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No te olvides de visitar la Guía para Novatos que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. A la hora de hacer los registros, no olvides que debéis hacer el registro de pb, aldea, y expediente primero antes de poder rolear. Podéis rolear sin ficha ninja y sin cronología, sin embargo, para participar en un evento o vayáis a terminar un tema debéis tener creada ambas, tanto la cronología como la ficha.




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Gigantes inmóviles. Pacíficos destructores vomitadores de ríos bermellos. Esa era la belleza del País de los volcanes. Algunos dormidos, pero otros muchos activos. Hipnotizando a todos quienes los veían con su ancestral danza de magma y ceniza. Mas esa belleza no estaba libre de una seductora y silenciosa amenaza. Pues junto a toda esa roca fundida, muchos gases tóxicos se filtraban hasta la superficie, pudiendo envenenar a cualquier incauto.

Por suerte para Chôen se mantendría lejos de ellos por una buena temporada. Pero sus actuales quehaceres no estaban muy diferentes de la labor de los mismos. Mientras que los volcanes se dedicaban a formar continentes y moldear la roca, en la fragua los herreros trabajaban el metal, elevándolo a tales temperaturas que casi podría parecer un trozo de barro en manos de un alfarero. Y esa era precisamente su misión.. si es que se le puede llamar así En el distrito de los herreros de Otogakure uno de ellos precisaba de los servicios temporales de un ayudante, dado que el habitual no se encontraba indispuesto.

Se presento temprano en la mañana. Casi no había tenido tiempo de desayunar, por lo que tuvo que coger alguna que otra fruta para comérsela por el camino. Cuando llego, para su sorpresa, la herrería ya se encontraba abierta (lo cual no era raro, pues casi todas lo estaban), con el horno calentándose para un día de trabajo y las herramientas dispuestas para hacer su labor.

-Supongo que eres quien me ayudara estos días...- Se oyó una voz severa y profunda desde el fondo del establecimiento. - Pedí un ayudante, ¡no un saco de huesos!- En situaciones normales, Chôen le hubiera replicado con igual trato, pero por alguna razón se sentía intimidada. Quizás un hombre que casi le doblaba en altura, con un gran mazo en la mano y de aparente mal humor en la mañana eran motivos mas que suficientes para que su subconsciente le dijera que cerrara el pico y fuera cauta. - Sieg... Supongo que tendré que conformarme contigo. Mas tarde arreglare cuentas con la oficina de contratación - Mascullo mientras golpeaba un trozo de metal al rojo.- Ve a la trastienda y vete preparando los pedidos. Esta todo debajo del mostrador... ¡ Y llegas tarde!¡ Así que mas te vale darte prisa!
-

Dicho y hecho. Fugaz como una gacela se movió al interior del negocio, con deseos de desaparecer de la vista de aquel hombre y, de igual manera, librarse de la presión en el pecho que le dificultaba respirar. Tomándose unos momentos para recuperar el aliento, empezó a preparar los trabajos que le había indicado. Eran poco, cinco como mucho. Lo cual era lógico sabiendo que era un trabajo manual y que cada uno de ellos requería su tiempo para poder realizarse. Un juego de kunays, dos katanas, una armadura para el torso y lo que parecía ser un encargo del departamento de interrogatorios... o quizás fuera una petición de parte de los cargos religiosos para sus rituales. Mejor no entrometerse demasiado o podría terminar estrenándolo

Para cuando quiso darse cuenta, ya era media mañana. Las calles se habían llenado de actividad sin percatarse de ello y los clientes iban llegando. El sonido metálico del martillo al golpear el yunque, el olor de la leña quemándose en el horno, las pequeñas brisas que se formaban por los cambios bruscos de temperatura... la verdad es que todo en conjunto tenia un cierto encanto.

-¡Demasiado lenta! - Bramo el herrero en cuanto asomó por la puerta. - ¡Ven aquí y ayudame con el fuelle! La fragua se esta enfriando. - Sus palabras eran duras, pero quizás fuera verdad lo que decía Chôen era demasiado lenta como para trabajar ahí. Había que aprovechar al máximo todo el calor que el horno podía desprender, ademas de cumplir con los plazos de entrega. Por no hablar de que estaban en invierno y , aunque en la región no es que hiciera demasiado frio debido a todos los volcanes, las horas de luz eran escasas. Mucho mas de lo normal.

Aunque no lo mirara directamente podía notar los ojos de aquel hombre clavándose en su espalda como un par de espadas afiladas. Cogió la cuerda que colgaba de la parte superior del fuelle y comenzó a tirar. Era terriblemente duro, ademas de que el escaso peso de la muchacha no la ayudaba demasiado. Por suerte devolver el fuelle a su posición original estaba “automatizado” gracias a un muelle. Cada bocanada de aire que el fuelle expulsaba iba acompañada de un estruendoso bufido, como si fuera la respiración de una bestia inmensa. - Mas rápido – Dijo el herrero, esta ves con un tono menos tosco para sorpresa de la joven.Decirlo era fácil, pero hacerlo... Prácticamente tenia que colgarse de la cuerda para que el fuelle bajase del todo. Lo cierto es que era realmente agotador y no llevaba ni diez minutos haciéndolo Sus manos comenzaba a agarrotarse y estaba seguro de que le saldrían ampollas por el roce con la soga.

-Suficiente.- Dijo el herrero al cabo de unos veinte minutos aporreando aquel trozo de metal, dándole forma. ¿Que seria? Desde luego no tenia forma de arma. No de una convencional. Quizás fuera parte de una armadura o escudo. Incluso puede que de un mecanismo complejo. En cualquier caso parecía que ya hubiera terminado con él. Lo metió en agua y de la misma broto gran cantidad de vapor. Mientras Chôen se frotaba las mano, buscando el consuelo de una sensación suave después de la áspera cuerda. Abría y cerraba los dedos, intentando facilitar el flujo de sangre.


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- Hay una piedra de afilar atrás. Esta un poco vieja, pero aun funciona. Ve y afila esos shuriken.- Dijo tras un gruñido, producto quizás de ver que su ayudante no estaba haciendo nada productivo. Se encontraba limando la pieza que segundos antes había estado forjando. Con un sencillo diseño, el herrero apretaba un pedal de manera discontinua, transmitiendo a movimiento a una rueda y de ahí a la piedra, que giraba velozmente mientras presionaban contra ella el duro metal, aun caliente. Cientos de chispas volaban por todos lados, creando un pequeño espectáculo privado que muy pocos podían ser capaces de disfrutar.

Como había dicho, justo al fondo estaba la otra piedra de afilar. Tenia algo de polvo encima, pero era comprensible. Quizás no la usaban desde hacia meses. Dejo la bolsa de shurikens justo al lado, al alcance de la mano. Y al otro lado un cubo donde poder echarlos una vez hubiera acabado con ellos. Empezó a darle al pedal y la piedra comenzó a girar con cierta dificultad. La falta de uso hacia que le costase un poco entrar en rodamiento, pero en pocos segundos empezó a girar con la misma facilidad que la que estaba usando el herrero.

Cogió el primer shuriken y lo presiono contra la herramienta. Cientos de chispas saltaron antes de que rebotara y se separase de la misma. Aquello tenia pinta de ser igualmente complicado. Debía dejarlas bien afiladas, pero si se excedía podía terminar volviendo el filo demasiado frágil e inútil en consecuencia. Por no hablar de que algunas chispas le caían sobre los dedos desnudos y le quemaban. Eran como pequeñas agujas clavándose en la piel. Pero debía soportarlo, de lo contrario no terminaría nunca. Al menos era como cincuenta shuriken los que tenia que preparar. Cuando termino con el primero lo probo contra una de las viga de madera que conformaban la estructura.

- ¡¿Has terminado ya de jugar?!- Trono al otro lado de la pared. - Solo estaba probando el resultado. - Contesto la chica, siendo la primera frase que había dicho desde que llego ahí - ¡Pues no los pruebes todos o terminaras el mes que viene!- Sentenció. Sin duda era un viejo cascarrabias... un viejo muy grande, fuerte y con un martillo en la mano que podía estrellar en tu cabeza si no andabas con cuidado. Chôen volvió a su tarea, afilando shuriken tras shuriken. Un trabajo tremendamente aburrido, pero menos duro que estar accionando el enorme fuelle que le destrozaba las manos.

Cuando ya estaba por terminar, la voz del herrero rugió de nuevo. - ¡Novata! ¡Ven aquí! Necesito que me hagas un encargo. - Rápidamente acudió a donde estaba para ver que petición le hacia. - Nos estamos quedando sin leña. Normalmente la compra a quien sustituyes por las mañanas, pero dado que no lo sabias ahora nos esta por acabarse. Y no podemos dejar que el horno se apague. - Dijo mientras le daba un saco de monedas. - Ve al comercio de viejo Kurogane. Es el que esta en la esquina, al final de la calle. Ahí tienes el carro para traerla. Llenalo. Lo del saco es para pagarle lo de la semana pasada. Dile que vas de parte de Kumamoto.-

Por fin un pequeño descanso en todo lo que llevaba de día Debían ser las dos de la tarde, quizás las tres. Lo cierto es que empezaba ya a tener algo de hambre, así que lo mas probable es que comiera algo tras hacer el encargo. El carro se sentía muy ligero y la tienda a la que se dirigía no estaba demasiado lejos. Doscientos metros como mucho. Una vez llegada, le explico comerciante lo que le había dicho su jefe temporal.- Aaaaah, el viejo Kumamoto. Ya me extrañaba que hoy no hubiera venido. Consume mucha leña. Mucha mas que cualquier otro herrero. Claro que también es el mejor en su oficio... Tal vez su éxito resida en ello. - Hablaba mientras se acariciaba la barba, casi pareciendo que hablaba con el mismo. - Pasa, pasa, querida. La leña esta en la parte de atrás. Puedes llevar allí el carro rodeando el edificio. Te sera mas fácil-

En contra posición al herrero, el tono de Kurogane era suave, como si te estuviera cantando una nana. Se le veía un hombre pacifico. La titiritera llevo el carro detrás, como le había dicho. Había una especie de parcela, en la que se encontraban montañas de troncos apilados, algunos mas grande que un hombre fornido. - Si lo necesitas puedo cortarte algunos troncos para que te sea mas sencillo cargar el carro.- Comento el comerciante.- No quiero causar molestias, me vendrá bien cargar algo de peso.-

Haciendo un gesto con la mano, como quitandole importancia, el hombre le contesto. - No es ninguna molestia querida. Es la mar de sencillo para mi. ¿Quien crees que corta todos estos arboles? ¡ Hiejejejeje!- Su tono era dulce, pero su risa parecía una puerta de metal oxidada cerrándose Tan pronto como termino la frase saco un hacha desde detrás de él y con fluido movimientos corto aquellos troncos como si fueran mantequilla Sumado a su desgastada risa, aquello puso los pelos de punta a Chôen. Con que facilidad podría partir e dos a cualquiera que le resultara una molestia. Aquella misión se estaba volviendo cada vez mas espeluznante por las personas que estaba conociendo.

Con el miedo aun en el cuerpo, fue recogiendo los tocones y cargando el carro con ellos. Tenia mas capacidad de la que parecía en un momento, aunque quizás fuera debido a que los troncos cortados permitían una mejor optimización del espacio. Una vez cargado, Kurogane y Chôen se despidieron, no sin antes acordarse de pagarle con el dinero que le había dado Kumamoto. Al momento de tirar del carro, el mundo se vino encima de la joven. No se movió ni un centimetro, como si hubieran clavado las ruedas al suelo. ¿Y tenia que arrastrarlo hasta la herrería? La hora de la comida se iba a convertir en la de la merienda y eso teniendo suerte.
 
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Cada metro que avanzaba resultaba casi un esfuerzo inhumano. Prefería estar accionando el fuelle antes que tirar del carro. Y tan siquiera iba por la mitad del camino. Gotas de sudor se deslizaban por su frente, mientras que sus pies se aplastaban fuertemente contra el suelo con la esperanza de que el carro cogiera algo de inercia y le fuera mas fácil avanzar. Mientras tanto, la gente que la rodeaba pasaba de largo. Algunos incluso se reían ante tan cómica escena. * Ojala os pudráis* Pensó la joven.

Tras un largo viaje, por tiempo mas que por distancia, llego milagrosamente a la herrería - ¡Ya pensaba que tenia que ir a buscarte! ¡¿Donde estabas?! ¡¿Tomándote un descanso?!- Le dio la bienvenida el herrero de esta singular forma. - ¡Estaba arrastrando el maldito carro, que pesa como una casa! ¡ Basta ya de tanto grito y tanta critica! ¡No soy esclava de nadie y me iré si así lo prefiere! ¡¡¡PERO NO ESTOY DISPUESTA A AGUANTAR MAS ESTO!!! - Termino de decir la joven. Quizás fuera por el hambre, quizás por el cansancio, pero estaba ya con los nervios a flor de piel. El herrero la miro a los ojos y guardo silencio unos momentos. Después se giro y siguió con su trabajo, no sin antes hacer un pequeño comentario. - Muy bien... Echa un par de leños al horno. Después tomate un descanso.-


Y realmente fue un descanso. Mas bien pareciera que la habían despedido, por que después de comer e intentar retomar su labor de sustituta en la forja el herrero le fue haciendo pequeños encargos cuando no le decía “Haz lo que te parezca”. ¿Quizás se había pasado? ¿Informaría a sus superiores de esto? Cierto miedo inundo a Chôen, no por miedo a un castigo físico, si no por la posibilidad de que la destituyeran de su puesto como ninja de la aldea. Aquello seria un tremendo inconveniente, ya que no estaba en sus planes pasarse la vida en un comercio. Aunque quizás pudiera dedicarse a cazar. O mejor aun, abandonar la villa y ser una caza recompensas. Después de todo no estaba muy alejado de lo que significaba ser un ninja. Un mercenario que resuelve los asuntos turbios de terceros. Ser un Gennin no era mas que ser el chico de los recados

El día llego a su fin, y con ello la que iba a ser la misión, pues entendió que al día siguiente no iba a hacer demasiada falta. Tampoco es que la entristeciera, aquel hombre un poco inaguantable. Por camino un joven la intercepto. Estaba jadeando, al parecer llevaba un buen rato corriendo. - Pe... perdona.... e... eres tu qui....quien ha estado hoy en la herrería de kuma... moto... ¿no es así? Me llamo Kuroto... Soy a quien has sustituido.- Termino diciendo con el aliento algo mas recuperado. - Quería agradecerte que me sustituyeras hoy. El viejo Kumamoto puede ser bastante gruñón, pero en el fondo en un buen hombre. En fin, solo quería decirte que mañana puedo reincorporarme a mi puesto, así que no es necesario que vengas. - Tampoco pensaba ir de todas formas.- También quería darte esto.- Dijo mientras sacaba un bulto de la bolsa que llevaba al hombro y lo desenvolvía - Es un pan de pasas que he hecho... Como agradecimiento.- Dijo mientras se lo entregaba. - Oh, muchas gracias Kuroto-kun. Lo cierto es que estoy hambrienta. Me lo comeré en el camino de vuelta. - Dijo tomándolo y guardándolo entra sus brazos, ofreciéndole al chico su mejor sonrisa. - Tengo un poco de prisa, así que me voy. Un placer conocerte y espero que nos veamos de nuevo. - Termino mientras iniciaba una carrera ligera y se despedía con la mano.

Podría parecer que Chôen era una chica tierna, pero tan pronto como doblo la esquina la sonrisa en su rostro desapareció y volvió a caminar tranquila. Dejo caer el pan al suelo y se aseguro de pisarlo sin interrumpir su caminata.- Pasas... que asco. Al menos ya me he librado de ese viejo y su estúpida forja. Y parece que cobrare igualmente. Perfecto. - Dijo mientras cruzaba los brazos por detrás de su cabeza. La oscuridad ya se acomodaba en las calles de Otogakure. El sol se despedía con sus ultimas luces, dejando que la luz de los farolillos, casas y otras fuentes de luz tomasen el relevo. La gente ya se refugiaba en sus casa después de un día de trabajo y eran pocos los que aun permanecían en la calle, posiblemente dirigiéndose algún restaurante, taberna o buscando algo de diversión adulta.


Off: Lineas 43 aprox. Totales 158
Solicito que las 128 lineas sobrantes de la mision sean para subir el stat de fuerza 12 puntos (o lo que proceda)



✓MISIÓN ACEPTADA
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