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El pelirrojo estaba tranquilo en su habitación, se sentía demasiado bien vivir sólo, independiente, en ocasiones se sentía como un lobo solitario, pero le daba igual, realmente jamás había tenido un amigo de confianza o alguien con quien pasar un rato más que agrdable, su vida siempre había sido igual, monótona y rara. Kai por fuera demostraba una personalidad bastante madura y sensata, pero por dentro la cosa era distinta, en verdad era un simple niño con ganas de pasar su juventud a lo grande, ese era su deseo. Necesitaba más dinero, bueno, mejor dicho, quería más dinero, pues al ser una sola persona en una vivienda no tenía que gastar mucho, su casa tenía todo lo básico que necesitaba, 2 habitaciones, 1 baño y 1 cocina, era eso para una sola persona, no tenía muchos gastos precisamente. A pesar de no necesitar el dinero, Kai se aburría mucho y necesitaba pasar el rato, debido a esto, se levantó lenta y pesadamente de su litera, eran días ya que no hacía nada, ni si quiera salir a entrenar, de tanto estar tirado durmiendo le dolía la espalda, era normal, pero el pelirrojo no quería dejar de lado su musculatura, la cual no era tan abundante, ni mucho menos, pero estaba ahí, siempre se había preguntado por qué su contextura era musculada, si pocas veces hacía algo, no le costaba nada mantenerse en forma.

El pelirrojo se vistió con ropa algo normal, saldría a dar un paseo o quizá buscaría algún quehacer, pero no se quedaría en casa. La ropa que se puso eran, 1 camiseta algo ligera, de color rojo magenta y unos pantalones ligeros. Immediatamente después de vestirse, el Uzumaki se fue a desayunar, tenía unos ricos cereales rellenos de miel para ello, los mezcló entre la blanca leche que tenía y se los tomó en un tiempo récord, amaba los cereales de miel, no había nada que le gustara más. Una vez terminó de desayunar, decidió salir a las calles de la aldea, aquel día había más gente de la normal, el pelirrojo no tenía idea de por qué, y al parecer tampoco le importaba, iba caminando por la aldea con completa tranquilidad. El clima aquel día estaba templado, ni muy cálido ni muy frío, todo era gracias a la maravillosa estación primaveral, también quizá habrían florecido los cerezos en flor. La gente de la aldea le estaba empezando a resultar más que amarga, se había enterado hacia unos días de que estos acosaban bastante a una chica por un hecho que ni si quiera sabían si era verdadero o falso, cosas como esas encendían la llama interior del Uzumaki, cosa irónica, pues el elemento de Kai era el Katon. "¿Qué haré al final hoy?" se preguntó a sí mismo el shinobi, no sabía qué haría, si tomarse el día con total calma o conseguir un recado de las misiones de rango D, le aburrían un poco pero era mejor estar trabajando que no hacer nada, ¿O no? El pelirrojo se empezó a dirigir al despacho Hokage con prisas, era aún por la mañana, debía conseguir tiempo para hacer el recado que le enviaran con tranquilidad, de lo contrario, todo se volvería un desastre.

El Uzumaki siempre había necesitado algo de calma, sino, difícilmente se concentraría lo suficiente como para que las cosas salieran bien, fuera lo que fuera, todo con calma y sin prisas, irónicamente, las cosas siempre le salían mal fuera como fuera. Al llegar al despacho hokage se topó a un Jounin, parecía algo agitado, al ver al pelirrojo sonrió de un lado, el Uzumaki pudo notar perfectamente la sonrisa maliciosa que el hombre llevaba en la boca, era un hombre flaco, moreno, de piel y pelo con ojos de color avellana, - Hola joven. - empezó saludando el hombre, Kai lo miró algo extrañado y le respondió seco, - Hola. -  Kai se disponía a irse del lugar e ingresar al despacho hokage antes de meterse en algún asunto que no le importaba, sin embargo el Jounin lo cogió del hombro con una sonrisa algo interesada. - Lo lamento, no quería molestar, es que tengo que ir de misión ahora mismo y necesito que alguien se encargue de un recado que me han ordenado que cumpla. - empezó el joven, era algo más alto que Kai, pero sólo un par de centímetros. - ¿Un recado? ¿De qué se trata? - preguntó el Uzumaki ya más interesado, era eso lo que había estado buscando desde el principio, hacer un recado. - Pues, em... Verás, es algo un poco sensible... - tanto rodeo había conseguido fastidiar a Kai, - Dímelo ya, me aburro. - pidió con una expresión de duda y molestia combinadas en su cara. - A ver, una parienta del Hokage necesita compañía, se siente sola, puedes complacerla como gustes... - explicó el shinobi de mayor rango ligeramente sonrojado. - ¿Eing? - soltó más dudoso el pelirrojo. - La complaceré como yo quiera, vale, pero no habrá sexo, dime dónde vive. - aclaró el Uzumaki, estaba más interesado en conocer a la parienta del Hokage, quería saber cómo era la família del ninja más importante de toda la aldea, y también conocer más a fondo al Clan Senju, del cual contaban asombrosas anécdotas, como que tal clan creó los profundos bosques del País del Fuego, era simplemente asombroso imaginar aquello.

Al escuchar las palabras acerca del sexo soltadas por el Uzumaki, el Jounin se sonrojó más fuertemente, ¿Cómo aquel crío podía haberse percatado de ello? Bueno, el Jounin pensaba que Kai era un crío, pero este ya no lo era, eso estaba claro, tampoco era ningún imbécil, el sonrojo del hombre lo había delatado, se notaba a lo que se refería con "complacerla", ni le interesaba complacer a nadie, sólo a él mismo. - Vive aquí. - explicó el hombre dándole un papel con el número de la calle. - Harás la misión con alguien más. - tosió haciendo el papel de serio el Jounin, tenía que buscar a un chico para tener sexo con la parienta del Hokage, sin embargo, no lo había conseguido, una pena, ahora la misión la tendrían que hacer 1 chico y 1 chica, seguramente no sucedería nada. - ¿Eing? ¿Quién? No creo necesitar a nadie... - respondió rápidamente el Uzumaki, tampoco es que fuera muy peligroso visitar a la parienta del Hokage, ¿O sí? No lo íban a matar o torturar... Era algo que podía hacer en solitario.
66 lineas, Calibri 11



Como la mayoría del tiempo, Yuseiha había despertado muy temprano. Por lo general no necesitaba mucho tiempo de sueño para sentirse descansada, pues dormir acurrucada junto a su hermano, con su suave y mullido pelaje, era más que suficiente para recargar sus energías. Su nueva manada le habían dado un cuarto para ella sola, con un camastro bien cómodo, pero que rara vez utilizaba. En los seis años que llevaba en Konohagakure jamás se había acostumbrado a dormir en otra parte que no fuera el suelo junto a Shiroha, y siempre le había molestado un poco el hábito de los humanos de dormir tan separados los unos de los otros, pues ella habría preferido dormir arrullada al compás de los silbidos y ronquidos de toda su manada, humanos y perros Inuzuka por igual, como antaño.

Abrió la ventana de su cuarto. Era la hora fría que precedía a la madrugada, cuando las hojas se cubrían del rocío primaveral y los primeros pájaros madrugadores comenzaban su trino. Desde su pieza, ubicado en un segundo piso, se llegaba fácilmente a las ramas más altas de un enorme roble enclavado justo en el patio de la casa, donde las aves cantoras a esa hora se posaban para regalar al mundo su melodía. Uno particularmente bonito estaba justo afuera de la ventana, pajarito de plumas negras y pecho rojo. Con la habilidad adquirida solo por una persona que estaba acostumbrada de años a cazar de esa manera, estiró la mano a una velocidad despampanante, cogiendo al pajarillo con la derecha, callando su canto antes de que supiera lo que pasaba. Shiroha bostezaba largamente. También se venía despertando, y como la muchacha, tenía el sueño ligero. Yuseiha le lanzó el pajarito a su hermano, que alcanzó a dar unas pocas notas antes de que el enorme lobo estirara el hocico y masticara al pájaro, comiéndoselo de un bocado.

La Inuzuka sonrió y soltó una risilla. Su hermano siempre tan impaciente, nunca era capaz de saborear las cosas. Aquel pajarillo debía de estar sabroso, con la sangre caliente y entrañas jugosas. Pensar en aquello le abrió apetito, por lo que se puso ropa -solía dormir desnuda solo tapada por la piel de lobo que solía llevar- y acomodó sus collares y aros de hueso, que siempre procuraba ponerse, pues eran símbolo de algo que no recordaba muy bien, pero que al menos intuía importante, de su antigua tribu de lobos. Salió del dormitorio seguida por Shiroha y llegó hasta la habitación principal de la casa en el primer piso, un espacio cuadrado con suelo de madera, que en una de sus esquinas era reemplazado por uno de tierra, donde siempre humeaba un fuego que escapaba por una chimenea y donde se encontraba siempre alguna cazuela colgando sobre las brazas. En los muros -así como en los suelos- colgaban pieles de grandes y diferentes bestias, cazadas por los Inuzuka o ella misma junto a Shiroha.

Al menos, eso siempre agradecía del lugar donde vivía junto a la pareja de Inuzukas veterinarios que la adoptaran: el ambiente era siempre muy rústico, con carnes saladas en la lacena, verduras colgadas en alambres sobre la chimenea, junto a conejos o faisanes y donde los adornos, en general, eran solo premios obtenidos de la caza, cosa que con la chica encajaba muy bien. Una pareja de perros siberianos dormitaban junto al fuego, pero levantaron sus cabezas cuando sintieron a los otros dos bajar. Movían la cola y se acercaron para lamer a Yuseiha y olfatear a Shiroha, al que no le molestaba jugar -o salir de caza- con los dos perros, que para él eran como dos pequeños primos lejanos y amigables.

Echó un par de leños para avivar el fuego del hogar, y abrió la tapa de la cazuela, donde aún quedaba del estofado de venado que habían cenado la noche anterior. Revolvió de cuando en cuando con un cucharon la comida mientras se calentaba, como también llenó de agua una tetera que colgó también sobre el fuego, pues debía admitir que se había hecho aficionada las infusiones de hierbas que bebían los humanos, ese "té" amargo y verde, todo sabor naturaleza, que a ella simplemente le encantaba. Sirvió cuatro porciones de estofado -y se aseguró de dejar dos para los veterinarios- y se sentó junto a Shiroha y los siberianos a desayunar -con un té para ella-, compartiendo gruñidos de vez en cuando entre los cuatro, de tal forma, que cualquiera que los hubiese visto en ese momento, podría pensar que estaban conversando.

Asomaba la primera aurora y junto al sol que asomaba, la bruma se iba disipando. Yuseiha iba por las calles de Konoha con el estómago lleno, con un palo en la mano, jugueteando golpeando basura o dejándolo traquetear entre rejas y cercas de madera haciendo gran estruendo,  mientras Shiroha caminaba a su lado. Algunos, que ya a esas horas se estaban despertando, salían de sus casas cuando Yuseiha metía ruido con su dichoso palo, pero solo les bastaba echar un vistazo a la piel de lobo en su espalda -y al enorme lobo vivo que la acompañaba- para retractarse de los insultos que iban a lanzarle, limitando a decirlos en silencio, mascullando entre dientes como detestaban a la chica loba.

Las horas fueron pasando y el ajetreo en la ciudad se fue haciendo más bullicioso. Había caminado hasta el centro de la aldea, pero a esas horas en que la gente abría sus negocios y empezaba el ir y venir de clientes, Yaseiha había aprendido a evitarlo. Se alejó corriendo a gran velocidad con Shiroha hasta un parque cercano, metiéndole susto con el lobo a varios de los paisanos que caminaban a esas horas, dejando a su paso varias fracesillas en el aire del estilo "no entiendo cómo los Inuzuka, clan tan respetable, aceptaron a una chica como ella entre los suyos" o "jodida niñata, deberían obligarle a ponerle un bozal a esa bestia" y tal, a los que la muchacha nunca solía poner mucho oído, fuera de que a veces usaban palabras que para ella no tenían significado, como "puta", "guarra" o "jodida", una de sus favoritas.

-Puta, guarra, jodida. Puta, guarra, jodida -repetía en voz alta, haciendo énfasis en los acentos para decirlo bien, mientras todavía con el palo iba golpeando troncos y bancos. Yuseiha se había graduado de la academia no hace mucho tiempo. Había sido un real reto, pues había repetido al menos dos años seguidos. Siempre era por la simple razón de su incapacidad para hacer pruebas escritas, pues se manejaba en técnicas ninja, tácticas de batalla -que ella asociaba a la caza en manada-, sobre-vivencia y acecho, y otras competencias, tan bien o mejor que cualquier otro. Requirió al final que la pareja de veterinarios -que consideraban a la chica como una hija, si bien ella nunca lo entendía muy bien- elevaran una solicitud hasta el mismo Hokage, para que le hicieran pruebas diferenciadas en la academia, orales o de otro tipo, para que pudiese graduarse. Y si bien ya iban varias semanas desde que había egresado, no le habían asignado ninguna misión, ni siquiera cuando había sido ella la que las había ido a pedir.

Por ello, al final siempre se pasaba los días de forma similar, paseando por la aldea, peleando con perros callejeros, entrenando con Shiroha o cazando en los bosques, que era casi siempre lo que terminaba haciendo, pues era lo que más gusto le daba. Por ahora, se había sentado en el tocón de un tronco cortado, repitiendo palabras y frases con voz queda, practicando el idioma como aprovechaba siempre que podía, con Shiroha recostado a su lado, con sus ojos cerrados, pero expectante, descifrando olores e intenciones.

Fue así como la encontró un Jounin de la aldea que cuando la vio, recordó aquel encargo que le habían dado, y que por diversas razones no podía cumplir él mismo. Había estado buscando a un hombre -pues era trabajo para un hombre, se decía a sí mismo- e iba de camino en ese mismo momento al despacho a ver si encontraba a alguien adecuado, pues necesitaba a alguien que complaciera o cuando menos entretuviera a la pariente del Senju Hokage. Aún no había encontrado a nadie, pero al ver a la chica-lobo, tuvo una idea. ¿Quién mejor para entretenerla que un fenómeno como ella? Sería un buen plan de respaldo. Se acercó hasta el par salvaje con una de sus mejores sonrisas, pero Shiroha abrió los ojos y le gruñó nada más dio un paso para acercarse. El tipo titubeó y dio un paso atrás, mientras, tanto la chica como su lobo le mostraban un colmillo, con cara de pocos amigos.

-Es... Yuseiha, ¿no? -la chica era un poco famosa: había sido la rareza del año cuando la habían encontrado en las montañas, y sobretodo entre quienes hubieran sido profesores, amigos de ellos o vivieran cerca de ella, algo habían oído de la salvaje chica. -Te necesitamos para una importante misión, tienes que ir a ayudar a la casa de una mujer muy importante de aquí de la aldea y hacer lo que ella te diga, ¿si? Es muy importante -el tipo le regalaba una falsa sonrisa y como la mayoría cuando le hablaban, la trataba condescendiente. Ella no se daba cuenta, claro, y al oír que era una misión se había emocionado bastante, levantando la cabeza y dejando de gruñirle, para comenzar a asentir repetidas veces con la cabeza. -Bien, tienes que esperar aquí. Enviaré a alguien para que te acompañe, ¿si? Así que tranquila... eeh... tú... quieta -dijo lo último con malicia -como si fuera un perro- antes de darse la media vuelta y con una risa contenida, alejarse. Como era de estúpida, pensó, seguro estaría allí sentada todo el día hasta que le mandara -y sí le mandaba- a alguien. Pues si encontraba un sujeto que quisiera complacer a la mujer, pensaba ni siquiera avisarle.
102 líneas
- Sí, sí que la necesitarás, tu deber es entretener a Yachiru Senju... - empezó hablando el Jounin, - Necesitas usar a Yuseiha Inuzuka como entretenimiento, la chica es igual que un animal de circo, os lo pasaréis en risa tú y Yachiru mirándola hacer el ridículo. - acabó por decir aquel hombre, el cual había perdido todo el respeto del pelirrojo, al cual le hervía la sangre de furia. - ¿Cómo puedes hablar así, maldito bastardo? - respondió enfadado Kai, le enfadaba cuando la gente se creía tan superior, sabía algo de la historia de aquella chica que había mencionado, seguramente para ella no fue fácil adaptarse a un nuevo mundo, le entristecía que la gente la tratara mal, sin embargo, él no se portaría mal con ella. - E...Está bien, no hablaré así más. - respondió sorprendido el Jounin, la valentía de contestarle así a él, un superior, lo había impresionado considerablemente, - Ahora me voy, pero dime dónde está Yuseiha Inuzuka... - habló Kai, - Está en el parque que está cerca de la verdulería de los Nakamura. - respondió el Jounin para salir corriendo rápidamente de allí, no mentía cuando decía que tenía una misión pendiente, por eso se había encargado de unir a Yuseiha Inuzuka y a Kai Uzumaki para entrener a la parienta del Hokage. El pelirrojo desistió de entrar al despacho Hokage a por una misión, pues ya se le había encomendado una, aunque no sabía de qué rango era.

Kai sentía solidaridad por la chica de nombre Yuseiha, seguramente se sentiría sola de no ser por el perro gigante que siempre la acompañaba, le recordaba un poco a él, en la aldea se contaba que era una chica sin modales y poco adaptada a su nuevo mundo, pero era normal, la encontraron en las puertas de la aldea y ni si quiera sabía el idioma que hablaban, aún le faltaba adaptarse, tampoco podían juzgarla, cosas como esas cabreaban en sobremanera al Uzumaki, caminaba lentamente por las calles de la aldea con su conciencia plenamente metida en sus pensamientos, hasta tal punto que se le olvidó el asunto de hacer la misión, aún quedaba bastante para llegar hasta el parque cercano a la verdulería Nakamura, pero le traía sin cuidado, estaba pensando en su futuro en la aldea, si lo pensaba bien, en esa aldea jamás lo habían querido demasiado, quizá por su carácter difícil, jamás había tenido un amigo de verdad y lo único que hacían los aldeanos de ahí era juzgar a la gente, ya fuera por la apariencia, modales o personalidad, cualquier cosa, ¿Qué pasaría si Kai llegaba a renegar? ¿Alguien si quiera se daría cuenta? No, quizás sólo se darían cuenta el Hokage y sus padres, el hokage por que era su deber tener un control sobre los que habían desertado de la aldea y sus padres por que Kai era su único hijo y al que adoraban.

Poco a poco iba acercándose al parque que el impertinente Jounin le había indicado, antes de seguir con el camino, paró a comprar chucherías en una tienda que estaba presente hacía años, Kai recordaba alegremente su etapa infantil, más de una vez lloraba para que su madre le comprara los dulces que ya él estaba comprando con su propio dinero. Definitivamente sería el fin para la madre de Kai el que su hijo renegara de la aldea en la que lo había críado. El Uzumaki tenía como planes de futuro renegar de Konohagakure, era definitivo, renegaría de su aldea, pero a pesar de esto no se quería convertir en criminal de momento, al contrario, quizá acabase matando algún que otro, pero el pelirrojo sabía que necesitaba más libertad e independencia de la que tenía. Le resultaba insoportable vivir exclusivamente ahí dentro, no tener dónde ir, le hartaba estar tras las puertas de la aldea como si tuviera miedo a algo, además, era mayorcito ya, sus entrenamientos comenzaban a dar su fruto y él lo sabía, sus capacidades físicas habían aumentado bastante desde que consiguió graduarse para poder ser un Gennin, a pesar de ser fuerte y un capacitado shinobi, Kai jamás se había postulado para ir a un exámen de Chunnin, no por que tuviera miedo, ni mucho menos, el pelirrojo era lanzado y directo. Recordó su principal meta gracias a sus pensamientos, "Quiero ser uno de los shinobis más notables en el mundo" pensó algo emocionado, esa simple frase le alegraba en sobremanera, estaría dispuesto a pagar cualquier precio que hiciera falta si así conseguía hacerse notar en el mundo. Posiblemente fuese muy extraño renegar sólo por ser alguien notable, pero al Uzumaki le traía sin cuidado la importancia de la razón. Tampoco tenía deseos de estar afiliado a ninguna aldea en particular, sólo quería evitar las guerras, que la gente hiciera lo que quisiera entre ellos, pero a él nadie lo tocaría, de lo contrario, devolvería todo lo que le hicieran con crueldad. Se percató de que seguramente estaría haciendo esperar demasiado a Yuseiha en el parque por culpa de sus pensamientos y empezó a correr con agilidad hacia el parque, el cual estaba ya bastante cerca, uno de sus mayores fuertes era la velocidad, la cual no era muy alta, era el promedio en un shinobi de rango Gennin de su edad, a decir verdad, era un shinobi bastante versátil que sólo destacaba en Fuinjutsu, como era obvio por ser del Clan Uzumaki, clan del cual se sentía muy orgulloso de pertenecer, todo gracias a la fabulosa genética de su madre, con su mismo tono de cabellos, su padre en cambio era un simple habilidoso guerrero que se había ganado el rango de Tokubetsu hacía poco tiempo, su madre en cambio se conformaba con ser una habilidosa Jounin retirada que se centraba en sus tareas del hogar y en divertirse con sus amigas.

Ambos padres de Kai eran bastante jóvenes como para tener un hijo tan mayor, contaban con tan sólo 35 años, su madre estaba en perfecto estado físico a pesar de estar retirada, ambos padres no tenían ni una sola arruga en todo el rostro. Al llegar ágilmente al parque, observó este, era muy grande, delante de este estaba la verdulería de los Nakamura. Había demasiado ruido en el parque, sobre todo de los niños y caninos junto a sus amos que asistían a este, tanta alegría podía contagiar a Kai, el cual sonrió inconscientemente. Buscaba a la Inuzuka con la mirada, pero no la encontraba, lo cierto es que el Uzumaki había oído que realmente la chica con la que haría la misión no tenía sangre de un Inuzuka, sino que tenía sus mismas habilidades, pero nada más, Kai no sabía más, sólo tal rumor. Vio un tumulto de niños rodeando a alguien, "¿Quizá sea ella...?" pensó algo sorprendido por la multitud acumulada alrededor de la persona, la cual resultó ser Yuseiha, Kai lo supo cuando se puso en puntillas, quizá los niños creían que era parte de un circo o algo, se acercó lentamente al lugar donde estaba todo el tumulto de niños acumulado alrededor de Yuseiha, - Dejad de agobiarla, mocosos. - los miró con mala cara y estos se marcharon corriendo asustados. - ¡Hola! - empezó con una sonrisa el pelirrojo, quería mostrarse simpático con la chica. - Mi nombre es Kai Uzumaki y tendremos que ser compañeros de misión hoy. - le explicó sonriente esperando cualquier reacción de Yuseiha, hasta el momento no se había percatado de un acompañante algo peculiar de esta, el hermoso lobo.
78 líneas, Calibri 11



Se había quedado sentada como le habían pedido, sobre su trasero y con las manos sobre las rodillas, la espalda erguida y la cabeza mirando a uno y otro lado, esperando al compañero prometido. Shiroha estaba a su lado, muy aburrido, dando largos bostezos. Le hacía señas a Yuseiha advirtiéndole del jounnin que había venido antes. Al lobo no le había agradado para nada su actitud, pues en estas cosas, solía ser hasta más perceptivo que la chica, y su ánimo suspicaz hacia los humanos, le llamaba a desconfiar de zalamerías como las de ese sujeto. Pero Yuseiha le gruñía de vuelta. No quería escuchar eso, era al fin y al cabo, un hombre superior dentro de la aldea. De jerarquías entendía como dentro de la manada, y sabía que ella como gennin estaba más abajo que un jounnin, por lo que tenía que acatar. Si era un superior, es porque era fuerte, y si era fuerte, tenía que ser confiable -al menos dentro de su lógica.

No era la primera vez que tenían una discusión de ese tipo. Shiroha apenas toleraba a los humanos, solo a aquellos dos veterinarios con los que vivían y paremos de contar. Para él, lobos como ellos no tenían nada que hacer en una ciudad humana, pero Yuseiha no era tan inocente como para no ver las similitudes que tenía con otros humanos. Y fuera por algo a un nivel sub o más consciente, quería quedarse en la aldea, que de alguna forma -sin haber estado nunca allí antes- tenía un aire familiar. El enorme lobo blanco terminó por cabrearse, levantó del suelo y gruñó con aire amenazador a la chica. Le lanzó incluso una mordida, que acuchilló el aire con sus dientes a solo centímetros del rostro de la kunoichi. Ella no se inmutó y le mostró los dientes. Si su hermano quería pelear, le daría el gusto, que no tenía ningún problema.

Pero Shiroha fue el maduro en esta oportunidad, exhalando aire por la nariz y dando media vuelta. Detestaba cuando Yuseiha se ponía tan terca. Él tenía la razón, estaba seguro, y su fea y lampiña hermanita siempre iba a su vuelo, sin entender nada del mundo. Por supuesto, ambos eran igual de tercos. Resoplando fuerte y sonoro, el lobo se dio la media vuelta presentándole la cola a la chica, dando un salto para salir corriendo hacia los portones de Konoha y luego al bosque. No le interesaba seguir discutiendo. Al menos por unas horas, se largaría de caza. Ella si quería podía jugar a esas misiones sin importancia con los humanos.

De esta manera, la chica se quedó sola sentada en el tocón de la plaza. La gente que solía pasear por el parque o los niños que jugaban a la pelota o a los ninjas, comenzaron a transitar en mayor número por el parque, y no solo porque la mañana avanzaba y envejecía. Muchos se abstenían de acercarse cuando Yuseiha andaba cerca, o mejor dicho, cuando su enorme lobo blanco la acompañaba. Shiroha podía llegar a ser bastante agresivo con la gente, si bien nunca había mordido a alguien, pero podía enojarse solo porque alguien le cortara el camino o se le acercara demasiado. Pero la niña, si bien carente de modales, era otra historia. Los adultos preferían pasar de ella, pero los niños eran rápidos cuando encontraban alguna oportunidad para meterse con ella. Era una salvaje, después de todo.

Yuseiha seguía en la misma posición. A su alrededor se había juntado una gran cantidad de niños y sabía lo que seguía. Las burlas no tardarían en llegar. Por supuesto, nunca les aguantaba una ofensa, y si bien no era tan arrebatada como su hermano, si se metían con ella no tenía ningún pudor a la hora de arañar, morder o darle una paliza a los críos, que habían aprendido, al menos, a no iniciar algo físico con ella. Así que estos se acercaron solo a mirarla y burlarse por lo bajo, al principio. Al ver que no había respuesta y ni siquiera un gruñido de la chica, fueron tomando confianza, ridiculizándola a viva voz, imitándola caminando en cuatro patas como perro. Yuseiha necesitaba pasar de ellos. Les ignoraba como mejor podía, pues el jounin le había dicho que esperara quieta a su compañero, y no iba a desobedecer una orden directa, no ahora que finalmente podría hacer su primera misión.

Una piedra fue lo primero que voló. No le alcanzó, pero cayó a su lado y Yuseiha se quedó mirándola, mostrando los colmillos a los niños y gruñendo. Algo como eso meritaba, según su manual, una terrible paliza, pero el proyectil había venido desde el tumulto y era difícil precisar de quién había venido, sin contar que tenía órdenes de quedarse quieta. Aquellos niños, claro, no tenían la culpa. Y si bien un chico puede ser muy cruel, actuaban de esa forma con ella porque eran sus propios padres los que trataban así a la Inuzuka. Una segunda piedra voló por los aires y esta vez le rozó la sien. La piedra era algo irregular y cortó casi justo sobre el ojo, haciéndola sangrar un poco. Seguramente no había sido tampoco la intención del chico atinarle, pero ahora que lo había hecho, otros se envalentonaron y le lanzaron piedras y palos.

Un chico pelirrojo llegó en eso, espantando a varios de los críos, que se largaron corriendo antes de que aquel joven que no parecía muy contento con como trataban a la chica-loba, se diera cuenta de lo que habían hecho. Yuseiha tenía algunos cortes en los brazos, pero nada tan grave. Se había cubierto la cabeza y bloqueado la mayor parte de los proyectiles con las manos y brazos. Su habilidad marcial y desempeño en el taijutsu era bastante bueno, con lo que logró evitar -si bien no salió del tocón en que seguía sentada- bastante bien cualquier lesión más peligrosa. El chico se había acercado bastante, más de lo que le agradaba. A pesar de que había correteado a los niños, Yuseiha no se fiaba nunca de primeras.

Pero luego de que se presentó, entendió que era el compañero de misión que le habían anunciado, poniéndose muy contenta al escucharlo. Se puso en pie de un salto, y comenzó a asentir repetidas veces con la cabeza, mientras lo miraba ansiosa y se tocaba el pecho con una mano varias veces, haciéndole señas sobre sí misma. -Yuseiha, Yuseiha -le mostraba los dientes, indicándose con la otra mano la dentadura. Hizo como que mordía algo de forma salvaje: estaba tratando de explicarle su nombre. -Debemos ir... misión. Ayudar mujer importante, vamos -le estaba mostrando una sonrisa con bastante emoción. A ella no le habían dado más indicaciones de qué hacer o por donde ir, por lo que tendría que ser el chico quien guiara. Yuseiha solo quería salir del parque, y estiró las manos para tomar de la ropa al Uzumaki con la intención de jalarle para que comenzara a moverse.
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El pelirrojo de apellido Uzumaki observaba la escena algo triste, o mejor dicho, algo apenado, la chica, de la cual no sabía la edad, pero observándola detenidamente aparentaba unos 15 no sabía hablar el idioma, le resultaba algo triste, pero se encargaría al menos de intentar ayudarla como pudiera, quizá se sintiera sola, la única compañía que tenía era la de su perro gigante, el cual el Uzumaki no pudo observar ni buscándolo ágilmente con la mirada. Kai observó a la chica, hasta el momento no se había dado cuenta, pero esta tenía algunos rasguños, "Maldición" pensó fastidiado, "Deben haber sido esos malditos críos, si los vuelvo a ver aplastaré sus cabezas contra el duro cemento de las paredes" pensó sádicamente, aunque sabía que en verdad él no era tan cruel, sin embargo, si los veía tomaría represalias por las cosas hechas a la jóven, no le gustaba que la gente en cantidad fuera a por alguien indefenso, aún menos le gustaba la idea de que fueran directos a molestar a una niña como Yuseiha, al fin y al cabo, parecía emocionada, como si fuera su primera misión, además de que era simpática y al parecer se esforzaba en darse a entender a pesar de que no tenía ni puñetera idea del idioma. "Quizá pueda ayudarla a que hable mejor el idioma" pensó el pelirrojo algo resignado. Él creía haberse presentado bien ante la niña y haberla ayudado aunque sea un poco, ¿Cómo era la vida de aquella chica? ¿Sufriría por sentirse sola? La gente la consideraba un animal no adaptable a su "civilización" pero lo cierto es que a Kai le daba igual si la niña había sido criada por animales o no, para él era como cualquier otro, pues era una humana, se podía saber sólo observándola, además, la gente llamaba "civilización" a estar en guerras constantes con otros países, a matanzas todos los días, niños llorando por que sus madres y padres estaban muertos, eso no era una civilización para Kai, era gente entre comillas inteligente que habían llevado la vida a otro nivel, un nivel que volvía la espécie un caos, por esa razón creía que las personas como Yuseiha podían incluso ser más civilizadas que muchos aldeanos, quizá sería una de las pocas personas en la aldea que comprendieran su sentimiento de soledad en el mundo, quizá incluso podrían ser amigos en un futuro.

La joven e inocente chica lo agarró de sus ropas, al parecer con la intención de hacer que se moviera, el Uzumaki no tardó en reaccionar, soltándose del agarre y haciéndole señas con la mano para que lo siguiera. La velocidad de Kai no era algo en lo que este hubiera avanzado, lo admitía sí, para ser Gennin era bastante veloz, pero resultaba frustrante saber que de pequeño, en la Academia ganaba todas las carreras amistosas con sus amigas, pero ahora muchos de sus compañeros y compañeras de Academia eran Chunnin, no todos, pero el Uzumaki nunca quería ser menos que nadie, por eso a veces se motivaba demasiado, en ese aspecto, el pelirrojo era muy competitivo. Haciéndole de guía a su compañera de misión aquel día, Kai empezó a leer el papel que el Jounin que tan mal le caía le había dado. En el papel, la dirección se quedaba algo corta "Calle..." "Vaya, esto es por aquí" pensó el Uzumaki mientras ingresaba por una calle y por otra sin parar, esperando ser seguido por la Inuzuka, se suponía que esta debía de estar siguiéndolo, pues ella quizás aún no se desenvolvía al 100% por las calles de la gran aldea, Konohagakure no Sato, una gran aldea, de las más importantes, conocería a una de las miembros del clan fundador de los bosques del País del Fuego según las leyendas, ¿Conseguiría convencerla de contarle historias de su clan? A diferencia del Clan Uzumaki, los miembros del Clan Senju habían ganado una gran fama como gente fuertemente dominante del Ninjutsu, en cambio, su clan, lleno de cabezas rojas como los tomates, era famoso por las grandes habilidades de sellado que sus miembros poseían, mismas habilidades que Kai poseía pero que aún no dominaba o no sabía utilizar debido a su bajo rango, pero él mismo se hacía jurar que cuando ascendiera de rangos, lograría ser un gran sellador.  

El Uzumaki se estaba dando una buena carrera, no sabía nada de la velocidad de Yuseiha, pero si esta había sido criada por perros y animales en general para la caza debía de ser buena en el ámbito, seguramente mucho mejor que él, un simple shinobi criado en una Academia. La carrera hasta la casa de la mujer de nombre Yachiru Senju estaba siendo muy larga, pero finalmente llegaron hasta la casa de la parienta de Yusei Senju, el hokage, la casa de la mujer era grandísima, Kai se preguntó cómo alguien podría vivir ahí y no perderse, realmente era enorme, se notaban las riquezas del poderoso Clan Senju, la mansión de Yachiru Senju era grande, del tamaño de 5 casas estándar, estaba hecha de materiales visiblemente resistentes, de colores pastel y en la puerta estaba colgada una insignia con el símbolo del clan Senju, se notaba que la mujer, su marido y sus parientes amaban el clan al que pertenecían, Kai recordaba que de pequeño, su madre siempre le decía que tenía que respetar a los miembros de ciertos clanes, como el Hyuga, Senju o Uchiha, pues eran clanes con miembros de excelentes habilidades que a nadie le gustaría tener de enemigos.

El pelirrojo, sin fijarse lo que estaría haciendo Yuseiha, tocó la puerta de la gran mansión varias veces, ese hogar era enorme, si se intentaba, podría caber un zoológico ahí dentro, seguramente desde dentro la mansión sería aún más grande, pues los tamaños se ven reducidos cuando se observan desde fuera. Un hombre muy bien vestido salió de la casa de la Senju, parecía el mayordomo, - ¡Hola buen hombre! - dijo dirigiéndose a Kai, este notó que sólo intentaba mirarlo a él, intentando evitar al máximo observar a la joven Yuseiha, quizás sería otro idiota que discriminaba a la chica salvaje, el Uzumaki suspiró pesimista en sus adentros, algo entristecido por la escena, el mayordomo le estaba explicando todo lo que tendrían que hacer mientras él no estuviera, pues su jefa le había dado vacaciones durante ese día y el próximo y necesitaba compañía en su gran mansión para no sentirse sola. Kai no entendía por qué la Senju vivía en una mansión tan grande si estaba sola. Quizá los importantes miembros shinobis y kunoichis de su clan tendrían que estar constantemente de misión o quizá la mansión era heredada, fuera lo que fuera, la curiosidad mataba a Kai, estaba deseoso de conocer a Yachiru, sería bastante interesante, se dispuso a entrar una vez el mayordomo le permitió, no sin antes girar la cara a ver a su compañera, - ¡Vamos entremos! Las misiones no se cumplen solas – le habló con la mejor de sus sonrisas.

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Para la muchacha sus heridas no suponían un problema. Se las había hecho en una misión, y en tal sentido, no tenía nada de qué quejarse. Pero pudo advertir en el semblante del Uzumaki algo de tristeza o molestia, que la chica atribuyó a que quizá, viéndola algo herida, temía por su desempeño en la misión. Tras solo un par de tirones de su ropa, el chico le indicó con la mano que le siguiera, a lo que contestó asintiendo con la cabeza. Kai se lanzó a la carrera inmediatamente, pero a una velocidad que Yuseiha consideró como mínimo controlada, y posiblemente en favor de ella. Le habría gustado decirle que estaba bien, que no necesitaba hacerle favores o ir más despacio solo porque la creía herida, pero las palabras para ella eran cosa difícil, y mucho más fácil era demostrándolo.

La Inuzuka siempre había sido rápida y su rapidez nunca había sido cosa de la que estuviera demasiado consciente. Después de todo por años con el único que podía compararse era su hermano, y este ya era mucho más ágil que la kunoichi. Era simplemente la velocidad que había necesitado toda su vida para cazar como si fuera una loba más, la velocidad que en lo natural, era la diferencia entre comer y no comer, cazador y presa. Por lo que cuando su compañero comenzó a correr por la ciudad esperando que la siguiera, Yuseiha se lanzó a la carrera con toda la fuerza de sus piernas, esprintando a gran velocidad y manteniéndola, dando largas zancadas, y a su vez corriendo espalda gacha, mirando hacia adelante, y con unos brazos prestos que de vez en cuando hasta le ayudaban, apoyándose aquí o allá, para cambiar su dirección bruscamente o para evitar obstáculos.

Rebasó al Uzumaki sin mucha dificultad, adelantándose, pero solo para terminar corriendo de más, pues al no conocer el camino, solo bastaba una vuelta en la esquina, para que el pelorojo volviera a tomar la delantera, guiándola. No tardaron demasiado en estar frente a la que parecía la casa. No estaba cansada, pero sí un poco agitada. Tenía una sonrisa de oreja a oreja en la cara, pues la carrera la había alegrado bastante, tanto como cuando  a un niño es lo único que le basta para entretenerse. De cierta forma, hasta había olvidado lo que en su cabeza había sido el chico subestimándola, que en cualquier caso, ya tendría que haberle cambiado la opinión luego de haber corrido de esa manera. Si había ofendido al chico corriendo más rápido que él, ni siquiera se lo preguntaba, pues en ningún momento lo había hecho con esa intención; pero como para todos, la repercusiones de sus acciones estaban más allá de su alcance, y lo que pudiera o no pensar el muchacho, era solo cuestión suya.

Kai golpeó la puerta. Incluso ella debía de aceptar que esa construcción era grandiosa. Por lo general no le gustaba mucho la forma en que los humanos edificaban sus hogares. Ella junto a los lobos, por supuesto, también tenían su madriguera, más de una dependiendo de la estación, pero siempre le había bastado con un lugar seco, abrigado de los elementos y cubierto de las pieles de los animales que ella junto a sus hermanos cazaban y le dejaban para que se calentara. Pero esa sin duda era una impresionante construcción. Tras unos instantes, un hombre les abrió la puerta. Iba bien vestido, a la usanza humana, y parecía de muy buenos modales, si bien parecía intentar no mirarla directamente. En general, Yuseiha estaba acostumbrada. No entendía por qué tantos apartaban su vista a veces, que al menos en ese momento lo único que hacía era oler su axila para luego acicalarla con la lengua. Nada raro habiendo recién terminado una buena carrera por las calles de Konohagakure.

Había sobre-escuchado la conversación del hombre con el Uzumaki, que les había explicado los pormenores de lo que tenían que hacer. Era la primera misión de la Inuzuka y por lo que había podido entender, les tocaba hacerse cargo y atender las necesidades de una importante mujer. La insignia del clan Senju en la entrada para la chica no significaba mucho, pero podía entender de la importancia de lo que hacían. Cuidar o estar al servicio directo de un señor era algo honorable, y no solo en la tradición humana. Se le vino a la mente recuerdos de su antigua vida y de Nushi, el viejo y venerable jabalí ciego, del que ella, había sido sus ojos cuando la segunda guerra contra Moloco, en el bosque, estallara. Pudo ver con claridad por un segundo al gran jabalí ciego antes de que fuera atravesado por los colmillos del diablo. Tragó saliva como si hubiese estado allí en ese mismo momento, pero la visión se desvaneció cuando Kai giró para mirarla, con una amistosa sonrisa.

Entró detrás de Kai y, no fue ella, pero la puerta se cerró a su espalda, probablemente cerrada por el mayordomo que ya se marchaba. Una vez dentro, se respiraba un agradable olor a madera, que parecía ser el principal material de construcción de aquella mansión. Vigas al aire, roble de un color ocre y lustroso, pisos de madera y amoblada con gusto exquisito. Era una casa de lo más hermosa. Como el Uzumaki hubiera pensado, la casa se apreciaba mucho más grande en su interior, donde el juego con la luz natural del día que entraba por amplias ventanas y tragaluces, aumentaba la sensación de espacio abierto. Aquel primer piso era de concepto abierto hasta el techo mismo, muy amplio, con piezas que escapaban en los laterales, y que al subir por unas escaleras anchas, llevaban a un segundo nivel. Muchas de las vigas más pesadas, más que talladas parecía que casi habían crecido con tal forma.

Había una chimenea, pero estaba apagado hacía no mucho. No era raro, pues si bien aún era primavera, sus fríos se hacían sentir más en la mañana o la madrugada y por esas horas no era tan necesaria. Había un amplio sillón que tenía la apariencia de ser muy cómodo, de cuero blanco, junto a otros dos sillones de un cuerpo, al mismo estilo y un par de sitiales frente al hogar. Había una mesilla de centro donde reposaba un té aún humeante y unos pastelitos a medio comer. Sin embargo, la casa estaba en apariencia sola y no se veía ningún indicio de la mujer. Yuseiha se adelantó unos cuantos pasos hasta el centro mismo de la habitación. Miró a Kai mientras, más por instinto que otra cosa, comenzó a olfatear el aire en busca de alguna esencia. Conseguía percibir el aroma de una mujer, como también el del hombre que les había abierto la puerta. Había también otros aromas, solo que mucho más tenues y antiguos, pero el que le interesaba, parecía haber desaparecido hace muy poco.

-No está. Nosotros dos, solos -dijo una vez dejó de olfatear. Era extraño, pues el rastro del único aroma de hembra no parecía haber salido de la casa, si bien podía estar segura que no había nadie, además de ellos dos, dentro. Pero la mansión era grande, y si bien su construcción estaba en perfecto estado y la decoración parecía moderna, se notaba que sus cimientos eran antiguos como el bosque mismo. Algo extraño pasaba. ¿Y Senju Yachiro, dónde estaba?
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¿Que no estaba? La chica acompañante suya en la misión le decía que no, que la mujer no estaba, Yachiru Senju no estaba en el lugar, ¿Dónde estaba entonces? La mansión era muy grande, quizá el olfato de la Inuzuka no era tan bueno como para poder llegar a olfatear el lugar en el que estaba la Senju o es que simplemente se notaba que no tenía lazos de sangre con la gente del Clan Inuzuka, pues la chica era una salvaje, criada con animales, por eso tenía un sentido del olfato más desarrollado, pero no por ello, igual al de un Inuzuka, lo cierto es que era un clan interesante, Kai tan sólo había visto a algún que otro shinobi de este clan acompañado de un enorme canino, se veían desafiantes, dignos rivales. Lo cierto es que el pelirrojo había perdido algo de gana al notar que la misión sería más difícil de lo que pensaba, ¿Tendrían que encontrar a Yachiru? El mayordomo se había largado del lugar sin importarle nada, ¿Lo tratarían mal? No lo sabía y ni ganas tenía de saberlo, sólo quería interactuar con la Senju e irse a casa rápido, estaba en un momento típico de él, se había sentido bien al principio, pero su carácter cambiante lo había corrompido, era algo espontáneo en él, no podía controlarlo, estaba en su tiempo de melancolía y aburrimiento, su cara algo animada pasó a ser la cara de un suicida deprimente, aunque ni de broma el pelirrojo era eso. - ¿Qué? ¿Cómo que no está? - preguntó alterado Kai, en algún lugar debía estar aquella mujer parienta del Hokage, no era justo que hace semanas lo hicieran ir a buscar un gato perdido y que ahora tuviera que ir a buscar a la parienta del Hokage. - Oh, hola, ¿Vosotros sois los encargados de hacerme pasar un buen rato? - preguntó la mujer mordiéndose el labio inferior con lujuria en sus ojos, ojos que apuntaban directos a Kai, ignorando por completo a la chica Inuzuka. La mujer ante la que estaba Kai era digna de cualquiera, o mejor dicho, debería compararse él a ella, era hermosa, ojos azules con tonos verdosos, esbelta figura pero caderas perfectas, cabellos castaños claros acabados en puntas casi rubias y labios rojos como fresas, esa mujer era capaz de hechizar a cualquier hombre que le pusieran delante, no lo tendría demasiado fácil, una pena para ella que el Uzumaki no deseara esas cosas, no solía pensar en cosas pervertidas, y si lo hacía, era en la intimidad, aún era vírgen, no deseaba compartir cama con nadie, mucho menos con una mujer, no le agradaba la anatomía femenina, ver cuerpos delicados no le agradaban, él siempre había tirado por cuerpos masculínos y musculosos, algo así como él, pero aspiraba a algo más que él.

Aunque Yachiru Senju intentara seducirlo, no caería como cualquier otro bobo podría haber hecho, le dedicó una mirada de completa indiferencia y le tendió la mano. - Soy Kai del Clan Uzumaki, encantado. - pronunció el pelirrojo, al haber observado la actitud de la mujer no deseaba conocerla mucho, aún menos deseaba compartir conversación con ella, ya podría hacerlo con su acompañante Inuzuka, que él no haría nada, se mantendría callado y cobraría encantado la recompensa más tarde. - ¿Por qué mi amiga no ha podido olfatear tu rastro si estabas por aquí cerca? - preguntó el pelirrojo intrigado, sería la primera y última interacción que realizaría con la mujer. - Simplemente por que estas paredes restringen el rango de alcance de los sensores, seguramente por eso se le ha bloqueado el olfato a tu compañera. - explicó Yachiru mientras invitaba al shinobi y a la kunoichi a acompañarlos a un salón, no sin antes guiñarle un ojo al pelirrojo, se notaba que no había solicitado los servicios de un shinobi sólo para hablar, quería entretenimiento para adultos, y no lo tendría, una pena por ella, a la próxima que se buscara un amante. Kai suspiró mientras seguía a la mujer por los pasillos de la enorme mansión, sabía que la tarde sería muy aburrida, no tenía muchas ganas de seguir ahí por mucho tiempo, con suerte el tiempo pasaría rápido.

Se sentaron en unos modernos, lujosos y muy caros sofás en la casa de aquella Senju, para el físico de Kai había comodidad, pero su mente se sentía muy incomoda y perturbada, notaba como Yachiru se lo comía con la mirada. No deseaba hablar, por lo que miró a Yuseiha, su compañera, le guiñó un ojo y salió de aquel salón, antes de cerrar la puerta preguntó, - ¿Dónde está el baño? - con indiferencia, posteriormente se dio cuenta de la mala educación demostrada. - Ups lo siento, con permiso. - se disculpó Kai, esperando a que aquella mujer le diera una respuesta.
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– ¿El baño? – preguntó extrañada Yachiru Senju, la castaña estaba muy molesta, en principio había contratado los servicios de un ninja para tener relaciones sexuales, no para tener “una charlita” o para que le pidieran ir al lavabo, era una decepción total para la mujer, poseedora de candentes atributos femeninos  que producían locura a muchos hombres de la aldea al observarlos. La mujer era sin duda un icono sexual de la aldea de la hoja, a pesar de ello, Kai no había oído nunca hasta el momento hablar de ella a nadie. – Sí, el lavabo, por favor. – contestó el pelirrojo secamente, no tenía ganas de tener demasiada interacción con la mujer, tenía la impresión de que su mirada lo pretendía desnudar, como si de una visión escaneadora se tratara, pero no, para su suerte Yachiru no tenía ojos especiales ni nada. – Baja las escaleras, hasta llegar al segundo piso, ve a la derecha en la tercera puerta. – respondió la mujer sonriéndole pícaramente al Uzumaki, este hizo una reverencia en señal de agradecimiento y empezó a bajar las escaleras, se oían ruidos algo extraños desde una de las habitaciones, gemidos, ¿Quién sería? Se suponía que la Senju tendría que estar sola ¿no? No eran el tipo de gemidos placenteros, sino de dolor, quizá era la imaginación del ninja, pues su cabeza le había estado jugando malas pasados los últimos días, seguramente estaba delirando, se llevó una mano a la frente y notó que tenía fiebre, se apoyó en el soporte de las escaleras y jadeó agitado, no era normal en él ponerse tan mal, su cuerpo siempre rechazaba fácilmente las enfermedades, el ADN proveniente de su clan había dotado a su sistema inmunológico de gran vitalidad, o quizá era porque así había salido él.

“¿Qué será esto?” se preguntó el pelirrojo sin ser consciente de que su “enfermedad” era una simple y mera causa producida por algo de estrés y demasiados cambios espontáneos en su ánimo. El Uzumaki llegó mareado como pudo hasta donde Yachiru le había dicho, bajó un piso y se dirigió por el pasillo de la derecha hasta la tercera puerta. Abrió la puerta y se encontró con un gran lavabo, este era muy lujoso, parecía propio incluso de una casa recién comprada y limpiada, se notaba la riqueza del Clan Senju, o al menos de Yachiru al observar cómo los empleados trataban a una simple habitación como lo era un baño. El Uzumaki no había solicitado ir al lavabo a hacer necesidades, sino para lavarse la cara, estaba cansado, triste, melancólico y necesitaba renovar el ánimo, entró por completo al baño encendiendo las luces y cerrando la puerta, se apoyó en el lavamanos con tranquilidad y observó atentamente su rostro, pelirrojo, ojos del mismo color que el cabello, alto, dientes serrados y piel clara, era él, su mismo reflejo, siempre había pensado que los reflejos aparecidos en los espejos eran ilusiones, ¿Por qué el espejo enseñaba lo que veía? ¿Por qué reflectía? Eran cuestiones muy interesantes que Kai se hacía en sus tiempos libres, los cuales pasaba relativamente aburrido, nunca había tenido nada interesante que hacer y no vivía con nadie, de vez en cuando salía de su casa e iba a visitar a sus padres, pero seguía sintiéndose vacío por dentro, no tenía amigos con quien salir, con quien entrenar, nada, al igual que quizá su compañera Inuzuka, la cual era una recién llegada a la aldea a la cual muchos ni si quiera consideraban Inuzuka.

Se lavó la cara con agua helada, quizá si enfriaba sus sentidos podría volver a motivarse y destensarse, lo cierto es que las indirectas muy directas de Yachiru lo habían enfadado y descolocado hasta tal punto en que el Uzumaki no pudo más y al parecer su cabeza estalló de forma exagerada, por eso y sólo por eso quizá le había atacado un dolor neuronal, o así llamaba él a sus dolores de cabeza a pesar de que sabía que no tenían relación con las neuronas. El Uzumaki ya estaba más relajado tras haberse lavado la cara y haber reflexionado sobre la situación, intentaría hacer amistad a la Inuzuka para que no se sintiera sola, hablaría todo lo que hiciera falta con Yachiru Senju y cobraría la recompensa, no hacía falta más, sólo eso, y eso haría. Subió lentamente las escaleras otra vez, lo cierto es que no quería volver allí, la castaña parienta del hokage lo intimidaba en exceso. Vio unas escaleras que permitían subir a un piso más alto aún que el piso en el que estaban Yuseiha y Yachiru, por mera curiosidad decidió subir. Subió con velocidad las escaleras y vio una puerta metálica, abrió tal puerta y se encontró con una terraza, tenía unas vistas asombrosas, el Uzumaki se adentró en el lugar a tomar el aire.

Había un pergamino en el piso, Kai lo tomó para ver si había algo escrito pero vio que el contenido de este estaba vacío, no había nada escrito, llevó algo de chakra a su dedo pulgar, escribiría algo en el vacío pedazo de papel, su chakra actuaba a base de tinta, la técnica del dedo grabador podía ser útil en ocasiones, pero en ese momento Kai la utilizó por simple aburrimiento, todo lo que hacía aquel día estaba justificado por esa misma razón. Escribió “Kai” en el pergamino, desactivó el efecto del dedo y lanzó el pergamino al aire, afortunado podría considerarse el que consiguiera el pergamino. Kai bajó las escaleras mucho más calmado y fue bien acogido por Yachiru, la cual parecía mucho más tranquila que antes, charlaron un poco, Kai evitándola obviamente, pero al final al menos él y Yuseiha la habían entretenido un buen tiempo, la Senju le había contado alguna que otra historia de su clan y la creación de bosques, Kai había atendido emocionado a las narraciones de la castaña. Al final el día había resultado ser neutral, con buenos momentos y muy pésimos momentos, pero al menos no había sido mal día.
62, C11



DATOS DE LA MISIÓN:
Nombre: Mujer de confianza.
Rango de la misión: C.
Paga de la misión: 450 Ryous.
NPC de Staff: No permitido.
Lugar: Konohagure no sato.
Número de post: 60 líneas. (Calibrí,11).
Descripción:   Yachiru es una mujer muy guapa del clan Senju, por el cual es pariente lejana del Hokage. Tu deber es ir a su casa y hacerle pasar una tarde agradable, puede ser con sexo, jugando a las cartas o comiendo un delicioso platillo, como desees, eso ya esta en tu mano. Por hacerla feliz unas horas te pagará.

Líneas ---> 326
Misión ---> 60
Total Restante ---> 266

Aprovecho las 266 líneas restantes para pedir:

+4 en Velocidad (72 líneas)
+6 en Fuinjutsu (128 líneas)
+2 en Resistencia (48 líneas)
+1 en Ninjutsu (el Fuinjutsu es una rama de este como se indica en la guía) (16 líneas)
Todo está justificado en la narración

Sobran 2 líneas




✓MISIÓN ACEPTADA
Shinobi's Justice


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