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No te olvides de visitar la Guía de Combate que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. En Shinobi's Justice utilizamos un sistema de combate de rol interpretativo donde empleamos técnicas y un sistema de parámetros, así como un medidor de chakra. Recordamos que las técnicas y los parámetros son interpretativos, no deben tomarse siempre al pie de la letra. Se puede ganar un combate cumpliendo las normas y describiendo bien tanto el escenario como la situación aunque se esté en desventaja, del mismo modo que se puede perder un combate ganado al no cumplir las reglas.






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No te olvides de visitar la Guía de Ambientación que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. A la hora de crear tu personaje es muy importante que pienses la religión, el país, y la aldea, pues cada una es, a su modo, única. Aconsejamos una lectura pausada para poder elegir lo mejor para el personaje que desees crear.






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No te olvides de visitar la Guía para Novatos que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. A la hora de hacer los registros, no olvides que debéis hacer el registro de pb, aldea, y expediente primero antes de poder rolear. Podéis rolear sin ficha ninja y sin cronología, sin embargo, para participar en un evento o vayáis a terminar un tema debéis tener creada ambas, tanto la cronología como la ficha.




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Nombre: Bōru.
Edad: 2 años.
Aldea: Kirigakure no Sato.
Clan/arte: Pertenece al excelentisimo linaje sagrado de las Chinchillas Ninja (probablemente).
Descripción física: Si le pidieras a Sheru que describiera en una sola palabra a su pequeño, simpático y chato compañerito, esa sería seguramente adorable. ¿Y cómo no va a serlo, si su pelo es esponjoso, su cuerpo blandito y sus simpáticas cejas blancuzcas siempre parecen querer increparte algo? Hay que destacar, que se ha puesto gordito a base de besos, achuchones y alguna que otra galleta de chocolate pasada de estrangis (y es que a Saizen, por lo visto, el tema de la obesidad mórbida en un animalillo tan joven y menudo le preocupa bastante). Te mira fijamente con sus grandes ojillos vidriosos y no puedes evitar darle todo lo que tengas a mano en ese momento: caramelos, trocitos de frutos secos, pelusas, botones... Y hay que remarcar que todo se lo come, incluso lo que no debiera porque luego le sienta mal. ¡Pero ni se te ocurra llamarlo fofo! Entonces desatarías la ira más primitiva que el mundo ha conocido: la de una madre defendiendo a su cría. Sheru sabe perfectamente que le sobran unos kilitos, que sus patitas son demasiado cortas para su tamaño y que, a poco que camina, le falta el aliento, mas eso no te da el derecho a ofenderle o a causarle algún complejo con su cuerpo. Con su chinchilla morada, de tripita pronunciada y blanquita, no se mete ni Dios, que quede claro.  
Etopeya: Una pequeña anotación: no hay que confundir lo que uno cree que es algo, con lo que realmente es. La mayoría de las personas, cuando lo conocen, le atribuyen inmediatamente etiquetas moñas tales como, y cito textualmente, “mono”, “simpático”, “cuco”, “bueno”, “enternecedor”, y un sinfín más de atributos más característicos de un perrito que de una chinchilla como Dios manda. No, Bōru no es, ni por asomo, una criaturita sumisa de la pradera. Se ha criado en la ciudad, solo, y eso le ha enseñado que, a veces, toca agachar la cabeza y dejarse mimar para conseguir algo que llevarse a la boca. No le gusta que le susurren gilipolleces, ni que le traten o hablen como si fuera un botarate; por favor, que no es un chucho cualquiera. Si pudiera articular el lenguaje humano, seguramente les daría a todos una lección pesada de buenos modales y cultura general, porque vamos, los campesinos le pegan cada patada al idioma que dan ganas de llorar. En su cuerpo regordete habita un alma sensible, letrada, cultivada y madura que se siente aprisionada por el envoltorio carnal que le ha tocado como “cárcel”; come por ansiedad, no por vicio. Eso que conste en acta.
Historia: Érase una vez, en alguna recóndita madriguera del bosque, una acomodada familia de chinchillas que vivían en paz, armonía y comunión con los demás animalitos que eran sus vecinos. Esta numerosa estirpe, como es normal en los de su raza, se componía de un papá, cuatro o cinco mamás, veinte medio hermanos y muchos tíos, primos, cuñados, yernos, nueras... vamos, que uno nunca podía encontrar un momento de intimidad en casa. Llevaban una existencia pacífica regida por el mágico y trascendental principio de “vive y deja vivir”. Lo que es un Hakuna Matata en toda regla, para que me entendáis correctamente.
Pero todo cambió cuando la Nación del Hombre atacó. Una madrugada, sin tocar ni siquiera a la puerta, cuatro señores armados hasta los dientes le prendieron fuego a la entrada, obligándoles a salir, como fugitivos indecentes, por la puerta trasera. En cuanto sus naricillas olisquearon el liberador aire puro, las chinchillas, sin ninguna excepción, fueron apresadas en una gruesa bolsa y transportadas a una especie de taller situado en el centro de una bulliciosa aldea. Bōru, que por aquel entonces no era  Bōru, sino Cola Peluda, contempló con horror, desde su jaula, cómo uno a uno, los miembros de su querida familia eran desollados vivos por aquellos sucios salvajes. “¡Malditos seáis! ¡pagaréis por esto, lo juro por mi honor!”, vociferó anegado por las lágrimas desde su prisión de plasticucho barato. Se revolvió, chilló y golpeó contra las paredes hasta que ésta se precipitó hacia el suelo y se rompió en varios cachitos; liberado de sus ataduras, con el corazón roto y huérfano de padres, madres, tíos segundos, y todo un largo etcétera de lazos familiares, abandonó la trastienda de un local dedicado a la venta de pieles y se encaminó hacia el pueblo. Juró venganza, y desde entonces no retomó su viejo nombre; sólo cuando el orgullo de su linaje fuera restaurado, podría volver a ostentar el glorioso título de Cola Peluda.
Una vez comenzada su vida en la calle, su serena personalidad se vio motivada y desarrollada por el ambiente humano a su alrededor; descubrió que le encantaba todo lo relacionado con el aprender, y se acostumbró a no acostarse por las noches sin, al menos, saber una cosa nueva cada día. Muchas tardes, se colaba en los coloquios, llevados a cabo por los ciudadanos más cultos, para sentarse a escuchar sus interminables charlas sobre economía local, política feudal y asuntos exteriores. Oh, cuán maravilloso era el saber... y como la convicción es poder, con el tiempo aprendió a leer gracias a un simpático maestro de escuela al que no le importaba tener un alumno de cuatro patas espiando desde la ventana. ¡Todavía hoy recuerda la emoción de cuando escribió las primeras letras con su acolchada colita! Le llevó muchos meses de entrenamiento, pero, finalmente, logró desarrollar sus músculos al máximo y plasmar sus pensamientos en pequeñas hojas de papel que la  gente se dejaba olvidadas en los bancos de la aldea.
Y un día como cualquier otro, conoció a una niña que se llamaba Sheru. La descubrió caminando sola, con miedo a todo y sin ganas de nada; su raquítico andar le dio tanta lástima que comenzó a seguirla por pura pena. Y así fue como, en la actualidad, ambas criaturitas son inseparables y se acompañan mutuamente a todas partes... aunque Bōru todavía siente fresca en sus -entradas- carnes el ansia de venganza, y, algún lejano día, irá en busca de su justa y merecida retribución.

Extras: En su corazón hierve el más puro deseo de convertirse en escritor.
-Sabe tanta cultura general, que probablemente podría convertirse en profesor... si supiera hablar, claro. Y si no fuera una chinchilla.
- Le encantan los frutos secos, como a Sheru.


TEAM CHINCHILLA:

✓NPC ACEPTADO
Shinobi's Justice


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