hizo que un par de transeúntes reaccionaran con una sonrisa hasta que fueron percibidos por la altura y el sesgo de Khervo. Entonces, callaron, como hizo el aldeano amedrentado de semejante gloria oscura. Dio un par de pasos atrás y se alejó al sin dignarse a mirar atrás.

- Veo que te encantan los aldeanos, Seiryu. Quizás te compre uno. Te dejaré elegir el corte. - Aseguraba en un tono seguro y confiado, uno que hizo que el cochero fingiera una sonrisa con el fin de no importunar aquella gracia tan cargada de macabros conceptos. No muy lejos hallarón aquel infecto lugar con un olor rancio a alcohol y orina. Probablemente lo mismo, contempló Khervo.


-Byakko, no muerdas.- Y ello motivó a Khervo de forma inusitada, esta vez con el semblante iluminado por un impulso bien conocido. Apretó los dientes y arrugo la nariz en gesto asqueado.

- En un lugar como este solo sería sabio morderte a ti. Te lo mereces mas que un campesino anonimo violador de cabras - Las sucesivos pasos de la pareja fueron encaminados a hablar con el dueño de la posada. Una conversación cargada de frivolidad intrascendente, falsedad y toda suerte de gilipolleces de toda clase y condición. Khervo se limitó a pasear la mirada por los lares, sintiendo una repugnante visión que le llevó a maldecir de nuevo su destino.
Poco después, el oír como la treta urdida por Seiryu los presentaba como matrimonio, Khervo no pudo evitar jugar su papel con rigurosa atención. - Verá, era una puta. Era barata, parecía una niña y la deje embarazada. Cosas que le ocurren a uno sin pretenderlo. - Poco después dirigió la mirada a la mesa apartada que su “esposa” había escogido. Soltó de nuevo, un suspiro exasperado y se sentó junto a ella colocando la espada entre ambos. - Ahora deberías besarme. Se nos tiene que ver enamorados. -


Misión:
Nombre: Ajeno a la Hierba. (Disponible solo una vez)
Rango de la misión: D.
Paga de la misión: 1000 Ryous.
NPC de Staff: No permitido.
Lugar: Kusagakure no Sato.
Número de post: 50 líneas.(Calibrí,11).
Descripción: El encargo es curioso, la misión estaba encima de la mesa del despacho de Kusakage, la idea es viajar hacia la zona de las afueras e investigar un pequeño pueblo transitado, supuestamente hace cosa de algún tiempo lleva apareciendo una persona encapuchada por el sitio, se cree que es un ninja rival a nuestra aldea, Tu tarea no es interactuar con el sino observarle y obtener la mayor información referente a este individuo, busca donde se hospeda y entra sin ser visto cuando no esté ahí, todo dato es relevante y puede ser condicionante a futuro, una vez hayas recolectado los datos más prioritarios entrégalos en el despacho.
Khervo a secas podría haber renovado la definición de primario y podría haber marcado un límite infranqueable respecto al verdadero significado del concepto subdesarrollado, pero era imposible negar que su maridito era un romántico. La parejita enlazada misteriosamente por el irreconciliable destino se reunía en uno de sus lugares clave para celebrar el aniversario de su primer encuentro: casi parecía sacado de una novela de Murasaki Shikibu. Por suerte, Seiryu se consideraba mejor escritora que eso y pensaba darle un giro inesperado al argumento de su improvisada novelilla corta.-¿Un beso? Oh, Byakko, me siento halagada, de veras... pero ya sabes que el tema de las babas me preocupa un poco.-torció el gesto, a la par que contraía muy levemente las cejas y formaba un diminuto mohín compungido en sus labios.-No puedo culparte por haberte enamorado de mí, es normal.-continuó su parafernalia: su mofa, para qué negarlo.-Sin embargo, me temo que nuestra relación debe reducirse a lo estrictamente profesional... No me gustan los documentales: no soy fan de la vida silvestre. Tu familia y yo no encajaríamos, no nos entenderíamos.-concluyó, sin molestarse siquiera en sonreírle con su acostumbrada e inhumana cortesía. Se llevó la mano a la altura de los hombros y se ahuecó la negra cabellera en un ademán coqueto, casi, casi, presumido. Estuvo a punto de soltarle un último regalito, pero una mujer de estatura media y complexión tirando a fofa se les acercó con una sonrisa de dientes mellados muy poco agradable. Seiryu sintió la palabra morir en su garganta y dejó que el aire silbase en silencio entre sus dientes: detesto las interrupciones.-¿Puedo servirles algo, señor y señora...?-y ahora sí que le molestó que los confundieran con un matrimonio de verdad sin que ella tuviera que aportar su granito de arena interpretándolo. Cuando redactara su autobiografía, le añadiría incluso unos kilitos de más a su personaje. No llores, bonita, que engorda.-Supongo que no tendrán café por aquí... ¿a que no?-no aguardó ni la respuesta, simplemente se limitó a cabecear hacia los lados y a alzar el dedo índice en alto, demandante.-Sírveme un té amargo, sin azúcar.-doble ataque: primero, le retiró la cortesía; segundo, les recordó que no podían ni aspirar a endulzar sus vidas. El oro blanco no era una pretensión al alcance de cualquier mendigo muerto de hambre, que quedara claro-.

No tardó demasiado en presentárseles delante de sus ojos una modesta bandeja con una agrietada tacita de humeante y agrio té verde y lo que parecía ser una jarra de algún licor espeso: siendo sincera, Seiryu ni se había molestado en escuchar lo pedido por su mascotita. Arrugó su perfecta naricilla, contrariada, y se llevó el recipiente a los labios con la intención de darle un suave sorbo a su contenido; no le decepcionó lo mal que sabía. Era de esperarse, al fin y al cabo. Tras soltar un imperceptible suspiro de hastío, volvió a dejar el “té” (o agua sucia, más exactamente) sobre la mesa y cruzó las piernas en un ademán diligente, alerta.-Espero que me hayas comprado bombones, cielito.-comentó de pronto, con tono encantador, cuando el anciano que les había vendido la habitación se paseó demasiado cerca para su gusto de su posición.-De los rellenos de shochu, ya sabes.-de lo caros, de los que no puedes permitirte. Enderezó unos milímetros más su postura, incómoda, y recuperó la taza entre sus dedos para darle una nueva ronda de sorbitos minúsculos; tampoco era cuestión de ser maleducada y dejarlo todo en el plato, ¿verdad? Fue entonces cuando la escalera retumbó a su izquierda y la pose malencarada de un muchacho imberbe se recortó en lo alto de los escalones: era el momento de ponerse en marcha.-Byakko, aquí está el niño.-recitó con encanto, al acecho. Entrecerró los párpados con malicia, maquinando.-Pórtate como un buen maridito y, cuando termine de decir lo siguiente, sube a su habitación. Después, relájate a gusto.-el punto álgido de la novela estaba llegando a su inicio: era necesario un capítulo emotivo para conmover a los lectores. Su expresión cambió, se transformó, se deformó en una máscara de rasgos destrozados y mirada dolida.-Sí, es cierto.-musitó con firmeza, sin titubear. Apoyó ambas manos sobre la astillada superficie y se puso en pie muy lentamente, con exagerada parsimonia y dramatismo.-Tu hermano y yo estamos juntos: nuestro segundo hijo no es tuyo, querido.-alzó la barbilla, orgullosa; su personaje no pensaba llorar ante su básico marido-.

Espalda recta, barbilla rígida, pupilas cristalinas; se sintió intocable en su papel de mujer insatisfecha con su vida. Se creyó su soledad, sus tardes frente a la ventana esperando a que su hombre la llevara a bailar o le dirigiera un cumplido amable; se metió en su papel y odió a Khervo. Ladeó el rostro en la dirección opuesta a su desgracia, quedando sus iris estratégicamente pendientes de las idas y vaivenes de su verdadera presa, quien acababa de abandonar el establecimiento como un alma en pena.-¡E-Eres muy cruel, i-idiota! ¡que sepas que Rashoran es mucho mejor que tú en todo!-actuó, antes de dar media vuelta y precipitarse hacia el exterior con los ojos llenos de tristeza y el labio inferior a punto de derrumbarse irremediablemente. Antes de alejarse de sus problemas de mujer casada, rozó con la punta de los dedos el confundido cuerpo del anciano posadero que había acudido a enterarse de lo sucedido; casi al momento, el viejo trastabilló un paso atrás, llevándose la mano a la frente, como si de pronto una oleada de cansancio le hubiera difuminado la visión.-¡Riko, no veo bien!-y entonces sí, Seiryu salió de la posada tras los pasos del sospechoso individuo, lista para ponerse manos a la obra. ¿No había quedado ideal la escena?-.
Técnica:

• Magirawashī byū (Confundir visión)
• Rango de alcance: 0
• Entrenamiento:1º Especialidad: 0 líneas || 2º Especialidad: 15 líneas.
• Sellos:Ninguno.
• Duración: Máximo de 3 turnos.
• Gasto de chakra: 15 cada turno.
• Descripción: El shinobi emplea una cantidad de chakra que imbuye directamente en el cuerpo del objetivo. Puede introducirlo en un objeto (como un kunai o un sembon) o en las palmas de sus manos, pero nunca en un jutsu elemental. Al momento en el que el shinobi lo toque se verá afectado. Su sentido de la profundidad se verá afectado, por lo que objetos lejanos los podrá ver cercanos, y viceversa.
• Extras; -
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