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No te olvides de visitar la Guía de Combate que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. En Shinobi's Justice utilizamos un sistema de combate de rol interpretativo donde empleamos técnicas y un sistema de parámetros, así como un medidor de chakra. Recordamos que las técnicas y los parámetros son interpretativos, no deben tomarse siempre al pie de la letra. Se puede ganar un combate cumpliendo las normas y describiendo bien tanto el escenario como la situación aunque se esté en desventaja, del mismo modo que se puede perder un combate ganado al no cumplir las reglas.






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No te olvides de visitar la Guía para Novatos que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. A la hora de hacer los registros, no olvides que debéis hacer el registro de pb, aldea, y expediente primero antes de poder rolear. Podéis rolear sin ficha ninja y sin cronología, sin embargo, para participar en un evento o vayáis a terminar un tema debéis tener creada ambas, tanto la cronología como la ficha.




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< Así que te han mandado a ti también… ¿no estabas retirado? > Preguntó Kaminari a su tío mientras metía todas sus cosas en la mochila. Idama en realidad no era su tío, no estaban conectados por sangre pero se trataban como tales. Lo conocía de pequeño y su padre y él eran casi que hermanos, algo así como la relación que tenían Kami y Rina. Se metió todas sus armas, el pergamino de invocación, se ató el fuma shuriken a la espalda y se puso una túnica oscura para no destacar. < Todo listo. > Idama se había presentado en su casa a primera hora de la mañana con una carta de la administración y una cara de muy mala hostia. Como ninja retirado por herida grave gozaba de privilegios como evitar ser convocado en situaciones que no fuesen de extrema urgencia pero al parecer los altos cargos se habían saltado esa norma por completo y le habían mandado a acompañar a Kami en una misión fuera de la aldea. ¿Por qué necesitaba un tutor para esta misión? No era la primera vez que realizaba una de este rango así que dudaba que fuese por la peligrosidad. Nuca se sabe. Abrió la puerta y dejó salir a su tío para luego cerrarla. < Entonces… de qué se trataba la misión de nuevo? No me has contado los detalles, solo me has dicho que me vista junto a un par de gruñidos. > ¿De qué servía el ninja retirado en una misión de todas formas, según le había contado estaba prácticamente ciego. Kami lo miró de reojo, sabía que era fuerte, muy fuerte pero en su estado actual no parecía la gran cosa. El chico seguía pensando que debería de haberse hecho ese trasplante de ojo y continuar su carrera como ninja pero desde luego jamás expresó ese pensamiento en voz alta.

Caminaron calle abajo hacia la puerta norte de la Aldea. La calle estaba concurrida pero no abarrotada, a esta hora los comerciantes se paseaban con sus carretas repartiendo productos a las posadas y algunas tiendas y la mayoría de la gente tan solo se estaba despertando. El invierno estaba comenzando, había llegado un poco tarde este año pero su presencia cada vez se hacía más notoria. Kami se apretó la negra bufanda que sobresalía de su capucha y dejó escapar una nube de vaho. Aun yendo bien vestido seguía teniendo algo de frío, pero este solo era debido a que era muy por la mañana. A medida que pasaran las horas y saliera el sol todo se calentaría y el chico dejaría de necesitar la bufanda y la capucha. Miró a Idama que caminaba a su lado. Se le notaba la cara de mosqueo y llevaba una gabardina de trapo poco refinada pero muy caliente. Su nariz estaba roja al igual que sus orejas y Kami notaba la suya moquear también. Si a algo se había acostumbrado en los últimos viajes que había hecho era al frío extremo del País de la Nieve. El frío de la Aldea de la Roca en Invierno, con el que llevaba conviviendo toda su vida, no era nada comparado con lo que sentías cuando el gélido viento de las montañas eternamente nevadas te golpeaba en la cara y te calaba hasta los huesos con su humedad sin importar las muchas capas de ropa de abrigo que lleves.

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Misión:
Nombre: Sobre la Tierra. (Disponible solo una vez)
Rango de la misión: C.
Paga de la misión: 1000 Ryous.
NPC de Staff: No permitido.
Lugar: Iwagakure no Sato
Número de post: 80 líneas.(Calibrí,11).
Descripción: Los criminales no descansan, eso es una gran verdad, Lia Uchiha, una kunoichi de renombre te ha pedido que vayas a con ella trasladando a un criminal que se encontraba en las afueras de la villa, al llegar al punto de encuentro, os percatáis de que, dicho criminal ha tirado por el camino un amuleto de apariencia misteriosa, el talismán esconde información vital sobre su grupo de renegados, por ello las prisas de este con hacerlo desaparecer, deberás recorrer el viaje inverso y encontrar dicho colgante con la información, se trata de un objeto especial creado por estos renegados capaz de “camuflarse” levemente con el entorno, encuentra dicho objeto entrégalo en la oficina del Tsuchikage.


~~ Hablo (#990033) - "Pienso" (#009966) - Narro -  Umeko Rina (#ff6666) ~~
¡Qué buena forma de arruinarle el día a un hombre! Pensaba Idama mientras escuchaba lo que los altos cargos tenían que decirle. Se había despertado temprano por culpa de un ninja mensajero llamándole a la puerta para pedirle que se presentara en el edificio de la oficina de gestión. No había dormido lo suficiente y estaba con ojeras y encima de todo ¿le iban a mandar fuera de la aldea en una misión? ¿Esto era en serio? Era un maldito ninja retirado por el amor de dios, estaba medio ciego, ¿En qué estaban pensando? Miraba con muy mala cara a los cargos que le tendían papeles y le explicaban la situación con detalle. ¿Por qué lo están haciendo como si fuera lo más normal del mundo? ¿Se han equivocado? ¿Es esto un error? Finalmente el encargado de decirle la información se levantó y mirándole a los ojos (o más bien al único que le quedaba) le dijo que aun a sabiendas de que estaba fuera de servicio la aldea le necesitaba una vez más. A la mierda la aldea y a la mierda esta misión. Por supuesto que no dijo esto, no podía hacerlo delante de aquella gente, solo podía imaginarse lo que se sentiría al hacerlo. Y se sentiría muy bien. Por último le informaron de que su compañero no sería otro que Osoroshi Kaminari, el hijo de un colega. ¿Lo han hecho a propósito o ha sido una coincidencia? Idama y quien consideraba su sobrino eran bastante cercanos por lo que dudaba mucho que fuera una simple coincidencia. Así que de eso se trataba, la misión en realidad no iba dirigida a él, ni siquiera era de un rango decente, no era para nada tan peligrosa como para mandar a un Jounin, pero sí era algo adecuado para Kami. Lo que querían no era que Idama cumpliera dicha misión sino que asistiera al chico como un mentor. ¡Aquello era aún peor! Maldita sea, qué buena forma de arruinarle el día a un hombre, pensaba una y otra vez.

Despertó a Kami golpeando la puerta con el puño, no lo hizo con rabia porque la rompería y sabía que el chico no era precisamente alguien con recursos. Era un ninja maldita sea, uno de los trabajos más sobrevalorados y peor pagados del Daichi. Cualquiera con una mínima noción de economía podía montar un negocio como comerciante y comenzar a amasar una fortuna. Lo mismo iba por alguien con los suficientes conocimientos del mercado como para detectar un nicho libre y proveer esa necesidad a la gente, aflorando y forrándose en poco tiempo. ¿Pero ser ninja? Por favor, un ninja debe matarse a trabajar por cien míseros ryous, más de la mitad del tiempo del ninja se lo pasa realizando recados más que misiones. Por algo la oficina está a reventar de ofertas, en realidad es más un trabajo de recadero que de auténtico especialista en infiltración y combate. Los explotaban como querían. Hasta rango B e incluso entonces lo que hacían no tenía nada que ver con lo que se supone que iban a hacer. Limpiar caminos, rescatar mascotas, hacer de niñera, cortar ramas, recoger objetos perdidos… adelante, sigue diciendo, seguramente casi todo lo que se te ocurra puede presentarse en la oficina de gestión en forma de misión y será aceptada y lo que es peor, encomendada a un pobre chico que entró al oficio con el sueño de convertirse en un defensor de su aldea y sus seres queridos. La cruda realidad golpeaba duro a Idama cuando se ponía a pensar en ello. Y cuando no les eres útil te echan a un lado con sueldo mínimo y una medallita que se supone que debería compensar todos los años de dedicación a la aldea y sus gentes. Aquel tema era especialmente delicado así que lo apartó a un lado de su mente y no volvió a pensar en ello. < Estamos hablando de una misión de escolta, te tutelaré por el camino  porque eso es lo que se supone que tengo que hacer y me iré en cuanto pueda. Como te tomes demasiado tiempo con esta tontería y tardes mucho te arranco la cabeza. > Se puede ver que no estaba de humor.

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Pasando el portón norte de Iwagakure los guardias saludaron a Idama. “¿Tan famoso es?” Se preguntó Kami. Era cierto que se trataba de un Jounin, un ninja más que respetado que incluso puede coger un pequeño grupo de Gennin bajo su tutela pero… “¿Será mi padre igual de reconocido?” Se acordaba que de pequeño su padre le contaba de cómo servía en las batallas como ninja médico. A esa edad Kaminari también pensaba en convertirse en ninja médico. Salvar vidas desde la retaguardia tenía un no sé qué que se le hacía atractivo. Luego cuando creció se dio cuenta de su talento con el Ninjutsu y su dura mollera así que casi sin darse cuenta cambió de rumbo. De todas formas hasta hace unos años aún pensaba que especializarse en el Iryoninjutsu como segunda rama no era tan mala idea, pero entonces descubrió el apasionante mundo del Fuinjutsu y las técncias de sellado y quedó enamorado. < ¡Oh! > Se sobresaltó. Acababa de recordar que Idama no solo era un Jounin, era un especialista en Fuinjutsu igual que aquel chico, Jisamu, con el que se había enfrentado por primera vez en los campos de entrenamiento. Quería preguntar a su tío muchas cosas, entre ellas si poseía un pacto, o qué clase de técnicas podía realizar, o cómo mejorar en el arte del sellado, pero la contestación que le dio el hombre denotaba que tal vez sería mejor no acribillarle a preguntas estúpidas, al menos en aquel momento. Idama se notaba de mal humor, era normal en parte. Le habían mandado a tutelar a Kami. ¿Por qué habían hecho eso? ¿Kami necesitaba tutela? Por supuesto él pensaba que no. Nunca había sido un mal estudiante y por lo tanto tampoco había sido un mal ninja. Había cumplido con éxito las misiones que se le mandaron hasta ahora e incluso había aprobado aquel aciago examen que casi le vuelve loco y ascendido a Chunnin. ¿Qué más querían? “No será que…” Posó su mirada en Idama, que seguía refunfuñando y soltando nubes de vaho cada vez menos densas (dado que poco a poco iba haciendo más calor) entre dientes. < Oye… ¿Te dijeron algo más cuando te mandaron la misión? Como por ejemplo… ¿Por qué te hicieron acompañarme? ¿He hecho algo mal? > Kami tenía la impresión de que no era para arreglar su comportamiento sino para que poco a poco Idama le encaminara en las vías del ninja, para que en algún momento pudiese volverse un shinobi tan fuerte y prominente como él. Al fin y al cabo eran buenos conocidos, incluso diría que cercanos. ¿Por qué otra razón mandarían a su tío, un ninja del que había escuchado cosas que parecían sacadas de una historia de fantasía, tutelarle en una misión. Tal vez esta no sería la última…

Caminaron un buen rato por el sendero que conducía a las cordilleras al norte. Era un camino amplio, aunque no fuese el principal que conectaba la Aldea y la capital del Pais, ese era el camino oeste y se metía por una serie de valles que facilitaban el transporte. En cuanto al que estaban siguiendo también era importante, servía de trayecto secundario a la capital pero más importante era la ruta más corta hasta las ciudades portuarias por lo que era usado por comerciantes menores que transportaban pescado en pocas cantidades (o los que tenían mucha prisa) De una forma u otra Kaminari se dio cuenta de que ni siquiera le había dicho a donde iban, simplemente intuía el camino que estaba tomando Idama ya que le seguía de cerca, pero le seguía de todas formas. < Tío Namikaze, podrías decirme al menos a donde vamos ¿No? O qué se supone que tengo que hacer ya que soy el que debe hacer la misión… >

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~~ Hablo (#990033) - "Pienso" (#009966) - Narro -  Umeko Rina (#ff6666) ~~
El camino era largo y tedioso, menos mal que aún no había entrado bien el invierno y la temperatura estaba subiendo. Se sacó las manos de los bolsillos por primera vez en todo el viaje y disfrutó el extraño gusto de sentir la fresca brisa en sus manos calientes. La cicatriz bajo el parche ya no le dolía tampoco. Solía hacerlo cuando había humedad o frío. Recordaba que la primera vez que pisó el País de la Nieve tras el incidente no podía dormir por cómo le zumbaba la herida. Era extraño, ese sitio debería ser tabú para él, recordarle lo ocurrido con el ojo y el fin de su carrera y su vida como ninja. Pero por alguna razón no era así, tenía demasiados buenos recuerdos, tantos que hacían el haber perdido ese ojo algo casi minúsculo en comparación. Rara vez se arrepentía de haber pasado tanto tiempo en aquel País. Llegó a amarlo tanto como amaba al País de la Tierra y a sus gentes. Ya no salía vaho de su boca y se soltó un poco las capas de tela que llevaba enrolladas en el cuello. De paso se sacó un cigarrillo y se lo prendió con un pedernal y un trozo de hierro. Hacía mucho que no fumaba, era uno de los pocos placeres que le quedaban. Pero el tabaco era cada vez más caro y pocos querían contratar a un ninja mutilado, menos aún le daba con la paga que le ofrecía Iwagakure como compensación. Dio unas caladas antes de responder a la pregunta del chico. < No creo que hayas hecho nada, solo han visto que pueden seguir usándome a pesar de mi lesión y les has parecido un buen conejillo de indias con quien practicar. > Lo dijo de forma casual pero se le notaba que estaba irritado en la voz. Siguieron caminando y Kami le preguntó qué se supone que debía hacer. Era cierto que no le había contado de qué se trataba la misión pero en parte era porque se le había olvidado. Habían salido con tanta prisa por acabar que ni siquiera se le pasó por la cabeza contarle al chico qué tenía que hacer. < Nos reuniremos con una tal Lia para escoltar un carromato que lleva a un criminal que capturaron a las afueras. Está a menos de una hora al norte ignorando el desvío hacia la ciudad portuaria más cercana. > La altitud aumentaría exponencialmente a nada que pasaran ese desvío así que la temperatura volvería a bajar de nuevo. < Va a hacer un frío de pelotas. > Añadió.

Continuaron subiendo, todo recto. El camino era largo y empinado, cubierto de maleza y rodeado de matorrales que casi no tenían hojas por la llegada del invierno. Los árboles se veían cada vez más grises y tristes y el cielo igual. Cada año pasaba lo mismo, el invierno era definitivamente la época más deprimente del año. “Queda poco para que empiece a nevar.” Pensó Idama. < ¿Cómo estas después de lo que te pasó en el país de las olas? > Kami no había hablado mucho sobre aquello pero sabía que le preocupaba. Siempre que le pasaba algo el chico se callaba y no lo compartía con los demás. No buscaba ayuda ni decía nada a nadie, era una mala costumbre que heredó de su padre. Idama aun recordaba cómo tenía más o menos las mismas conversaciones años atrás. “De tal palo tal astilla.” Pensó mientras le echaba una mirada a Kami. Cada vez se parecía más a su padre, pero el color del pelo lo heredó de su madre. Ahora solo faltaba que se dejase el pelo largo recogido en una coleta y empezase a llevar gafas. Tal vez no le quedarían tan mal…

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¿Así que habían enviado a Idama con él para hacerle trabajar? ¿Los de la administración no tenían escrúpulos o qué? Kami se tranquilizó un poco sabiendo que no le tenían en el punto de mira para nada pero a su vez estaba un poco decepcionado. “¿Seguro que no es una especie de tutelaje personal para que me convierta en un gran ninja?” Pensó, pero en seguida se sacó esa idea de la cabeza. “Claro que no, cómo voy a ser yo un gran ninja si ni siquiera estoy a la altura de otros Chunnin.” Recordaba aún su combate contra aquella chica de su Aldea de forma borrosa pero si de una cosa podía estar seguro era de que había perdido. No. No solo había perdido, había recibido la mayor paliza de su vida. Tardó casi un mes en recuperarse después de eso incluso con la ayuda de ninjas médico como su padre. Jamás había sentido tanto dolor y pánico a la vez, fue una experiencia que no quería repetir por nada del mundo. Dejó de pensar en eso en cuanto Idama le comentó sobre lo que tenían que hacer en la misión. < Así que una tal Lia… No la conoces ¿no? Me pregunto qué clase de persona será… > Tenía curiosidad pero si Idama no le decía nada más será que él tampoco tendría mucha idea.

El hombre le preguntó de repente sobre lo que pasó en el País de las Olas. Kami, como siempre que le pasaba algo que le afectaba, se lo había callado todo lo posible, pero no es que pudiese seguir escondiendo sus emociones. No se negaba a hablar de lo que había ocurrido pero tampoco daba mucho detalle. Se limitaba a una respuesta vaga y a dar pocos detalles para que así tras unas cuantas preguntas la persona se cansara y cambiara de tema. No lo hacía a propósito tampoco, era más como un mecanismo defensivo que llevaba usando mucho tiempo, desde que aún era pequeño. Otro rasgo que le hacía parecerse a su padre, recordaba haber escuchado hace tiempo. Él también se guarda sus problemas y preocupaciones hasta conseguir solucionarlos por su cuenta, carga con todo el peso y prefiere lidiar con ellos él mismo. Aunque Kami lo llevaba al extremo. No solo sus problemas, el chico también se callaba cualquier cosa que le afectaba emocionalmente. No por nada se quedó un día llorando en la cama después de que le rechazara una chica y luego cuando le preguntaron sus padres por qué tenía los ojos rojos dijo que se había peleado. “Qué memorias más desesperantes. Aunque tampoco es que tenga muchas tan ridículas…” Pero en ese momento le apetecía abrirse a alguien, Idama no era una persona cualquiera, era casi su familia, no le llamaba tío por nada. Aquel hombre le había criado de la misma forma o más que los hermanos de su madre. Lo veía más próximo incluso que los abuelos que tenía en el País del Rayo. Aunque eso se debía a que no recordaba haberlos visitado más de dos veces.

< Bueno… se podría decir que estoy mejor. > Comenzó, el camino era largo y hablar lo amenizaría un poco. < Quiero decir, las heridas están mucho mejor. Cuando desperté apenas podía moverme jajaja. > Rio señalando sus manos. < Puedo mover los brazos de nuevo y las costillas y el estómago apenas me molestan. El pulmón me sigue doliendo cuando hiperventilo al hacer ejercicio pero supongo que es normal. Tardará un poco más en curarse. > Se llevó la mano a la barbilla, le había quedado una cicatriz y había tenido que afeitarse la perilla pero a nada que sanó comenzó a crecer de nuevo. Esto por su parte no era heredado de su padre, pero recordaba que las veces que vio a su abuelo materno tenía una larga perilla en forma de punta. Estaba casi seguro de que lo había sacado de ahí. < En cuanto al resto son solo raspones, en serio, estoy bien. > De nuevo, inconscientemente sabía que Idama no le preguntaba por eso, no estaba hablando sobre sus heridas sino sobre cómo se sentía, pero simplemente no lo podía evitar, no lo hacía a propósito.

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~~ Hablo (#990033) - "Pienso" (#009966) - Narro -  Umeko Rina (#ff6666) ~~
< Pues claro que no la conozco, ¿por qué debería hacerlo? No es como si todos los ninjas nos conociésemos. > Dio una calada al cigarro y tiró la colilla, pisándola con el talón. < Si estas tan interesado pregúntale cuando la veamos, tal vez… > Se llevó la mano a la barbilla pensando. < Tal vez sea de tu tipo. > Le miró con una expresión engreída.  < ¿Y si le gustas? ¿Debería intentar presentarte? > Soltó una risilla. Meterse con Kami en ese punto era un deporte competitivo de tanta gente que lo hacía. A veces a Idama le daba incluso pena ver como no solo su mejor amiga sino que su invocación misma no paraban de molestarle. No es que eso le hiciera parar ni mucho menos, era muy entretenido. Escuchó pacientemente todo lo que Kami estaba diciendo pero cada vez ponía peor cara. < Eso no es a lo que me refiero y lo sabes perfectamente. > Dijo, de verdad que el chico era la viva imagen de su padre, tal vez incluso llevado un poco al extremo. De nuevo, ya que estaba acostumbrado a lidiar con Osoroshi Arima, pillaba al hijo en cada una de las costumbres que veía repetidas. < Te preguntaba qué piensas. Me dijeron los médicos que cuando despertaste apenas podías mirar a la gente a los ojos. > Se sacó otro cigarrillo y se lo llevó a la boca.

< Sabes, yo también tengo mis traumas, y créeme que no son pocos. He sido descubierto en misiones, emboscado cuando menos lo esperaba, me pillaron infiltrándome en la base enemiga, me robaron la información que tenía que proteger y tuve que cruzarme el País de la Hierba entero para recuperarlo… > Miró al cielo unos segundos, haciendo una pausa. “Buenos tiempos.” Pensó. < He sido traicionado, capturado, he recibido más cortes de los que puedo contar ahora mismo, tengo más cicatrices encima que no creerías que me queda sitio en la piel… > Giró la cara mientras se sujetaba el mentón y con el dedo índice recorría una vieja cicatriz que le bajaba desde la oreja hasta la barbilla, ahora cubierta por vello facial pero aún visible. < Lo que quiero decir es… emm… > dijo dubitativo. < Lo que quiero decir es… ¿qué es lo que quería decir? > Se llevó la mano a la cabeza, rascándosela con cara de concentrado. Aspiró hondo, quemando casi medio cigarrillo de una calada. < A lo que me refiero es que sigo vivo, ¿vale? Me ha pasado de todo y de todo me queda por pasar pero sigo aquí. > Liberó una densa nube de humo mezclada con vaho que casi le tapa la vista, teniendo que dispersarla con la mano para poder ver qué tenía delante. < Y créeme que lo he pasado mal, pero se lo he contado a mi mujer todas las veces y hemos llorado y hemos reído. Hazme caso, te sientes mucho mejor después de compartirlo con alguien. > Cuando miró enfrente se dio cuenta de que tenían delante el carruaje que se supone que debían escoltar. Estaba a menos de 50 metros, parado al borde del camino. ¿Tanto tiempo habían andado? Miró al cielo y el sol estaba bastante alto, ¿Entonces por qué demonios seguía haciendo tanto frío? Tiró la colilla al suelo y la apagó, señaló al carruaje. < Hemos llegado, eso es a lo que hemos venido aquí. Deberíamos encontrar a esa chica dentro del carruaje. >

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Ante la propuesta que le hizo su tío el chico se quedó pensativo. “¿Presentarme? Me pregunto si será guapa…” Pero ni siquiera se sonrojó de lo rápido que descartó esa posibilidad. “Imposible.” Se afirmó. “Espera… ¿Por qué tengo esta reacción tan floja? ¿Hasta estos extremos llegan mis problemas de autoestima?” Lo cierto es que estaba decepcionado consigo mismo. “¡Q-que dices, e-eso es… no te atrevas a decirle nada!” Se llevó la mano a la barbilla. “” Cerró los ojos. “¿Algo así?” Esa reacción era bastante estúpida pero a esas alturas era mejor que la que había tenido. “Espera, ¿por qué estoy pensando en estas cosas?” Miró a Idama sacándose otro cigarrillo. Le apetecía fumar pero llevaba semanas sin hacerlo y no quería perder la racha. Además con ese frío… no lo había dicho pero le seguía doliendo respirar aire frío y humo de tabaco por la herida en el pulmón. Esa chica le dejó hecho un cristo, de eso no hay duda. Pero aún no entendía de qué iba todo eso. Por qué le había atacado de esa forma. No había hecho nada malo ¿no? Ahora no estaba tan seguro. Su tío era perspicaz y le pilló ocultando lo que pensaba casi inmediatamente, como siempre hacía. Era complicado mantener las riendas de la conversación con una persona que te conoce tan bien, o al menos conoce tan bien a alguien a quien te pareces tanto. < Bueno… > Comenzó a decir, pero Idama empezó a hablar por su cuenta. Vaya, le estaba contando cosas sin que hubiera tenido que preguntarle directamente. Esto sí que era una novedad, aquel hombre no solía empezar la conversación, de normal se quedaba callado en una esquina siendo desagradable.

Kami escuchó lo que decía, algo espaciado, pero se conseguía enterar. Ese hombre era horrible explicando algunas cosas. Se rio por dentro. Era cierto, había pasado por mucho más que Kami, pero Idama era una persona fuerte, excesivamente fuerte diría él. Era el tipo más duro que el chico había conocido en su vida. Y el más descarrilado. ¿Qué clase de super ninja habría sido si hubiera aceptado hacerse la cirugía y siguiera con su trabajo? Prefería no pensar en eso, Idama se molestaría mucho si se lo mencionase. Su tío era fuerte pero… ¿Era Kami fuerte? Ahora mismo… no sabría qué decir. Le acababan de meter una paliza en la que casi le mata y no sabía por qué. < Yo… > Balbuceó. < No estoy seguro de poder hacer lo mismo… > Era la primera vez que hablaba de esto con una persona. < Es imposible que pueda hacer eso. > Apretó el puño. < No soy como tú, tú eres una de esas personas a las que la gente mira desde abajo, parecer intocable. > Seguramente ese comentario ofendería a Idama pero era lo que pensaba. < A mi casi me matan hace unas semanas y no se ni por qué. No eran ninjas enemigos, ni era el objetivo de alguna misión, ni siquiera eran varias personas. Solo fue una chica, casi me mata una chica que encontré en la playa. No me hizo preguntas, no me dijo nada, comenzó a gritar y a darme golpes. > Le daba rabia expresar esto, le daba rabia asumir su debilidad. < Ni siquiera… ni siquiera pude defenderme, ni atacar, no era una pelea, era una paliza, y yo fui el que recibía los golpes. > Se sentía tan impotente que estaba a punto de romper a llorar. Antes de que pudiera seguir hablando Idama le mencionó que tenían delante el carruaje al que habían venido a buscar. Así que ya era hora de empezar la misión, no podía creer que habían tardado tanto. Empujó todos los pensamientos que había tenido hasta ahora al fondo de su cabeza,  no necesitaba preocuparse por esas cosas, tenía que centrarse en completar con éxito lo que se le había asignado. Eso es, solo necesitaba pensar en la misión y olvidarse de todo lo demás.

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~~ Hablo (#990033) - "Pienso" (#009966) - Narro -  Umeko Rina (#ff6666) ~~
Antes de llegar al carruaje Kami comenzó a expresar algunos de sus miedos e inseguridades. Qué pena que fuera en tan mal momento. El hombre no pudo contestar ya que prácticamente habían llegado al carruaje, pero intuyó que el chico tampoco necesitaba una respuesta. Simplemente lo había dejado caer, lo había soltado de la misma forma que alguien grita al viento o escribe en un diario. No quería un debate, su respuesta habría sido contraproducente. Al llegar al carruaje lo golpeó con los nudillos ya que no había nadie a su alrededor. < ¿Hay alguien? ¿Hola? > Tras unos segundos de silencio la puerta se abrió y de ella salió una chica que aunque no bajita como tal comparada con ellos dos se sentía algo enana. Tendría veinte y tantos, se la notaba joven pero mayor que Kami. Tenía el pelo negro y liso, atado con una trenza que le caía por el hombro. Ojos negros y un rostro delicado. Si Idama hubiese sido veinte años más joven habría perdido la cabeza por esa chica. Qué pena que ahora fuese un marido fiel y respetable. ¿Verdad? < ¿Quiénes sois? > Preguntó la chica notablemente a la defensiva. < Oh, que maleducado, no me he presentado. > Idama sonrió. < Somos Idama y Kaminari, dos shinobis de Iwagakure. ¿Lia Uchiha, verdad? > La chica se mostró algo sorprendida de que supieran su nombre pero sacó un pergamino del bolsillo y lo revisó. < Idama Namikaze y Kaminari Osoroshi, un Jounin y un Chunnin de Iwa…  > Los miraba de reojo. < ¿Podría ver vuestras bandanas? > “Lo dice como si las bandanas no se pudiesen robar.” Pensó mientras sacaba la vieja chapa de metal que apenas conservaba su brillo y se la enseñaba a la mujer. Aunque la chica seguía un poco desconfiada decidió empezar a tratarlos como a personas y no como sospechosos sujetos que podrían ser potenciales enemigos. “La precaución es una cualidad imprescindible para un shinobi, pero esto es pasarse un poco…” Se dio la vuelta y puso la mano en el pomo de la puerta del carruaje, como invitándolos a entrar. < Eh eh, calma, ¿por qué no nos enseñas tú también tu bandana? > Preguntó Idama con una sonrisa. Se notaba a leguas que lo hacía para molestar, cosa que notó la chica, y con un chasquido de lengua y una mala cara sacó su bandana de Iwagakure de la chaqueta para enseñársela. “Yo también se jugar, pequeña, llevo haciendo misiones desde antes de que tu pudieses dar un paso.” Y con una expresión de satisfacción asintió y entró por la puerta del carruaje, señalándole a Kami que le siguiera.

Dentro del carruaje estaba oscuro, las ventas eran pequeñas, estrechas y largas, con un vidrio tintado para que no se viera desde el exterior lo que había dentro. Dos simples bancos de madera, sin comodidades, y sentado en uno de ellos, maniatado y amordazado, había un hombre de mediana edad. Idama silbó y miró a Lia. < Vaya, ¿qué es lo que tenemos aquí? ¿Lo has secuestrado tú o ya estaba así cuando llegaste? > La chica no parecía estar de humor para bromas. En realidad nadie lo estaría, Idama era el único capaz de bromear en aquel tipo de situaciones. Era una misión oficial, tenían en sus manos la vida de una persona pero el hombre no se lo podía tomar en serio. Estaba en una misión de rango C después de todo, no se puede esperar que un Jounin se la tome en serio. Al ver que la chica no reaccionaba refunfuñó un poco y se agachó delante del hombre maniatado para verle de cerca. Agarró su barbilla con la mano y la levantó para poder verle bien la cara. El hombre estaba en muy malas condiciones, se veía sucio, su pelo grasiento y una barba producto de no afeitarse desde hace días. Sus ojos no reaccionaban y se notaba que en condiciones normales no sería tan flaco. La mordaza estaba empapada en saliva y apestaba de tanto que había resignado a intentar cerrar la boca y tenía marcas en las muñecas y tobillos de haber estado atado mucho tiempo. Seguramente aunque intentaran levantarle y hacerle andar no podrían de lo entumecido que estaba su cuerpo. Idama volvió soltar un silbido de asombro. < ¿Qué ha hecho este tipo para que le trates así? ¿Siquiera le has dado de comer los últimos días? Santo cielo, me recuerda a mí cuando me metieron en uno de esos calabozos para espías. > Por supuesto sabía la respuesta, y por eso lo decía, ese hombre era un espía y le habían pillado.

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La chica que salió del carruaje era ciertamente atractiva. Su pelo y ojos negros eran lo completo opuesto a Rina, quien poseía rasgos encantadoramente claros. < Woah… > Dejó escapar Kaminari cuando se les acercó. Pero rápidamente cerró los ojos y agitó la cabeza levemente para que no se notara mucho. “No no no, Rina es más guapa, definitivamente no hay nadie más guapa que Rina.” Lo hacía para impedirse a sí mismo hacerse ilusiones. Si Rina era más guapa y tenía una personalidad tan horrible, ¿cómo sería una que no fuera tan atractiva? Por supuesto que no pensaba esto en realidad pero le servía de mecanismo para mantenerse alejado a las mujeres. “Mi corazón es demasiado frágil como para dejar que lo rompan una y otra vez.” Pensó, rememorando traumas de la infancia, e inmediatamente después se llevó las manos a la cara instintivamente para taparse los ojos. “Mis ojos dan miedo, lo pillo, así que por favor malditos niñatos, ¿podríais dejar de repetirlo una y otra vez? Duele ¿vale? Duele mucho.” Dejando sus traumas de lado la tal Lia Uchiha les pidió ver sus bandanas. ¿Un procedimiento de seguridad? Nunca antes le habían obligado a hacerlo en una misión. ¿Será que esta es más importante que las otras? Obedeció, mostrando la bandana que tenía en el cinturón y obedientemente les siguió al carruaje. Entonces Idama le pidió a ella que les enseñase la bandana. < Tss, tío Idama, para ya… > Susurró dándole un codazo al hombre. Sabía que lo hacía para molestar a la chica, le gustaba tener la superioridad en cualquier situación. Era una manía extraña que compartía con el padre de Kami. Manía que, por suerte o por desgracia, el chico no heredó. “¿Habría sido más popular si hiciese lo mismo?” Se preguntaba a menudo.

Dentro del carruaje había un prisionero, Kami tragó saliva al ver las condiciones en las que estaba. Así que la Aldea oculta éntrelas rocas también hacía esas cosas. Era una verdad que sabía inconscientemente, por supuesto. Una de esas cosas en las que no quieres pensar porque sabes que la respuesta va a agradarte mucho. “Algo habrá hecho.” ¿Era ese el pensamiento correcto? No quería darle más vueltas porque sabía que si lo hacía llegaría a la conclusión de que no y lo último que necesitaba ahora era otra crisis de fe. Recordó a la chica del País de las Olas. Ella también era de Iwagakure, eran de la misma aldea y aun así le atacó como lo hizo. Su fe, su confianza en la Aldea ya llevaba decayendo desde hace un tiempo pero últimamente esta caída no parecía frenarse sino que acelerar, y acelerar y acelerar… < Entonces… ¿qué hizo este hombre? > Preguntó, algo temeroso a la respuesta. < Mi ti… dijo, este Jounin, Idama, no me ha querido decir exactamente de qué iba todo esto. > Idama estaba bromeando, como siempre, sobre un tema tan delicado como aquel. Ese hombre había vivido el suficiente tiempo y las suficientes cosas como para tener unos valores bien claros. Eran tan estables que veía no tanto como correcto pero normal aquel tipo de acontecimientos. ¿De verdad lo ve aceptable? ¿Cómo alguien puede estar tan mal como para no ver que algo así es inmoral? ¿O será que aunque lo vea ha aceptado que este mundo es tan horrible que ni se sorprende cuando ve algo así? Quizás ahí estaba la respuesta, quizás Kami tenía que cambiar su visión del mundo. Aceptar que no era justo, aceptar que no era moral. Aceptar que había un sinfín de personas idas de olla que haría cualquier cosa para lograr sus objetivos y otro sinfín de personas que aun sabiéndolo simplemente se quedan mirando. Pero ¿quién era él para decir nada? Él era el primero en quedarse callado. Él era el primero en mirar sin decir nada.

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Idama miró al Kaminari de reojo y vio en él una mirada espaciada, la típica que tenía cuando pensaba demasiado las cosas. “En serio, ese chico necesita dejar de darle mil vueltas a cada cosa que le pasa y mover el culo cuando toca. Seguro que así le iba mucho mejor.” Se giró a mirar a Lia Uchiha, la kunoichi que se suponía que debían asistir en esta misión. Kami preguntó tímidamente por qué el rehén estaba en la situación en la que estaba. No era una mala pregunta, pero sabía que el chico la hacía por las razones equivocadas. Aun así decidió asistirle en ella. < Si, dinos por favor, ¿por qué hay un hombre medio muerto en tu carreta? > Lia le miró con desdén, no le gustaba el tono que usaba para hablar ni el poco tacto y poca profesionalidad con la que llevaba el asunto. Aun así se resignó a contestar. < Este hombre de aquí es un espía que capturamos hace unos días mandando información a una organización enemiga hasta ahora desconocida para nosotros. > Idama se puso en pie de un salto. < Si es desconocida ¿cómo sabéis que es enemiga? > La chica frunció el ceño, si cualquier otra persona hiciera esa clase de preguntas sería acusada de traidor inmediatamente y perdería cualquier derecho a hablar pero Idama no era alguien cualquiera. Había demostrado una y otra vez que era fiel a Iwagakure hasta las últimas consecuencias y sospechaba que la chica lo sabía. Después de todo obedecía como un perrito (aunque eso sí, de mala gana) todo lo que el hombre le decía o, en este caso, respondía a cualquier cosa que le preguntara. < Si no fuera enemiga no tendría razón para ocultarse y enviar información sensible de contra bando. > Dijo de la forma más digna posible. < Es porque no sabemos mucho de la organización que me han pedido que le lleve a Iwagakure para someterle a un interrogatorio y tratar de sacarle algo de información. > Esa era una buena respuesta, como si lo hubiera leído de un guion. Se la notaba alguien disciplinada, esa clase de persona aburrida que Idama una vez fue y que ahora aborrecía.

< Huuuum, así que información sensible a una organización clandestina eh… Me pregunto qué tipo de secretos tiene Iwagakure como para que traten así a alguien sospechoso de poder contarla por ahí. > Miró a Kami de reojo, tenía curiosidad de cómo reaccionaría el chico a esas palabras. Lia fue a abrir la boca para contestarle, notablemente enfadada con lo que acababa de implicar, pero Idama no le dejó y continuó hablando. < Pero si de verdad quieren interrogarle te recomiendo que empieces a tratar a tu prisionero un poco mejor, no creo que tengáis una forma de sacarle información a un muerto. > Agarró al rehén del pelo y le levantó la cabeza sin cuidado para mirarle una vez más a los ojos. < Mírale, ¿de verdad crees que puede hablar en estas condiciones? > La joven Uchiha trató de encontrar las palabras adecuadas para decirle a aquel Jounin que no sujetara al preso por la cabellera pero realmente el hombre maniatado ya había llegado a tales condiciones que no importaba lo que hicieran casi seguro que no podía empeorar. Idama dio un último vistazo a la cara del rehén y le dejó en paz, saliendo del carromato y aspirando aire fresco. Ahí dentro apestaba aunque había huecos de ventilación para que el aire entrase y saliese. “Pobre hombre.” Idama sabía muy bien cómo se sentía estar en esa situación y no se lo deseaba a nadie, sentía que no importa quién ningún ser humano debía sufrir esa clase de tratos. Pero por supuesto, no iba a decir nada. Ese era el mundo en el que vivían y no podía cambiarlo. Quería hacerlo, siempre quiso, pero a medida que se hacía mayor se daba cuenta de que era una idea más y más infantil. Un mal sueño del que despiertas de golpe en algún momento de tu vida. Quieran o no, todos despiertan, es lo que se llama hacerse adulto. Kaminari había despertado, desde luego, o estaba muy cerca de hacerlo. Miró al cielo mientras Lia también salía del carromato y se acercaba a decirle algo.

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Así que un espía enemigo.” Kaminari se sintió más cómodo, como si estuviera aliviado. ¿De verdad reafirmar que lo que estaban haciendo estaba justificado le había quitado un peso tan grande de encima. Idama se seguía comportando como un capullo, manteniéndose por encima de Lia. El chico prefería no mantener sus ojos sobre ella mucho tiempo. Salieron del carro y antes de que ningún pensamiento extraño invadiera su mente la Uchiha se acercó a ellos para explicarles, por fin, qué se supone que habían venido a hacer. < Vuestra misión es hacer de escoltas y ayudarme a llevar a este prisionero hasta Iwagakure. Como ya sabréis la Aldea está bastante lejos y los altos cargos temen que el carromato pueda ser atacado por compañeros de ese hombre antes de que lleguemos a interrogarle. Podría ser un intento de liberarle, aunque también podrían intentar silenciarlo antes de que nos diga nada. > A Kami se le erizó la piel. “Si, Iwagakure está bien lejos, dínoslo a nosotros que hemos recorrido todo este camino andando.” Pensó, pero no se atrevió a pronunciar esas palabras. No era como Idama, y tampoco era un Jounin. Kami supuso que Lia era una Chunnin, igual que él. Era una misión demasiado importante como para confiársela a un gennin y la chica trata a Idama con el mismo respeto con el que le trata cualquier ninja con rango inferior. Había visto a su tío interactuar con otros Jounin y a diferencia del aura de autoridad que le rodea cuando le habla otra gente, los Jounin parecen saber su verdadera naturaleza. Saben que en el fondo es un bromista, un buen tipo con el que se puede tener una conversación de igual a igual. Era muy extraño visto desde fuera y sin entender el contexto.

Kami también estaba preocupado por la última parte de lo que dijo Lia. “Silenciarlo…” Sus propios compañeros irían a matarle, esa era la verdad del mundo en el que vivían. Kami llevaba dándole la espalda a dicho mundo demasiado tiempo y solo ahora estaba empezando a ver tras las cortinas. Era bastante impactante pero poco a poco iría acostumbrándose, al igual que Idama. ¿Era eso lo que quería, transformarse en alguien frío, con un corazón de piedra que le ríe a la muerte en la cara? Por alguna extraña razón aquel pensamiento no le causaba disgusto. Es más, lo veía extrañamente atractivo…

Se montaron en el carruaje, Kami estaba encargado de sentarse en el techo del carro vigiando la puerta de atrás. Era un trabajo aburrido pero no podía hacerlo otra persona. Lia se encargaba de conducir a los caballos mientras que Idama estaba medio ciego y no serviría nada plantarle en el puesto de guardia. Aun así desde arriba podía oír la conversación que estaban teniendo esos dos. Se tumbó en el techo mirando al cielo. Los arboles a los lados del camino habían perdido todas sus hojas y sus ramas desnudas apenas contrastaban con la tonalidad gris del cielo. Era un día gris, pero no hacía viento. Kami dio gracias por esto último ya que era la razón por la que no hacía tanto frío como podría haberlo hecho. Si al menos los arboles tuvieran sus hojas bloquearían parte del viento pero en ese momento una simple brisa sería capaz de bajar varios grados la temperatura del ambiente. El camino montañoso era irregular y el carro se zarandeaba y tambaleaba, a veces golpeando la cabeza del chico contra el techo, aunque no le molestaba tanto desde que en cierto punto  del trayecto había apoyado la cabeza en las manos para amortiguar. A pesar de lo que parecía era una misión tranquila, se alegraba de que, al menos hasta ese momento, no había tenido que hacer prácticamente nada y estaban viajando en carromato. Si llegan a regresar todo el camino andando Kami estaba casi seguro de que habría necesitado más de una parada por la extensa distancia que había.

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Lia explicó la misión. Una misión de escolta, un trabajo aburrido para gente que no tiene nada mejor que hacer. ¡Vaya, pero si cuadra con la descripción de Idama! Ahora entendía por qué le habían mandado con Kaminari. < Eh chico, necesitamos que te subas al techo del carro y vigiles por si ves algo raro. > Se sentó en el banco del conductor, al lado de la mujer Uchiha. < Yo voy a echarme una siesta, despertadme si hay que matar a alguien. > Se recostó contra los tablones de madera que conformaban la parte frontal del carro y cerró los ojos. No servía para nada hasta que hubiera un enemigo que atacar. ¿Cómo de triste era eso? Pudo notar la mirada de desaprobación de la kunoichi que llevaba las riendas de los caballos aún con los ojos cerrados. “¿Tanto me odia tan rápido? Será que es demasiado firme y estricta consigo misma. Qué pena, si sonriera más…” Momentáneamente le vino a la mente la imagen de su mujer. “No no no, ¿en qué estás pensando Idama? Eres un hombre casado, no puedes ir por ahí…” De pronto se le vino a la mente algo. < Oye, ¿cuándo encontrasteis al espía? > Lia tardó un poco en responder ya que la pregunta le vino de sopetón, era una sorpresa que aquel hombre de repente se viese interesado en la misión después de que todo lo que hubiese hecho hasta ahora fuera dar por culo. < Hace cinco días, en la ciudad portuaria. Creemos que ha recibido información y ordenes desde fuera y se disponía a entregarla junto a secretos de la villa oculta entre las rocas cuando se reuniera junto a sus compañeros. > Idama se llevó la mano a la barbilla. < ¿Ordenes? Así que esa es la información que queréis sacarle. > Lia seguía con su tono de voz monótono como si aquella conversación le pareciera aburrida. < Entre otras cosas, sí, pero es un hueso duro de roer y hasta ahora no ha dicho nada. Cosa que cambiará cuando llegue a manos de los interrogadores profesionales de la aldea. > Parecía confiada. < Lo dudo. > Declaró Idama sin titubear. < ¿Qué? ¿Por qué lo dices? > Fingía no estar sorprendida, fungía seguridad, pero Idama la vio mirándole de reojo, con un poco de curiosidad. < He estado en su situación, sus ojos me recuerdan a los míos cuando fui capturado aquella vez hace diez años. > Era verdad, la situación del rehén era deplorable hasta tan extremo de que ni podía pensar e Idama lo podía ver claramente. < En ese momento estaba dispuesto a decir lo que sea, a hablar de lo que hiciera falta, me encontraba en un estado tan horrible que solo había una cosa que me detuvo de contarles todo a mis interrogadores. > Abrió el ojo que le quedaba. < ¿Y eso fue? > Preguntó Lia, esta vez sin enmascarar su curiosidad. < Que no sabía nada. >

El carruaje estaba parado, al borde del camino, mientras la chica estaba en pánico. Que no se hubiera dado cuenta hasta ahora era señal de que había fallado como kunoichi. Sus ojos brillaban con un rojo intenso mientras le gritaba al rehén sin conseguir nada. Idama estaba junto a la puerta, contemplando la escena con cierta preocupación, aunque todo seguía sin importarle un carajo. < ¿Ves eso? > Se dirigió a Kami. < Sus ojos. Han cambiado de color cuando se ha enfadado. Eso es lo que hacen los Uchiha. > El sharingan de dos aspas se veía claramente en la oscuridad del carro. < No tienen que estar obligatoriamente enfadados pero normalmente si ves a un Uchiha cambiar de color sus ojos significa que la cosa se pone fea. > Al parecer Idama tenía razón, el preso no había dicho nada porque realmente no sabía nada. Las ordenes le habían sido entregadas en un pergamino sellado que había tirado hace un buen trecho de camino por una de las rendijas que tenía el carro para la ventilación. ¿Qué clase de idiotas habían usado un carro con rendijas en el suelo para transportar a un espía? Lia estaba intentando sacarle dónde había tirado el maldito pergamino pero este se negaba a responder, o más bien no podía hacerlo de lo maltratado que estaba. Les tocaba volver sobre sus pasos y tratar de encontrar esa cosa. Oh triste existencia, ahora que casi habían llegado a la Aldea les tocaba dar la vuelta.

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La joven Uchiha que les acompañaba estaba histérica. Agarró al preso y empezó a zarandearle mientras gritaba algo sin sentido. < ¡¿DONDE TIENES LA INFORMACIÓN?! > No paraba de repetir. Sus ojos brillaban de un tono carmesí que le trajo a Kami recuerdos del examen Chunnin, pero solo vagamente ya que Idama le comentó sobre la razón de que sus ojos sufrieran tal cambio. Al parecer era algo que podían hacer los miembros del Clan Uchiha. ¿Pero qué era exactamente? La repuesta, o al menos la pregunta tendría que esperar ya que parece que la misión estaba en peligro. Salieron de la carreta pensando en qué hacer. Idama parecía estar seguro de que el preso no sabía lo que querían que dijese sino que le llegó de alguna forma material, y que había conseguido deshacerse de ese objeto, sea un pergamino o sea otra cosa, por el camino desde la ciudad portuaria en la que le atraparon hasta ese momento. Pero el camino era exageradamente largo y no sabían qué buscar. Más aún, Idama no podía ayudarles ya que estaba medio ciego y Kami dudaba mucho que quisiera ayudar a buscar una aguja en un pajar. Después de todo no era exactamente su misión, le habían mandado a escolar al preso, aunque las prioridades de la misión hubieran cambiado. < ¿Y ahora qué hacemos? > Lia parecía derrotada, toda la arrogancia con la que los había estado tratando hasta ahora había desaparecido y solo quedaba una chica triste, desesperada por las consecuencias que podrían acarrear haber pasado por alto un detalle tan importante. < No podemos darnos la vuelta, tardaríamos muchísimo. Los caballos están agotados y las probabilidades de que nos atacasen aumentarían exponencialmente. Sería un suicidio. > Kami estaba apoyado contra el carromato, intentando pensar en cómo salir de aquella situación. < Tampoco podemos volver a la Aldea con las manos vacías y decir que vamos a buscar lo que ha tirado, no creo que a los altos cargos les haga mucha gracia y la misión quedaría en desastre. > La joven Uchiha asintió. < Y es muy probable que en ese tiempo sus secuaces ya hayan encontrado el objeto y se lo lleven a su base, por lo que nos sería imposible recuperarlo. > Pasaron diez minutos en silencio, con expresión de derrota y pensando en cómo sería volver a la aldea con las manos vacías y habiendo fracasado una misión aparentemente tan sencilla. Finalmente Kaminari agarró el pergamino de invocación que tenía en la mochila y lo desenrolló en el suelo. Lia lo miraba con curiosidad. Mordió un pulgar e hizo una marca en el centro. Inmediatamente después de unos sellos un búho apareció en el pergamino de una explosión de humo. “¿Solicita mis servicios, joven Kaminari?” Preguntó el animal. “Si, necesito tus ojos.” Respondió el chico, aunque nadie más que su invocación podía oírlo.

< ¿Qué estás haciendo? > Preguntó la chica, intrigada. < Lo que nadie más quiere hacer. Voy a volver sobre nuestros pasos y encontrar ese dichoso objeto. Vosotros quedaos junto al carromato, avanzad un poco hasta llegar lo suficientemente cerca de la aldea como para poder pedir ayuda si algo pasa. > Se puso la mochila al hombro y Cat alzó el vuelo, circulando alrededor de la zona y observando la carretera de polvo y piedras con cuidado de no perderse un detalle. < Bueno, deseadme suerte, espero volver antes del anochecer. > Declaró, y comenzó a caminar en sentido contrario a la aldea, adentrándose de nuevo en la montaña de la que acababan de volver sin más compañía que su invocación. “¿Por qué te has ofrecido a hacer eso, joven Kaminari? ¿No será para lucirse delante de esa joven señorita?” Cat como siempre hacía preguntas inoportunas. “Nada más lejos de la verdad, solo hago esto para salvar mi propio pellejo.” Contestó Kaminari sin levantar los ojos del suelo. El objeto que estaba buscando podría estar en cualquier lado y desgraciadamente ni siquiera sabía de qué se trataba. Les esperaba un día muy, muy largo y Kami tan solo quería volver a casa. “¿Por qué siempre me pasan estas cosas?” Se preguntó. “Recapitulando cómo ha sido mi vida hasta ahora… seguro que estoy gafado.

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La depresión se notaba en el ambiente. Idama ni siquiera iba a intentar animarlos, todos sabían muy bien que no serviría de nada. Kami y Lia discutieron sus opciones y finalmente el chico reunió el coraje de coger e irse él solo a buscar el objeto perdido. “Chico listo, así podemos defender el carromato a la vez que hacemos tiempo para que tu busques lo que sea que hay que encontrar.” Idama estaba algo así como orgulloso por la decisión de Kami. “Aun así, a ti te toca la parte más difícil. ¿Estás dispuesto a cargar ese peso sobre tus hombros?” Pero sabía que sin importar lo que le dijera Kaminari no cambiaría de opinión. Por lo tanto asintió a su plan y se dio la vuelta para montarse una vez más en el carro. La joven Uchiha sin embargo se veía un poco dubitativa. Idama no sabía si era porque no confiaba en el chico lo suficiente como para encomendarle la misión o si simplemente se sentía mal por hacerle dar toda la vuelta por culpa de un error suyo. < No es justo… yo debería ser quien… > Murmulló por lo bajo, en un tono casi imperceptible, pero el Jounin tenía un excelente oído para compensar su lastimosa visión así que pudo oírlo perfectamente. “Así que se siente mal. ¿Tendré que hacer algo para animarla?” Sus labios dejaron entrever una sonrisa. “No no no Idama eres un hombre casado, no puedes ir por ahí seduciendo jovencitas.” Se volvió a repetir mentalmente.

Los dos ninjas se sentaron en el banco del conductor y continuaron su camino. Entonces Idama agarró las riendas para sorpresa de la chica. < Sube al tejado, ahora que Kami no está aquí necesitamos a otra persona que vigile en caso de emboscada. > Lia permanecía algo dudosa. < Pero, las riendas… > Idama pensó que se refería a que él no veía por donde iba así que no podría guiar bien a los caballos. < Tranquila, no estoy tan ciego como puedas creer, sé por dónde ir al menos. Además, los caballos no son estúpidos, conocen estas carreteras. No se dejarán guiar a un barranco ni nada parecido. > Aún con algo de desconfianza la chica soltó las riendas que llevaban los caballos y las dejó en manos de Idama antes de saltar al tejado del carro y quedarse allí sentada, observando con cuidado a su alrededor en busca de algo que pudiera denotar un intento de emboscada enemiga. Lo hacía con tanta diligencia que era como si con ello intentara compensar el haber dejado que el preso se deshiciera del objeto que contenía la información que necesitaban recuperar. Quería de alguna forma remendar sus errores pero ya era tarde, no era ella quien había ido a recuperarlo sino Kami, y necesitaba una nueva forma de compensar por el estropicio y los problemas causados. Idama llevó a los caballos con relativa facilidad, se notaba que no era su primera vez. Era la pericia del veterano, conocía tan bien estas carreteras que estaba casi seguro de que podía llevar la carreta hasta Iwagakure con los ojos cerrados. No es que fuese a intentarlo, aún necesitaba ver qué ocurría a su alrededor. Continuaron por el camino una hora o dos, Idama perdió el sentido del tiempo y el cielo estaba completamente encapotado así que no podía ver el sol. Las nubes grises y densas le quitaban el color al resto del mundo, dejándolo monótono y aburrido. Miró hacia arriba, no distinguía muy bien la forma de las nubes. Llevaba años sin poder hacerlo. Intentó recordar cómo era poder verlas con claridad pero solo recuerdos borrosos aparecieron en su mente. Qué triste la vida de alguien que solía poder vivirla de forma plena. Pensaba que un ciego de nacimiento era mucho más feliz que alguien que podía ver durante gran parte de su vida y luego se quedaba ciego. En serio, pensadlo, si nunca has visto nada no sabes lo que te pierdes. Toda tu vida han sido sonidos y texturas y para ti no existen formas ni colores que echar de menos. Era un pensamiento deprimente, sobre todo si teníamos en cuenta que Idama no estaba completamente ciego. Solo veía mal las cosas que estaban a algo de distancia. Seguía viendo bien de cerca y a veces incluso podía leer. Eso sí con gafas. Le habían regalado un monóculo pero le parecía tan estúpido que seguía llevando las gafas, aunque la gente le decía que así quedaba más estúpido aún. “¿Cómo le irá a Kami?” Se preguntó de repente.

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Llevaba un buen rato caminando y buscando lo que sea que tenía que encontrar. Lo cierto es que era aburrido. Muy aburrido. Tan aburrido que ni en sus peores pesadillas, ni en sus fantasías más oscuras se habría podido imaginar lo aburrido que sería buscar algo que ni siquiera sabías qué era en un camino tan largo que atravesaba la mitad de su país. “¿Tienes alguna idea de lo que podría ser?” Preguntó a Cat. Intentaba mantener una conversación con el búho pero tenía miedo de que se les acabaran las cosas de las que hablar y murieran de aburrimiento. ¿Siquiera era posible morir de aburrimiento? Físicamente me refiero. No tenía ni idea pero algo le decía que aquel día le tocaba comprobarlo. “¿A qué te refieres?” Respondió el búho confuso. “Ya sabes, eso que estamos buscando, ya te lo he explicado. Se supone que contiene la información que hemos venido a buscar.” Kami no levantaba los ojos del suelo pero le parecía que todas las piedras eran iguales. “Es una buena pregunta. Ya que no me has dado ninguna otra información debo reconocer que no sé qué buscar ni en qué centrar mis ojos.” Cat era exageradamente honesto algunas veces. “Sinceramente esperaba más de los humanos. Si así es como resolvéis vuestros problemas, buscando algo que ni siquiera sabéis de que se trata, los días de vuestra especie están contados.” Vaya, eso había sido un golpe bajo. Pero por mucho que le doliese Kami no podía rebatirlo. Era la más pura verdad. “Supongo que se trata de algo pequeño si es que ha conseguido pasarlo inadvertido y tirarlo por la rendija del carro.” Comenzó a meditar el chico. “Eso no es exactamente un gran hallazgo, ya presuponía que no estábamos buscando algo del tamaño de un árbol.” En serio Cat, tienes que aprender a decir las cosas con más delicadeza. Kami solo estaba intentando deducir un poco de información de los datos que tenían. Aquel bullying era inmerecido. “De todas formas ¿cómo demonios han conseguido perder algo tan importante? No digo que yo no habría dejado que pasara si estuviera en su lugar pero me parece bastante absurdo si de verdad era un objeto tan crucial.” El animal revoloteó haciendo círculos en la altura. “Puede que fuese algo tan trivial que no pensaran que sería importante. Tal vez fuese muy pequeño o que parecía otra cosa.” Sonaba razonable. Si querían mandar un mensaje oculto no lo harían con un pergamino o cualquier cosa parecida. Seguramente se tratase de un objeto que no llamase para nada la atención como un trapo viejo o un pedazo de madera o algo así. Tampoco se podía descartar la posibilidad de que fuese un artefacto con forma de objeto corriente. Con esta nueva información prosiguieron búsqueda, caminando a paso ligero sin despegar los ojos del suelo.

Tras una hora tuvieron que parar. Kami se sentó en una roca cerca de la carretera y se quitó los zapatos. A pesar del frío se sentía mejor así, sus pies estaban callosos y le dolía todo el cuerpo. Sentía una gran molestia en los hombros y la cadera y sospechaba que no quedaba mucho para que la espalda le empezase a doler también. Se masajeó los pies mientras veía como su compañero se adelantaba y rastreaba un buen trecho de camino que les quedaba por delante. Era un animal diligente, a pesar de lo que pudiese decir. Estaba siendo gracias a él que podían caminar a buen ritmo, sus ojos eran mucho mejores que los de Kaminari y no cabía duda que si al chico se le pasaba algo Cat se lo haría saber. De no ser por poseer esta invocación, no, este compañero, Kami ni siquiera se habría presentado como voluntario a recorrer el camino de vuelta para recuperar el objeto. Habría sido completamente imposible para alguien como él encontrar algo así. “¿Cómo ves la cosa?” Preguntó cuándo lo vio volver planeando hacia el sitio en el que estaba descansando. “Nada en unos 200 metros delante, debemos ir más lejos.” Kami suspiró, era una lástima. Tenía un pequeño ápice de esperanza en que lo encontraran pronto, en que no esté tan lejos, pero esta minúscula luz se reducía con cada paso que daban.

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~~ Hablo (#990033) - "Pienso" (#009966) - Narro -  Umeko Rina (#ff6666) ~~
Pasaron las horas e Iwagakure estaba cada vez más cerca. Durante ese tiempo las nubes parecían descender por alguna razón, haciéndose más y más bajas y cubriendo los picos de algunas de las montañas más altas, que quedaron invisibles, formando un puente entre el cielo y la tierra. Aunque este puente poca gente estaría dispuesta a cruzar. Además de eso las nubes habían ennegrecido, haciéndose más oscuras a cada minuto que pasaba y se podían oír algún que otro trueno en la lejanía. Todas esas señales estaban claras. Pronto iba a llover, y no una lluvia corriente. Miró a la lejanía, al camino que habían dejado atrás y ahora quedaba a sus espaldas. “Espero que esté bien.” Si la lluvia pillaba a Kaminari le sería mil veces más complicado encontrar el artefacto. Por alguna razón los dioses parecían conspirar en su contra. Juntó las manos dando un par de palmadas y recitó un rezo para sí. Lia al verle miró al cielo e hizo lo mismo, captando inmediatamente la idea. Esperaba que los dioses fueran bondadosos y les dejasen completar la misión, aunque bien podían estar ayudando a los enemigos por alguna retorcida razón. La herida que tenía en el lugar del ojo que había perdido comenzó a zumbar y un fuerte olor a tierra mojada inundó sus pulmones. El olor a lluvia. Se rascó la barbilla mirando hacia arriba y una gota cayó en su mejilla. Luego otra, luego otra y pronto su cara se vio empapada. < Lia, hay que parar, a los caballos no les gusta caminar bajo la lluvia. > La chica no estaba tan convencida y eso se veía en su cara. Pensaba que parar era darles una oportunidad perfecta a sus enemigos para atacar, y tenía razón, pero Idama era más experimentado y sabía de lo que estaba hablando. < La tierra se reblandece y las piedras se hacen más escurridizas, sobre todo al contacto con el metal. > Comenzó a decir. < Los caballos se escurrirán con las herraduras, no pueden caminar bien y en el peor de los casos podrían torcerse un tobillo. Eso nos dejaría en mucho peores condiciones ¿no crees? > Lia parecía haberse convencido con la explicación de su superior así que suspiró y bajó del tejado.

Encaminaron el carro a un lado de la carretera, en una pradera con una ligera espesura de árboles bajos de hoja perenne. Esto tenía como intención resguardarles de la lluvia a la vez que reducir sus posibilidades de ser golpeados por un rayo. Los rayos caen en árboles altos y grandes, no suelen hacerlo en pequeñas espesuras. Aunque nunca se sabe. Como había dicho antes, esto solo reducía sus posibilidades de ser fulminados, nada aseguraba que estuviesen fuera de riesgo. Idama y la chica levantaron un pequeño tablón que había a un lado de la carreta haciendo una especie de tejado improvisado. Esto también servía como puerta para entrar así que tenían a su prisionero a la vista y ya de paso ventilaban el interior de la carreta. < Menudo día llevamos. > Dijo Idama, intentando empezar una conversación amena y distraerles de la situación tan asquerosa en la que estaban. < Bueno, podría ser peor. > Lia le miró con desacuerdo pero no dijo nada. Por supuesto que podía ser peor, mucho peor en todos los sentidos. Podrían estar atrapados en el País de la Hierba en las junglas bajo una tormenta y acosados por insectos gigantes y radicales religiosos. Creedme, era exactamente lo que le había pasado a Idama cuando recién había ascendido a Jounin. ¿Y se quejó? Claro que se quejaba, no dejaba a ninguno de sus compañeros distraerse un solo segundo ni olvidarse de la situación en la que estaban. Acabaron cogiéndole tal asco que por poco le abandonan cuando era su turno de dormir. Buenos tiempos, sí señor.

< Con esta lluvia será más difícil defendernos de una emboscada. > Dijo Lia, pensando en lo obvio. < Si, si yo fuera a elegir un momento para atacarnos sería este. > La chica le echó una mala mirada pero Idama no pensaba callarse. < En serio, piénsalo, si alguien quisiera matarnos y recuperar al preso o simplemente matar al preso y huir ¿qué momento se te ocurre para hacerlo mejor que este? Si de verdad alguien lleva siguiéndonos todo el camino ahora es cuando está al caer. > Soltó una carcajada, pero la Uchiha no parecía tan contenta. Suspiró, algo acostumbrada al humor de su superior tras varias horas de viaje con él. Tenía razón, había estado tensa todo el viaje y tal vez este era el momento de relajarse. Se reclinó contra el tablón de madera y respiró hondo. Idama levantó la cabeza bruscamente y miró a su alrededor como si hubiese oído algo. < ¿Otra de tus bromas? > Preguntó Lía sin molestarse en levantarse. ¿De verdad pensaba que se creería que había oído algo? La lluvia arreciaba y no era posible escuchar nada a más de 5 metros. Idama levantó la mano de forma brusca para sorpresa de la chica, quien se sobresaltó. < ¿Pero qué te… > Pero no pudo acabar la frase al ver un kunai clavado en la mano del Jounin.

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Avanzaron un par de horas más, parando una vez a comer y otra porque Kami no podía más. Esta vez ni siquiera Cat podía reprochárselo, llevaba andando desde muy temprano por la mañana y estaba seguro de que había pasado el mediodía si no es que había llegado la tarde. Pocas veces en su vida había andado tanto. Recordaba su primer viaje al País de la Nieve, pero la primera parte del trayecto la hizo en carro así que no era lo mismo. Ni siquiera podía saber aproximadamente qué hora era ya que el cielo estaba muy nublado y no podía ver ni un ápice de cielo que no estuviera cubierto de un profundo gris. Por eso solo podía intuir la hora. Además no debía quedarse mucho tiempo mirando hacia arriba, debía avanzar con los ojos puestos en el suelo para que no se les escape nada.

Llevaban una buena cantidad de falsas alarmas. Trozos de cristal u hojalata, alguna piedra con forma extraña, raíces, bolsas de tela viejos que se le habrán caído a algún viajero. “¿Crees que lo encontraremos?” Preguntó el chico, notablemente desesperanzado. “Creo que tendremos más posibilidades si te callas e inviertes la energía que gastas hablando en buscar.” Kami se paró un segundo mirando a las alturas desde las que su búho daba vueltas. “Vamos Cat, lo digo en serio, casi hemos llegado al lugar donde encontramos el carromato Idama y yo. Hemos recorrido todo el camino inverso mirando nada más que lo que hay bajo nuestras narices.” El animal bufó. “Yo no te veo mirando bajo tus narices ahora mismo, joven Kaminari, cuidado con lo que dices.” Kami chasqueó la lengua. “Era una frase hecha y lo sabes, ¿qué tal si ayudas un poco en lugar de quitarme lo poco de esperanza que me queda?” “Estoy ayudando muchacho, llevo ayudándote desde que me invocaste. Si quieres una animadora es tu problema, yo prefiero solucionar las cosas de forma práctica.” Como siempre el búho tenía razón. Kami solo estaba siendo un incordio con tanta charla. Por muy cansado que estuviese y tedioso que fuera su trabajo debía centrarse y dejar de quejarse cada diez minutos. “Está bien, está bien, ya me callo.” Su compañero parecía satisfecho. “Así me gusta.” Rastrearon la zona hasta el punto en el que encontraron el carromato hace un buen rato. ¿Medio día tal vez? Y escucharon unos truenos a su espalda. “Creo que a Idama y Lia les ha pillado una tormenta.” Dijo Kaminari con preocupación. Se sentaron a descansar, Cat no lo mostraba pero también estaba agotado. Su especie no solía pasar tanto tiempo en el aire y estar concentrado buscando todo ese rato dejaba la mente de cualquiera hecha papilla.

¿Estás bien? ¿Quieres comer algo?” Preguntó, y el animal asintió lentamente y con los ojos cerrados. Debían dolerle ya que se pasó buenos quince minutos sin abrirlos. “Dime, joven Kaminari, ¿qué crees que va a pasar?” Esa pregunta tomó a Kami por sorpresa. “¿A qué te refieres?” El chico masticaba un pedazo de salmón seco, algo confuso por la pregunta que le acababan de hacer. “Hablo de lo que pasará a continuación. ¿Qué crees que nos espera?” “Hmm…” Musitó. “No sé de qué hablas exactamente. ¿Dices que si encontraremos lo que sea que estamos buscando?” “Es una opción.” Dijo el animal. “Una de muchas, ¿No crees que deshacerse de la información fuera un posible acto planeado?” “¿Eh?” Cat estaba molesto con la lentitud del humano pero se lo perdonó dada la fatiga mental que ambos llevaban encima. “Es posible que no lo tiró a la desesperada, puede que fuera un acto premeditado, un plan B por llamarlo de alguna forma. Si en caso de ser capturado ¿no crees que hubiesen tomado medidas por si algo así ocurría?” Ahora que lo decía era una posibilidad, era una posibilidad muy alta, tenía mucho sentido que una organización capaz de enemistarse con una Aldea Oculta urdiera planes de repuesto ante la amenaza de ser descubiertos. “Pero si ese es el caso, ¿no lo habrían encontrado ya sus secuaces? Puede que se lo hayan llevado ya…” A Kami no se le había ocurrido este posible desenlace. ¿Había sido todo lo que ha hecho completamente inútil? “Es otra posibilidad. Pero si tengo que apostar diría que aún lo están buscando.” Concluyó el búho. Kami lo miró con curiosidad. “Por las condiciones en las que me has dicho que estaba el hombre es muy poco probable que lo haya soltado en un lugar premeditado. Seguramente que lo hizo en el momento en el que pensaba que no podía seguir con el interrogatorio. También existe la posibilidad de que los secuaces hayan seguido al carromato, pero no conocían su ruta. Si esto es así…” Kaminari comenzaba a entenderlo. Su compañero había meditado mucho sobre el asunto, estaba impresionado. “En ese caso estarían igual que nosotros, buscando por el camino a ver si consiguen encontrar el objeto.” Dijo. Entonces miró a Cat con expresión de alerta. “¿Has visto a alguien desde arriba?” Preguntó. “No, pero he sentido movimiento cerca de aquí, justo antes de pararnos.” “¿Qué? ¿Por qué no me lo has dicho?” El búho lo miró en silencio unos segundos. “Joven Kaminari, ¿estás en condiciones para empezar una pelea?

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~~ Hablo (#990033) - "Pienso" (#009966) - Narro -  Umeko Rina (#ff6666) ~~
< Tres shinobis, no, cuatro. > La voz de Idama era muy baja, casi imperceptible pero ya que Lia estaba sentada a su lado podía oírla a pesar de la lluvia. Para los atacantes sin embargo seguramente no fuera el caso. < Uno de ellos está saliendo del bosque, los otros tres nos tienen rodeados. A lo mejor hay un quinto en algún lugar que no podemos ver, como refuerzo. > La chica comenzó a respirar cada vez más rápido, poco a poco comprendiendo lo que estaba a punto de suceder. El Jounin, sin embargo, estaba completamente alerta y analizando la situación en voz alta para que la kunoichi supiera en qué estaba pensando y cuál sería el plan de acción. < No sabemos muy bien lo que quieren pero tendrás que quedarte aquí delante del carromato. Debes proteger al prisionero, no sabemos si van a por él o no así que debemos prepararnos para lo peor. > Se extrajo el kunai de la mano con cuidado, le había dado en el antebrazo, no le cortó ningún tendón por lo que había tenido suerte. Un poco más y el arma le abría acertado en la cabeza a su compañera. Comenzó a caminar hacia delante lentamente, con cuidado de no precipitarse y haciendo como si mirara a los lados desconcertado. En realidad ya sabía dónde estaban, había oído sus pisadas. < Yo saldré a cazarlos. Es muy probable que cuando se den cuenta de que no pueden cumplir la misión escapen e intenten reagruparse para volver a atacar. > La chica le miró sorprendida. < ¿Cazarlos? ¿Crees que puedes…? > Pero el hombre la interrumpió levantando la mano. < Claro que puedo. > Dijo sin más, haciendo unos sellos a tal velocidad que sus manos se veían borrosas y lanzando una descarga eléctrica al cielo. Lia quedó impresionada, conocía esa técnica pero no había visto a nadie usarla a esa velocidad. Pensó en que hasta entonces no había sabido qué tipo de jutsus usaba el Jounin. Los ninjas que les rodeaban se pusieron alerta, lanzando kunais y shuriken en dirección de Idama. El hombre dio un tirón a un hijo que tenía atado al dedo índice, desenterrando levemente tres kunais que había a su alrededor. La chica estaba perpleja porque no le había visto plantar esa trampa en ningún momento. ¿Cuándo lo había hecho? ¿Cómo es que ella no se había dado cuenta? De pronto sintió vértigo al comprobar la diferencia de nivel que había entre los dos. El Jounin entonces hizo unos cuantos sellos, levantando una barrera eléctrica que detuvo completamente las armas arrojadizas que habían sido disparadas en su dirección y continuó con más sellos. Estos los hacía tan rápido que era prácticamente imposible ver qué hacía con la lluvia arreciando. En ese momento un trueno golpeó a uno de los ninjas enemigos.

¿Había sido Idama? Los shinobis estaban confusos con respecto a qué había pasado. Lia tragó saliva, sabía que la técnica que había lanzado antes le permitía utilizar sus jutsus desde el cielo, desde las nubes tormentosas electrificadas por la tormenta eléctrica. Que uno de los ninjas enemigos hubiese sido fulminado no era casualidad. Lia por su parte se subió al carromato de un salto y activando el sharingan comenzó a lanzar shurikens a los que veía a su alrededor. No podía saber muy bien donde estaban más que por las indicaciones que le daba Idama pero igual los lanzaba en la dirección general. Hizo unos sellos y lanzó agujas chidori contra los que viera moverse. Quedaban tres, que corrían a su alrededor, acercándose y evadiendo los proyectiles a la vez que sacaban sus armas. El escudo que había creado Idama se debilitó al instante debido a la lluvia, que debilitaba las corrientes eléctricas, que lo formaban, pero ya tenía lo que quería. Realizó unos sellos y todas las armas que había a su alrededor, las que lanzaron los enemigos y quedaron atrapadas en la barrera, se alzaron en vuelo y comenzaron a girar a su alrededor. Era el arma especial de Idama, su truco en la manga. Con un par de sellos más estas armas salieron disparadas cada una en una dirección, apuntando directamente a los shinobis enemigos, y aunque dos lograron evitarlas uno fue acribillado por sorpresa. El Jounin les acababa de demostrar el poder del elemento Magnetismo.

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Hay dos en la periferia de la carretera, a unos cincuenta metros de donde nos encontramos” Cat estaba sobrevolado el perímetro, con cuidado de no llamar mucho la atención. Por culpa de esto no podía mantenerse muy alto mucho tiempo, solo revoloteaba por lo bajo alrededor de las ramas altas de los árboles. “Es muy posible que hayan más pero si voy más lejos podrían pillarme.” Kami estaba siguiéndole a un ritmo muy lento, manteniendo su distancia lo justo para poder comunicarse con él cuando se acercaba lo suficiente. No quería cometer un error, si se lanzaba de cara contra lo que sea que le esperaba ahí delante acabaría como en su último viaje al País de las Olas. O mejor dicho, acabaría así si tenía suerte porque lo más seguro es que esos ninjas no se desmayarían a la vez que él acabada la pelea sino que le rematarían sin dificultad. De solo pensarlo se le erizó el vello. “Tranquilo, no te expongas mucho. Seguramente no sepan que les seguimos así que no tienen razón para sospechar.” Eso dijo, pero no estaba para nada convencido. “Tienen razón de sobra joven Kaminari, es muy posible que hayan previsto la posibilidad de que alguien regrese a buscar lo que sea que estamos buscando. Piensa que si nosotros hemos podido deducir hasta aquí ellos serían perfectamente capaces de hacer lo mismo.” Kami lo meditó un poco pero no estaba seguro de lo que le había dicho su amigo. “Para serte sincero estoy seguro de que si hubiera ido solo a esta misión habría fracasado rotundamente. Fue Idama quien pensó en que el preso debía haber tirado algo por el camino y fuiste tú el que dedujo que sus secuaces también lo estarían buscando. En esta misión yo he sido el que menos ha hecho.” Tal vez parecía que se menospreciaba a sí mismo pero era lo que pensaba de verdad. Lo único que había aportado aquel día había sido volver andando a buscar el colgante y ni siquiera lo hacía él sino que tenía que recurrir a los ojos de su invocación para ayudarle. “No digas eso joven Kaminari, cada uno tiene sus puntos fuertes y sus puntos débiles. Eras el más indicado para volver y eso hiciste. Las deducciones no son más que conjeturas hasta que se demuestre lo contrario y, por lo tanto, son menos valiosas que los actos.” Dijo Cat intentando animarle. “¿De verdad crees eso? A mi parecer si no llega a ser por esas conjeturas yo jamás habría actuado como lo he hecho. Son la base de los actos, sin ellas no me sería posible tomar las decisiones correctas.” “Es una forma de ver las cosas.” Contestó el búho con un suspiro. “Una de tantas, al final, ¿Quién tiene la razón?” Kami siguió caminando detrás de su compañero, acercándose cada vez más a las figuras que el búho había divisado desde las alturas. “Quien tiene razón eh… eso me pregunto yo.”

Tenía un cacao en la cabeza pero sabía que no debía obsesionarse con esas cosas en momentos como aquel. Si continuaba acercándose llegaría al punto en el que podrían descubrirle. Necesitaba que Cat se asegurase de que no había nadie más a su alrededor. Si tenía pensado un ataque sorpresa necesitaba encontrar una manera de rodear a esos hombres y conseguir la ventaja de altura. Si atacaba desde abajo lo más probable es que le aplastaran sin titubear pero si estaba por encima, en la parte alta de la montaña o en alguna roca definitivamente podía encargarse alguno antes de que llegaran hasta donde estaba. También existía la posibilidad de que saliesen corriendo tras ver que les habían descubierto pero era pequeña. Nadie en su sano juicio huiría de un crío teniendo ventaja numérica. “¿Ves a alguien más?” Preguntó al búho mientras este hacía una última expedición recorriendo el área de alrededor, atento a posibles movimientos. “No, definitivamente solo hay tres. Si continúas por la izquierda y subes por la colina pegado a los árboles llegarás a una pendiente desde la que puedes subir a la gran roca que bordea la carretera.” Kami asintió. “Si realizamos un ataque sorpresa desde ahí tendremos una enorme ventaja, aunque no prometo nada. Será mejor que te prepares para lo peor.” El chico apretó los puños. Sus últimas derrotas, las amargas peleas que había perdido y los desastres que había vivido se debían en parte porque no iba preparado para encontrarse con lo peor. Pero esa vez era diferente, cuando Kami subiera aquella roca y se decidiera a atacar sería distinto a las otras. En ese momento el chico iba completamente preparado para morir.

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~~ Hablo (#990033) - "Pienso" (#009966) - Narro -  Umeko Rina (#ff6666) ~~
Las gotas de lluvia golpeaban con fuerza todo lo que había bajo ese cielo gris. A menos que estuvieses a resguardo ibas a acabar calado hasta los huesos. Los truenos reverberaban entre las montañas, tiñendo de luz sus laderas cada pocos segundos a causa de los relámpagos. Estos eran los únicos momentos en los que el mundo alrededor de Idama se alejaba de la oscuridad en la que estaba envuelto a causa de la manta de nubes negras que había cubierto el cielo. El Jounin prácticamente no veía lo que tenía a su alrededor debido a que la ya de por sí imperfecta visión que le brindaba el único ojo que el quedaba se veía diluida con el agua que goteaba desde su ceja.

Estaba completamente empapado, el agua había penetrado la ropa y su piel estaba húmeda y fría. La kunoichi que había a su lado estaba igual, muerta de frío y perdiendo sangre por una herida que había recibido en el costado. La batalla había acabado muy deprisa pero para ellos duró siglos. Lia no había podido luchar a plena potencia porque la lluvia debilitaría gravemente cualquier intento de jutsu Katon que lanzase y una vez que el enemigo estaba lo suficientemente cerca como para inducirle en un genjutsu resultó que era muchísimo más hábil que ella en cuanto a kenjutsu se trataba. Debido a esto solo le quedaba recurrir a los jutsus Raiton que recién había aprendido a dominar, utilizándolos de forma patosa y perdiendo el hilo del combate en cuanto el enemigo le asestó una puñalada en el costillar. Por suerte Idama lo detuvo a tiempo de que le perforara un pulmón pero habían hecho suficiente daño como para dejarla fuera del combate.

El Jounin tampoco salió ileso, su manga estaba rasgada y teñida de sangre por un corte que no pudo ver a tiempo y su mano estaba atada por un pañuelo ya que había usado la palma desnuda para detener un kunai. Aunque su audición y demás sentidos compensaban en percepción a su reducida vista, en un ambiente como aquel la lluvia hacía que lo escuchase todo encapotado, como si estuviera más lejos de lo normal. Básicamente el sonido era tan fuerte que su cerebro debía mitigar todo lo que oía para no volverse loco. Se recostó contra la carreta, que milagrosamente solo había sufrido un par de cortes, e intentó encender un cigarro. Estaban bajo el tejado improvisado, goteando y con absolutamente todo empapado. Lia estaba recostada a su lado, apoyada en parte contra la madera y en parte contra el brazo del Jounin. “Lo que habría dado yo por vivir un momento así hace 20 años…” Pensó. Luego se dio cuenta de que de no mandar a Kami a recuperar el objeto que contenía la información de la misión seguramente ahora estaría en su lugar. “Tendré que disculparme por esto cuando vuelva.” Sus cigarrillos estaban en una cajita de metal así que esperaba que estuviesen secos pero al parecer se había empapado tanto bajo la lluvia que el agua había entrado incluso ahí. Cogió el que más seco le parecía y se lo metió en la boca. Luego cayó en que el encendedor que usaba también estaría empapado y empezó a perder la esperanza de un mundo mejor. Lia temblaba a su lado, le había enmendado la herida con algunas vendas que llevaban en el carro pero estas se mojaron casi en seguida cuando entraron en contacto con su piel.

Recordó algo. < Oi, ¿puedes encenderme esto? > Preguntó señalando al cigarro. La chica se giró a mirarle, al principio confusa, pero luego lo comprendió y tras unos sellos bastante lentos y costosos la punta del tabaco se encendió e Idama dio una fuerte calada. < ¿C-cómo sabías que podía usar el Katon? > Preguntó con un hilillo de voz, nunca se lo había mencionado ni la había visto usarlo. < Eres una Uchiha ¿no? ¿no es esa vuestra especialidad? > Contestó Idama. Lia se mostró algo sorprendida. < ¿Por qué sabes eso? > Idama la miró un segundo, parecía tan frágil allí agazapada a su lado, temblando como un conejo. < Bueno, fue el clan de uno de mis mejores amigos. > Contestó recordando sus días como ninja enviado a Yukigakure. < ¿En serio?… con “fue” te refieres a que… esto… > El Jounin soltó una densa nube de humo de tabaco que desapareció rápidamente arrastrada por el viento. < Esta muerto. > Dijo estas palabras sin tapujos, como si no les diera importancia. < Ah… > < Tranquila, no me has hecho recordar algo que no quería ni nada de eso. Es algo normal para los ninjas, sabes, perder conocidos por el camino. Todos nos exponemos a peligro, los que llegan a donde estoy ahora… > Hizo una pausa, como si quisiera convencerse a sí mismo de lo que estaba a punto de decir. < Solo lo hacen por suerte. Suerte de haber sido él y no yo, suerte de haber tomado esa misión, esa decisión. Todo se reduce a haber tenido la suerte de salir con vida una y otra vez. > Dio una última calada al cigarro y lo tiró al suelo, bajo la lluvia bajo la atenta mirada de una chica que no sabía qué decir.

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Kaminari estaba tumbado en el suelo, lleno de barro. Una gota se estrelló en su frente. Parece que iba a empezar a llover. El chico respiraba de forma tranquila, aliviado. Su mente estaba completamente en blanco y en una mano tenía un kunai. Las gotas se hicieron cada vez más numerosas, resbalando por sus mejillas y mojando la tierra sobre la que estaba tumbado.

Se llevó la mano a la frente con intención de secarla y de pronto sintió un tacto duro, metálico. En su mano tenía una especie de colgante, un amuleto con una joya incrustada y varios sellos en el reverso. Era el objeto que había logrado recuperar de los enemigos a los que estaba persiguiendo. A su alrededor yacían tres cuerpos, inertes y tendidos en charcos de sangre. Se había asegurado de matarles, no había cometido el error que cometió la chica cuando pelearon en el País de las Olas. Su mente aún no alcanzaba a comprender lo que había hecho, solo recordaba de forma borrosa el combate. Giró su cabeza hacia la izquierda, justo al lado de la gran piedra estaba uno de los cadáveres. El primero de todos ellos, para ser exactos. El único que no había tenido oportunidad de resistirse, el único que no había podido pelear de vuelta. El único indefenso y el único por el que se sentía mal. Le había atacado por sorpresa, sin darle tiempo a reaccionar. Ahora que lo pensaba se daba cuenta de que así debía ser como se veía Kaminari en aquella playa, indefenso y sin saber qué estaba ocurriendo. Así debió de verle la chica. Y así es exactamente como lo había hecho Kami. A estas alturas, ¿qué diferencia había entre ellos? Kami dejo de mirar el cadáver y con la vista puesta en el cielo cerró los ojos. La respuesta era ninguna. No había diferencia entre ninguno de los dos. No había diferencia entre nadie. Todos eran iguales, nadie tenía razón.

Cat estaba en lo correcto, todo son puntos de vista y Kami había compartido el de su agresora. En aquel momento eran lo mismo y, por alguna razón, Kami se sentía aliviado. Hasta entonces solo había pensado en ella como en una loca, como en alguien desquiciado, sin honor, que le atacó sin motivo ni aviso. ¿No era así como se veía el chico desde el punto de vista de esos tres hombres? ¿No le vieron como alguien que primero asesinó a su compañero y luego fue a por ellos sin decir nada? Debía estar loco para no darse cuenta. Pero no era así, no les atacó sin razón, no lo hizo porque estaba loco ni porque le apetecía. No era un monstruo, y por lo tanto, su atacante tampoco lo fue. Era una persona, Kami no sabía sus motivos pero existían, que no entendiese algo no significaba que no fuese real. Por fin se había dado cuenta y por fin podía dejar atrás aquella etapa de su vida. Aquella etapa en la que los separaba a todos como “nosotros” y “ellos”, en realidad, sin importar lo que ocurriese, al final todos eran lo mismo. Se levantó con pesar, aún le costaba moverse y aunque se había atado las heridas que tenía en la pierna y el torso necesitaba cosérselas cuanto antes. A su lado, Cat se veía mucho peor de lo que estaba realmente. Parecía un pollo mojado pero era debido a la lluvia. Eso y que había tenido que perder parte de su plumaje para evitar un ataque peligroso que le lanzaron cuando se unió al combate. “Parece que lo hemos conseguido…” Dijo por fin, dejando que la lluvia quitase la sangre de su kunai y limpiando con el pulgar el amuleto que le había arrebatado de las manos a uno de los enemigos, concretamente el último, el que intentaba huir pidiendo piedad. Guardó el kunai y miró al cadáver, esperaba olvidar pronto la expresión que tenía cuando le cortó el cuello. “Si, aunque ha sido una batalla muy igualada, me sorprende que hayamos salido ambos con vida” Dijo Cat honestamente. “A mí también.” Respondió el chico “Eran ellos o yo.” Se repetía una y otra vez, con cuidado de no transmitirle ese pensamiento a Cat. Ahora debían regresar a la Aldea.

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~~ Hablo (#990033) - "Pienso" (#009966) - Narro -  Umeko Rina (#ff6666) ~~
Una pequeña hoguera ardía bajo el tejado que Idama y Lia habían improvisado con anterioridad. Ambos habían puesto su ropa a secar y estaban sentados a un lado del fuego que habían hecho quemando tablones sueltos que habían encontrado en el carro y acurrucados bajo unas mantas que llevaban por si acaso bajo los bancos del vehículo. Lia al principio se mostró muy opuesta a la idea en el momento en el que Idama comenzó a quitarse la ropa pero al final el Jounin pudo convencerla tras reafirmarle una y otra vez que tenía mujer e hijos. “Menos mal que al final ha cedido, parecía estar al borde de una hipotermia cuando se quitó la ropa mojada. A la herida también le vendrá bien la sequedad." La joven Uchiha seguía algo roja pero eso podía ser culpa de la ligera fiebre que empezaba a tener por estar tanto tiempo bajo la lluvia sumado a su cuerpo subiendo la temperatura para eliminar las bacterias que intentaban entrar por la herida. Idama por su lado estaba perfectamente, de hecho se puso la manta por petición de la chica pero bien podría estar sin ella. En comparación al frío que había experimentado en su juventud a lo largo de todos los años haciendo misiones en el País de la Nieve aquello no era nada.

Se fijó en que el sonido de la lluvia era mucho menos consistente, miró al cielo  y se fijó en que estaba amainando. < Pronto podremos volver a ponernos en marcha. > Dijo. Lia se limitó a asentir, envuelta y acurrucada en su manta hasta el cuello. < Pero antes tenemos que esperar a que la ropa se seque, ¿verdad? > Añadió, dando un súbito tirón a la manta de la chica y haciéndola chillar y agarrarse a esta con todas sus fuerzas para que no saliera volando dejándola desnuda. < ¡¿Pero qué te pasa?! > Gritó con la cara colorada como un tomate. Idama rompió a reír con una carcajada que posiblemente se escuchó por todo el valle. Lia le miró con cara de enfado, envolviéndose aún más en su manta. < Ugh, en serio, no te entiendo para nada, en un momento estas todo serio y en otro te comportas como un crío. > Esto pilló por sorpresa al jounin, quien no la había oído dirigirle más de una frase seguida a menos de que se tratase de algo relacionado con la misión. < ¡Vaya! ¿tratándome de tú? ¿A dónde ha ido ese respeto que le tenías a tus superiores? > La cara de la chica enrojeció otra vez. < ¡Aaagh, no puedo contigo! No tienes ni una pizca de profesional. > Idama volvió a reír. < ¿Y qué significa ser profesional para ti? Bueno, a lo mejor es cierto que no llego a las expectativas que la gente tiene de mi… > Dijo con una sonrisa. < Pero eso tampoco lo hacía antes ¿sabes? Todo el mundo te pone expectativas muy altas, y cuanto más las cumples más altas se vuelven. Es inevitable, tarde o temprano, llegar a tu límite. > De pronto su voz tenía un tono nostálgico. < La verdad es que no me acuerdo cuando pero, en algún momento, me dejaron de importar las opiniones que los demás tenían sobre mí. Me negué a que siguieran poniendo esa carga sobre mis hombros. > Quizá era por la fiebre, pero la mirada de Lia tenía un brillo de admiración. < ¡Maldita sea, ya lo has vuelto a hacer! > Dijo de repente, zarandeándose debajo de su manta. El jounin la miró con desconcierto. < Ya has vuelto a decir algo maduro y profundo. ¿Podrías dejar de hacer eso? Prefiero seguir pensando que eres un viejo baboso y un bocazas, gracias. > Eso dijo, pero en su corazón comenzó a gestarse un fuerte y profundo respeto hacia ese hombre llamado Idama Namikaze.

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Llegó a Iwagakure al día siguiente, la lluvia sumada a las heridas le obligaron a buscar refugio en un pueblo cercano. Pueblo que conocía gracias a que ya lo había pasado como tres veces antes del incidente, la primera con Idama cuando iban a por el carro, la segunda en carro de regreso a la villa y la tercera cuando buscaba el amuleto. No era sorpresa que a la cuarta vez, cuando le vieron herido y mojado unos amables ancianos le invitaran a pasar la noche. Además llamaron al médico del pueblo que le cosió las heridas sin problemas por un precio más bien bajo y que le recomendó que tomara un té de hierbas antes de dormir para prevenir la fiebre e infecciones que pudieran traer consigo los profundos cortes que tenía. Luego de pasar la noche tenía unas agujetas como nunca antes. No solo le dolían las piernas, eso era de esperar, pero también la espalda, la cadera, los hombros, el cuello y prácticamente todo el resto del cuerpo de forma que apenas notaba las heridas las heridas, que supuestamente serían lo que más le molestase en el camino de vuelta. Pasó por la puerta de la Aldea y llegó a la oficina del Kage. Los guardias le dijeron que Idama y Lia ya estaban dentro, entregando el informe sobre la misión y los acontecimientos que habían ocurrido. “Es verdad, a esos dos también tuvo que pillarles la lluvia, me pregunto si volvieron bien.” Al entrar a la oficina se los encontró sentados en el sillón y Lia, que era la que estaba hablando, se calló de golpe y le saludó formalmente. Se presentó ante el Kage y cuando se sentó al lado del Jounin vio que su mano estaba vendada por una gasa blanca, seguramente reciente del hospital. < ¿Ha habido problemas en la vuelta? > Le susurró a su tío. Entonces Lia les llamó la atención.

< Kaminari Osoroshi, Chunnin de Iwagakure no sato, ¿podrías confirmarnos que recuperaste la información con éxito? > Kami se levantó con desgana y dolorido y caminó hasta la mesa del kage. Luego sacó el colgante con la joya en el centro que había encontrado y lo puso frente a él. < No estoy seguro de qué es esto pero tuve que arrancárselo de las manos a uno de los ninjas de la organización enemiga que encontré. > La habitación quedó en silencio y Kami regresó al sillón. Tras eso contó todo lo ocurrido, desde marchar en busca del talismán hasta encontrarse a los ninjas enemigos. La emboscada, los asesinatos, el pueblo en el que se alojó aquella noche. Todo. Al acabar, Lia se veía algo alarmada. Ella creía que los que se quedaron en el carro fueron los que se llevaron la peor parte pero Kami le demostró lo contrario. Lia, de hecho, había tenido suerte de haber estado todo el tiempo bajo el resguardo de un Jounin. Después de aquello salieron todos juntos de la oficina. Kaminari se despidió el primero, marchando directo a su casa. Necesitaba dormir, necesitaba dormir mucho y con urgencia. Recuperarse de aquella misión le costaría días, tal vez una semana, pero en el fondo sabía que había merecido la pena ya que, al final, se había llevado una valiosa lección.

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~~ Hablo (#990033) - "Pienso" (#009966) - Narro -  Umeko Rina (#ff6666) ~~
Cuando paró de llover ya había anochecido por lo que decidieron quedarse a dormir después de todo. Pasar la noche a la intemperie resultaba agradable de cuando en cuando. La única que pudo dormirse fue Lia, aunque más por la fiebre que por otra cosa. Idama continuaba pensando en los eventos acontecidos, aunque más de una vez estos le llevaban a recordar cosas de su pasado. Al final, solo estaba preocupado de si Kaminari estaba bien, no podría mirar a su padre a la cara si el crío moría en una misión supervisada por él. A la mañana siguiente su ropa estaba seca y se pusieron en marcha. Estaban a menos de una hora de Iwagakure no sato por lo que no tardaron apenas en llegar.

Idama arrastró a Lia a la fuerza la hospital después de dejar al prisionero con los guardias. Ahora era su turno de encargarse de cuidar de él. En el hospital les suturaron las heridas no sin antes desinfectárselas. El jounin estaba tan lleno de cicatrices que los médicos se sorprendían de que a esas alturas aún seguía haciéndose nuevas. Las tenía de todas las formas y tamaños, además de antigüedad. Desde las más viejas, que se presentaban como finas líneas blancas difícilmente perceptibles, hasta las más recientes, donde aún se notaban a veces los puntos donde le cosieron con hilo. La joven Uchiha también presentaba alguna pero eran muy escasas en comparación y casi le dio pena haber permitido que le dejaran marca en un cuerpo tan joven. Era una pena, sin duda. Luego fueron lo antes posible (no por interés de Idama sino porque la chica no paraba de empujarle y arrastrarle) al despacho del Kage, donde contaron todo lo ocurrido y cómo Kami aún no había vuelto. El jounin había preguntado nada más llegar a los guardias de la puerta si le había visto pasar, a lo mejor el chico había vuelto por la noche, pero nada.

En medio del relato se abrió la puerta y el chico, con la ropa hecha guijarros de andar tanto tiempo y tanta distancia se presentó ante ellos. El chico saludó a los presentes. Idama por su parte ladeó levemente la cabeza cuando se sentó a su lado. Luego le preguntó si todo había salido bien < Y que lo digas, tuvimos la oportunidad de bailar bajo la lluvia con un puñado de ninjas. Pero al final acabamos sin ropa compartiendo manta así que supongo que fue un final feliz. > Dijo el jounin por lo bajo con un tono burlón. Por su voz se notaba que se estaba conteniendo la risa. < Vosotros dos… > Dijo Lia de repente, y los dos ninjas la miraron de golpe con las caras serias y rectas. La chica llamó a Kami para que le presentase lo que había conseguido recuperar de todo aquello, si es que lo hizo, y el joven entregó al kage una especie de talismán con un sello extraño. Luego les contó toda su aventura. Idama soltó un silbido. <Vaya, parece que no fuimos los únicos que nos lo pasamos bien. >

30 líneas.
Datos de la misión:
Nombre: Sobre la Tierra. (Disponible solo una vez)
Rango de la misión: C.
Paga de la misión: 1000 Ryous.
NPC de Staff: No permitido.
Lugar: Iwagakure no Sato
Número de post: 80 líneas.(Calibrí,11).
Descripción: Los criminales no descansan, eso es una gran verdad, Lia Uchiha, una kunoichi de renombre te ha pedido que vayas a con ella trasladando a un criminal que se encontraba en las afueras de la villa, al llegar al punto de encuentro, os percatáis de que, dicho criminal ha tirado por el camino un amuleto de apariencia misteriosa, el talismán esconde información vital sobre su grupo de renegados, por ello las prisas de este con hacerlo desaparecer, deberás recorrer el viaje inverso y encontrar dicho colgante con la información, se trata de un objeto especial creado por estos renegados capaz de “camuflarse” levemente con el entorno, encuentra dicho objeto entrégalo en la oficina del Tsuchikage.

Conteo de líneas: 33 + 39 + 42 + 40 + 40 + 41 + 45 + 44 + 56 + 48 + 42 + 32 = 502 líneas

Líneas realizadas: 502
Líneas requeridas: 80
Líneas sobrantes: 422


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