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No te olvides de visitar la Guía de Combate que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. En Shinobi's Justice utilizamos un sistema de combate de rol interpretativo donde empleamos técnicas y un sistema de parámetros, así como un medidor de chakra. Recordamos que las técnicas y los parámetros son interpretativos, no deben tomarse siempre al pie de la letra. Se puede ganar un combate cumpliendo las normas y describiendo bien tanto el escenario como la situación aunque se esté en desventaja, del mismo modo que se puede perder un combate ganado al no cumplir las reglas.






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No te olvides de visitar la Guía de Ambientación que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. A la hora de crear tu personaje es muy importante que pienses la religión, el país, y la aldea, pues cada una es, a su modo, única. Aconsejamos una lectura lentura y pausada para poder elegir lo mejor para el personaje que desees crear.






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No te olvides de visitar la Guía para Novatos que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. A la hora de hacer los registros, no olvides que puedes hacer el expediente, el perfil ninja y las cronología y relaciones al mismo tiempo, sin embargo hasta que el expediente no te sea aceptado NO PODRÁS hacer los registros ni de aldea ni de PB.




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Había recibido una misión. Su primera misión. No le importaba lo que fuera, estaba contenta. Por fin comenzaría su camino hacia la cima. Si tenía suerte llegaría el día en el que la mandarían en misiones a otros lugares del mundo, a países nuevos y desconocidos. Su familia estaría contenta. Miró de nuevo el papel que le había llegado con las instrucciones. “¿Personas escapando de Sunagakure?” No le parecía un problema, era normal que las personas quisieran moverse, que les desagradara estar confinados en una jaula de piedra. Su alma nómada no veía nada incorrecto con ese hecho. Pero eran órdenes. Era una misión. Debía hacerlo si quería ascender y viajar. Releyó de nuevo la información. Así que numerosas, eso sería un problema. Buscar al líder del grupo era definitivamente la mejor opción si quería encargarse de todos de golpe. Pero no sabía que hacer exactamente, sabía por dónde buscar pero tendría que ingeniárselas para llagar allí y más aún para convencerles de que se quedara. Agarró el abrigo y buscó entre los cajones el Recitario de Ocho, un libro que heredó de su familia cuando se marchó aquel día. Por ahora solo podía usar dos de sus técnicas, las demás eran demasiado complejas para entenderlas ahora. Aquel libro era una herramienta increíble pasada de generación en generación, aunque lo que se pasaba realmente eran las oraciones de su interior, el libro como tal lo hacían ellos mismos. Cada miembro de la familia debía aprender todas sus oraciones, repitiéndolas cada noche antes de dormir y cada mañana antes de ponerse en marcha en el camino. Sus palabras se quedaban grabadas en las mentes de todos hasta el punto en el que ni siquiera se preguntaban cómo o cuándo las aprendieron, las conocían tan bien como su nombre y, por ende, eran imposibles de olvidar. Pero no era un poder gratuito ni mucho menos. Casi nadie podía usar las oraciones como es debido, los pocos que comprendían las líneas eran los únicos que accedían al verdadero poder del Recitario. Ella lo había logrado, podía hacer uso de dos de las oraciones, aunque eran las más simples, ya era un gran mérito en sí mismo.

Cuando lo tuvo todo salió a la calle, estaba anocheciendo y necesitaba encontrar a los desertores cuanto antes. Mientras caminaba por las calles meditaba, pensando en una forma de convencerles de que debían quedarse, de que era lo mejor. ¿Pero cómo? Avanzó hacia la zona de las murallas, los barrios más bajos. Aunque la cantidad de guardias era mucho mayor que en otro sitio dado a la necesidad de defender las murallas en caso de un posible ataque, ni siquiera aquella cantidad de guardias era suficiente como para mantener a raya a los marginados y bandas criminales de aquella zona. Se adentró por uno de los callejones, cruzándose con unos cuantos hombres de aspecto harapiento que se giraron a mirarla cuando pasó a su lado. No se atreverían a hacer nada, nadie nunca lo hacía. Aquella gente no eran más que unos bocazas, todos ellos, nada más veían sus ojos tornarse carmesí salían corriendo como niñas. La fama de los Uchiha superaba las ganas de robar o acosar a una chica. “Suerte que haya nacido miembro de aquel clan…” Pensó. Cuando vivía con su antigua familia nómada no conocía a sus verdaderos padres. Más bien no existía el concepto de “padres”. Sólo cuando llegó a Sunagakure se enteró de lo que significaba esa palabra y, según recordaba, no había visto a nadie en su familia utilizar el Sharingan ni una sola vez. ¿Significaba eso que sus “verdaderos padres” no estaban allí? Puede ser que se marcharan poco después de dar a luz o puede ser que su familia la recogiera de algún lugar que visitaran por alguna razón. Había visto antes cómo recogían huérfanos que no tenían a nadie con quien quedarse o una forma de sobrevivir. Así era como crecía la familia en la mayoría de los casos. Aquellos niños jamás preguntaban dónde estaban sus padres y nunca sabrían lo que es vivir sin unos, para ellos toda la tribu eran sus padres y para la tribu todos los niños eran sus hijos. La sangre no importaba, los lazos emocionales eran más importantes, más fuertes que la sangre.

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Con sus oídos alerta, caminó sigilosamente por las callejuelas, adentrándose cada vez más en territorio peligroso. Si daba un paso en falso se descubriría y tendría que defenderse, provocando una conmoción y eso es lo último que alguien quiere hacer en los suburbios. No se cruzaba con mucha gente pero cuando lo hacía notaba sus miradas en su nuca y a veces oía uno o dos pasos junto a algunas risas. No llegaba a nada, no sabía si era porque no se atrevían o porque tenían cosas más importantes entre manos, pero era una suerte no tener que activar su Sharingan para espantarlos. < ¡Eh, bonita, acércate un segundo! > El grito provenía de detrás de ella. “Ya pensaba que todo estaba yendo demasiado bien.” Se paró y giró la cabeza en dirección a la voz. Tal y como esperaba, no eran más que una panda de 4 hombres, de no más de 30 años, que estaban apoyados contra una pared hablando de alguna estupidez y sonriendo mientras la miraban. “Bueno, quizá pueda sacarles algo de información.” Se dio la vuelta y caminó tranquilamente en su dirección. Los hombres se sorprendieron al verla hacer lo que pedían e instantáneamente comenzaron a sonreír con malicia. < ¿Puedo ayudaros en algo? > Preguntó la chica con una sonrisa tímida. Dos de los chicos se apartaron y caminaron a los lados, rodeándola. < Si, ya te digo si puedes ayudarnos en algo… > Contestó el del centro, que parecía el cabecilla del grupo. < ¿Y bien? > En cuando pronunció esas palabras el hombre fue a decir algo pero no le salió la voz, algo sorprendido y desconcertado. < Perdona pero… me temo que no soy una de tus prostitutas de barrio. > Contestó Kumi, intuyendo claramente lo que aquella persona acababa de decir en su cabeza. Se dio la vuelta y comenzó a caminar. < ¡Espera! > Gritó el hombre, desconcertado < ¿A dónde te crees que vas? > Dio unos pasos hacia ella y la agarró de la mano. “Perfecto…” Pensó Kumi, dándose la vuelta mientras sus ojos se tornaban rojos como la sangre. Los que la rodeaban estaban perplejos, < Es… ¡u-una Uchiha! > susurró uno, pero en aquel silencio se oyó claramente. Dieron unos pasos hacia atrás, claramente intimidados. Con un sutil movimiento la chica tocó con su mano la muñeca del que le había agarrado, utilizando la Visión del infierno. Aquel pobre muchacho debió ver algo horrible ya que la soltó en seguida, se tropezó y comenzó a gritar de forma despavorida mientras trataba de alejarse gateando. < ¡Y-yo paso de esto! > Gritó uno al ver a su amigo actuar de esa manera y salió corriendo, seguido de los demás. Solo quedaba aquel despavorido chico en el suelo, temblando mientras Kumi se acercaba a paso lento. < P-por favor… ¡Por f-favor no me hagas daño! > Chilló cuando la chica se agachó a su lado, con aquellos aterradores ojos reluciendo en su cara ensombrecida. < He oído rumores… > Comenzó a decir. < De que ha habido gente intentando salir de la Aldea. > Su voz sonaba fría, inquisidora, el pobre chico se estremecía en el suelo. < ¿Es eso cierto? > Preguntó. < > Silencio. De golpe Kumi levantó la mano y la puso en la frente del hombre, haciendo que se sobresaltara. < No te he oído. > No usó ninguna técnica, pero la presión mental hizo que el chico se rompiese. < ¡S-sí, sí, es cierto, p-por favor, por favor no más! > Chilló. < Bien. Me han contado que son demasiados para ser un caso aislado. > < N-no más, por favor… > Seguía gimiendo el chico. < ¿No sabrás quién lo está organizando todo? > Esta vez sus palabras iban acompañadas por su genjutsu. El chico habría respondido a esa pregunta en su mente sin poder hacer nada al respecto. < ¡Más alto! > Gritó Kumi mientras presionaba su mano contra la frente del joven, cubierta por un sudor frío. < ¡He dicho que no lo sé! > Clamó. “Vaya, no miente…” Pensó la chica decepcionada. “Qué pérdida de tiempo…” Aflojó la mano y se levantó, aun mirándole desde arriba. Justo cuando iba a irse el chico volvió a hablar. < N-no lo sé pero… pero se reúnen todas las noches en una casa… m-me invitaron un par de veces pero los rechacé, s-solo sé la dirección…> Kumi se paró en seco y volvió a mirarle. < Bien. > Dijo. “Parece que no ha sido una pérdida de tiempo después de todo.”


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Dejó al torturado chico escurrirse asustado por el callejón. Tendría pesadillas con lo sucedido un buen tiempo, pero a Kumi no le importaba lo más mínimo, se lo merecía. Siguió las indicaciones del muchacho sin muchas preocupaciones, después de todo lo que le había hecho no le creía capaz de mentir. De todas formas no bajó la guardia y se mantuvo con el dojutsu activado, solo por si acaso. Cuando llegó pudo ver unas cuantas personas paradas a ambos lados de la puerta, distanciados a unos metros y haciendo como si estuvieran a su rollo. “Son listos, no quieren que se note que están montando guardia.” Si no supiera que allí se reunían los desertores no le habría dado mucha más importancia a aquellos hombres al lado de la puerta. “Saben lo que hacen.” Pensó. Esperó pacientemente a que la noche se hiciera paso y cuando las personas dejaron de salir por la puerta volvió a mirar por una de las ventanas tapiadas con tablas de madera. Seguía saliendo algo de luz, muy tenue, probablemente de una vela. Eso significaba que aún había alguien dentro. Buscó una puerta trasera pero no encontró nada, solo había una forma clara de acceder a la casa, pero necesitaba deshacerse de los guardias. Agarró un par de piedras y usó su chakra para caminar por la pared de la casa. Una vez en el techo lanzó una piedra a uno de los lados del callejón. Los guardias miraron hacia ese lado pero decidieron ignorarlo. Era obvio que no iba a ser tan fácil. Hizo una réplica y lanzó otra piedra, esta vez a la cabeza de uno de los hombres, que al mirar de donde había caído vio una figura de negro sobre el tejado que comenzaba a correr hacia un extremo de la casa. Con un grito salió tras la chica, y mientras el otro miraba en su dirección, riéndose, la Kumi de verdad se acercó por su espalda y entró por la puerta sin que se diera cuenta. Una vez dentro caminó por un pasillo que daba a múltiples habitaciones. Escuchó con la oreja pegada a cada puerta, una por una, hasta que escuchó algo, unas palabras. Se sobresaltó al oír unos pasos hacia la puerta, que se abrió de golpe. < Mañana discutiremos los detalles, tenga una buena noche. > Dijo un hombre escuálido y vestido con una toga mientras se despedía con la mano de quien estuviese dentro y se marchaba por el pasillo. Una fina capa de tela se despegó de la pared, revelando a Kumi quien estaba con el corazón sumamente acelerado. “No me puedo creer que casi me atrapan…” Pensó mientras se asomaba para ver si el hombre al fin se había ido. Se acercó a la puerta y se transformó en uno de los guardas que había visto antes. “Esto debería servir.” Abrió la puerta de golpe, entrando en una habitación prácticamente vacía. Había una lámpara de aceite, una estantería con libros, una mesa con algunos papeles y dos sillas, en una de las cuales estaba sentado un hombre de unos 40 años de pelo largo y algo canoso que escribía algo sobre un pergamino. < Boris. > dijo el señor. < ¿Qué quieres? > Soltó la pluma y dio unas vueltas a la muñeca de la mano que la había sujetado. Tenía una mirada cansada, veterana, una mirada de alguien inteligente. < Había alguien sospechoso a la salida pero no pude cogerle, solo quería avisar de que a lo mejor esto se pone peligroso. > El hombre se ajustó las gafas y la miró fijamente. < ¿Y Thomas? > Kumi tragó saliva, parecía analizarla, debía ser cuidadosa con cada palabra. < Salió en persecución del sujeto, es más rápido que yo así que quizá le haya alcanzado. > Trataba de ser lo más natural que podía. Un solo error podría costarle la confianza de aquel hombre, que parecía el líder de los rebeldes que querían escapar de la Aldea. < Muy bien, me iré en un rato, aún tengo cosas que acabar. > Parecía que todo había salido bien. Ahora, la parte más difícil comenzaba. < Señor… > Dijo Kumi con una voz preocupada. < ¿Está seguro de que esto… es buena idea? > El jefe levantó la mirada del papel y volvió a ponerla en el hombre en el que se había transformado Kumi. < ¿De qué hablas? > < Ya sabe, irnos de aquí… ¿Cree que es lo mejor? > Su mirada parecía penetrar a través de su disfraz, una mirada serena e intimidante. < ¿Quién eres tú? > Preguntó.

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A Kumi se le heló la sangre un segundo, pero aquello no era nada inesperado. Había venido preparada y sabía que un ninja de su categoría difícilmente engañaría a alguien de ese nivel. Una fina capa de humo emergió a su alrededor mientras su fachada se volatilizaba y su verdadero aspecto salía a la luz. El jefe no hizo ningún ademán de sorpresa y siguió mirándola fijamente. < ¿Y bien? ¿Quién eres? > Volvió a preguntar. Kumi apartó su abrigo y sacó su bandana ninja del reverso, mostrándole el símbolo de Sunagakure. El hombre suspiró. < Así que lo sabe. El nuevo Kazekage. > Se recostó en el respaldo de su asiento y se retiró las gafas para frotarse los ojos. Había trabajado mucho solo con la luz de la vela y su vista parecía estar cansada. < ¿Vienes a matarme? > La chica negó con la cabeza. < Si ese fuera el caso no habría tratado de engañarte. > La miró algo incrédulo. < ¿Entonces a que vienes? > Era cierto, no tenía órdenes de matar a nadie. Solo venía a dar un aviso. < Me han ordenado convencerte de que dejes de intentar pasar gente al exterior de la muralla. > Estaba en una situación peliaguda por lo que comenzó a mirar por posibles rutas de escape. Nada. < ¿Convencerme? ¿No querrás decir amenazarme? > “Definitivamente es muy listo.” La chica se encogió de hombros. < No usaron esa palabra, prefiero creer que no es el caso. > El señor soltó una risa cansada. < Entonces lo saben… ¿Cómo de profundo están las ratas del Kage en los suburbios? No me puedo creer que puedan enterarse de todo. > Se llevó la mano a la frente, como si estuviera pensando. < El nuevo Kazekage no es como el anterior, sabe lo que hace y sabe cómo hacerlo. Nada se escapa a su red de información. Yo solo he venido a decirte lo que me han ordenado. Que me hayan enviado a mí en lugar de un asesino demuestra los extremos de su tolerancia. > Parecía dubitativo. Kumi había adornado sus palabras con mentiras, o más bien, no tenía ni idea de si lo que había dicho era cierto o no, pero sonaba lo suficientemente convincente como para verse creíble. < Así que un aviso… Dime, ¿por qué quiere el Kage evitar que nos vayamos? > < No tengo ni idea, no poseo más información de la que se me otorga. > El tipo sonrió. < ¿Cuál es tu opinión entonces? > < ¿Es esto un interrogatorio? > < No, claro que no. > < Entonces no tengo intención de responder. > Las palabras de Kumi eran tajantes. < Ya veo. > Rió de nuevo. < ¿Y qué pretende el Kage que hagamos ahora? > “Sigue haciendo preguntas… estoy completamente a la defensiva, ha estado jugando conmigo desde el principio.” < Como he dicho antes, no tengo acceso a dicha información. > El hombre puso sus antebrazos sobre la mesa, cogió la pluma y volvió a dirigir la atención a sus papeles. < Entiendo. Entonces, ya puedes marcharte. Dile a tus superiores que pueden estar tranquilos, con este tipo de vigilancia no se me ocurriría continuar con la escapada… > “Maldición, esto se ha sentido como una entrevista, ¿Quién demonios es este tipo?” Cuando fue a darse la vuelta vio que detrás de ella había tres ninjas junto a la puerta. Sus rodillas temblaron y sintió el pánico. “¿Cuándo demonios han llegado? No he sentido su presencia en todo este tiempo. ¿Qué hago? ¿Qué puedo hacer?” < Dejadla marcharse, solo es una intermediaria. > Dijo el jefe apuntando algo en los papeles. < No ha hecho nada. > Uno de los ninjas abrió la puerta y la dejó pasar. “Me ha tenido en su mano todo este tiempo… Qué persona tan temible.” La escoltaron a la salida, sin decir una sola palabra, y vieron cómo se marchaba. “La vida del ninja es peligrosa…” Pensó por primera vez en su vida. Y volvió caminando a casa, meditando sobre lo que había ocurrido.

40 Líneas
Misión realizada:
Nombre:  Patrulla el muro.
Rango de la misión: D
Paga de la misión: 250 Ryous.
NPC de Staff: No permitido.
Lugar:Sunakagure no sato.
Número de post:30 líneas.(Calibrí,11).
Descripción: Uno de los ninjas que protegen el muro han avistado como se intentan escapar algunas personas, no parecen muy peligrosas, pero son bastante numerosas. Tenéis que buscar al líder del grupo y convencerlo que la aldea de Sunakagure es el mejor lugar donde vivir.

Líneas requeridas: 30
Total de lineas realizadas: 45 + 45 + 45 + 40 = 175
Líneas sobrantes: 145

Petición de stats:
-Mentira Envuelta: 15 líneas
-Engaño: Ecos: 15 líneas
-Recitario de Ocho: 15 líneas arma + 15 líneas técnica 1 + 15 líneas técnica 2 = 45 líneas

-Genjutsu de 15 a 22 (7 puntos): 10 líneas por punto: 70 líneas

Líneas sobrantes: 0

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