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No te olvides de visitar la Guía de Combate que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. En Shinobi's Justice utilizamos un sistema de combate de rol interpretativo donde empleamos técnicas y un sistema de parámetros, así como un medidor de chakra. Recordamos que las técnicas y los parámetros son interpretativos, no deben tomarse siempre al pie de la letra. Se puede ganar un combate cumpliendo las normas y describiendo bien tanto el escenario como la situación aunque se esté en desventaja, del mismo modo que se puede perder un combate ganado al no cumplir las reglas.






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No te olvides de visitar la Guía de Ambientación que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. A la hora de crear tu personaje es muy importante que pienses la religión, el país, y la aldea, pues cada una es, a su modo, única. Aconsejamos una lectura pausada para poder elegir lo mejor para el personaje que desees crear.






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No te olvides de visitar la Guía para Novatos que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. A la hora de hacer los registros, no olvides que debéis hacer el registro de pb, aldea, y expediente primero antes de poder rolear. Podéis rolear sin ficha ninja y sin cronología, sin embargo, para participar en un evento o vayáis a terminar un tema debéis tener creada ambas, tanto la cronología como la ficha.




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Toc, toc, alguien golpeaba la puerta. Mamá estaba trabajando, al igual que papá. Le alegraba que ambos tuvieran su empleo estable, viviendo de lo que les gustaba: Ayudar a los demás. Sin embargo, en ese momento donde las sábanas le susurraban que se quedara cinco minutos más, lamentada tener que quedarse solo la mayor parte del día. En caso de no ser así, seguramente alguien más pudiera ir a atender. Pero,  tal y como eran las cosas, sólo le quedaba levantarse.
Apartó las mantas, soltando un pequeño suspiro en lo que se incorporaba, tomando asiento sobre la cama para dejar caer las piernas a un costado, rozando el suelo con sus pies descalzos. Se refregó el ojo derecho con el dorso de la mano, soltando un sonoro bostezo; seguía sintiendo el llamado de la almohada, pero debía levantarse. Desvió la mirada a la pequeña mesita que tenía a un lado de la cama, comprobando la hora en el reloj con forma de pez koi.
¿Quién será a esta hora? —Enarcó notoriamente una ceja, incrédulo ante el horario al que venían a tocarle a la puerta. Estiró los brazos, ladeando el torso de lado a lado, y luego se levantó, colocándose las pantuflas— ¡Un segundo! Enseguida voy —El departamento no era demasiado grande, así que gritando a un volumen no muy exagerado se podía dar a escuchar incluso en la entrada principal, pese a hacerlo desde su habitación. Eran una familia pequeña y humilde, no necesitaban tanto espacio.
Ryuji dormía con un pantalón corto a modo de pijama, así que tomó una remera simple que tenía colgada de la puerta y se la colocó, aprovechando para salir de la habitación. No iba perfectamente aliñado, e incluso se podía apreciar un pequeño rastro de saliva que había caído desde la comisura de sus labios mientras dormía, pero para atender el llamado de la puerta debía alcanzar. Atravesó el corto pasillo que conectaba su habitación con la sala de estar, parándose junto a la puerta. Se tiró el pelo hacia atrás, buscando tenerlo mínimamente acomodado por si se trataba de alguien importante, y abrió.
En un principio no vio nada más que la calle vacía, prácticamente desierta debido a la hora que era. Miró alrededor, algo confundido, preguntándose si se trataba de algún tipo de broma de mal gusto, hasta que una voz que provenía de justo delante de él lo instó a bajar la mirada.
¡Buenos días! —Y allí estaba, en el suelo, realizando una pronunciada y exagerada reverencia: Un hombre mayor aunque de aspecto sano, casi pelado, con algunos mechones de cabello cano en la parte trasera y los costados de la cabeza. Al principio no lo reconoció, pero tras unos breves segundos de incomodo silencio supo dar con quién era.
¿Señor Jisamu? —Un conocido agricultor de la aldea, ¿Qué hacía en la puerta de su casa por esas horas?— Buenas días, ¿Qué lo trae por aquí tan temprano? —Sonó amable, como era costumbre, disimulando perfectamente su confusión y ligera molestia. Ya que sí, le molestaba un poco que lo levantaran temprano en su día libre, como a todo el mundo; aunque lo pareciera, Ryuji no era de piedra ni mucho menos una máquina.
El anciano se puso en pie, palpándose las rodillas para despegar polvo y restos de tierra de su pantalón marrón claro. Dudó por un segundo, desviando la mirada con cierta pena bastante fácil de apreciar.
Lamento aparecer tan temprano en tu casa, muchacho, pero sé que eres un ninja y he escuchado que tienes un buen aguante físico. Verás, es fecha de cosecha de papas y arado de las tierras. Mi hija y yo solemos encargarnos, los dos juntos, pero este año me coincidió con un viaje a un pueblo vecino que no puedo cancelar. Ella no podrá hacerlo sola —El hombre hizo una pequeña pausa, innecesaria a su punto de vista. Comprendía perfectamente su situación, como también había deducido la razón de su visita— ¿Crees que puedas ayudarla?
Un incómodo silencio se apoderó de la situación, silencio que hizo dudar al anciano. Ryuji se encontraba pensando, analizando la situación, y espabilando un poco las neuronas que seguían apagadas por el sueño. La respuesta estaba más que clara, así que esbozó una pequeña y amable sonrisa y dijo:
¿A qué hora empezamos?

El sol se hallaba en su punto más álgido, pasando las doce del mediodía. Era un día hermoso, sin una sola nube opacando el inmenso cielo azul. Temperatura ideal, rondando los veintiún grados centígrados, y una brisa leve que le removía los cabellos de la frente mientras corría por las calles de la aldea. El tiempo se le echaba encima, pues se había dormido en un descuido donde apoyó por demasiado tiempo la cabeza en la almohada.
No queda mucho —Agradecía haberse trenzado el cabello antes de salir, pues de no ser así, entre la brisa y la velocidad con la que se desplazaba, seguramente estaría acomodándose los pelos cada dos minutos— Ahí está —Pasando los murales que protegían la urbe de la aldea, y tras atravesar un pequeño tramo de bosque, dio con el campo  que pertenecía al viejo Jisamu: Una gran explanada de tierra, plagada de papas listas para ser recogidas. Detuvo su avance por un segundo, frenándose sobre la rama del último árbol para desde allí observar el gran terreno que debería de rastrillas en busca de quién sabe qué cantidad de papas. Suspiró— Será un día largo… —Musitó al aire, refregándose la cara con ambas manos antes de bajar de un salto y reanudar el camino.
¡Yo! Tú debes ser el ninja que papá envió a ayudarme, ¿Verdad? —Nada más acercarse a la pequeña finca ubicada junto al terreno de trabajo, una mujer joven, de unos veinte años, cabello castaño oscuro y ojos negros, lo recibió. Vestía una camisa blanca, simple, junto a un overol, y en la diestra sostenía una pala— ¡Justo a tiempo! Pasa, toma un poco de agua y prepárate, que debemos comenzar —Indicó, sonriendo con gran amabilidad. Era una muchacha agradable, eso se notaba a la legua— Por cierto, ¿Cómo te llamas? —Detuvo sus pasos y volteó en su dirección, esperando por una respuesta que no demoraría en llegar.
Ryuji, pero puede llamarme Ryu si le parece mejor —Y hechas las presentaciones, el ninja se internó en la finca, aceptando el ofrecimiento de agua. Lo cierto era que tenía sed, y algo le decía que debía mantenerse bien hidratado si quería aguantar el largo día que tenía por delante.
Las tareas dieron inicio de manera suave: La hija del señor Jisamu le pidió que tirara de la carreta donde depositarían las papas, asegurando que ella podría recogerlas todas. Sin embargo, para hacer las cosas más eficientes, él también recorrió la zona, aprovechando su velocidad para recoger la mayor cantidad de papas posibles y luego regresar a la carreta, depositarlas dentro y volver a comenzar. Era un método mucho más rápido de cosechar, llenando el pequeño vehículo de madera en tiempo record.
Muy bien… —Decía la castaña, observando la pila de papas con gesto… incómodo. Algo andaba mal— ¿Crees que podrás mover esto? Estará muy pesado… Demasiado; creo que nos pasamos.
Ryuji, que se hallaba parado a su lado y observando el montón de papas que habían recogido, guardó silencio por unos segundos, pensando. ¿Podría con ello? No parecía ser tanto, aunque la distancia que los separaba de la finca era grande…
Bueno… creo que la única forma de averiguar si puedo o no será intentarlo —Estiró los brazos y giró las muñecas, que troncaron con algo de fuerza, antes de caminar hasta pararse delante de la carreta, dándola la espalda. Se refregó las manos y luego las posó en las maderas de tiro. Tomó aire, lo soltó lentamente y adelantó el pie derecho, inclinándose hacia delante hasta casi colgar del peso de la carreta. Entonces se afirmó, apretó los dientes y lentamente dio el primer paso. La chica no exageraba: La carreta pesaba, y mucho, pero no lo suficiente como para que no pudiera moverla en absoluto. Lo que más le costó fueron los primeros dos metros, luego de eso poco a poco fue agarrando ritmo y velocidad.
Tras varios minutos llegaron a la finca, descargaron las papas y partieron nuevamente, a por el siguiente cargamento. En poco más de cinco horas tuvieron una cuarta parte del campo trabajado, permitiéndose un pequeño descanso para beber agua y que Ryuji se relajara un poco: tanto tirar de una carreta tan pesada tenía sus músculos agotados, aunque el muchacho aseguraba encontrarse bien y poder continuar sin problemas. Claro que nunca admitiría su cansancio, ni el dolor en brazos, piernas, espalda, abdomen… en todos lados, básicamente.
¿Estás seguro de que quieres seguir? Te veo cansado —Le insistía la hija del dueño de todo ese lugar, sentada sobre un fardo de paja y con una botella de agua fresca en la mano. Empinó la botella y le dio un largo trago antes de lanzársela a Ryuji, quien la atrapó en el aire, ubicándose sobre la carreta a unos escasos dos metros.
Estoy bien —Bebió un trago, dejando la botella a un lado luego, tras taparla— No nos queda tanto, creo poder aguantar —Aseguró, sonriendo de manera leve. No estaba del todo convencido, pero tampoco mentía. Era una mentira a medias.
Terminado el descanso, Ryuji y la chica regresaron al trabajo. Acelerando un poco el proceso al no cargar tanto la carreta y realizando los viajes de manera más rápida, cumplieron con la mitad del campo en tan sólo tres horas más. Poco a poco fue pasándose la tarde y llegando la noche, momento donde debieron de detenerse: No se podía trabajar sin luz.
Al día siguiente el joven genin regresó para finiquitar la misión, descansado y lleno de energías, aunque algo dolorido, eso no lo podía negar. La carreta le pareció más ligera, tal vez al haberse acostumbrado el primer día, y junto a la mujer lograron completar lo que les quedaba de papas por recoger. El verdadero problema vino después: Tocaba arar la tierra y prepararla para la siguiente plantación.
Esto será un poco más cansado… —Explicaba la hija del señor Jisamu, parada junto a una suerte de carretilla con una gruesa punta de hierro que parecía diseñada para rajar el suelo a su paso— Hay que recorrer todo el campo llevando esto a cuestas… ¿Crees poder con ello? —Una vez más, la mujer demostraba preocupación por el estado del muchacho.
Ryuji, algo agitado al apenas haber terminado de bajar las últimas papas de la carreta, se quedó observando la curiosa herramienta de arado. Se veía pesada, pero nunca tanto como la carreta estando completamente repleta de papas. Podía con ello.
Asintió, manteniéndose seguro en todo momento, sin indicios de duda o vacilación en su voz ni expresión. El día todavía no había terminado, como tampoco lo había hecho su misión.
Al final del tercer día, cuando regresó el viejo Jisamu, ya no había papas que recoger y todo el campo había sido arado. Ryuji se encontraba recostado sobre la carreta donde habían transportado las papas, y la hija del anciano venía llegando con una botella de agua cuando este se apareció, felicitándolos a ambos por haber logrado cumplir con la tarea en tiempo record para ellos. El ninja se llevó su paga, y con una sonrisa se retiró antes de que la noche se terminara de asentar.
Caminando a paso lento, cansado en extremo y con el cuerpo entero rogando por una cómoda cama y un buen plato de comida, fue que atravesó el bosque y regresó a la aldea, arrastrando los pies en dirección a su hogar. Nada más llegar fue cálidamente recibido por sus padres, que lo esperaban con un gran plato de comida servido y una cama bien tendida dispuesta para que se fuera a dormir nada más terminara de comer. Le alegraba tener unos padres tan atentos, aunque al mismo tiempo se sentía algo apenado: Un shinobi, por lo general, vivía solo. Que continuara junto a sus padres se le hacía raro. No se quejaba de ello, para nada además; su madre era una mujer amable, a su parecer la mejor cocinera, y admiraba muchísimo a su padre por lo apasionado que era por su vocación de médico, pero algo le decía que ya no estaba en edad de llegar a casa para que papá y mamá lo mimaran…




Misión:
Nombre: Labrar el campo.
Rango de la misión: D
Paga de la misión: 300 Ryous.
NPC de Staff: No permitido.
Lugar:Konohagakure no sato.
Número de post:30 líneas.(Calibrí,11).
Descripción:   Esta mañana a tocado a tu puerta el señor Jisamu, tras depertarte he ir a atenderlo te a pedido casi de rodillas que porfavor vayas a ayudar a su hija pequeña en la salida de las patatas de este año, dado que el tiene que ir a un pueblo vecino y no podrá ayudarla.Ten suerte y que todas estén en buen estado.

Las líneas sobrantes me gustaría emplearlas para subir la Resistencia del pj, si no hay problema.

✓MISIÓN ACEPTADA
Shinobi's Justice


Conteo de Líneas: 131
Líneas Requeridas: 30
Líneas restantes : 101

A repartir en Resistencia así:
100Líneas/10Líneas= 10pts.


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