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Era su día libre en su trabajo como sirvienta en la casa, por lo que había aprovechado para dormir hasta tarde, que vamos, lo necesitaba. Estaba aún un poco adolorida, con múltiples hematomas, cortes de nudillos en la cara y con una venda que le partía la mitad del rostro al llevarla para ajustar su nariz rota. El hueso sanaba rápido, pero era claro que el cartílago quedaría con una marca, en el centro de la nariz re-acomodada, como un corte a la mitad. Algo puramente estético, que mientras más y más se miraba en el espejo, más le gustaba. En su -al fin y al cabo- adolescente mente, creía verse más ruda de esa forma. Su padre no le había dicho nada por las heridas. Se las había hecho entrenando y punto. En ese sentido, el hombre no era para nada estricto.

Pero ya habían pasado algunos días, y si algo había aprendido de su combate con Saori, era que necesitaba terminar su entrenamiento de técnicas elementales. Al menos ya era capaz de transformar su chakra puro a chakra elemental en su afinidad, por lo que el resto solo implicaría entrenar los fundamentos de cada técnica en particular. La extensión de viento había resultado un éxito, una técnica que le permitía aumentar considerablemente la eficacia de su taijutsu. El viento era un elemento, además. que le hacía mucho sentido para su forma de combate, un estilo de huidas, escapadas y contra-ataques constantes, que con la ayuda del viento como fuerza impulsora de movimiento sutil y rápido, mejoraría sus ya considerables habilidades para el cuerpo a cuerpo.

Lo cierto es que ya llevaba despierta un par de horas. Faltaba poco para el mediodía y tenía el dormitorio que compartía con su padre, para ella sola. En su mente, venía repitiendo el combate con Saori. Había caído redondita en el genjutsu de la Uchiha sin siquiera ser capaz de darse cuenta que estaba en uno, sino hasta más adelante en el mismo combate. Al menos ahora había adquirido cierta experiencia en ese sentido, pues se sentía mucho más preparada que antes para resistir una ilusión, o al menos, la capacidad para advertir cuando estaba en uno. Trabajar en como escapar de uno, una vez se diera cuenta, sería cosa diferente, pues como en muchas cosas, no valía de nada el conocimiento a priori sin una solución práctica.

Pero primero lo primero. Había que levantarse de una buena vez antes de que se sirviera el almuerzo en un par de horas, que sino, no se pillaba ninguna sobra del desayuno en las cocinas, pues no tenía ganas de almorzar ese día junto a su padre. Se quitó la pereza y estiró la musculatura, incorporada en la cama, pero sin aún levantarse de ella. Un fuerte bostezo ayudó a despertarla del todo. Se rascó la cabeza y miró hacia la ventana. Las cortinas estaban cerradas, pero se notaba afuera por los rayos que se colaban que el día debía de estar bastante agradable a la sombra de las copas de los árboles. Se levantó por completo y salió a echar un vistazo. Al abrir la ventana, una agradable brisa le llegó directo a la cara, llevándose el hálito nocturno de la habitación. Inundó sus pulmones del agradable aroma a bosque.

Todavía llevaba la pijama, que era un kimono blanco para dormir, de género grueso como el de sus kimonos normales. El kimono llegaba hasta prácticamente las rodillas y se ajustaba con un obi negro. Solo se reanudó el cinto y arregló un poco el cabello antes de salir de la pieza, que su ropa no era indecente como para andar por las cocinas con él. De cualquier forma, las habitaciones de los sirvientes daban al patio y luego desde allí a las cocinas o los baños, con lo que era improbable que alguien de la familia la viese en esas fachas. Cuando entró en las cocinas, de pijama, una mujer rechoncha y grande -que de no ser por lo que el entrenamiento de su padre le había hecho, sería como su segunda madre- hizo el ademán de golpearla con un cucharón. Era la cocinera principal, y daba vuelta a un estofado. Aquella era la pantomima de todos los días cuando Yatsuha hacía algo que no debía.

Tras saquear las sobras del desayuno que guardó en una bolsa de género y dejó allí mismo al cuidado de la cocinera, se fue a los baños a hacer sus necesidades matutinas y darse un baño de paño con un balde de agua y jaboncillo que formaba de una mezcla natural de raspado de la corteza de un árbol que abundaba. Yatsuha era limpia, pero su padre le había enseñado a siempre usar productos naturales que se encontraran en el entorno mismo en que estaba. Había que ser limpio por motivos prácticos, para no llevar consigo olores fuertes, y lo más importante, no usar productos procesados o perfumes o aceites que la dejaran oliendo de alguna forma en particular. Al usar la corteza del árbol se limpiaba, y a la vez quedaba con un aroma similar al del bosque mismo. Cuando terminó, fue a descolgar su ropa, que siempre que lavaba, lo hacía en un balde bien grande con agua que había estado por varias horas con hojas y cortezas de árbol reposando. De esa forma, Yatsuha quedaba con un olor tenue, pero similar al del entorno. Lo que hacía no era diferente que lo que haría cualquier cazador de acecho.

Una vez vestida con su atuendo normal, cogió la bolsa con sobras del desayuno, y salió de la casa de los Fuma por el patio de empleados. Caminó un rato a paso lento por la ciudad. No llevaba prisa. Se había amarrado la bolsa de genero cruzada al pecho de tal manera, que podía ir sacando trozos de pan y queso mientras caminaba. Junto a un par de panes, llevaba también un trozo de queso amarillo, dos bolas de arroz dulce, unas galletas crujientes , un trozo de fiambre de cerdo y en una bota de cuero, sacó agua fresca del pozo. Era comida fría, pero no le importaba. Era más de lo que necesitaba y seguro le alcanzaba para el resto del día. Mientras caminaba por la ciudad, pasó a una tienda de té, donde pidió uno para llevar. Lenta, pero segura, comió lo que consideró apropiado para un desayuno contundente, pues lo que quería hacer esa tarde era un entrenamiento bastante pesado. Se dio un par de vueltas más para bajar el desayuno, pasando por unos baños públicos antes de dirigirse a su destino definitivo: la arboleda.

No el lugar común en que Yatsuha solía entrenar, pero uno que incluso a fuerza, no podía negar guardaba cierto misticismo. Por supuesto, para la atea chica aquello era una estupidez, pero llamémoslo una reminiscencia de animismo y de fuertes tradiciones inculcadas desde pequeña, la hacía sentir en ese bosque una fuerte espiritualidad. Cuando bajó desde los portones de Kusagakure en las alturas y descendió por vedadas escaleras en torno a un camuflado árbol, se topó con una procesión que caminaba lento y ceremonioso hacia los altares de sacrificio en el bosque. Los que iban marcados como víctimas, eran una pareja joven, personas que Yatsuha nunca había visto antes, pero por las que sentía lástima. Iban con capucha y miraban solamente hacia el suelo, con grilletes en las manos.

La kunoichi caminaba justo detrás, luego de un par de guardias que parecían custodiarlos además de los monjes que realizarían la tortura y sacrificio. El par iba como corderos al matadero, tranquilos, nobles, desdichados. Ni siquiera asimilarían en ese momento por lo que tendrían que pasar. Puedes haber escuchado toda tu vida de la tortura y el asesinato, pero no era hasta que probabas el cuchillo en carne propia, que lo entendías. Si el día de los niños era especialmente escalofriante, lo que ocurría el resto del año no dejaba de ser menos escabroso. Era la religión que había conquistado medio continente, y que tenía a tres de las grandes naciones bajo sus pies. No, no era tan extraño cuando te ponías a pensar, al fin y al cabo. El Daichi requería de personas duras, y vaya que el Shuha Shinto los proporcionaba.

Para cuando finalmente llegaron a ras de suelo, la proseción se marchó, y Yatsuha pudo verles la cara finalmente a aquellos dos. Sus ojos no parecían ver, perdidos en la nada a la que pronto caerían, perdidos como niños lejos de casa. Se lamentó de su muerte próxima, aunque nada podía hacer. Aquello, por supuesto, no era del todo cierto. Dado que no se lo esperaban podría haberles cortado el cuello a aquellos dos guardias antes de que pudieran decir una palabra, y aquellos monjes, podría haberles dado pelea, o al menos, generar la oportunidad para que esos dos desdichados pudiesen huir. "A costa de mi propia vida" pensó. No estaba lista para ello. Menos por unos desconocidos. ¿Es que alguna vez siquiera estaría lista? ¿Cuáles eran sus aspiraciones? ¿Cuál era la razón porqué entrenaba? Y no nos pongamos quisquillosos por asuntos del lenguaje. Su motivación. Esa era la gran pregunta que ya desde mucho tiempo se venía haciendo, en su vida mecanizada, en su vida en función de otros, en su vida enajenada y sin sentido.

Por un segundo se pensó de verdad lanzarse contra los guardias. Estaban ahí, a solo unos pocos metros. Si la vida carecía de sentido, ¿qué mejor que irse de ella en una gran conmoción? Comenzó a tiritar. Un instinto asesino como nunca había dejado entrever, casi podía olerse salir por sus poros. La derecha avanzaba hasta su porta armas de muslo. Uno de los guardias, extrañado, debió haber sentido la mirada fija en su nuca. Para cuando se dio vuelta, Yatsuha les había dado la espalda, y caminaba en dirección opuesta, mientras se aferraba la cara con la mano izquierda. Había estado muy cerca. Su miedo a la muerte era simplemente demasiado grande. No podía fingirlo. Con Saori había demostrado lo poco en consideración que tenía su integridad física a la hora de un combate. Pero con la chica solo entrenaba. Se había forzado al combate, si bien en una situación real, de haberse encontrado con alguien con habilidades como las de la Uchiha, hubiera escapado a la mínima oportunidad.

Sin embargo, ya estaba cansada. Toda su vida, después de todo, había sido una mentira. Su enorme resentimiento y la principal razón por la que había abandonado las enseñanzas del Shuha Shinto -y que posteriormente la habría encaminado en dirección a un espíritu crítico, agnóstico y ateo- había sido su resentimiento personal por la vida que le había tocado. No había pedido las palizas y torturas de su padre, no había pedido las caricias asquerosas de los clientes del burdel, no había pedido su entrenamiento, no había pedido nacer. Y el Shuha, para su mente infantil de doce años, en ese entonces, había sido la fuente de tanto sufrimiento, y que con el tiempo la habían llevado a tenerle un sano repudio que sus estudios solo habían justificado. Desde entonces, el entrenamiento de su padre había surtido efecto. En el abandono de sus emociones había encontrado y comenzado a contemplar por primera vez su lugar en el universo. Claro, no se hacía ninguna ilusión. Era diminuta en el largo devenir del tiempo, y ni aunque se transformara en la gran salvadora de Kusagakure o el mundo, aquello, al final, no tenía ninguna incidencia real en el gran esquema de las cosas. Pero por lo mismo, no podía quedarse quieta.

Todo siempre termina por saberse y ni el más cauto escaparía a la suspicacia con que actuaba el Shuha. A saber si aquellos dos desdichados siquiera hubieran dado indicios de herejía, que en muchos casos solo bastaba con ser extranjero. Ella era originaria de esos parajes, y por lo mismo, había sido testigo también de la otra cara de la moneda, y la bondad que podía hallarse incluso allí, la nación más sanguinaria de todo el Daichi. En su corazón, no quería aceptar que estuvieran más allá de toda salvación, pero los límites que establecía la religión lo hacían complicado. Solo una cosa era cierta: si permanecía en el país de la Hierba por mucho tiempo, terminaría siendo sacrificada.

No era la primera vez que le daba vuelta a la idea. Ya de pequeña había querido abandonar la aldea, si bien por motivos más infantiles que su propia subsistencia. Habría sido bastante sencillo en ese momento dar vuelta la espalda y simplemente largarse. Pero su escape levantaría demasiadas sospechas y todavía le parecía que dejaba cabos sin atar. Si se largaba sola no sobreviviría mucho tiempo fuera. Por más que en su vida había sido una persona solitaria, hasta ella entendía que sus posibilidades aumentaban considerablemente con compañía, alguien de la aldea, una "hereje" como ella, que vista en el mismo predicamento, tuviera que darlo todo y luchar con uñas y dientes por sobrevivir. Pero no se podía confiar en nadie, no de momento, por lo menos.

Siguió su camino a  un paso tan tranquilo que nadie que la viera hubiera podido adivinar los pensamientos tortuosos que la acechaban. Se adentró en la arboleda justo bajo la aldea, pero alejada de los altares principales donde se realizaban los sacrificios. Llegó hasta el pequeño espacio del altar antiguo y en desuso, ese que había descubierto aquella vez que buscaba al niño Chinichi en una de sus misiones. Se sentó en el altar de piedra mohosa y dejó su bolsa de provisiones sobre ella. Sacó un par de galletas y las comió mientras empezaba a realizar ejercicios de calentamiento. Estiró el cuello, elongó los músculos de sus extremidades, dio pequeños saltitos y echó unos piques bien rápidos y explosivos por el camino abrupto entre árboles, hierba y arbustos. Cuando todavía no empezaba a sudar, se detuvo. El cuerpo lo sentía caliente si bien no había perdido siquiera el aliento. Cerró los ojos y comenzó su entrenamiento.

Estaba allí para aprender las técnicas básicas de Fuuton que venía tratando de hacer desde hacía años, sin mucho resultado. Pero las cosas habían cambiado. En su combate de entrenamiento con Saori había conseguido por primera vez transformar su chakra puro en elemental viento, su elemento más afín. Ya fuera porque a fuerza de necesidad tuvo que hacerlo durante el combate, lo importante era que transformar su chakra ya no era un problema. Lo que tocaba ahora era practicar las diferentes formas en que podía moldear ese chakra elemental para darle distintos usos.

Lo primero, y como es obvio, fue aprender la técnica Fuuton por antonomasia la más básica, que consistía solo en la acumulación de una mínima cantidad de chakra elemental, junto a una profunda bocanada de aire, para expulsarlo todo de sus pulmones junto al chakra, en una fuerte ráfaga contundente con forma de bola de aire. Repasó estos simples principios en su mente, controlando su respiración y haciendo el único ejercicio de respirar bien profundo y expulsar el aire, unas cuantas veces. Los tipos de respiración que un ser humano podía realizar eran bastantes, pero en términos simples, tres eran los principales. Esta casi doctrina de la respiración eran ejercicios básicos para cualquiera que se preciara de artista marcial, y consistía principalmente en respirar para llenar sus pulmones, su bajo abdomen y finalmente toda su cara torácica. Luego de realizar estos ejercicios unas cuantas veces, que la dejaron completamente relajada, pasó a agregar el chakra en medio del proceso.

La técnica en sí no requería de ningún sellado, pues era la forma más elemental del Fuuton. Era la que por mucho tiempo había entrenado, pero que solo ahora entendía necesitaba no solo de la concentración de chakra puro, sino elemental -principio que conocía de palabra, pero que solo ahora entendía por completo también con el cuerpo. Respiró profundo y dejó que toda su caja toráxica se llenara del vital elemento, mientras en su interior moldeaba el chakra transformado. Solo necesitaba una pequeña cantidad, y una vez la combinó con el aire en sus pulmones, le dio forma en su interior, expulsándola en un resoplido fuerte, que envió una ráfaga en la direción que apuntaba con su boca, chocando contra un macizo tronco que tenía frente ella, sin dañarlo, pero sacudiéndolo lo suficiente como para botarle varias hojas y un par de ramas.

Probó un par de veces más, midiendo distancia de efectividad con la técnica y diferentes concentraciones de chakra, entendiendo que una cantidad excesiva hacía imposible darle forma de golpe contundente, lanzando solo una gran cantidad de aire que se difuminaba tan pronto salía de su boca. Se dio cuenta también que el mayor alcance que podía darle era no mayor de cinco metros, dato importante a considerar cuando tuviera que utilizarla en una situación real.

La siguiente técnica en su lista era una un poco más complicada y que necesitaba de la ejecución de varios sellos previo lanzamiento. Su finalidad era principalmente defensiva, por lo que entendía, y solo sabía que se trataba de una técnica que creaba una pequeña ráfaga o más bien una ventisca, junto a la acumulación del chakra elemental en las palmas de sus manos. Mono, caballo, perro, pájaro. La ejecución de sellos aprendida de memoria condensaba y reedireccionaba la forma en que concentraba su chakra. Como pequeños cerrojos que se abrían con cada sello, sintió como su chakra ahora corría de una forma diferente a la normal o la simple transformación elemental. Moldeo ese chakra en las palmas de sus manos, y extendió ambas a modo de abanico de un lado a otro. La fuerza conjunta del aleteo de ambas manos, conjuró una ventisca hacia donde sus manos aleteaban, sin mucha fuerza de daño, pero que empujaba lo suficiente para detener probablemente objetos sólidos pequeños, y que al chocar contra el árbol al que lo apuntaba, dejó algunos arañazos leves en su corteza.

Ahora, tocaba una forma completamente diferente de utilizar su chakra. Moldear la energía elemental en su cuerpo era una cosa, pero imbuir un objeto ajeno con este era algo que no lograba dimensionar del todo. Realizó algunos ejercicios de respiración previos y se dispuso frente al mismo árbol de siempre. Búfalo, pájaro, tigre. Los sellos eran diferentes esta vez. Llevó ambas manos hacia sus porta-armas traseros y sacó con cada mano dos shuriken. El proceso era complicado, pues en su mente todo debía realizarse en un solo movimiento, y en el mismo proceso de sacar las armas de su estuche y lanzarlos, ya debía de traspasarles el chakra. Pero solo en teoría era sencillo, pues al lanzar los shuriken estos simplemente fueron a dar contra el árbol que tenía enfrente, cuando la intención era cambiar la dirección de las armas en un movimiento oblicuo que esquivara el árbol, y terminara con las estrellas clavadas en el árbol de más atrás.

Intentó el proceso de nuevo, sellos y todo incluido, más de una vez hasta que le cogió el ritmo. Era una cuestión más de práctica que de capacidad para realizar la técnica, por lo que si bien se gastó una enorme cantidad de chakra entre intento e intento, y para cuando terminó tenía la frente perlada en sudor, logró realizar la técnica con éxito, en un solo movimiento tal como quería. Como antes, hizo pruebas para probar la efectividad y alcance de la técnica, que tratándose de armas, debía ser mucho más precisa.

Algo cansada, se tomó un respiro antes de continuar. Recogió sus shuriken y volvió a guardarlos y se fue a sentar al altar para devorar lo que podía considerarse su almuerzo. Con un kunai cortó una hogaza de pan y unos trozos de fiambre de cerdo. Se los fue comiendo, masticando con cuidado y bebiendo tragos del agua que había traído. Como postre se comió una de las bolas de arroz dulce y se echó finalmente de espaldas en el altar. Si alguien la veía, seguro pensaba en sacrilegio, pero para su suerte, estaba en un altar más bien abandonado, que databa seguramente de los arcaicos inicios del Shuha Shinto, más antiguo que la misma aldea. Se dio el tiempo para descansar por unos minutos y dejar discurrir su mente en los problemas en que antes meditara.

Pensó en los otros gennin que conocía de la aldea. Anji, su amigo de la academia, seguramente la seguía para donde fuera si se lo pedía. Pero no estaba segura si le contaba de su herejía si la dejaba del todo tranquila. Además, nunca se había interesado realmente en el chico, más en su hermana, Tsuki, que debía tener un par de años más que ella. No era una kunoichi, pero era una buena mujer, una mujer en la que muchas veces había pensado. Nozomi Fuma era otra en su lista, pero aunque se conocían desde pequeñas, no sabían nada la una de la otra. En la fiesta de cumpleaños de Shinishi Kamibara, el feudal de la Tierra, había mostrado un aire menos tenso y recatado. Era una chica a la que siempre su padre había mantenido oculta, heredera de una familia importante, pero que nunca parecía dar la talla. No entendía bien qué, pero sentía por ella algo más cercano a la lástima. A Kazuki y Heihachi apenas los conocía, si bien este último le había caído de maravilla. Saori, por otro lado, era solo una niña. La que le caía mejor de todos, pero no iba a llevársela de la aldea a su edad, más sin ni siquiera estar segura de que la seguiría. Parecía que en todos sus años ni un solo camarada había formado.

Se incorporó lentamente. Las sombras comenzaban a alargarse y la tarde pronto se iría. Se deshizo de todas sus inseguridades. Como buena artista marcial, cuando se enfocaba a algo, allí ponía toda su atención y por ahora lo importante era proseguir con su entrenamiento. La técnica siguiente consistía en formar un pequeño remolino de viento por medio de la concentración en espiral del chakra elemental en sus palmas. Se rascó un poco la cabeza. Los sellos para la técnica también los conocía de memoria, por que simplemente -tras unos ejercicios de respiración y concentración de chakra puro- se dispuso para realizarlos. Pájaro, jabalí, serpiente, pájaro; y comenzó a transformar su chakra en elemental. Concentró progresivamente una cantidad constante de chakra hacia sus palmas. Dar la vuelta en espiral era confuso, al menos de principio, por lo que se tomó su tiempo para hacerlo como era debido. Una pequeña cantidad de chakra fue saliendo de sus palmas abiertas, mientras acompañaba el movimiento del aire, con una rotación de muñeca, en un principio lenta, pero que iba acelerándose en medida que consideraba necesario hacerlo por la velocidad que poco a poco iba creciendo en la ventisca que salía de sus manos.

Tras unos minutos de este ejercicio -mucho más de lo que tomaría a alguien con pericia en esta técnica- creo un pequeño remolino entre sus manos, que soltó en dirección a tierra, tratando de darle un movimiento hacia adelante. Ni bien tocó la tierra el remolino creció enormemente hasta alcanzar casi la misma altura de Yatsuha. Giraba lento, pero levantando bastante tierra y hoja. Cuando pasó sobre las ramas que antes había botado, pareció girar con más y más fuerza, arrastrando también pequeñas piedras y otros elementos del suelo con su potencia progresiva. De pronto se hizo sumamente fuerte y por la cercanía con su ejecutora, incluso rasguñó un poco sus brazos. Dio un salto hacia atrás para evitar más daño y el remolino continuó su camino hasta impactar con el árbol, quitándole ahora casi toda su corteza y volando varias ramas. Era una técnica lenta, pero más destructiva que las hasta ese entonces había probado.

"Impulso de viento", su siguiente técnica, era en principio similar a la almohada de viento que había probado en su combate con Saori, salvo que en vez de efectuar el viento desde las plantas de sus pies, el impulso venía desde sus palmas. Era una técnica de corte más defensivo, pero en el que Yatsuha advertía un potencial mayor. Pájaro y tigre, los dos únicos sellos necesarios, provocaron que tras moldear el chakra elemental en sus manos, una fuerte ventisca saliera de estas, más fuerte que la técnica de ráfaga, pero con un sentido diferente. Estaba claro que podía utilizar toda esa fuerza para dar enormes saltos como con la almohada, pero también un uso alterno que Yatsuha se disponía a probar. Sacó de su estuchero de muslo un kunai que llevó hasta su boca, mientras realizaba ambos sellos. Soltó el kunai para tomarlo con la derecha, lanzándolo con fuerza contra el árbol que tenía enfrente a unos pocos metros. En el momento que lo lanzaba, también envió el impulso, que aceleró la velocidad del kunai, como había imaginado. Este terminó clavado casi hasta la mitad en el árbol, siendo bastante difícil de quitar. El impulso, a diferencia de la ráfaga, era unidireccional y no volteaba o cambiaba el curso del kunai, solo acelerándolo, y por tanto aumentando su eficacia. Probó, como con todas las otras técnicas los alcances de esta, hasta estar segura que entendía por completo su capacidad.  

Ya solo una técnica le restaba por entrenar. Respiró hondo mientras acumulaba chakra en su abdomen. Transformó su chakra en elemental mientras se preparaba para realizar los sellos de unas de las técnicas más fuertes a las que tenía acceso con su capacidad de control. Perro, tigre, pájaro. Lo que ahora intentaría no era una simple ráfaga. Acumulando una considerable cantidad de chakra -en comparación con las otras técnicas- en su puño cerrado, le dio forma en torno a la mano y consistencia con el chakra, que se acumulaba más denso. Dejó salir el chakra en un puñetazo directo hacia el árbol, y junto a él, el viento provocado por el simple movimiento de brazo, que moldeado apropiadamente expulsó un verdadero puñetazo de aire, mucho más poderosos que con la extensión de viento. El golpe, que dio de lleno contra el árbol, lo partió en dos, cayendo este al piso con enorme estruendo.

Estaba contenta. Las técnicas que su padre había por años intentado enseñarle, en solo una tarde había podido completarlas, y todo gracias a Saori. Tendría que invitarle a un ramen cuando viera a esa chica por la aldea. Se sentó algo fatigada en el altar de piedra a beber algo de agua y comer las últimas provisiones que le quedaban, cuando unos gritos llamaron su atención. Se puso de pie de un salto, observando el bosque en dirección desde donde venía el ruido. Al principio solo eran ruidos ahogados que casi parecían venir de otro mundo, más allá del bosque, pero poco a poco los ruidos se fueron haciendo más nítidos. Eran ruidos de persecución, hombres dando graves gritos de "búscale búscale búscale" y "por allí" o "por acá" y de tal estilo. Las sombras se alargaban ya en el crepúsculo, y una figura emergió de entre los arbustos y los árboles. Quedó frente a frente con Yatsuha...

Unas horas antes, después de que sus caminos se habían separado con los de la kunoichi, el grupo ceremonial de sacrificio siguió su camino a los altares del Shuha Shinto. Como la mayoría de las capillas, la de Kusagakure contaba con un solido mesón de roca, finamente tallado con motivos de Yokais y hombres a los que deboraban o arrancaban sus corazones. Había bancas de piedras para los fieles y una especie de pabellón de madera para proteger a los sacerdotes del frío o la lluvia. Era un sitio fantástico, donde la sangre que caía de la mesa por sendos surcos en la roca dispuestos para ello, caía al suelo en canaletas hechas también de roca, que al juntarse todas, formaban una fuente del crobo rojo carmesí bien joroschó. La mayoría de los monjes estaban bien orgullosos de su altar, mas no así el alto inquisidor de la aldea, que acudía a este rápido sacrificio más por tradición que necesidad. Que sus acólitos bien podían hacer el trabajo de sacrificio, pero a él le gustaba personarlos directamente como mandaban las antiguas tradiciones.

-Dejen a los herejes en el altar -mandó el veco starrio a su ayudante y los dos guardias. Hablaba con un dejo cansado mientras observaba con desapruebo la pequeña capilla de madera que les habían construido. -Bah, recuerdo el día en que las cosas se hacían en roca. La roca es eterna e indolente de la sangre. En el invierno caerá una buena tormenta y todo esto se pudrirá, qué ya se los he dicho, ¿eh? a mi no me vengan a pedir nada después, sí -el sacerdote más joven intentaba no ponerle mucha atención al viejo. Tenía un ánimo más positivo, era hombre de comunidad, de unos treinta años, que siempre se mantenía ocupado ayudando más a la gente que preocupado por viejas tradiciones absurdas. Mira que quejarse por la capilla, cuando había tanta gente en la aldea que necesitaba su guía y tanto hereje que precisaba de su cuchillo. Simplemente se dedicaba a amarrar las muñecas y tobillos de la mujer a argollas metálicas que estaban dispuestas en la piedra, muy metódico, como lo hubiese hecho un montón de veces.

Los otros dos guardias se ocupaban del hombre, que con la mirada perdida, parecía estar en otro mundo. Aquella pareja al matadero habían llegado por cuenta ajena. Era un par de mercaderes de la capital, oriundos del país de la Hierba, que por cuestiones de la vida habían terminado vendiendo sus productos en Kusagakure. Eran una familia respetable, creyentes prácticantes, si bien algo flojos, como solía serlo la mayoría de la gente. Su hijo, Rokuto, era un niño que estudiaba en la academia militar, y si bien el niño había estado deprimido el último tiempo, las cosas iban viento en popa para la familia.

Pero todo había cambiado un par de meses atrás. Rokuto había demostrado en clases el mínimo de atención y desde hacía mucho que no se le veía sonreír. Sus padres preocupados habían contratado los servicios de una joven kunoichi de la aldea para que ayudara al chico a encontrar su camino y le diera más entusiasmo su futura vida como shinobi. De hecho, el chico había vuelto bastante excitado de su día junto a la chica, y no encontraba la hora de volverse ninja, para como solía decirle a sus padres "que el mundo fuera suyo". Felices, agradecían este nuevo entusiasmo, sin saber, que sería lo que les llevaría a la ruina.

Una tarde, Rokuto llegaba tarde de la escuela. Pero aquel comportamiento venía volviéndose la norma desde hacía un par de semanas. El día del niño se acercaba y los dos mercaderes pensaban celebrarlo a lo grande, viajado a la capital para el festejo, para saludar a la familia, ver los sacrificios y darle de regalo a Rokuto por su día, una hermosa espada corta de finos detalles en su empuñadura que representaban un león rugiendo en el pomo. Ambos padres, trabajaron hasta tarde esa noche, y para cuando cerraban el local, el chico aún no volvía. Tampoco lo hizo para la cena, momento en el cual su padre se preparaba para salir a buscarlo, pero antes de que tomara su chaqueta, alguien golpeó a la puerta...

Rokuto desde hacía un par de semanas ya que se venía juntando con un par de comadrejas que había aprendido a llamar sus amigos. Eran chicos de los bajos fondos, pero que arriesgaban el pellejo todos los días, robando y delinquiendo por la ciudad. El estudiante, animado por la kunoichi que le había acompañado todo un día, y que le había mostrado como el mundo le abría sus piernas si tenía la suficiente habilidad, venía haciendo uso de las técnicas que estaba aprendiendo en la academia, para robar, espiar mujeres denudas, atacar viejecillas sin dientes y destruir estatuas religiosas a lo largo y ancho de la aldea. Los otros dos granujas, lo estaban utilizando, él no se daba cuenta, pero en el último tiempo, la violencia con que Rokuto realizaba sus malas prácticas había escalado tanto que hasta ellos empezaban a sentir miedo.

Era solo un par de niños muy pobres al fin y al cabo, que solo robaban para poder subsistir, y vaya que lo arriesgaban todo para ello, aunque nunca tomaban los máximos riesgos. Pero Rokuto ya daba miedo y ellos, que no tenían las destrezas de un ninja en formación, nada podían hacer para oponérsele. Actuaron como cualquiera en sus circunstancias hubiera hecho. Lo entregaron a la mínima que pudieron. Le hablaron de sus fechorías, culpándolo solo a él como el responsable de todos los actos vandálicos de las últimas semanas. La justicia fue rápida, y un día que Rokuto salía de la academia, lo tomaron detenido agentes de la oficina del Kage, llevándolo hasta las mazmorras, donde un sacerdote starrio y apegado a las tradiciones, ofreció la carne de sus extremidades a los dioses, como pago de la primera ofensa que había cometido: el robo.

Cuando el padre de Rokuto abrió, un viejo veco, encorvado y solemne, entró en la casa con toda la autoridad que sus vestiduras de alto inquisidor de la aldea le otorgaban. Detrás de él venía un par de guardias que arrastraban a un Rokuto inconsciente, todo apaleado y con unos muñones vendados donde deberían estar sus manos. El niño no alcanzaba a cumplir ni diez años. Su madre se apresuró a socorrerlo, más el viejo se lo impidió. -Su hijo ha cometido numerosos crímenes contra el Estado entre los que se cuentan robo, destrucción de la propiedad privada y estatal, así como otros numerosos de actos vandálicos que se venían perpetrando desde hace algunas semanas. Ha sido castigado correspondiente a su delito. -Sus padres, atemorizados, preveían lo que vendría. Les quitarían sus bienes, su tienda, y probablemente los expulsarían de la aldea. Pero el viejo, lamentablemente, continuó. -Sin embargo, también ha cometido crímenes contra la religión y esto sí que no lo podemos tolerar. Mancilló y destruyó varias estatuas de la aldea dedicadas a nuestros todopoderosos Yokai, y se exige el pago de sangre. Rokuto será sacrificado el día de los niños en la capital, y sus padres, sospechosos de incitarlo, sacrificados tras las festividades aquí en la aldea. Guardias, llévenselos.

Habían estado presos desde entonces, sin mayor consuelo que el haber sido encarcelados juntos. De su hijo no habían sabido nada desde el día en que se lo habían llevado a la capital, seguramente muerto frente a la multitud extaciada. Que asqueroso les debía parecer ahora su religión, y que injusta, pero algo les venía carcomiendo la cabeza desde que les arrebatan a su hijo, las que fueran las últimas palabras que le oyeran: "Yatsuha... que me lo ha dicho Yatsuha..." había murmurado delirante de fiebre de sus muñones infectados. Aquel era el nombre de la kunoichi que habían contratado. Yatsuha, la que había provocado aquello. Yatsuha, el nombre que había repetido a sus carceleros. Yatsuha, la que les había llevado a la ruina. Yatsuha... ¿la mujer que habían visto al llegar a la arboleda?...

Los dos guardias se ocupaban de amarrar sus pies, pero el tipo se estaba tan tranquilo que seguro ni lo amarraban y podrían cortarlo en pedacitos antes que se quejara. Por lo mismo, solo uno se preocupaba de hacer las amarras, mientras que el que tendría que haber estado sujetándolo, simplemente se apoyaba en la cabecera del altar, distraído, hablándole trivialidades a su camarada. La vida regresó a los ojos del sujeto, que antes de que los guardias tuvieran tiempo para darse cuenta, le quitó la espada al que tenía sobre su cabeza, abanicando a todo lo ancho, cortándole el estómago y espantando al segundo. Cortó las amarras de sus pies y se abalanzó contra su esposa. No se hacía ilusiones. No saldría de aquella vivo. Ahora podría hacer lo que nunca antes le habían permitido en la carcel ni le consentirían en la muerte: un final rápido. Cortó el cuello de su esposa, que entre lágrimas le dio las gracias. Pero él no podía morir allí. No todavía. No cuando la causante de todo aquello parecía estar tan cerca...

Finalmente volvemos al momento de más arriba, cuando nuestra joven protagonista estaba frente a frente a un hombre -que sin ella saberlo- le guardaba un enorme resentimiento. Era claro que era una de las víctimas a sacrificio que había visto antes -Tú... Yatsuha... acabaste con Rokuto, le hiciste un hereje... maldita prostituta hedionda, ¡te cortaré en pedazos! -Yatsuha no acababa de comprender lo que ocurría cuando el sujeto se abalanzaba contra ella blandiendo la espada lanzando tajos al aire muy descuidados. Para la kunoichi no era difícil predecir sus estocadas, por lo que podía evitarlo con bastante facilidad, saltando de un lado a otro, dejando que se cansara. No quería atacarlo, no todavía, no sin entender qué ocurría y por qué conocía su nombre. No tardó mucho tiempo en darse cuenta. El nombre Rokuto le sonaba, y aunque tardó unos instantes, recordó al chico de su misión rango D al que le había tratado de subir el ánimo. No se necesitaba ser un genio para deducir lo que pasaba.

Los gritos de los persiguidores estaban casi al llegar. Lo mínimo que le debía a aquel hombre era una muerte indolora. No podía permitir tampoco que el sujeto empezace a hablar cosas incomodas sobre su culpa en los actos de su hijo. Unos cuanto sellos y Yatsuha acumuló una moderada cantidad de chakra en sus palmas. Era una de las mismas técnicas que acababa de dominar. El hombre se lanzó nuevamente con la punta de la espada peligrosamente hacia su estomago. El impulso de viento salió desde sus manos cuando estuvo a escazos metros, lanzándolo por los aires hacia atrás, impactando contra un tronco, soltando la espada, quedando en el piso, llorando. Yatsuha sacó uno de sus kunai del estuche de muslo, y se encimó contra el sujeto, susurrándole un "lo siento" antes de enterrarle la cuchilla con destreza en el pecho, esquivando costillas, tal de traspasarle el corazón en un solo y seco golpe. El hombre alcanzó a contestarle "puta" antes de escupirle sangre en el rostro y dar su último aliento.

El sacerdote joven no tardó en llegar a la escena, seguido del viejo y de ambos guardias. El soldado que había sido acuchillado en su vientre solo parecía tener una herida superficial, y su cota de malla había detenido un corte más profundo. El viejo refunfuñó al ver la situación. -¡No, no, no! ¡Estúpida campesina! ¡No tenías que matarlo tan rápido, era un sacrificio a los dioses! -el sujeto parecía alterado, mas su acólito intentaba calmarlo. -Vamos, que la chica solo se ha defendido, ¿cierto? Claramente es una ninja de la aldea... ¿cuál es tu nombre?

-Yatsuha... Imano Yatsuha... -no le gustaba dar su nombre, pero en esa situación, era lo único que podía hacer. ¿Matarlos a todos? No se creía capaz luchando de frente, aquellos guardias no eran cualquier cosa, al fin y al cabo, e iban con pesadas cotas de malla y cascos.

-Con que Yatsuha, ¿eh?... -el viejo pareció dedicarle una mirada algo más suspicaz de lo que a ella le gustaba, pero reconocía por sus vestiduras que pertenecía a un alto cargo en la jerarquía del Shuha. Era mejor callar. -Claro, no hay nada más que hacer aquí, aunque... -el viejo iba a continuar, cuando se dio cuenta de donde estaban parados. Observó el templo de piedra primitivo maravillado -¡Esto es lo que yo decía, muchacho! -se dirigía al sacerdote más joven. -Es un templo como los de antaño. Menudo tesoro había en este bosque, venga, apunta bien el lugar en que estamos, quiero que realicemos los siguientes sacrificios en este sitio. Kusakage-sama estará encantado, venga, vamos, que te he dicho que apuntes donde estamos, ¡¿eh?! -el sacerdote más joven, girando los ojos, se puso a la tarea, volteando hacia Yatsuha una última vez, dedicándole una sonrisa. -Gracias por tu sacrificio, jovencita -fue lo último que le dijo, a lo que Yatsuha solo respondió con un movimiento de cabeza, limpiándose el esputo sanguinolento del rostro, para recoger sus cosas y largarse de regreso a la aldea.

Al final, marcharse de la aldea ya no parecía solo un sueño, sino una necesidad...
416 líneas
Off Rol:
1. 90 líneas entrenamiento 6/8 técnicas Fuuton
2. 326 líneas restantes:
-315 líneas [(15x2)+(25x10)+(35x1)]: 13 puntos Fuinjutsu
-11 líneas perdidas
Técnicas entrenadas:
• Fuuton: Tsuyoi shōgeki (Viento: Fuerte impacto)
• Rango de alcance:Genin: 5 metros || Chūnin: 8 metros || Jōnin: 15 metros || Tokubetsu: 25 metros.
• Entrenamiento:1º Especialidad: 0 líneas || 2º Especialidad: 15 líneas.
• Sellos: Ninguno.
• Duración: Un turno, el de ejecución y el siguiente del rival.
• Gasto de chakra: 30.
• Descripción:  Técnica básica del elemento Fuuton. El ninja es capaz de reunir una gran cantidad de aire en sus pulmones para que una vez allí éste sea cargado mínimamente de chakra, una vez realizada esta acción el aire es expulsado a través de la boca del shinobi en forma de una fuerte ráfaga de viento concentrado que podrá golpear de forma contundente al enemigo empujándolo o funcionando como un golpe a distancia.
• Extras:  Al ser una ráfaga de viento concentrada no servirá para repeler una gran cantidad de armas arrojadizas, sólo podría detener una por cada vez que se utilice la técnica. Su poder es contundente, no es una ráfaga cortante. Si se utiliza cerca del oponente ésta habilidad es capaz de empujarlo bastante lejos del usuario.

• Fuuton: Bakuhatsu no jutsu (Viento: Técnica de ráfaga)
• Rango de alcance:Genin: 5 metros || Chūnin: 8 metros || Jōnin: 15 metros || Tokubetsu: 25 metros.
• Entrenamiento:1º Especialidad: 0 líneas || 2º Especialidad: 15 líneas.
• Sellos: Mono, Caballo,Perro y Pájaro.
• Duración: Un turno, el de ejecución y el siguiente del rival.
• Gasto de chakra: 35.
• Descripción:  Tras una serie de sellos el shinobi es capaz de acumular una pequeña cantidad de chakra en la palma de ambas manos para luego moverlas fuertemente en forma de abanico. Dicho movimiento generará una pequeña ráfaga de viento  de corta distancia con la fuerza necesaria para detener ataques con armas arrojadizas menores como shurikens, kunais o senbon.
• Extras:  Al ser una ráfaga de viento menor, ésta habilidad no tendrá la potencia para frentar otras técnicas elementales ni tampoco podrá detener armas mayores como un Fuuma Shuriken. Al ser utilizada ésta técnica frente a un oponente (como técnica ofensiva) el único resultado posible serán un par de arañazos.

• Fuuton: Bāsuto kudō (Viento: Ráfaga de conducción)
• Rango de alcance: Genin: 5 metros || Chūnin: 8 metros || Jōnin: 15 metros || Tokubetsu: 25 metros.
• Entrenamiento:1º Especialidad: 0 líneas || 2º Especialidad: 15 líneas.
• Sellos: Búfalo, Pájaro y Tigre.
• Duración: Un turno, el de ejecución y el próximo del rival.
• Gasto de chakra: 45.
• Descripción:  Tras una serie de sellos el ninja usuario es capaz de imbuir una pequeña cantidad de chakra elemental en sus armas arrojadizas al momento de utilizarlas; dicho chakra no servirá para incrementar la velocidad de las armas ni para hacerlas más filosas sino que dará la opción al usuario de cambiar la trayectoria de las mismas una única vez por cada vez que se utilice la técnica.
• Extras:  El cambio de trayectoria en el caso de un ataque múltiple con armas arrojadizas no funciona como conjunto, es decir, la trayectoria de cada proyectil, individualmente puede ser cambiada una única vez a gusto del shinobi usuario.

• Fuuton: Chīsakunaru no jutsu(Viento: Técnica de tornado menor)
• Rango de alcance: Genin: 5 metros || Chūnin: 8 metros || Jōnin: 15 metros || Tokubetsu: 25 metros.
• Entrenamiento:1º Especialidad: 0 líneas || 2º Especialidad: 15 líneas.
• Sellos:  Pájaro, Jabalí, Serpiente, y Pájaro..
• Duración: Un turno, el de ejecución y el próximo turno del rival.
• Gasto de chakra: 35.
• Descripción:  El shinobi usuario es capaz de acumular chakra elemental en la palma de una de sus manos para poco a poco ir moldeándolo de forma espiral, el resultado de tal acción será un pequeño tornado que será enviado en dirección al rival para dificultar su movimiento, empujarlo o simplemente cortarlo. Al momento de tocar el suelo el tornado incrementará su tamaño siendo este igual a la altura del shinobi que utilizó la técnica.
• Extras:  La velocidad de rotación de la técnica será directamente proporcional a la cantidad de elementos desperdigados en el lugar en donde se ha utilizado. La presencia de pequeñas rocas, astillas o incluso armas arrojadizas acelerará el tornado provocando que este sea mucho más dañino pudiendo producir cortes considerables.

• Fuuton: Kaze no ikioi (Viento: Impulso de viento)
• Rango de alcance: Genin: 5 metros || Chūnin: 8 metros || Jōnin: 15 metros || Tokubetsu: 25 metros.
• Entrenamiento:1º Especialidad: 0 líneas || 2º Especialidad: 15 líneas.
• Sellos: Pájaro y tigre.
• Duración: Un turno, el de ejecución y el siguiente turno del rival.
• Gasto de chakra: 30.
• Descripción:  Tras una serie de sellos el shinobi acumula chakra en ambas palmas de sus manos para posteriormente realizar el movimiento de un fuerte empujón hacia adelante. Inmediatamente desde su posición será disparada una fuerte corriente de viento que en una distancia corta podrá levantar al oponente y empujarlo lejos, también acelerará el movimiento de todas las armas arrojadizas que se vean inmersas en el viento.
• Extras:  El impulso de viento es unidireccional y bastante breve, es un pequeño impulso que directamente logrará reducir el movimiento de las armas enemigas más no detenerlas. Al utilizar la técnica en dirección al suelo le permitirá al shinobi elevarse algunos metros en el aire.

• Fuuton: Shinkū burō no jutsu (Viento: Técnica de golpe de vacío)
• Rango de alcance: Genin: 5 metros || Chūnin: 8 metros || Jōnin: 15 metros || Tokubetsu: 25 metros.
• Entrenamiento:1º Especialidad: 0 líneas || 2º Especialidad: 15 líneas.
• Sellos: Perro, Tigre y Pájaro.
• Duración: Un turno, el de ejecución y el próximo turno del rival.
• Gasto de chakra: 35.
• Descripción:  Tras una serie de sellos el ninja es capaz de acumular una moderada cantidad de chakra en una de sus manos para luego expulsarla en un fuerte puñetazo hacia adelante en forma de una fuerte ráfaga de viento; la particularidad es que el chakra empleado logra darle cierta consistencia y densidad al viento provocando que la fuerza del golpe sea mucho mayor al que se pudiera conseguir con el Fuuton: Tsuyoi shōgeki pero su gasto energético es mucho mayor.
• Extras:  La técnica consta de un impacto de viento unidireccional de tal potencia que un impacto directo pudiese llegar a provocar una fractura de algún hueso, troncos delgados no serán suficientes para bloquear el ataque más si una roca sólida.

Misión en Moderación
Shinobi's Justice


Un detalle, tienes en total 416 líneas y para poder subir los stats te hacen falta. No lo cierro para que edites Smile



✓ENTRENAMIENTO ACEPTADO
Shinobi's Justice


Editado


"Nunca ataques en desventaja"

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