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No te olvides de visitar la Guía de Combate que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. En Shinobi's Justice utilizamos un sistema de combate de rol interpretativo donde empleamos técnicas y un sistema de parámetros, así como un medidor de chakra. Recordamos que las técnicas y los parámetros son interpretativos, no deben tomarse siempre al pie de la letra. Se puede ganar un combate cumpliendo las normas y describiendo bien tanto el escenario como la situación aunque se esté en desventaja, del mismo modo que se puede perder un combate ganado al no cumplir las reglas.






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No te olvides de visitar la Guía de Ambientación que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. A la hora de crear tu personaje es muy importante que pienses la religión, el país, y la aldea, pues cada una es, a su modo, única. Aconsejamos una lectura pausada para poder elegir lo mejor para el personaje que desees crear.






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No te olvides de visitar la Guía para Novatos que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. A la hora de hacer los registros, no olvides que debéis hacer el registro de pb, aldea, y expediente primero antes de poder rolear. Podéis rolear sin ficha ninja y sin cronología, sin embargo, para participar en un evento o vayáis a terminar un tema debéis tener creada ambas, tanto la cronología como la ficha.




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Ajeno al Sonido:
Nombre: Ajeno al Sonido. (Disponible solo una vez)
Rango de la misión: D.
Paga de la misión: 1000 Ryous.
NPC de Staff: No permitido.
Lugar: Otogakure no Sato.
Número de post: 50 líneas.(Calibrí,11).
Descripción: El encargo es curioso, la misión estaba encima de la mesa del despacho de Otokage, la idea es viajar hacia la zona de las afueras e investigar un pequeño pueblo transitado, supuestamente hace cosa de algún tiempo lleva apareciendo una persona encapuchada por el sitio, se cree que es un ninja rival a nuestra aldea, Tu tarea no es interactuar con el sino observarle y obtener la mayor información referente a este individuo, busca donde se hospeda y entra sin ser visto cuando no esté ahí, todo dato es relevante y puede ser condicionante a futuro, una vez hayas recolectado los datos más prioritarios entrégalos en el despacho.

-¡JAJAJAJAJAJA!- La risa estruendosa de Karl explotó en la sala. Sus dos compañeros le correspondían en el operatorio, riendo también, aunque se miraban entre sí preguntándose cómo era capaz de gritar tantísimo. -¿Y dices que ha salido ya?- Preguntó mientras su mano, envuelta en un guante negro, refrotaba sus ojos para secar sus lágrimas.

-Sí, así es.- Respondió su asistente, que también calmó su risa.

-De hecho, hace varias horas que salió.- Concretaba el segundo.

-¡Ese es mi hijo!- Exclamó Karl mientras aplaudía con energía una única vez para a continuación reírse de nuevo.- Los locos también tienen que tener oportunidades en la vida, ¿o no?- Lanzó una mirada al resto, una mirada que fue correspondida pero pronto pudo ver el médico como sus compañeros hinchaban sus mejillas intentando contener una carcajada. -¡JAJAJAJA!- Karl rió una vez más. –Al menos tiene talento.

Unas horas antes, en la oficina del Otokage…

Los nudillos de Hans sonaron en la puerta del despacho del kage. No hubo respuesta al otro lado de la pared, y ningún guardia se encontraba ahí en ese momento. Hans llamó de nuevo y ninguna voz le invitó a pasar, pero le era indiferente. Abrió la puerta sin preocupación alguna y entró al despacho. Efectivamente, no había nadie, quien sabe dónde estaría en ese momento Nobu Kyoshi. El peliazul no se detuvo a observar la decoración ni la organización del lugar, a pesar de ser uno de los habitáculos si no el más importante de la aldea. Simplemente se acercó hasta una mesa situada junto a una ventana en la que pudo encontrar un montón de pergaminos y papeles. Rascó su nuca con las afiladas uñas de su mano derecha al tiempo que con la izquierda rebuscaba entre las distintas misiones sin detenerse a leer ninguna, hasta que optó por tomar uno de los pergaminos. Tuvo intención de leerlo, pero justo entonces una voz a su espalda llamó su atención.

-¡¿Qué mierda haces?! Sal de aquí, pensaran que eres un ladrón.- Se trataba de un Jounnin de la aldea que, curiosamente, vivía no muy lejos de la familia de Hans. Era el mismo que encargó al Gennin la misión en la que debía erradicar la plaga de ratones solo unos días atrás. Por fortuna para el ninja médico, el Jounnin sabía perfectamente quien era, su condición de divino y que no era un ladrón ni nada por el estilo.

-¡Oye!- Hans corrió hasta el hombre y le mostró el pergamino que había cogido. -¿Puedo? ¿Puedo hacerlo?- El Jounnin le arrebató el papel y leyó su escrito. Ya había recibido información sobre esa misión previamente. En un principio no había inconveniente, pero ese Hans… No parecía el indicado. -¡Sí que puedo! ¿Sí?- Interrumpía el shinobi impaciente mientras se posicionaba en cuclillas y saltaba haciendo rebotar sus tobillos como si fueran resortes.

-Sí, ten cuidado. Y  no hagas nada qu…-Pronunciaba junto a un suspiro mientras le entregaba de nuevo la misión.

-¡Nya!- Se puso en pie de nuevo el lunático Gennin y cogió el pergamino para seguidamente esfumarse y abandonar tan rápido como sus piernas le permitían la oficina, dejando atrás al Jounnin que apenas empezaba a cuestionarse si había actuado correctamente.

Hans, apresurado, ni siquiera pasó por casa antes de partir a su nueva misión. El encargo le indicaba que debía visitar un pueblo situado en el exterior de Otogakure, en las afueras. Conocía ese lugar, había estado allí con su padre y su madre cuando era pequeño, sin embargo era la primera vez que una misión oficial le enviaba más allá de los límites de la aldea, y en cierto modo eso le entusiasmaba. Así pues, abandonó la oficina del Otokage todavía con el pergamino en sus manos, leyendo los últimos detalles del trabajo. De vez en cuando tropezaba consigo mismo mientras leía, pero nunca llegó a caerse. Tras guardar el cilindro en una bolsa que cargaba a su espalda, en su camino hacia la puerta principal de la aldea, se cruzaba al igual que siempre a distintos paisanos. Mientras unos le saludaban a sabiendas de quién era, otros sólo susurraban entre sí, pero como de costumbre eran ignorados por el hijo del médico. -¡Tengo una misión, nya!- Entusiasmado, Hans sacó de nuevo el pergamino de su bolsa y se lo mostró a los guardias postrados ante la salida de la aldea. Se miraron entre sí, tal vez ya le conocían y eso les extrañaba, pero la tinta y el papel no mentían. Ambos se apartaron y dejaron paso al peliazul, que tras guardar una vez más el pergamino, retomó su marcha.



-Hablo #0066ff- *Pienso #003399* Narro
*¿Si lo mato me darán más dinero o eso es hacer trampa?* Se preguntaba Hans cuando ya había dejado atrás el enorme portón de Otogakure. *Tengo que espiar, pero la gente espía a otra gente cuando quiere matarlos, si lo mato, ¿ahorro el trabajo a otros? Más dinero para mí, nya, ¿o no? ¿Y si lo quieren vivo? Pero tampoco quieren que lo lleve vivo…* No llegaba sin duda a ningún sitio con sus dudas, pero en cualquier caso el Gennin debatía en su mente si seguir o no al pie de la letra las indicaciones de la misión. Por su bien, debemos pensar que así lo haría, o fracasaría en su primer trabajo medianamente importante. Aunque seguramente eso haría que Karl se riera durante días.

Como de costumbre, el paisaje que rodeaba Otogakure no Sato era totalmente grisáceo. La ceniza llenaba el suelo hasta donde alcanzaba la vista y el sonido al pisarla era casi mudo, como cuando caminas descalzo por la playa. Algo habitual teniendo en cuenta que el País de los Volcanes es así nombrado por motivos obvios. El viento siempre sopla ceniza consigo. El pueblo se avistaba en cuanto caminabas varios minutos hacia el oeste. Ahí, en la lejanía, bajando un pequeño desnivel podían verse los primeros tejados de color oscuro, a excepción de aquellos donde el gris blanquecino había devorado su superficie. Por fortuna, contaba con un par de plazas en las que  los vecinos habían plantado varios cerezos. El rosa de sus flores le daba un aspecto menos tétrico. A Hans le gustaba el paisaje, aunque bien era cierto que nunca había salido del País de los Volcanes, pero el contraste de los tonos grises con las abundantes flores de cerezo que se veían en el país le agradaba.

Un siniestro cartel de madera podrida sostenido entre dos farolas mediante cuerdas con un “¡Bienvenidos!” escrito en él invitaba a los transeúntes a pasar. -¡Gracias!- Respondió Hans al cartel al pasar por debajo de este e imitando un gesto de levantar un sombrero imaginario. Desde luego no era discreto. Allí, tal vez algunos habrían oído hablar del “divino con cola de gato”, pero por lo general, no sabían de la existencia del Gennin, al contrario que en Otogakure donde gran parte de la población sabía quién era desde su primer año de vida. Los pueblerinos observaban incrédulos lo que sus ojos estaban viendo. Un ninja en cuyo cuello colgaba la banda metálica de la aldea del sonido se paseaba por las calles despreocupado mientras en su trasero una cola azul se tambaleaba de izquierda a derecha sin cesar. Esta vez, más que susurros, Hans se encontró con miradas de ojos abiertos de par en par, como platos, pendientes de cada movimiento del muchacho. –Oh, es cierto.- Se llevó ambas manos a la boca, tapándosela y hablando mediante susurros. –Estoy en una misión de espionaje, debo ser discreto.- Concluyó y, sin retirar sus manos, miraba a su alrededor. Justo a su derecha había una casa de apariencia humilde y cuestionable resistencia. Con un único salto, el peliazul alcanzó el tejado y, en él, se tumbó, obteniendo una posición discreta casi invisible desde las calles, pero siendo muy poco discreto a la hora de subir… teniendo en cuenta que todos los presentes estaban mirándole. Todo lo contrario a lo que un auténtico espía tendría que haber hecho en ese momento. Tuvo suerte de que el misterioso encapuchado no estuviera en el pueblo en ese preciso instante, o hubiera comenzado a sospechar no solo por ver a un ninja de Otogakure sino por la extraña actitud del ninja médico. También para su fortuna, pasados varios segundos los transeúntes ignoraron todo lo sucedido. Algunos habían retomado su camino sin ganas de perder mucho más tiempo contemplando al “hombre-gato”, y otros simplemente se cansaron de observar el tejado de aquella casa, pues habían pasado ya varios minutos y Hans permanecía estático.

-Uaaaaaah, me aburro.- Se decía a sí mismo. El hombre misterioso se estaba haciendo de rogar y no aparecía. El peliazul rodaba por el tejado pero observaba las calles en todo momento. Él no lo sabía, pero por pura casualidad estaba en una posición muy buena, ya que frente a aquella casa se encontraba nada más y nada menos que la plaza principal del pueblo, con un enorme cerezo en su centro. Si había un lugar en el que empezar su guardia, era ese.



-Hablo #0066ff- *Pienso #003399* Narro
Sí, se le hicieron bastante largos los minutos al Gennin. Fueron horas, de hecho, pero él podría haber pensado que fueron días. Desventajas de ser tan inquieto, tan impaciente, tal vez ese Jounnin del despacho tendría que habérselo pensado dos veces antes de encargarle esa misión. Hans no parecía estar hecho para el espionaje, pero al fin y al cabo, siempre tuvo algo de suerte. Cuando quiso darse cuenta, una figura que coincidía a la perfección en aspecto con un dibujo a lápiz en escala de grises plasmado en el pergamino esperaba al pie del gran cerezo a quién sabe qué o quién. Parecía ser un hombre, aunque el shinobi no pudo asegurarlo, era incapaz de ver a través de la capucha azul cielo que recubría su tez casi en su totalidad, con un pantalón adornado con un brillante cinturón dorado. Escondido en el tejado, se relamía. Su cola bailaba de forma rítmica como si quisiera reflejar su curiosidad, y a través de los mechones oscuros de su cabello, los ojos brillantes y amarillos de Hans se asomaban con las pupilas dilatadas. Una segunda figura se acercó hasta el cerezo, esta no se ocultaba tras una capucha. Se trataba de un hombre de estatura media con el pelo oscuro y un bigote en el que se pintaban las primeras canas de la vejez. Le entregó al encapuchado con disimulo un papel que guardó en su bolsillo. –Huuuhuhu…- Reía curioso el divino, contemplando la escena.

El bigotudo cómplice se esfumó. Nadie se había dado cuenta del intercambio, sabían lo que hacían y estaban acostumbrados a ello. Habían pasado desapercibidos sin llamar en absoluto la atención. Permaneció el encapuchado bajo el cerezo un par de minutos más, probablemente para disimular, mientras fumaba de una pipa que había sacado de su bolsillo. Eso le recordó algo a Hans, que mientras permanecía inmóvil estiró su brazo hasta el agujero trasero de su pantalón, donde tenía sus propias hierbas. Se encendió un cigarro de esa extraña sustancia que acostumbraba a fumar y esperó el siguiente movimiento del encapuchado, que no tardó en llegar. Al tiempo que exhalaba el humo de su primera calada, el peliazul vio al encapuchado mirar a su alrededor, tal vez para asegurarse de que nadie le vigilaba y, seguidamente, entró en la primera puerta de una callejuela a sus espaldas, donde había una posada llamada “El cobijo del vagabundo”. Podía parecer muchas cosas ese hombre encapuchado, pero desde luego no un vagabundo, aunque eso no eran más que datos e ironías menores.

Hans cruzó de un tejado a otro hasta tener una mejor perspectiva de la posada. En una de sus ventanas podía visualizar varias mesas con distintas personalidades bebiendo. En otra ventana más grande situada en un lateral, una recepción con una mujer de gran tamaño tras ella. Parecía estar atendiendo a alguien, recibió dinero de una mano desconocida, pero la pared no permitía al ninja médico ver con quien hacía negocios. Un gesto de la mujer señaló hacia arriba mientras hablaba con su huésped. Alzó el shinobi la vista y pudo ver entonces como, sobre la planta baja, había un piso de más con un balcón ideal para quien quisiera colarse. –Lo ponéis muy fácil.- El balcón contaba con una ventana que se iluminó cuando el desconocido entró en el habitáculo. Como ya había sospechado Hans, se trataba del encapuchado, cuyo primer gesto fue abrir la puerta del balcón para ventilar la habitación, pero seguidamente corrió las cortinas para que nadie pudiera observarle desde fuera. De nuevo, el divino se relamió.

Saltó desde el tejado para fundirse entre el gentío que circulaba por el pueblo y se acercó a la callejuela donde la posada se encontraba. Entro en esta y, desde el interior, pudo ver a mano izquierda la zona donde la gente se juntaba a beber, repleta de ruido y sonidos de cristales rompiéndose, mientras que a su derecha se encontraba la enorme mujer tras la barra. -¡Hola! Vengo a espiar y probablemente saquear a alguien, nya.- No, no había tenido Hans la mejor de las ideas. La mujer comenzó a gritar de forma tan estrepitosa y descontrolada mientras salía de la barra y echaba al peliazul a empujones que este no entendió nada de lo que dijo. Cuando quiso darse cuenta, estaba



-Hablo #0066ff- *Pienso #003399* Narro
Gruñó y dio una patada a una piedra plana y pequeña que encontró en el suelo. Tenía que pensar otra forma de acceder sin llamar la atención, y no tardó en encontrar la solución. La callejuela era una de las menos transitadas. Tenía sentido que así lo fuera, si realmente el encapuchado tramaba algo, buscaría un sitio sin mucho ajetreo ni multitudes. Fue por esto por lo que, esta vez siendo algo más discreto, Hans no tuvo reparo alguno en escalar unos pocos metros no sin antes coger la pequeña piedra plana que había apaleado. Se encontraba colgando literalmente del balcón de la posada, pero procurando no ser visto desde el interior por ninguna de las ventanas, por supuesto tampoco por las del piso inferior, lo que hacía de la escena algo cómico por las posturas y acrobacias casi inimaginables que el Gennin estaba realizando. Se desplazaba con cautela agarrándose con sus diez dedos del borde del balcón para aproximarse cuanto pudo a la ventana que el encapuchado había abierto con anterioridad. Estirando uno de sus brazos, colocó la pequeña piedra justo en el encaje de la ventana con la pared, de forma que cuando el misterioso hombre fuera a cerrarla, esta quedara unos milímetros abierta, pero a la vista no daría esa sensación.

El de Otogakure se dejó caer. Cayó al suelo con pose felina y, seguidamente, se puso en pie muy satisfecho y sacudió sus manos. Tan solo quedaba esperar y eso es lo que hizo, alejándose unos metros de la posada y permaneciendo en una esquina. La espera fue esta vez más breve, pues al cabo de tan solo media hora el encapuchado había abandonado el lugar. No llevaba consigo ninguna mochila ni pertenencia, por lo que probablemente sus cosas todavía estaban dentro. Era la hora de actuar, el momento de brillar de Hans. Escaló de nuevo la pared desde el exterior después de asegurarse que nadie pasaba por la callejuela. Alzó su mano y la acercó a la ventana, que efectivamente había intentado cerrar el encapuchado, pero gracias a la piedra que previamente dejó, podía abrirse desde fuera. Una vez la hubo abierto, solo tuvo que adentrarse y… tropezó. Se golpeó con la cabeza con la esquina de un mueble de madera, pero en fin, poco influye eso en la “heroicidad” de nuestro personaje. Se puso en pie y no veía nada, estaba totalmente oscuro como era lógico, por lo que se hizo con su encendedor que siempre llevaba a mano para prender un farolillo apoyado en el mismo mueble que le había golpeado. Tras buscar durante un rato, dio al fin con un montón de papeles escondidos en un doble fondo de un cajón. –Uuuuuhhh…- Aulló al encontrarlos. Las primeras páginas no parecían indicar nada en claro, solo un montón de dibujos sin sentido, pero no tardó en dar con una serie de indicaciones bajo el título de “Plan de robo y huida” con el objetivo de saquear una tesorería de la aldea del sonido. –Nya, te tengo, nya.- Hans mostró cada uno de sus colmillos con una sonrisa diabólica. Continuó buscando durante varios minutos, pero no dio con nada realmente interesante, tan solo un viejo libro llamado “Recetas del País del Rayo” que guardó en su bolsa por mero interés propio, tal vez así su madre cocinaría algo novedoso.

Oía pasos, parecían subir unas escaleras, pero no le dio importancia. Había realizado con éxito su labor. Con un soplido apagó el farolillo a su derecha y salió por el mismo sitio que había entrado. Volvería a Otogakure no Sato con la satisfacción del trabajo… medianamente bien hecho, pues nadie podría negar que la fortuna estuvo de su parte. Pero bueno, esa noche cenaría exóticas recetas de países del este, y eso siempre está muy bien.



-Hablo #0066ff- *Pienso #003399* Narro
Líneas totales: 180

Líneas requeridas: 50

Líneas sobrantes: 130

Peticiones:
10 puntos en Ninjutsu, lo que equivale a 100 líneas. Pasaría de 1 a 11 puntos en Ninjutsu y sobrarían 30 líneas.

2 puntos en Iryoninjutsu, lo que equivale a 20 líneas. Pasaría de 15 a 17 puntos en Iryoninjutsu y sobrarían 10 líneas.

1 punto en Kenjutsu, lo que equivale a 10 líneas. Pasaría de 10 a 11 puntos en Kenjutsu. No sobran más líneas.



-Hablo #0066ff- *Pienso #003399* Narro

✓MISIÓN CUMPLIDA
Shinobi's Justice


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