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No te olvides de visitar la Guía de Combate que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. En Shinobi's Justice utilizamos un sistema de combate de rol interpretativo donde empleamos técnicas y un sistema de parámetros, así como un medidor de chakra. Recordamos que las técnicas y los parámetros son interpretativos, no deben tomarse siempre al pie de la letra. Se puede ganar un combate cumpliendo las normas y describiendo bien tanto el escenario como la situación aunque se esté en desventaja, del mismo modo que se puede perder un combate ganado al no cumplir las reglas.






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No te olvides de visitar la Guía de Ambientación que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. A la hora de crear tu personaje es muy importante que pienses la religión, el país, y la aldea, pues cada una es, a su modo, única. Aconsejamos una lectura pausada para poder elegir lo mejor para el personaje que desees crear.






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No te olvides de visitar la Guía para Novatos que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. A la hora de hacer los registros, no olvides que debéis hacer el registro de pb, aldea, y expediente primero antes de poder rolear. Podéis rolear sin ficha ninja y sin cronología, sin embargo, para participar en un evento o vayáis a terminar un tema debéis tener creada ambas, tanto la cronología como la ficha.




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El tiempo en mar había sido mucho. Demasiado. Más del tiempo que le agradaba pasar en una cárcel de madera con sujetos que no le agradaban demasiado y rodeada de océanos de agua salada. Pero había tenido que fingir, como tantas veces antes, amabilidad. No podía recordar bien la última vez que habían recalado en puerto, y su mente estaba llena de recuerdos de duros enfrentamientos con criaturas marinas, encuentros con otras tripulaciones piratas, y hasta una ocasión en que habían desembarcado en botes, y una sirena casi la atrae con su canto a las profundidades. Pero la última vez que habían recalado en un puerto "amigo", parecía demasiado distante en su cabeza. Por lo mismo la desilusionó mucho que cuando trataba de largarse junto a Kai, Jisamu, Ikeru, Kiba y otros, el capitán la detuvo de sopetón, poniendo su mano con la palma abierta en su pecho.

-Jodido cabrón-puto-idiota-tirano-malparido, ¡maldita sea su estampa! -iba maldiciendo en voz alta caminando por las calles de la ciudad. Pateaba piedras y basura que encontraba en la calle, y llegó a patear hasta a un perro que dormía tranquilamente en la acera. Escupió un gargajo al suelo. En los últimos meses se había pegado de muchas malas conductas viviendo con piratas, pero es que cuando compartes el cuarto con un montón de marinos que no han tocado mujer en meses, te vuelves dura o no lo cuentas.

Varias personas se la quedaban mirando y muchos incluso se le alejaban. En sus viajes también, la chica había conseguido un desafiante mandoble de hueso de ballena, que llevaba a la espalda. Era bastante intimidante y en su rostro, se dibujaban las marcas de muchas cicatrices y usaba un pañuelo en la cabeza para tomarse el pelo, un pañuelo como el de cualquier marino, pero que en su caso era negro y con una calavera blanca en la parte que quedaba en la frente que solo podía significar una cosa: pirata. El capitán le había encargado ir al mercado a comprar provisiones, montones de ellas, entre sacos de papas, verduras, quintales de harina, carne seca, un par de cerdos vivos y unas gallinas, huevos, aceite, etc., además de cera para las velas, aparejos de repuesto, barriles de agua dulce y frutas, muchas muchas frutas, mira que el escorbuto no es ningún cuento. Le había dado una lista y junto a ella varios fajos de dinero en una cartera de cuero.

Llegó así refunfuñando hasta el mercado y caminó por la acera hasta un gran almacén que se especializaba en vender diferentes productos, todo lo necesario para el aprovisionamiento de los barcos mercantes -y piratas- que llegaban al puerto de tanto en tanto. Afuera del puesto había un chico dormitando sentado en una amplia carreta tirada a bueyes, mientras estos comían alfalfa y movían la cola. No se veía nadie más alrededor y la mayoría de los productos que necesitaba estaban apilados fuera del enorme galpón que hacía de bodega. Yatsuha se acercó hasta donde el muchacho dormía y le movió toda la carreta con sus dos brazos, con gran estruendo y fuerza mientras le gritaba a altas voces: -¡Piratas, piratas he dicho!

El chico se despertó de un salto, muy asustado, mirando a uno y a otro lado, como si esperara ver fuego y sujetos saqueando y violando y saqueando la ciudad. Primero confundido, solo se encontró con la kunoichi, que tenía que afirmarse el estómago de tanta risa que le daba. -Hey hey, hermanita, no me des esos sustos que casi me cago encima, jeje -hubiera sido cualquier otra persona el chico le habría dado de latigazos con el que tenía para chicotear a los pobres animales, pero aquella chica -que no tenía que tener más de 16-17 años- se veía realmente peligrosa, con múltiples cicatrices, una enorme espada y la piel tostada por un sol fuerte que no podía ser el de ese país, sino el de alguien que tenía su vida en el mar.

-¿Casi te has cagao?, hijoputa, se te soltó un poco de mierda, no mientas. Dios, menudas risas me has sacado, hombre... -se enderezó poco a poco hasta recobrar la compostura, secándose hasta los ojos, que se le habían aguado de lo mucho que se había reído -pero en fin, toma -le alargó la lista -ve echando en la carretela todas las cosas que pone ahí y que no falte nada, ¿eh? -lo último se lo dijo en un tono muy diferente al burlón de antes, pues su rostro se había puesto serio y sus cicatrices tirantes. Sus ojos tenían una frialdad que a cualquiera le helaba el espinazo, tanto, que el chico hasta casi olvidó que solo era un empleado y no el dueño de la tienda, y se puso a echar en la carreta como le habían dicho, las cosas de la lista. Yatsuha estaba cruzada de brazos, cuando el dueño de la bodega apareció desde el interior del galpón.

-¿Y bueno? ¿Qué es esto, Shin, pedazo de mierda-campesina-floja? ¿Eres el maldito dueño del emporio, ahora? -se dirigía al muchacho, que se detuvo en plena faena con un saco bastante pesado de harina sobre su cabeza. El dueño era un hombre gordo, de mediana edad, ya entrado en los cuarenta y pico, con una calva incipiente, verruga en la nariz y facciones tan horribles como el trato que estaba acostumbrado a darle a su empleado. A Yatsuha solo le gustaba meterse con la gente de broma y si había cuasi-amenazado al chico era solo porque no le conocía, pero ver a un "jefe" tratar así a uno de sus "empleados" era algo que para la joven pirata era intolerable. Era en primer lugar la razón por la que se había hecho pirata y quería hallar el tesoro, para no soportar las órdenes de nadie -si bien tenía que soportar al capitán-, y aquel trato que le parecía tiránico, era uno que necesitaba de retribución, si bien por ahora se quedó callada, observando al dueño del almacén con cara de pocos amigos.

Como Shin solo miraba a la chica y a su jefe sin decir palabra -estando claramente haciendo un enorme esfuerzo con el saco a cuestas- Yatsuha terminó por hablar primero -Venga jefe -usó una voz salamera al decir la palabra "jefe" -Shin estaba llenando el carro porque vengo del Mako, a comprar provisiones para hacernos a la mar de vuelta, venga, tenga -le alargó la lista y la cartera con el dinero -creo que con eso alcanza.

El calvo le hizo una seña con la cabeza al chico para que siguiera con la carga, aliviándolo realmente, pues finalmente pudo echar al carromato el saco. El hombre revisó la lista y empezó a caminar hasta un mesón rústico de madera entremedio de las provisiones, lugar en el que había una pesa, algunos archivadores y un ábaco, entre sacos y canastas con huevos y cosas por el estilo. El hombre se puso a sacar las cuentas y a contar el dinero. -Pues creíste mal -dijo siguiendo el hilo de lo último que había dicho la chica, aunque demasiado tiempo después como para que sonara coherente -aquí no hay suficiente dinero, joder, ni la mitad para todo lo que quieres. Deja, le digo a Shin que solo cargue la mitad de todo... -iba de camino hasta el chico, pero Yatsuha le detuvo, sacando su enorme espada enterrándola en el piso frente a él... -ohh, ¿así que piensas amenazarme, no? ¿Crees que eres a la primera que se le ocurrió? No es la primera vez que trato con los de tu clase, puedes tomar esa espada y metértela por el cu... -pero la joven pelinegra no había terminado.

Tras dejar la espada enterrada en el piso, se había quitado la pañoleta soltando su cabello. Se aflojó el nudo del cinto del kimono, que se bajó hasta los hombros, dejando ver la silueta de un busto bien desarrollado al sujeto, guiñándole un ojo con una sonrisa perversa en la cara, indicándole con la cabeza que entraran en la bodega, mientras le insinuaba una y mil cosas con la lengua. Había encontrado otro medio de pago que probablemente al gordo le agradaría. Yatsuha, si bien se había hecho más dura, ganado cicatrices y templado esos últimos meses en el mar, seguía siendo una muchacha bastante atractiva, de curvas bien definidas y un cuerpo tonificado y sensual. Y para el bodeguero no era ningún secreto la experiencia de la joven, que por la sola cara que le ponía, estaba claro que conocía su oficio.

-Ehhh... sí... ejem, ¿Shin? Shin, amigo. Termina de cargar las cosas para la señorita, yo, pues yo iré a mostrarle algo a las bodegas, que ya me ha pagado. Tú termina, ¿si?

La chica dejó su enorme espada en el piso y se metió detrás del hombre hasta las bodegas. El tipo la guió hasta el fondo, y detrás de sacos de harina y legumbres, entre un montón de aparejos, cuerdas y velas dobladas -que harían para la ocasión de cama- se lanzó casi sin preguntarlo sobre la chica, que ya llevaba el trabajo a medio camino cuando se había soltado el kimono. Las cosas pronto se pondrían para mayores de 18 años, cuando Yatsuha le dejó caer un poderoso golpe con el borde de la palma, directo en la nuca, mientras el tipo no veía, cuando la abrazaba y tocaba. Había utilizado mucha fuerza e incluso cargado una poca cantidad de chakra. El tipo se desplomó sobre ella para adelante, cayendo con la cabeza en su pecho. Por el golpe estaría durmiendo varias horas... Yatsuha soltó una risilla por lo bajo mientras lo empujaba sobre la que fuera a ser su cama, entre velas y aparejos. Se arregló la ropa y tomó el cabello con la pañoleta. Le bajó los pantalones al tipo y le sacó la ropa interior, dejándole el dinero encima junto a una nota, en la que agradecía la transacción. Eso sí que había sido un buen regateo.

Salió del galpón y Shin había terminado ya de cargar todas las cosas y amarrado los bueyes, listo para salir. Una vez más, dormía y roncaba sobre la carretela. Yatsuha volvió a guardarse la espada a la espalda y de un salto se dejó caer a un lado de Shin, despertándolo de nuevo de un sobresalto asustado. Cuando se tranquilizó, preguntó por su jefe. -No te preocupes, Shin -le respondió Yatsuha -se ha quedado dentro tomando una pequeña siesta. Vamos, que todo ya está pagado y el barco está por salir, no querrás hacer esperar a la tripulación, ¿no? -le dijo lo último soltándole una mirada como la de antes, bastante intimidante. El chico sin preguntar más chicoteo a los bueyes, que comenzaron a arrastrar el pesado carromato por la ciudad, con Yatsuha sobre éste, manos en su cintura, y vista fija en el horizonte, el mar. El tesoro aguardaba...


"Nunca ataques en desventaja"
Off: Diversión de regreso al barco


"Nunca ataques en desventaja"
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'Divertirte' :

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El puerto de Hame recibía aquel soleado día al Mako y a toda su tripulación. Ringo salió a cubierta y estiró sus brazos en alto, como si quisiera abrazar la tierra firme, imitando a su capitán. -¡SAAAAAAAAKEEEEEEEEE!- Su grito fue tan fuerte y desgarrador que, por unos segundos, le hizo olvidar donde se encontraban. El País de la Nieve tal vez no fuera el mejor sitio para que el pelirrojo hiciera gala de su atuendo habitual, que adornaba su torso tan solo con un par de hombreras, pero dejaba al descubierto su pecho y vientre. –Jeje, que frío.- Susurró intentando que nadie le escuchara mientras se abrazaba a sí mismo. Habían pasado ya seis meses desde que se embarcó en busca del Two Pieces. No había motivación alguna por su parte más allá que la de divertirse, tan sólo siguió los pasos de su vieja amiga Kaede el día que decidió unirse a la tripulación. Todos sus compañeros se movilizaban y preparaban lo necesario para realizar las tareas que el capitán había encomendado. Dejar las tareas más importantes en manos de Ringo puede que no fuera la mejor de las ideas, y probablemente por esto el capitán no dio ninguna instrucción al muchacho. Miró a su alrededor, en busca de esos cabellos rubios que tan bien conocía y que acostumbraban a ir en pareja. -¡Ino, Kaede!- Gritó de nuevo, alzando su mano y agitándola en el aire para llamar su atención, como si su sola presencia no fuera suficiente. -¡Vamos a por ssssake!- Continuó alzando su otra mano y, sin esperar la respuesta de sus nakama, corrió hasta el mástil y una vez allí se impulsó con ambas piernas (de hecho, cerca estuvo de tropezar y caer al suelo) para de un salto alcanzar tierra firme. Si el puerto en cuestión era famoso era por el tipo de gente que lo frecuentaba; no era para nada extraño toparse con una flota pirata en su puerto dispuesta a reponer sus provisiones o simplemente parar a descansar y disfrutar de la compañía de mujeres o arriesgar en juegos de azar en los que ganar algo de dinero. Ringo, por su parte, solo llenar de sake el Mako, y de paso su estómago. Tal vez todos debieran cruzar los dedos por un rato y rezar para que el pelirrojo no se enzarzara en alguna trifulca callejera, pues la violenta actitud del incauto le había llevado a seguir una tradición (de forma inconsciente) en la que allá donde iba terminaba soltando casi siempre un par de puñetazos. Después de todo, era lo único para lo que servía el pobre Kirishima que carecía de las cualidades de sus compañeros: navegantes, médicos, cocineros… e incluso algún que otro músico aportaban su grano de arena a la tripulación haciendo que no les faltara de nada. El único cometido de Ringo era ese, repartir ostias cuando las cosas se ponían feas y, milagrosamente, sobrevivir.

Caminaba ya en tierra firme con ambos brazos flexionados tras su nuca, apoyando en sus manos su cabeza hueca. Sonreía como siempre lo había hecho, libre de preocupaciones y mirando a ambos lados en busca de un puesto donde poder comprar alcohol hasta que al fin, no muy lejos de su punto de partida, encontró uno a mano derecha. Se trataba de un puesto humilde al aire libre, formado por varios tablones de madera y atendido por un anciano que al que apenas se podía ver tras la barra dada su estatura. Otro anciano tan derrotado y adormecido que tenía medio pie en el mundo de los muertos bebía un extraño líquido marrón de repugnante olor sentado en un taburete. Si, bueno, tal vez no fuera el mejor lugar en el que comprar… nada, en general. Pero Ringo no tenía ojo para estas cosas, nunca lo tuvo, así que muy enérgico se lanzó corriendo hasta el puesto cantando una melódica canción.

Canción:

-¡Binkusu no sake wo, todoke ni yuku yo, umi kaze, ki makaze nami makaseeee!-Llegó al fin al humilde puesto y apoyó su sucia bota del pie derecho en un taburete mientras, con su puño, golpeó en la barra tras la cual se encontraba el anciano encargado. -¡Póngame ochocientos barriles de sake!- Bromeaba Ringo. ¿Bromeaba? Sí, bromeaba, o al menos eso darían por hecho sus compañeras, pues él en cambio estaba convencido de que quería todos esos barriles.

-Lo siento, muchacho, pero no nos queda sake y no tendremos hasta la próxima semana.- Los ojos de Ringo se abrieron de par en par, así como su enorme boca. Quedó totalmente petrificado.- Pero puedes probar nuestro té de savia, es delicioso.- El viejo asomó sobre su cabeza una botella del mismo líquido viscoso y marrón que el otro anciano bebía al lado de Ringo.

-Pe… ¿pero qué mierda, viejo?- El pelirrojo torció su cuello confuso. Desde luego, no había elegido el mejor puesto en el que parar.


#ff0000 -Hablo- #990000 *Pienso* Narro
El gran Mako estaba llegando al puerto Hame, hacía bastante frío, algo normal en el País de la Nieve, país al que habían recién ingresado. A pesar del frío que hacía, Ino decidió aguntar con resistencia y espíritu las bajas temperaturas del lugar, eso sí, llevaba ropas más largas de las que solía usar, no había ningún tripulante en el Mako en el cual se hubiera fijado, todos o eran simples cayos andantes o eran imbéciles, como Ringo. La Yamanaka había acostumbrado a pasar el medio año navegando hablando con Kaede, acostumbraba a burlarse de las apariencias de los demás tripulantes o a criticar a chicas que le caían mal, así era ella, se había metido en unos cuantos líos en el medio año navegando en la gran mar, pero claro, esta siempre salía victoriosa en las discusiones, manipulaba a las chicas con las que se peleaba para hacerlas perder los estribos y hacerse pasar por la víctima. - Aaaaaaah, qué bien se siente. - dijo Ino con una cara de felicidad al sentir la brisa del mar, que a pesar de estar fría, era aire que se sentía puro, además, tenía ganas de pisar tierra firme, le hartaba estar tanto tiempo encerrada en aquel barco.

Una vez estuvo un par de minutos observando con impaciencia cómo el barco se acercaba al puerto, volvió a su lugar a hablar con Kaede, a pesar de que esta a veces era muy seca, Ino sentía que era una de las pocas personas que se habían ganado su aprecio en aquel barco, su forma de ser tan seria y dedicada había logrado impresionarla. "Al parecer debemos hacer las tareas que ha enviado el capitán" pensó Ino con pocas ganas de hacer algo, agachó la cabeza demostrando sus "ansias" de empezar a trabajar en lo que habían encomendado, estaba al lado de Kaede, iba a hablarle, pero apareció un pelirrojo que la interrumpió en su intento de sacar conversación, quería ir a por sake, al parecer, Ringo tenía frío, una vez les propuso ir por sake, salió corriendo sin si quiera dejarlas reaccionar, la rubia de pelo claro, por su parte, empezó a gritar alterada. -¡Idiota! ¡Al menos espéranos! - gritó enérgica, debía admitir que aquel pelirrojo le parecía atractivo en cierta forma, pero la altura le fallaba, más de una vez se había comparado con él en ese sentido y al parecer medían exactamente lo mismo, le caía bien en general, sin embargo, a veces le sacaba de quicio y a veces sus tonterías la hacían reír, no era un mal chico, en verdad.

Sin esperar a escuchar lo que Kaede diría, si es que decía algo, la rubia salió corriendo detrás de Ringo, quizás sin ella la cagaría de alguna forma, debía llegar rápido con él. La Yamanaka estaba muy vaga, por tal razón no pudo alcanzar al enérgico corredor, "¿Eh?" pensó algo confundida, cuando de repente recordó que había salido directa a por Ringo sin si quiera acordarse de su rubia compañera, "Me he dejado a Kaede" pensó algo avergonzada en sus adentros, "Bueno, es rápida, podrá alcanzarme si quiere" intentó tranquilizarse mientras llegaba a una posada dirigida por un anciano, vio al idiota pelirrojo en la barra y escuchó cómo este pedía ochocientos barriles de sake, se dirigió furiosa escuchando lo que le contestaba el anciano y lo que decía Ringo, apartó a este de la barra y le sacó la lengua, dando a entender que ella se encargaría. - Viejo, ¿No podría decirme usted dónde puedo conseguir un poco de sake? - le preguntó la Yamanaka al anciano con una mirada seductora, por dentro, Ino estaba asqueada por lo que estaba haciendo, pero si no conseguían el sake, el capitán se enfadaría. - N...no, señorita. - respondió el anciano algo asustado, la labia no había funcionado y el viejo estaba tan pálido que parecía que tenía hipotermia. - ¡Entonces por qué tienes una posada si eres tan inútil y no tienes sake! - gritó preguntando enfadada la señorita, estaba algo furiosa e indignada, sólo necesitaban sake, y ni eso conseguirían. - Seguro que tienes sake escondido, viejo. - refunfuñó desconfiada Ino cruzándose de brazos mirando a otro lado.



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山中いの

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'Robo' :


Ino llegó al establecimiento justo después de Ringo, y se mostró en un principio medianamente amable con el anciano, pero su carácter violento no tardo en dejarse notar. El pelirrojo quiso acompañarla. Su cara de sorpresa se cambió en cuestión de un parpadeo. Apretó cada uno de sus dientes y frunció el ceño para seguidamente estirar su cuerpo y agarrar al viejo del cuello de su camisa y tirar de él para acercar sus rostros intentando intimidarle. -¡Oye, viejo! ¡Si no quieres que la rubia te corte tus bienes más preciados, danos el sake!- El pobre e inocente anciano comenzó a temblar e incluso pudieron verse varias gotas de sudor caer por su frente. Realmente estaba asustado, pues aunque la gente que frecuentaba el puerto de Hame no era de seguro muy pacífica, no todos los días ves como un simio de pelo rojo te zarandea de esas maneras.

-De… de verdad que no tengo nada, jovenzuelos.- Ringo acercó más sus cabezas hasta el punto de chocar su frente con la del dependiente. Al ser un hombre tan diminuto, estirar tanto de su camiseta hizo que sus pies dejaran de tocar el suelo, por lo que quedó colgado a un palmo de este. El pelirrojo gruñó e hizo que sus dientes chocaran en un estridente ruido.-Pe...pe…pero se do… donde puede haber.- Sin cambiar ni un ápice su violenta expresión, Ringo lo dejó en el suelo, pero no soltó en ningún momento su camisa. El otro viejo moribundo que bebía ese té de “nosequé” ni se inmutaba ante el escándalo.

Fue justo en ese momento cuando la puerta del lugar se abrió de un golpe. A gritos, Kaede hizo acto de presencia para todo menos para calmar los humos. Se cruzaba de brazos en la puerta mientras sostenía con sus labios no uno sino dos puros. Sus gritos hicieron a Ringo girar su cuello sin soltar al anciano y no pudo evitar reírse. –PffffffWOAHAHAHAHA.- Tan sonoro como siempre, Ringo se dejó la voz y la garganta en aquella carcajada. –En serio, estás ridícula KA-E-DE, ¿acaso eres un sheriff?- Su voz sonaba burlona y ondulada en cada sílaba del nombre de su nakama. Sabía que eso le sacaba de sus casillas. Continuó por un par de segundos con su estruendosa risa y, de nuevo, se volteó para acercar su rostro hasta el anciano, que había quedado paralizado. El pelirrojo frunció el ceño de nuevo.-¡Habla, viejo!-Le presionaba.

-Ju… Justo al salir del local, a la izquierda. Do… dos calles a la izquierd…- Sin haber terminado siquiera su frase, Ringo soltó al viejo de un empujón que le hizo caer al suelo  y se dio media vuelta.

-Oye Ino, si te has quedado con ganas, pégale.- Decía Ringo quitándole importancia al pobre, pobre anciano que estaba ahora tirado en el suelo creando una imagen lamentable. -¡Shio no mukou de, yuuhi mo sawagu Sora nya wa wo kaku, tori no utaaaa!-El pelirrojo comenzó a cantar de nuevo (nada bien, he de añadir) la misma canción mientras corría como un mastodonte en dirección a la puerta que Kaede bloqueaba, ignorando por completo el enfado de esta y su posición. Así era Ringo, no tenía ninguna cualidad a destacar, pero si hubiera un título llamado “Maestro en sacar de quicio a diestro y siniestro”, el sería su máximo representante. Tanto Ino como Kaede eran ya compañeras del idiota pelirrojo y se habían acostumbrado en la medida de lo posible a su insoportable carácter, pero no por ello eran siempre capaces de contener sus ganas de cruzarle la cara de una bofetada. La cosa es que, a Ringo, esto le daba igual. Todo lo que hacía merecía la pena por mucho que se enfadaran o le golpearan sus nakama porque, al fin y al cabo, verlas enfadar era una de las cosas que más disfrutaba. Sus enfados eran sinónimo de carcajadas por parte del muchacho.


#ff0000 -Hablo- #990000 *Pienso* Narro
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La Yamanaka observaba la escena que ocurría en la posada con un rostro burlón, Ringo la estaba usando como arma contra el pobre anciano, "¡Idiota, tampoco soy tan exagerada!" pensaba la rubia algo indignada, ¿Acaso la tomaba por demonio? Llevaban medio año navegando, sólo le había pegado 10 bofetadas por día al pelirrojo, lo miró de arriba a abajo, ¿Cómo podía ir tan descubierto con el frío que hacía? No podía comprender jamás a Ringo, a pesar de que se esforzaba en intentarlo. Se sentó a la barra a encargar un té al que al parecer era el ayudante del anciano, en un tiempo récord le había llevado el té, como si ya estuviera hecho de antes que llegara, Ino dio un sorbo a la caliente bebida, sintió el calor reconfortante de la bebida con placer, lo cierto es que estaba bastante bueno el té del cual no recordaba el nombre. Observaba a Ringo discutir con el anciano mientras agregaba demasiado azúcar, dio otro sorbo al té y lo sintió demasiado dulce, vomitándolo violentamente por el susto que se llevó al observar a su rubia compañera ingresar a la posada con dos puros en la boca, la imágen la mataba de miedo y de risa, era como una compleja película de ambos géneros.

La Yamanaka escuchó la enérgica risa del atontado Ringo, pobre de él, quizá Kaede sería benévola y sólo lo enviaría volando hasta el continente más cercano, era una chica con mucha fuerza, superando ampliamente a Ino en ese sentido. Ino no podía dejar el chiste y la risa de lado tan fácilmente, por mucho que lo intentara, necesitaba con toda el alma realizar un chiste sobre Kaede, sabía que a ella no le golpearía, o al menos eso pensaba, pues la Yamanaka en ocasiones se ponía burlona con la rubia y a pesar de todo, esta simplemente se ponía seca. - Vaya, Kaede, ¿De quién eres guardaespaldas? - preguntó cómicamente Ino mientras dejaba el té en la barra y se acercaba fuera de la pobre puerta a hacer como que observaba algo a la distancia con la mano en la frente. - No, no hay nadie. Kaede, ¿Desde cuándo eres sheriff? - preguntó dándole la razón a su compañero pelirrojo. Se alejó con velocidad de Kaede y se acercó a Ringo, tocándole el hombro mientras se apoyaba para bostezar posteriormente.

Su compañero le ofreció golpear al anciano, - No seas idiota, si empezara no podría contenerme. - respondió con negación mientras fulminaba con la mirada al anciano, el cual seguía pálido, por lo visto no muchos piratas se acercaban a su posada - Además, no soy tan cruel como tú. - añadió Ino, aunque sabía que un poco cruel sí que era. "Dios, esos puros le quedan demasiado ridícula" pensó Ino observando de forma analizante a Kaede, "Da miedo... más que el capitán", a la Yamanaka no le hacía falta poseer habilidades sensoriales para notar la maléfica aura que emitía la otra rubia. - Adiós, señor. - se despidió Ino del anciano con una sonrisa falsa, por dentro maldecía a aquel inútil hombre. Al igual que Ringo, Ino también se dirigía a la puerta que bloqueaba Kaede.



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山中いの
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'Sake, mucho sake' :

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Llevaba varios minutos en esa postura, y el puto carromato, apenas avanzaba. Pasaban ancianos caminando a su lado que iban mucho más rápido. Los bueyes eran muy muy fuertes y eran la única clase de animal que habría podido con todo el peso que llevaban en provisiones y aparejos, pero la chica empezaba a perder la paciencia y le parecía que su pose era algo estúpida. -Joder, Shin... -musitó entre dientes, pues por alguna razón era muy importante para ella llegar con esa postura hasta el barco -cómo le aumentas velocidad a esas bestias, ¿hay alguna palanca o algo? -Shin, que había aprendido a temer los humores de la joven pirata, estaba aterrado y no sabía que responderle, limitándose solo a chicotear con más y más frecuencia a los pobres animales.

-Joder... -finalmente se cansó de su postura y se sentó junto a Shin en el borde del carromato. En la distancia, el mar lucía bien guapo bajo el sol de primavera y la tundra helada y aún con nieve de la bahía. -Parece como si no nos acercáramos nunca al puerto -la espera no le gustaba. Sabía que el barco no saldría de puerto sin provisiones, pero igual le aterraba la idea de quedar varada -pues tendré que vivir con Shin... sí -hablaba para sí misma -quizás formemos familia, uhmm, él se queda cuidando a los niños, yo administro el negocio. Habría que sacar a ese gordo calvo de la película, ya tengo un pie dentro, solo falta matarlo uhmmm... -su mente divagaba sin mucho sentido.

Habiendo pasado tanto tiempo en alta mar, de alguna forma, estaba un poco tocada de la cabeza. No era de muchos amigos en la tripulación, si bien no se llevaba mal con nadie, y por lo general pasaba en cubierta o en la cofa sola, hablando consigo misma. -Este mismo pueblo de mierda me lo conquisto en unos años, me robo un barco y empiezo mi propia tripulación pirata hasta con centro de operaciones. Shin se queda con los niños aquí y... -finalmente, el muchacho que había estado escuchando todo, la interrumpió -ejem... hermanita, ¿qué andas murmurando? -Yatsuha le miró, medio confundida, y se puso de pie, adoptando la misma postura que antes. -Nada, nada -movió una de sus manos frente a su cabeza como restando importancia al asunto -Venga, que ya casi llegamos... -dijo como si nada hubiera pasado, que tenía razón, ya casi llegaban al puerto.

Iban casi llegando, cuando en una esquina avistó a un viejo borracho de sombrero de paja, que iba diciendo incoherencias a quien se le cruzaba. Llevaba todavía una botella de sake en la mano y caminaba -o más bien trastabillaba- por la calle sin un rumbo aparente. Quien lo escuchaba, se echaba a reír y se moría de la risa, pues según él iba a ser el rey de los pirata y a encontrar el Two Pieces. Para la chica era hilarante. La mitad de los marinos del mundo decía lo mismo, pero solo ella y la tripulación del Mako habían encontrado todo lo necesario para hallar ese tesoro. La risa se transformó en malicia, y mientras pasaban frente al borracho, que justo en ese momento se había tropezado y caído al piso entre las risas de los transeúntes, le tiró un escupitajo que le cayó en pleno rostro. -¡Ahí está tu Two Pieces, viejo! -le espetó mientras se burlaba y se doblaba de la risa, sacando también las risas de varios de los que observaron su comportamiento. Por supuesto, también sacó varias miradas desagradadas.

Cuando finalmente llegaron junto al Mako con su pose victoriosa y heroica, mandó a varios grumetes que ayudaran a Shin a guardar las cosas, mientras fue revisando la lista y ordenando un inventario para dárselo al capitán. Pero cuando se lo iba a llevar, luego de que los hombres guardaran todo, le dijo que no le molestara a él con asuntos administrativos y que buscara a Freyja, que ella se encargaba de esas cosas y que ahora tenía que estar en el pueblo, pagando la deuda de amarre y estiba. Era una puta mierda, pues lo único que en ese momento quería era ir a beber sake al pueblo, pero parecía, que ahora solo le quedaba esperar...
Off: Acompaño a Freyja a pagar la deuda


"Nunca ataques en desventaja"
Off: Acompaño a Freyja a pagar la deuda (no me salió el dado antes)


"Nunca ataques en desventaja"
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OFF: Voy a por el carpintero.


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Piratas, ¡Piratas he dicho! — 13 DE JULIO 2017



El calor era insuperable, el alta mar le atrapaba, pero eso no era nada nuevo para Lavi, que siempre ha soñado con ser el mecenas de un barco, aunque esta vez no era suyo, como el de sus sueños. El barco con pintura marchita ponía Mako en uno de sus laterales, no recordaba con exactitud hacia cuanto solo veia azul por todas partes, cielo y mar aunados tantas veces que podía darle nauseas, las gaviotas siempre habían sido sus compañeras, pero no solo las de el, si no las de todos los del lugar.

Adormilado de hallaba cerca de uno de los cuantiosos mástiles del lugar, estaba hastiado casi tanto como la madera en la que apoyaba su cuerpo, en su mano un libro y con su chaqueta rudimentaria negra de cuero, simplemente colocada sobre los hombros.
El muchacho nunca había estado en el país de la nieve, el frió se acercaba a sus extremidades a cada milla recorrida en alta mar, le obligaba a levantarse y colocar aquella prenda de manera adecuada, posiblemente tendrían que desembarcar. ¿El two pieces? Sinceramente no le interesaba tener el tesoro, simplemente admirarlo y poder documentarlo, un tesoro como aquel nunca había sido concebido en ninguno de sus sueños, pero tampoco en sus pesadillas, haría lo que fuera para preservar una imagen mental de aquello, ¿seria cierto lo que dicen las leyendas?

Se estira, sus músculos se tensan, esta cansado, observa a todos los del lugar moviendose con rapidez hacia el puerto de nombre desconocido, estaba cansado, sinceramente, no lo habia oido por falta de interés. Muchas cosas debían de hacerse, quizás demasiadas, ¿Ganas? Inexistentes, pero observa a Black por la popa del barco y se acerca a el amistosamente, como siempre la coneja Usamano de Lavi, usaba su pelirroja cabellera como una mullida cama en la que dormir, que envidia sentía aquel muchacho.

-¡Hey Black! ¿Te apetece acompañarme al carpintero? Entre dos puede ser más divertido - La sonrisa hace mella en el lugar, mostrándose como siempre el parcheado. No esperaba una gran respuesta, pero si esperaba a que este se dignara a acompañarle, quizás así seria algo más amena la marcha entre la nieve.








Yagura se sentaba cómodamente en su silla de madera junto a la mesilla de su camarote. Se balaceaba sobre esta haciendo que se mantuviera en equilibrio sobre dos patas mientras el joven estiraba ambas piernas dejándolas apoyadas en la misma mesa. Toda la habitación se encontraba iluminada por tan sólo un pequeño farolillo colgado de una esquina. Ni siquiera sabía qué hora era, había pasado las últimas noches durmiendo fatal a causa del clima del País de la Nieve. Era un coñazo, o eso pensaba el muchacho. Apoyaba su cabeza en su mano izquierda mientras con la derecha lanzaba una moneda una y otra vez al aire con su pulgar, cogiéndola al vuelo. Observaba la hermosura de cada detalle que había sido grabado en ella, como se movía siendo una con su mano. Al fin y al cabo fue eso, el dinero, los tesoros, lo que motivó a Yagura a embarcarse junto a esa panda de hediondos tipos que tenía por nakama y de los cuales tan sólo unos pocos eran medianamente decentes. No me malinterpretéis, el de cabellos dorados había terminado cogiendo cariño a cada uno de ellos a su manera, pero siempre se ocultaba bajo esa fachada de niño rico que todo lo tiene y al que nadie le importa, o al menos nadie que no se duche una o dos veces al día. Antes de partir seis meses atrás ya tenía una buena cantidad de riquezas en su bolsillo y bajo su techo, pero en fin, la avaricia rompe el saco o, en su caso, le hizo embarcar en busca de más y más tesoros.

De repente, escuchó las voces de todos los tripulantes en cubierta. Se desconcentró y la moneda cayó al suelo, lo que le obligo a levantarse de la silla para recogerla. Al parecer habían alcanzado el puerto de Hame. Apenas había sentido como se paraban. Yagura se puso en pie y se acercó hasta la ventana de su camarote, retirando de forma leve la cortina. Hacía frío, por algo se encontraban en el País de la Nieve. Corriendo de nuevo la tela que ocultaba la ventana, dio media vuelta y se aproximó hasta su vestidor, del que cogió un largo abrigo de color verde oliva. Tal vez a otros les alcanzara hasta la cintura, pero dada la diminuta estatura del Kasumi, el abrigo rozaba sus tobillos, por lo que era perfecto para el desembarco en aquel frío país.

Salió al exterior al fin. Aunque el sol golpeaba de lleno sobre sus cabezas, el frío era notorio. Miró a su alrededor, como sus nakama armaban tanto revuelo como siempre, gritando y liándola parta antes incluso de pisar tierra firme. –Panda de chimpancés.- Se decía a sí mismo entrecerrando los ojos, pero no pudo evitar lanzar una casi imperceptible risa. El capitán daba órdenes a todos los presentes. Freyja gritaba a los cuatro vientos que alguien le acompañara a hacer el pago de la deuda. Era una de las pocas en la tripulación que, por lo menos, parecía más una persona que un animal, por lo que su compañía era del agrado de Yagura. Sin pensárselo dos veces y antes de que lo mandaran a limpiar mierda o a comprar con algún otro tripulante, contestó a la pelinaranja. -¡Espera, Freyja!- Contestó el muchacho corriendo hacia las escaleras del barco con el brazo en alto.

Llegaron así a un curioso establecimiento que transmitía la misma poca confianza que cualquier lugar del puerto. La verdad es que, lejos de buscar conversación con su compañera, Yagura había estado quejándose para sus adentros de cada vagabundo, ladronzuelo o humilde mercader que se había cruzado, todos con esos sucios harapos que usaban como prendas y esas manchas en sus caras y pelos… No quería tener que abandonar el puerto habiendo sido contagiado por alguna enfermedad por su culpa, la verdad. El caso es que, ya llegados al lugar donde Freyja “pagaría” la deuda, hizo lo mismo de siempre e intentó sacar provecho de sus cualidades como “Gata ladrona”. En fin, Yagura estaba más que acostumbrado a los deshonrosos actos de su compañera, por lo que se limitó a apoyarse en una pared a unos metros de distancia de ella, junto a la entrada mientras con un abrecartas del tamaño de su dedo comenzó a quitar la poca roña que tenía entre sus dedos, eso sí, sin quitar el ojo de encima a Freyja.

Y menos mal que Yagura prestó atención. La pelinaranja, en su regateo con el encargado, aprovechó para alargar su mano hasta una bolsa de dinero situada cerca de su posición en la barra sin percatarse de que su propietario, otro pirata corpulento, calvo y de casi dos metros de altura, se encontraba justo ahí, al lado, distraído. En su muñeca, el tatuaje de una calavera con un lazo rojo atado en la frente y un cuchillo sostenido entre los dientes del esqueleto. Había visto ese símbolo antes, nada más y nada menos que en la bandera de uno de los barcos del puerto, justo al lado del Mako. El hombre calvo comenzaba a voltear su cuerpo y en cosa de dos segundos, si nada lo frenaba, vería como Freyja intentaba robar el dinero que había apoyado sobre la mesa. Tenía que sacarle las castañas del fuego. Suspiró, pues no era la primera vez que le tocaba actuar por culpa de su nakama. Avanzó hasta el tío calvo y recogió el abrecartas en un bolsillo de su abrigo. Antes incluso de alcanzar la posición de aquel otro pirata, estiró su brazo hacia él y llamó su atención. -¡Oye!- Lo logró, pues el corpulento hombre, que estaba a punto de quedar frente a Freyja y pillarla en su intento de robo, atendió la voz de Yagura, observándole desde las alturas como un elefante mira a una hormiga. –El barco de vela negra del puerto, el de la bandera con un lazo y un cuchillo… ¿Es el suyo?

-¿Y qué te importa, niño?- Alzaba el calvo su cabeza en señal de superioridad.

-Oh, no, no me importa en absoluto. Pensé que tal vez le podría interesar que un grupo de vándalos estuvieran hablando de abordarlo cuando bajarais al puerto.-El calvo abrió los ojos de par en par. Yagura se dio media vuelta y caminó hasta la pared en la que se apoyaba antes para imitar su misma posición de hace unos segundos, despreocupado.-Pero bueno, supongo que no es para tanto. Al fin y al cabo, ¿qué podrían hacer cuatro vándalos del puerto menos honrado del País de la Nieve? Como mucho saquearlo, aunque un barco tan pequeño no tendrá muchas riquezas, ¿o tal vez sí?-Sacó de nuevo su abrecartas mientras miraba hacia el techo, disimulando. El calvo salió corriendo del local ignorando la bolsa de dinero que ahora, fácilmente, podía coger Freyja. Yagura buscó una mirada cómplice de su compañera mientras fruncía el ceño reprochándole que, una vez más, había tenido que echarle una mano.
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Kaede abandonó el local antes de que Ringo alcanzara la puerta, algo que sorprendió al pelirrojo, que esperaba como mínimo un empujón o bofetada por su anterior comentario. Cuando la rubia salió, la puerta se cerró tras sus pasos y ella quedó a un lado, de forma que el muchacho no podía verla. Abrió la puerta con ambas manos y, en el mismo instante que alcanzó el exterior, sintió todo el peso de la furia de su nakama en forma de un puñetazo que le golpeó directo en la cabeza, haciendo que en el lateral de esta apareciera un curioso bulto entre su pelo. -¡Au!- Lanzó un pequeño aullido mientras caía al suelo y se llevaba ambas manos en la cabeza y adoptaba una posición fetal. Miró a su compañera, que estaba desde luego algo irascible. Las mejillas de Ringo se hincharon y tuvo que llevarse ambas manos a la boca para evitar explotar de nuevo en una carcajada. Ino salió tras él, pero Kaede solo le mandó una mirada asesina, lo que sí que molestó al joven. -¡Eh! ¡¿Y por qué no le pegas semejante ostia a Ino?!- Reprochaba el pelirrojo mientras se ponía en pie, pero cuando quiso darse cuenta su querida amiga ya había reanudado el rumbo, ante lo cual solo pudo gruñir y levantarse para no quedarse atrás.

Desde luego eran un trío curioso. Kaede era tal vez la más estricta, siempre soltando guantazos como reproche, mientras que Ringo era sin lugar a dudas el menos serio ya no sólo del curioso grupo de tres sino prácticamente de toda la tripulación. Ino, en cambio, tenía la extraña capacidad de librarse de las ostias de su amiga, tal vez por su cara bonita, pero el caso es que siempre salía ganando. Podía meterse con Kaede y pegar a Ringo, pero ella siempre solía salir airosa.

Su compañera de las coletas alcanzó la puerta de un local, cuya puerta se cerró de nuevo tras ella y, por un segundo, Ringo escuchó una canción que le resultaba familiar. Abrió sus ojos y se sonrió, corriendo hasta el local en cuestión abriendo las puertas con un enérgico empujón dispuesto a empezar a cantar junto a la orquesta que animaba el ambiente, pero una vez entró todos habían callado. Kaede imponía demasiado. –Oye… la música…- Murmuraba tristón el pelirrojo para a continuación levantar la cabeza y ver como comenzaban a cargar el sake. Al parecer, su nakama había logrado su propósito. Desde luego tenía más ojo que Ringo. Por un segundo sonrió de nuevo e, inmediatamente, cambió por enésima vez su expresión a una de enfado mientras se dirigía a los músicos y daba un pisotón en el suelo. -¡MÚSICAAAA!- Ordenaba furioso, y aterrados obedecieron. El sake de Binks sonaba otra vez, pero era Ringo el único que la cantaba. -¡Binkusu no sake wo, todoke ni yuku yo, umi kaze, ki makaze, nami makaseeeeee!- Su voz se acoplaba de malas maneras a la música, pues era algo arrítmico, y su baile no era mucho mejor que digamos, pues se dedicaba a dar pasos y mover sus brazos como si fuera un salvaje de una tribu rodeando una hoguera. Mientras tanto, el los presentes empezaban a preparar el sake para los piratas.


#ff0000 -Hablo- #990000 *Pienso* Narro
La rubia salía justo detrás de su compañero pelirrojo sólo para observar el monumental golpe que habría recibido por parte de la otra agresiva rubia, "Debería probar el té" pensó algo atemorizada de la maligna aura que seguía emitiendo su amiga, el té la había relajado a ella, ¿Funcionaría con Kaede? Quizá no, pero valdría la pena intentarlo, no había sido buena idea ponerse burlona con ella. Escuchó a Ringo quejarse del por qué no golpeaba a la Yamanaka, "¡Imbécil ya estoy harta!" pensó gruñona, en verdad ella por fuera era muy amistosa y alegre, pero por dentro podía manifestarse un demonio dentro de ella, era fácil enfurecerla, en cierta forma. - Por que a mí me adora. - sacó la lengua la Yamanaka mientras manifestaba su victoria con los dedos en "V", resultaba divertido ver a Kaede golpear a Ringo y ella siempre librarse, aunque a veces le daba pena a la Yamanaka. Ringo era como el muñeco de desahogo de Kaede, si Ino se burlaba de Kaede o le gastaba alguna broma pesada, esta golpeaba a Ringo en ocasiones. Ante la amenaza de Kaede, Ino sólo pudo soltar una pequeña risa, a pesar de que por dentro estaba rezando.

Se acercó a caminar justo al lado de su compañera rubia mientras dejaban al pelirrojo algo atrás, tal y como él había hecho con ellas antes. Gracias a que Kaede hacía de perro guía, el trío de compañeros llegaron hasta un local, parecía algo animado, pero se quedó immediatamente en silencio cuando Kaede ingresó, no era su día, se notaba, su furia era demasiado imponente, quizá más que la del propio capitán del Mako. Los empleados de aquel local asintieron rápidamente al pedido de Kaede, empezando a cargar con barriles llenos de sake, "Al fin toda esta tontería se acaba" pensaba la Yamanaka mientras observaba como se desarrollaba todo. Mientras estaba sumida en su mente, oía una desagradable voz, la de su compañero pelirrojo, se acercó furiosa y lo agarró de los pelos, intentando arrastrarlo hasta donde estaban ella y Kaede, - ¡Idiota bailas y cantas fatal! - sus estruendosos gritos se podían oír hasta en el Mako, la Yamanaka estaba algo perdida, pero era culpa de Ringo, la había sacado de sus casillas, primero las dejaba a ella y Kaede atrás, luego no sabía ni pedir sake (cosa que ella tampoco), pedía a Kaede que la golpeara y se ponía a armar escándalo en un local.

La rubia no se enteraba de que ella misma estaba armando demasiado jaleo también, si Kaede se enfadaba, golpearía a Ringo. En cambio, si este se enfadaba con Ino se aguantaría las ganas o dejaría de estar enfadado si esta le pedía perdón. - Ahora volvamos al barco. - pidió Ino dirigiéndose a Kaede, pues los empleados del local llevarían todos los barriles hasta este.



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