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No te olvides de visitar la Guía de Combate que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. En Shinobi's Justice utilizamos un sistema de combate de rol interpretativo donde empleamos técnicas y un sistema de parámetros, así como un medidor de chakra. Recordamos que las técnicas y los parámetros son interpretativos, no deben tomarse siempre al pie de la letra. Se puede ganar un combate cumpliendo las normas y describiendo bien tanto el escenario como la situación aunque se esté en desventaja, del mismo modo que se puede perder un combate ganado al no cumplir las reglas.






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No te olvides de visitar la Guía de Ambientación que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. A la hora de crear tu personaje es muy importante que pienses la religión, el país, y la aldea, pues cada una es, a su modo, única. Aconsejamos una lectura pausada para poder elegir lo mejor para el personaje que desees crear.






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No te olvides de visitar la Guía para Novatos que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. A la hora de hacer los registros, no olvides que debéis hacer el registro de pb, aldea, y expediente primero antes de poder rolear. Podéis rolear sin ficha ninja y sin cronología, sin embargo, para participar en un evento o vayáis a terminar un tema debéis tener creada ambas, tanto la cronología como la ficha.




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Apretó el nudo que mantenía la bandana de la aldea firme en su frente, sujetando luego la placa de hierro sobre la cual se dibujaba el símbolo de la hoja para comprobar que se encontrara bien colocada y que no se torcía hacia ninguno de los lados. El espejo le permitió comprobar que todo estaba en su lugar, incluido el collar que le había regalado su madre días atrás. Se trataba de una cadena de plata de la cual colgaba un dije con el símbolo del Yin-yang, el equilibrio y símbolo de su religión: El taoísmo. Rozó dicho dije con la yema de sus dedos, buscando la calma que su progenitora dijo que le transmitiría. En ocasiones sufría ataques de estrés y ansiedad, secuelas de su vieja personalidad que solía controlar practicando Taijutsu. El problema residía en que no siempre podía detenerse a entrenar, así que su madre le regaló el collar asegurándola que cuando necesitara de paz, en el símbolo del equilibrio la encontraría.
Tomó aire por la nariz, llenándose los pulmones e inflando el pecho para luego soltarlo lentamente por la boca, apoyando las manos sobre los bordes del lavabo. Abrió el grifo, dejando que corriera el agua fría. Juntó un poco con las manos, improvisando un cuenco al juntarlas con los dedos ligeramente curvados hacia dentro, y se la echó en la cara, masajeándose los ojos para deshacerse de lagañas. Cepilló sus dientes, luego se enjuagó y ya estuvo listo para lo que el día le deparase. O al menos, eso era lo que creía.
¡Mamá! Ya me voy —Anunció su retirada, ya pasado en la puerta de salida de su casa. Esperaba poder ahorrarse las despedidas de su madre, pero cuando menos quiso darse cuenta ya la tenía parada al lado, observándolo con ojos grandes. Era un poco más pequeña que él en estatura, así que debía mirarlo ligeramente hacia arriba para poder conectar sus orbes cafés con los escarlata suyos, que había heredado de su padre— Me llamaron para encomendarme una nueva misión, así que debo ir —Explicó brevemente, sin entrar en detalles. Detalles que no había en realidad, dado que era todo lo que sabía acerca del nuevo encargo: Que se lo darían en la torre del Hokage.
¿Y te vas sin darle un beso a tu madre? Yo no te crié para que fueras tan desamorado, Ryuji —El tono de reproche infantil hacía difícil verla como su madre y no como una hermana pequeña a la que le encantaba hacer berrinche por todo con tal de llamar su atención. La entendía: Él era su único hijo, y que estuviera metido en el mundo ninja seguramente la tenía muy preocupada. Sabía que sus padres querían que tomara su misma vocación y se convirtiera en médico, como también sabía que igualmente lo apoyarían aunque decidiera convertirse en un shinobi. Y también sabía, aunque ellos intentaran ocultarlo, que se preocupaban mucho cada vez que debía realizar una misión, y que su madre no dormía hasta que él no regresaba a casa sano y salvo.
Iba a ir a saludarte —Se excusó de inmediato, acercándose a su progenitora para depositar un pequeño beso sobre su frente— Ahí está tu beso, ¿Contenta? —La miró, habiéndose apartado un poco.
Todavía no —La observó acercarse, e intuyó lo que le pedía. Esbozó una pequeña sonrisa, consciente de que no lo pediría con palabras, y se acercó él para rodearla con sus brazos, dejando que ocultara el rostro en su pecho— Sea cual sea la misión que te envíen a cumplir, cuídate, por favor —Notaba lo afligida que estaba, así como lo mucho que le afectaba cada vez que salía diciendo que debía ir a cumplir con una misión. Aunque fuera un simple gennin y los encargos fueran simples, en el mundo donde vivían una simple escolta podía convertirse en una misión con riesgo de muertes se cruzaban con las personas equivocada, en el lugar y momento equivocados, algo que sucedía con mayor frecuencia de lo que pudiera parecer.
Tranquila, mamá. Estaré bien. Seguro será una misión simple dentro de la aldea —Intentó calmarla, apartándose lentamente hasta romper el abrazo, dejando a una mujer menos preocupada pero que no podía ocultar la angustia que seguía haciendo mella en  su corazón cada vez que veía salir por esa puerta a su único hijo— Saluda a papá de mi parte cuando llegue, y dile que se prepare porque a mi regreso quiero jugarle una partida de shogi, ¿Sí? —La mujer asintió, y él le sonrió, dando media vuelta para atravesar el umbral de la puerta e internarse en las calles de la aldea.
Cerró tras de sí, girándose luego hacia el hermoso día que hacía en el exterior. Era temprano todavía, así que no había tanta gente en la calle. El cielo estaba despejado, y el sol iluminaba la aldea, dándole un brillo especial. Tomó una bocanada de aire fresco, lo soltó en un leve suspiro e inició su camino hacia la torre del Hokage. No era la primera vez que lo citaban allí, ni mucho menos además; todas las misiones oficiales eran entregadas en ese lugar. A veces por el mismísimo Hokage, otras tantas por su secretario o por otro de los encargados del lugar. Ser un shinobi llevaba más trabajo de papelería del que cualquiera pudiera llegar a imaginar.
Me pregunto qué tipo de misión me darán hoy… —No llevaba apuro dado que había salido bastante temprano de su casa, así que tenía tiempo de sobra para llegar a su destino— ¿Tendré que salir de la aldea al fin? —Era difícil negar que le emocionaba un poco, sólo un poco, el hecho de que pudieran asignarle una misión de mayor complejidad. Cualquiera diría que estaba loco. En un mundo así, ¿Quién desearía que lo enviaran a misiones peligrosas donde podía verse comprometida su vida? Tal vez ese mismo que se había entrenado precisamente para servir de algo en dichas misiones. Eran puntos de vista muy diferentes cuando se veía a un shinobi desde fuera, como una mera arma del país.



Líneas: 64
Avanzaba a paso lento por las calles de la aldea, resguardando sus manos en los bolsillos del pantalón. Ocasionalmente las sacaba para saludar algún conocido que se cruzara por el camino, tales como dueños de pequeños negocios cercanos  a su hogar, los cuales frecuentaba para hacer la compra cada vez que la despensa se iba quedando medio vacía, o pacientes de sus padres que terminaron convirtiéndose en amigos de la familia. Al cabo de unos minutos fue capaz de vislumbrar, varias calles hacia adelante, la imponente torre donde el líder de la aldea pasaba la mayor parte del día. La luz del sol al amanecer golpeaba su imponente estructura, proyectando una enorme sombra que ennegrecía la mitad del edificio. Desde su posición no se hacía justicia al tamaño real de la torre, el cual se fue manifestando conforme se acercaba. En cuanto llegó cerca de su entrada, fue capaz de reconocer a su maestro parado junto a la misma, con la espalda apoyada en la pared y aparentemente esperando a alguien. Probablemente a él.
Yo, sensei —Saludó, parándose delante del jounnin— Adivino… ¿Usted tiene la misión que me van a encargar? —Deducirlo no era del todo difícil, era su sensei después de todo, ¿Qué otra razón tendría para estar allí a la misma hora a la cual lo habían citado a él para hacerle entrega de una misión? Ni siquiera requirió de una respuesta para asumirlo— ¿Rango C? —Indagó, esperanzado.
Rango D —Y allí se fueron todas sus esperanzas, por la cañería del excusado— El señor Takahashi está mayor como para salir a hacer las compras por su cuenta, así que tú irás hasta su casa, recogerás el dinero, la lista de víveres y le harás el favor de comprar y llevarle todo lo que necesita. Ten, aquí está su dirección —Tomó el papel que el mayor le extendía, desdoblándolo para leer la dirección que habían escrito encima con tinta negra— El señor Takahashi es… muy mayor, así que tenle paciencia. No dejes que te hable de sus anécdotas del pasado. Repito: NO dejes que comience con las anécdotas, o la misión la terminarás en una semana. El pago será lo que sobre de las combras —Recalcó el consejo, logrando… ¿Asustarlo? No, tal vez “Sorprenderlo” era la palabra más adecuada. ¿Tanto podía hablar ese hombre sobre el pasado?
Entiendo… Bueno, nos veremos luego —Asintió, guardándose el papel con la dirección del anciano en el bolsillo de su pantalón y volteando hacia la derecha, iniciando su camino. Pese a ser maestro y alumno, él y su sensei no solían intercambiar demasiadas palabras ni tener charlas demasiado largas. Ambos se trataban de manera bastante profesional, como si entrenar y realizar misiones fuera solamente un trabajo. Había respeto mutuo y un mínimo de buen trato, pero nada más allá de eso. Nunca supo la razón de esa falta de comunicación, dado que, según había podido apreciar en otros gennin de la aldea, su relación con sus senseis era mucho más cercana, como si fueran familia. Ellos parecían ser un caso especial, y nunca se atrevió a investigar al jounnin en busca de las razones. No era asunto suyo en verdad, y mientras cumpliera con su parte como sensei no tenía nada que reprocharle ni echarle en cara.
Demoró varios minutos en llegar al sector de la zona residencial donde se especificaba que vivía el señor Takahashi, dando con la casa que correspondía con la dirección anotada en el papel al cabo de dar algunas vueltas por la manzana. No tenía grandes rasgos que resaltar, así que se acercó a la puerta y golpeó tres veces sobre la madera, esperando pacientemente a que le abrieran.
¿Quién es? —Escuchó una voz al otro lado, una voz gruesa y rasposa, que parecía rasgar la garganta del hombre al hablar. No le costó mucho deducir que se trataba del anciano Takahashi.
Soy Ryuji, un gennin de la aldea. Me enviaron aquí para ayudarle con sus compras, señor Takahashi —Explicó, procurando no hablar demasiado rápido para evitar que el abuelo tuviera dificultades para entenderle, e iniciara la eterna discusión de “¿Qué dijiste? Repítelo más lento” que podría quitarle varios minutos de tiempo repitiendo lo mismo una y otra vez.
Oh, el chico de las compras de esta semana. Adelante, pasa —Enarcó levemente una ceja al escuchar como todo un mecanismo de trabas y numerosas cerraduras parecía ser desarmado al otro lado de la puerta, pero no dijo nada al respecto e ingresó en la casa nada más percatarse de que ya no había cerradura que mantuviera la entrada bloqueada. El interior de la casa era… como se lo imaginaba, en realidad: Paredes de color pálido, muebles viejos y desgastados, el inconfundible olor a vejes…— ¿Te invito una taza de té? Un joven como tú seguro querrá escuchar mis increíbles relatos acerca de cómo logré traspasar la frontera con el País de la nieve teniendo mis dos piernas rotas y… —El sensei le había advertido: No dejar que comience con las anécdotas del pasado, o tardaría semanas en completar la misión.
Disculpe —Interrumpió, dando un paso al frente— Verá, tengo algo de apuro; las tiendas se vacían rápido y me gustaría conseguirle los víveres frescos. ¿Le parece que me cuente todo a la vuelta? —No quería decirle directamente “Cállese y deme el dinero así le hago las compras y me voy con mi paga”, sería muy irrespetuoso. Así pues, intentó sortear un poco la situación y desplazar las anécdotas del pasado para otro momento. Después de todo, una vez la misión estuviera cumplida tendría tiempo de sobra para sentarse a beber té y escuchar algunas historias por parte del anciano. ¿Quién sabe? Igual podía incluso jugarle alguna partida de Shogi e ir practicando para la noche, donde se enfrentaría a su padre para ver si finalmente era capaz de ganarle.
El anciano, que al principio no parecía muy convencido, terminó por sonreír y asentir de manera leve, llevándose la mano al bolsillo para sacar un pequeño sobre y entregárselo al shinobi.
Muy bien, aquí tienes. Dentro del sobre está la lista y el dinero, así que ve que yo te esperaré con el té servido —Decía al abuelo, girándose luego hacia el interior de su hogar. Ryuji asintió, se guardó el sobre en el bolsillo y salió de la casa, tomando rumbo a donde sabía que podría conseguir todos los víveres que el hombre había anotado en el papel.



Líneas: 68
Ryuji ingresó el negocio que frecuentaba cuando su madre lo enviaba a hacer la compra, donde conocía  los dueños y se sabía los precios de la mayor parte de los productos. Era un local pequeño pero que tenía calidad de productos, además de que barajaba una lista de precios bastante asequibles para aquellos que llegaban muy justos a fin de mes. Nada más entrar uno de los empleados se le acercó; un niño pequeño, hijo del dueño y que atendía allí por propia decisión. Le gustaba ayudar a sus padres, y compaginaba bastante bien sus estudios con el horario que debía cubrir en el negocio familiar. En verdad admiraba lo maduro que era ese niño pese a su corta edad, pues no pasaba de los ocho años.
¡Yo, Ryuji! ¿Qué te trae por aquí? Creí haberte visto hace unos días comprando para llenar la despensa de tu casa. ¡No me digas que ya se comieron todo! —Tuvo que contener la risa ante la exagerada expresión de sorpresa del muchacho, sonriendo de manera ladina. Apoyó la palma de la mano sobre su cabeza, desordenándole un poco el cabello. Le agradaba el pequeño, tenía una personalidad muy brillante.
Tranquilo, Kouji; vengo para cumplir una misión, no para hacer la compra para la casa —El pequeño lo observó con una ceja notoriamente enarcada, seguramente preguntándose qué tipo de misión podía ir allí a cumplir. Notando este detalle, se apresuró a aclarar— Me enviaron a hacerle la compra a un anciano que no puede venir por su cuenta —Al parecer no era la primera vez que alguien le decía algo así, dado que no hubo señal alguna de sorpresa por parte del niño. Al contrario, parecía estar acostumbrado a ello— ¿No es la primera vez que alguien viene por el señor Takahashi? —Indagó, sintiendo cierta curiosidad al respecto.
Oh, el señor Takahashi es bastante conocido por aquí. Tú debes ser el… no sé, ¿Doceavo que viene a hacer la compra por él? Hace tiempo que pasa —Explicaba el pequeño Kouji, dando media vuelta para regresar a su lugar tras el mostrador— Iré preparándote bolsas de las buenas, que si no se te caerá todo a mitad de camino —Ahora le tocó a él enarcar una ceja, demorando unos segundos en comprender lo que le quería decir. ¿Tanto compraba el viejo? No parecía ser un hombre que necesitara demasiado; era pequeño y al parecer vivía solo, a menos que sus hijos y/o pareja se encontraran fuera cuando él fue a visitarlo para buscar la lista.
En fin, dejando todo eso de lado tomó el sobre de su bolsillo y lo abrió encontrándose con una cuantiosa cantidad de Ryus y un papel doblado. Retiró el papel, volvió a guardar el sobre y comenzó a desdoblar lo que supuso que era la lista de víveres por comprar. Ante sus ojos lo que parecía ser un pequeño pedazo de papel se fue expandiendo, volviéndose más y más grande conforme iba desplegándolo. Cuando desdobló el último pliegue, supo que el niño no exageraba para nada: La enorme lista que tenía delante de sus ojos necesitaría de varias bolsas para ser transportada, además de bastante fuerza en los brazos.  Contaba con lo segundo, o al menos eso creía, y el pequeño encargado le estaba preparando una buena cantidad de bolsas de calidad para evitar que regara toda la compra por la calle de camino a la casa del anciano.
Bueno, tocará empezar con esto… —Musitó en un susurro, acercándose a una de las repisas para comenzar a tomar varias latas, llevándolas luego hasta el mostrador.
Pasaron varios minutos hasta que el gennin logró hacerse con todos los productos especificados en la larga lista que el anciano le había entregado, formando una importante montaña de víveres encima del mostrador de la tienda. El pequeño Koujiro debió de cerrar momentáneamente la tienda para poder acomodar todas las cosas sin interrupción de otro cliente, avisándole que le debía un favor por ser tan considerado. Finalmente, una vez todo estuvo en su lugar y la paga fue realizada, quedaron ocho enormes bolsas llenas de víveres y doscientos ryus sobrantes, los cuales se embolsaba como paga por la misión.
Se ven pesadas —Comentó Koujiro, quien, parado a su lado, observaba fijamente las bolsas. Parecía querer calcular cuánto pesaría cada una, sin atreverse a acercarse para comprobarlo.
Sí, bueno… Espero que las correas resistan —Fue lo único que pudo decir, acercándose para sujetar las bolsas y levantarlas una a una, repartiendo cuatro por cada brazo para equilibrar el peso que llevaba a cada lado y no ir torcido, aunque no todas pesaban lo mismo— ¿Me abres, Kouji? No creo poder con todo esto encima —Pidió, y el niño asintió y se apresuró a pasar al frente, abriendo ambas puertas al completo para que pudiera pasar sin chocar ninguna de las bolsas— Gracias, nos veremos luego. Un saludo a tus padres —Se despidió, iniciando su lento regreso a la casa del anciano. Caminaba bastante incómodo por el tamaño de las bolsas, procurando dar pasos lentos para evitar que se balancearan, previendo una posible rotura que, dada la cantidad de productos que llevaba, sería catastrófica.
Fue capaz de contar muchas miradas que se dirigían hacia él cuando pasaba cerca, todas ellas denotando sorpresa y algo de burla al ver a un shinobi llevando bolsas de víveres de esa manera. Naturalmente las ignoraba, preocupándose más de asegurarse de que todos los productos llegasen en buen estado a casa del viejo Takahashi. Fue un alivia llegar a su calle, visualizando ya el hogar del anciano. Llegó, subió cuidadosamente los tres escalones que llevaban a la puerta y tuvo que golpearla con la cabeza, procurando no hacerlo con demasiada fuerza.
¿Quién es? —Escuchó la voz del anciano al otro lado, al parecer no recordaba que un gennin había ido a hacerle las compras tan sólo unos minutos atrás. Media hora en el pasado, más o menos.
Soy yo, señor Takahashi —Respondió, pero al ver que no abría la puerta, aclaró— Ryuji, el gennin que fue enviado a hacerle las compras —Y una vez dicho esto, pudo escuchar como las numerosas trabas de la puerta eran desbloqueadas y la misma se abría lentamente, permitiéndole ingresar. Nada más hacerlo se encontró con el anciano, quien lo observaba con una amable sonrisa plasmada en sus labios, bajo su poblado bigote.
¡Perfecto! Muchas gracias por la ayuda, chico —El anciano se veía feliz, sentimiento que le contagió, logrando sacarle una pequeña sonrisa— Ahora, te pido un último favor: Ayúdame a ordenar todo esto en la alacena, y luego beberemos un poco de té, ¿Te parece? —Depositó las bolsas en el suelo de manera lenta y delicada, a sabiendas de que ser muy brusco terminaría afectando negativamente lo que llevaba dentro de las mismas. Miró fuera por un segundo, fijándose en la posición del sol: Faltaba mucho para que anocheciera, así que asintió y se dispuso a recoger nuevamente las bolsas, dirigiéndose a la cocina tras los pasos del anciano.
El resto de la tarde se la pasó ordenando víveres en la alacena del señor Takahashi y, tras eso, tomando té con el viejo mientras escuchaba sus anécdotas y jugaban ocasionales partidas de Shogi. El anciano era una persona de lo más interesante, toda una fuente de historias y sabiduría. ¿Por qué le habría dicho su sensei que evitara que comenzara a hablar del pasado? Si todo lo que decía era de lo más interesante, y hablaba con detalle del pasado de la aldea y el país en general.



Misión:
Nombre: El recadero.
Rango de la misión: D
Paga de la misión: 200 Ryous.
NPC de Staff: No permitido.
Lugar:Konohagakure no sato.
Número de post:30 líneas.(Calibrí,11).
Descripción: El señor Takahashi está demasiado mayor para ir al mercado de buena mañana. Te ha sido encomendado dirigirte hasta su hogar .Tras recoger el dinero y la lista para comprar, deberás dirigirte al mercado o tienda de Konoha y llevar las pesadas bolsas hasta casa del Sr. Takahashi.Te quedarás con el cambio de la compra.

Líneas: 64 + 68 + 82 = 214.
Las líneas sobrantes me gustaría ocuparlas en subir el stat de Taijutsu.

✓MISIÓN ACEPTADA
Shinobi's Justice


Conteo de líneas

Líneas Totales: 214
Líneas Misión: 30
Líneas Restantes: 184

+16 puntos a Taijutsu
+1 punto a Resistencia


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