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Bienvenido al foro de Shinobi’s Justice, esperamos que tu estancia en el foro sea agradable y lo encuentres entretenido.

Shinobi’s Justice es un foro de rol interpretativo basado en el mundo y la ambientación de Naruto, donde el usuario tiene total libertad para crear el personaje que desee, sin que le falte rol.

El foro posee un equilibrado sistema de subida de parámetros y rangos que permite que se vea una progresión constante, e infinidad de opciones para que el personaje sea único. ¡Te invitamos a comprobarlo por ti mismo!
El ocaso cae en Daichi, y la noche comienza a reinar. En el palacio del feudal, tras meses de planficación, Hikari Aika, feudal de la nación del fuego, aliada con las naciones de la nieve y la tierra, acuerdan terminar definitivamente con los estados practicantes del Shuha Shinto. Los soldados marchan, liderados por sus mejores generales y con pertrechos suficientes para entrar en una cruel guerra. Samuráis, soldados, y ninjas han sido llamados por igual. La guerra se ha desatado, solo queda esperar que no lo consuma todo.

Sin embargo Hikari Aika no marcha con sus tropas. Por primera vez, decide quedarse en su palacio, rezando en el templo de Amaterasu. Es el día de su veinticinco cumpleaños, y espera pacientemente a una sombra del pasado.


♦️
ENLACE AL ÍNDICE DE TRAMAS
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Es la estación del año más cruel y desgarradora, comprendida entre otoño y primavera. Comienza el día 13 de Node y termina el último día de Gami.

Los días ahora tienen tan solo ocho horas de luz al día, disminuyendo cada vez más cuanto más avance la estación, llegando hasta tan solo cinco horas de luz. La temperatura baja en todas las regiones de Daichi, volviéndose un clima frío, desolador. Los días en la Nación del Viento ahora son más agradables, sin embargo al caer la noche el frío se vuelve casi tan insoportable como en la Nación de la Nieve, la cual, ahora experimenta constantes tormentas que cubren todo el país, salvo en la península. Todas las naciones se resguardan ahora del frío, pues los días y las noches son insoportables. Se dice que en los inviernos los yokais proliferan y cubren más el mundo de los humanos.

Precipitaciones constantes en forma de nieve, lluvia, o granizo, descargando en forma de tormentas de nieve cuando el frío se vuelve insoportable, o incluso en granizo en la Nación de la Nieve. Cuanto más se acerca a la primavera, menos frío hará, sin embargo eso no quita lo horrible que de las precipitaciones, que dependiendo del año algunas islas de la Nación del Agua pueden inundarse, y los refugiados ir a la capital hasta que termine la estación.

Los árboles pierden sus hojas hasta quedar en solo un tronco cubierto de nieve, en el mejor de los casos la nieve cubre las hojas y estas aguantan hasta primavera. Sin embargo las bosques de las Naciones del Fuego y la Hierba logran aguantar estas horribles temperaturas sin perder apenas hojas, algo que otros países no logran entender.
¡Bienvenidos a Daichi Magazine, la revista oficial de Shinobi's Justice! En esta revista podréis encontrar entrevistas a diversos usuarios ganadores de awards o cuya participación en una trama haya decantado la misma. Resúmenes de tramas y eventos, y anuncios anticipados de tramas próximas. ¡Si quieres verlas todas, solo haz click en la imagen que hay debajo!

Daichi Magazine
¡Ha habido una enorme actualización en el foro! Ya ha pasado un año desde que abrimos nuestras puertas para mostrar Daichi y todo aquello que lo engloba este pequeño universo, y queremos agradeceros a todos por apoyarnos en este ambicioso proyecto.

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Como habéis podido observar la estética del foro ha sufrido un cambio bastante importante con respecto a la que hemos tenido el pasado año. La gana de colores claros ha dado lugar a una combinación cromática nueva, usando colores que permitan un mayor contraste.

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Modificada la guía de ambientación y cronología, dejando enlaces, descripciones y todo mejor redactado en un solo lugar. Añadido el F.A.Q ambientativo a esta misma guía.

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Nuevo tablón de anuncios que condensa toda la información que había anteriormente en el anterior, más la propia del banner.

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Modificadas las técnicas básicas de la academia para un mejor balance, añadida la técnica de invocación.

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Han sido añadidas las historias y modificado por completo los resúmenes de los 31 clanes y artes que tiene el foro.

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Creado el sistema de profesiones que tanto se pedía, sin embargo este es añadido como algo narrativo y con lo que ganar un poco de dinero. ¡Tenéis más de 100 puestos para escoger!

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El inventario ha cambiado por completo, siendo un precioso y útil código creado por nuestro diseñador, que facilitará mucho las cosas de ahora en adelante.

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Añadida la raza ''Poseído''. que efectivamente hace que en un porcentaje un ser del otro mundo os posea y tome control sobre ciertas acciones.

¿Por qué no te animas a verlo todo por ti mismo? ¡Solo tienes que hacer click a este enlace!

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El alba marcaba la iluminación del nuevo día que entraba por el este y filtraba por las hojas del frondoso bosque del País de la Hierba, como un día más en el que éste suceso se repetía. Los exámenes de chunnin estaban cerca, algunos sucesos estaban maquinando ser realizados en su frontera, otros ya habían sido ejecutados. La aldea originaria del Shuha Shinto estaba abarrotada esos días, sobre todo de curiosos forasteros que buscaban comprar cosas en la villa. Una de las atracciones turísticas para los habitantes de Kusagakure, eran los puedtecitos de las afueras en los que algunos mercaderes extranjeros venían a vender artículos propios de su tierra, lo cual a los habitantes de Kusagakure los llamaba siempre para comprar ciertas cosas que normalmente no se pueden adquirir, y Saori era una de éstas curiosas. Abría sus ojos ya con cierta ilusión, solamente recordando el día que era hoy, el día en que abrían los puestos de comerciantes trotamundos en busca de sustento aprovechando los eventos importantes en el mundo, como el cumpleaños del feudal Kamibara del País de la Tierra, o éste, el examen de ascenso a chunnin en el País de la Hierba; eventos en los que se reunían muchos viajantes de todos los rincones de Daichi. Así, Saori se levantaba de un salto, corría al comedor y se cargaba el desayuno rápidamente, comiendo además menos de lo normal, por alguna razón. Acto seguido, cogía unos poquitos de ryous, y salía pitando conjurando un típico grito al salir de casa - ¡Hasta luego! ¡No tardo! - y dejaba abierta la puerta del despiste.

Saori corría, saltaba y prácticamente volaba por la villa, algo perseguía y necesitaba llegar rápidamente al lugar, al cual acudía con gran ilusión y una notoria sonrisa en la cara, con los ojos más brillantes que cuando el sharingan está activado. Pero entonces, en el camino tropezaba con alguien, al bajar de un salto por donde no debía, chocan con su hermana, Shiore, a la cual no se había dado cuenta que no vió en casa ésta mañana -¡Eh! ¡Pero mira por dónde vas, gilip...! Oh, Shiore, eres tú... - observaba Saori. Shiore cogía del suelo algo que se le había caído envuelto en un papel - ¡Eres una patosa, Saori! La que hubieras liado si no la llegó a tener cerrada... - decía algo frustrada la gemela mientras cogía ese algo. Saori lo miraba con asombro, lo cual era evidente - ¡Eso es...! ¡Es...! - trataba de soltar sin mucho éxito, a lo que Shiore respondía - ¡Vamos, corre! ¡Están terminando y hay muy poquitas ya! - exclamaba Shiore dándole palmadas a su hermana, la cual con la cara descompuesta seguía su camino. Así, Saori alcanzaba los puestos, abarrotados, en los que entre el bullicio, la muchacha buscaba un sonido que despertaba más su apetito - ¡Queda uno! ¡Es el último ejemplar de la temporada! - y también le hacía correr más que nunca hubiera corrido. Al llegar, Saori sacaba un monedero que era un corazoncito de color morado, lo abría, pero antes acudía a cogerlo rápidamente mientras el vendedor exclamaba tensamente - ¡Es la última empanada del desierto! - y justo, al tacto con la empanada, una mano se interpone, palpando la empanada y una mano al mismo tiempo... ¿Qué ocurriría? ¿Quién se comería la última Empanada del Desierto?


Hablo - Pienso - Narro

Sus ropas no estaban en buen estado, más bien se encontraban sucias y algo desgastadas, al igual que su rostro y piel (que este solo estaba manchado con tierra), su cabello se encontraba un poco cresposo e… igualmente en sus brazos estaba reposando un pequeño cachorrito que tenía la patita vendada. Ambos estaban deambulando por la aldea, buscando algún negocio barato para encontrar comida… pues los ryous comenzaban a gastarse y la situación no estaba para derrochar. Por lo tanto la muchacha caminaba a un paso lento y a lo lejos observo una gran cantidad de gente que parecía querer pisarse entre ellos para poder adquirir algún tipo de producto.

Ante la situación extraña se acercó al tumulto y observo ligeramente lo que estaba ocurriendo, se trataba de un puesto de empanadas bastante bueno, eso se notaba por el aroma que desprendía dicha comida, pues le abría bastante el apetito a la joven y al pequeño canino que no comían carne desde hace algunos días. Esto se debía que el alimento vacuno era bastante costoso pues la inflación parecía llegar hasta Kusagakure (¿), por ende la chica no podía costearse comida de ese estilo después de que fue echada de su propia casa; igualmente cazar no era una opción, pues la joven no iba a tomar la vida de otro ser… por ende el pequeño canino (el cual cuidaba Nozomi) estaba conteniéndose de comer carne, y se alimentaba de la comida que compraba la kunoichi.

Por lo tanto cuando vio toda la gente acumulada y percibió el apetitoso aroma, ambos seres (tanto ella como el pequeño perrito de color dorado) comenzaron a tener hambre, pues imaginaron el relleno de carne… por ende la kunoichi se decidió en atacar e ir por una de ellas, pues no estaban caras (había un cartel mostrando su precio). Con bastante delicadeza y destreza se acercó hacia la primera fila junto al pequeño animal que lamia su hocico por el olor.

-Señor una empanada.-

Acotó la joven al escuchar que era la última que quedaba, por ende estiro su mano pero en ese instante sintió como sus dedos chocaban contra otros–antes de llegar a la empanada- cuando vio el brazo dirigió la mirada hacia la niña… Nozomi simplemente trago lento y suspiro mientras retraía la mano. No podía quitarle la comida a una pequeña, eso no estaba bien.

-Señor ¿Me da una porción de tarta?-

Preguntó mientras estiraba su brazo con el dinero en la mano, ante ello el dueño de la tienda le quito los ryous e inmediatamente corto un pedazo de tarta y se lo entregó a la jovencita de orbes azulados, que la tomo con cuidado y comenzó a soplaría mientras empezaba a caminar fuera del grupo de personas, que al escuchar que no habían más empanada optaban por ir hacia otro lado para ver si encontraban otro tipo de comidas.

-Lo siento… perrito…-

Susurró mientras se sentaba en una orilla y cortaba la mitad de la tarta con sus manos para dársela al cachorrito que la comió alegremente, sin importarle si era una empanada u otra cosa.
Para el animal que poseía un cuerpo pequeño eso le bastaba por ahora, pero para la gennin no era tanto puesto que su tamaño era más grande. Ahora solo quedaba hacer más misiones ninjas… ya sea por ella o por el animalito que llevaba en sus brazos, del cual iba a cuidar si o si hasta que sanara.
Saori cogía la empanada antes que esa mano, tiraba de ella como si la otra persona fuese a tirar de aquella como si estuviese en las rebajas y ambas fuesen dos marujas que buscan satisfacer sus bolsillos. Así, lograba la última empanada del desierto, un pastelito relleno con fabulosa carne y una masa que venía del País del Viento, lugar del que procedía ésta delicia gastronómica, que data de inicios de la era ninja como parte de la artesanía folclórica de la Villa oculta de la Arena. Saori lo probó de niña en alguna de las números a festividades, y desde entonces espera con ansia la llegada de la empanada del desierto a Kusagakure, y la disfruta con su hermana y su madre, aunque a su padre parece no gustarle. Pero mejor, aquél día se comió una más, con un mordisco dado pero fue más rápida que su hermana... Así es la vida, igual que hoy había sido más veloz que Nozomi. Pero espera... Aquella chica era... ¿Nozomi? Ella era una chica conocida de la villa, con la que permaneció en compañía en la capital del País de la Tierra, con la que recuerda vagamente dado su estado de embriaguez el haber estado en la vuelta a casa, de la que se despidió con un demoníaco dolor de cabeza en la entrada de la villa al llegar. Era buena chica, muy mona y dulce, dulce como el pan de leche la condenada, capaz de tocar la fibra a una niña hambrienta que no había desayunado para comerse aquella empanada. De buen saber es que era de las pocas personas de aquella villa que valía realmente la pena, así que debió ser lo más sabio que haría la niña - Por favor, póngale un envoltorio, no me la voy a comer aún -.

La joven muchacha caminaba por las tiendas, mirando hacia todos lados con aquella empanada en las manos. De pronto, se ponía frente a una tienda de carnes asadas del País del Rayo. Buey, ternera y todo tipo de cosas suculentas, era algo bastante llamativo por los olores y preciosas brasas que abrían el estómago como un paraguas. Saori preguntaba por el precio de un kilo de comida de una forma bastante llamativa - Ejem... ¿Cuanto me saldría comprar un kilo de comida de ésta? Ehm... De carne de la que sea - preguntaba con rostro extrañado de forma inocente. El hombre de la tienda, sudando, respondía - Serían en total seiscientos ryous... Es mucho dinero, ¿Lo tienes? - respondía con una voz torrentosa. Saori se echaba una mano a la cabeza - ¿¡Pero qué!? ¿¡Qué han cagado esos bichos en vida!? - y sin esperar respuesta, se ponía en pie sobre la barra - ¡Atención, niños y niñas! ¡Hombres y mujeres! ¡Gordos y gordas! ¡Aquí está! - exclamaba al público como un vendedor más, girandose un momento al hombre del puesto - Dale redoble, maestro... - susurraba, lo cual no fue respondido, puesto que aquél hombre estaba estupefacto. Levantaba la empanada y la desenvolvia en alto - ¡Es la última! ¡La última Empanada del Desierto! - exclamaba con un aire místico y gracioso. Todos quedaban en silencio, y de pronto, los sistemas de ventilación que el tendero hubiera puesto comenzaban a expulsar el agradable olor de la empanada más buena y suculenta del mundo. El silencio comenzaba a romperse, y todo el mundo comenzaba a pujar por ella, mientras Saori comenzaba a controlar las apuestas - ¡Dos mil ryous! - se escuchaba en el bullicio - ¡Yo ofrezco cinco mil! - se revaloraba. Saori miran sonriente al hombre de la tienda de nuevo, y a dirigía a él una vez más - ¿Me cambiaría un kilo de carne por la empanada? -.

¤ ¤ ¤

Y ahí estaba, tras cinco minutos, Saori caminaba por las tiendas, buscando a Nozomi y a su amigo, al cual ella se hubiera comido hace tiempo, con dos bolsas llenas de comida. Kilo y medio recibió de manos de aquél grandote kumagakuriano hombre de Kumogakure, gentes aficionadas al dinero. Saori no tendría el placer de comer ésta vez el precioso sabor de su empanada, algo que carcomía sus entrañas... Pero la solidaridad de una chiquilla podía con eso. Un fuerza mayor, como aquella, podía cambiar el mundo si alguna vez se le diese la oportunidad. Y ahí estaba, en la orilla del río sentada con su perro Pulgoso al cual, reiteraba en su mente, se hubiera comido ya. Saori soltaba una de las bolsas de carne en su lado, medio kilo de carne, y se sentaba en su lado sin siquiera mirarla a la cara, abría la bolsa, de la cual surgía un vapor delicioso y que olía a carne calidosa. Metía sus manitas pequeñas y las agitaba, haciendo soñar un pequeño quejido - Vaya... Como quema... Ten cuidado, no vaya a ser que te peles la lengua y quemes vivo al perrito... - advertía mientras se echaba a la boca un trozo de carne con un hueso atravesado, gozando un sabor increíble - ¡Está rico! Para nada como esa carísima empanadilla, pero podemos disfrutar las tres de un buen desayuno, ¿eh? - se dirigía a ella con una sonrisa cálida, nada más tragar. Esperaba sin duda que fuese de agrado de Nozomi.


Hablo - Pienso - Narro

Cuando ambos terminaron de comer, la kunoichi acomodo al canino en sus brazos y se puso de pie para caminar hacia el río, ambos tenían sed –o eso suponía la ninja- por ende tenían que ir a satisfacer ese deseo natural, aunque cabía destacar que podría comprar una botella de agua mineral… pero no lo hacía, porque andaba muy ajustada de dinero. Esto más que nada se debía al problema que había surgido entre ella y su padre, algo que no sabía si podría arreglar… y que ocasionaba una crisis en el bienestar de la joven que de por si andaba viviendo como vagabunda.

Ella era la heredera del clan Fuma, su familia tenía bastante dinero y siempre había vivido como la señorita… como la futura cabeza de aquella comunidad, pero ahora estaba pasando por situaciones difíciles; al decepcionar a su padre en una competencia… él la echo de la casa… sin la posibilidad de tomar muchas cosas que le pertenecían. Por ende la joven estaba deprimida y algo alterada porque los días pasaban y el plazo de un mes que le había dado su madre comenzaba a avecinarse. Por otro lado en sus brazos tenia al pequeño animalito que fue abandonado y a la vez estaba herido… obviamente Nozomi no lo dejaría a la deriva y cuidaría de él hasta donde pudiera.

-¿Crees que tenemos que volver a casa?-

Le preguntaba al cachorrito que movía sus orejas de atrás hacia adelante cuando la jovencita hablaba, esas acciones fueron acompañadas de un ladeo de cabeza que a la gennin le parecía encantador. La verdadera situación era que si bien no poseía todas las riquezas con las que había vivido hasta ahora… ella se encontraba feliz ¿Por qué? ¿Acaso vivir en la calle era algo para estar orgulloso? Posiblemente la mayoría de las personas dirían que no, pero para Nozomi que siempre había vivido encerradas y bajo las normas de la familia Fuma… ser una vagabunda era como encontrar el cielo ¿A qué se debía eso? Porque ella era libre –por así decirlo- de las leyes que regían su clan, podía hacer “casi” lo que quisiera. Nunca había estado acompañada por alguien…y en ese momento el afecto del perrito entibiaba su alma y corazón, más que nada porque sabía que en unos días (si no encontraba una solución a su destino) tendría que quitarse la vida con sus propias manos.

La situación que se encontraba la kunoichi era complicada pero a la vez causaba un gran alivio en su mente, si esos eran sus últimos días… por lo menos los estaba defendiendo sus ideales, y si moría lo haría de la misma forma.

Por momentos la adolescente se detenía en su camino y volteaba hacia atrás para ver la gente que caminaba alrededor suyo… todos ellos eran sus compañeros de aldea, pero si supiera la verdad, de que ella era una hereje, tratarían de torturarla hasta la muerte. Desgraciadamente Nozomi no podía odiar a los aldeanos ni a nadie de aquella aldea, posiblemente solo renegaba ante la religión que imponía ese país... pues si debía de culpar a alguien tendrían que ser los dioses. Ellos eran los responsables de su sufrimiento, pero ningún ente supremo se dignaba a mirarla y ayudarla ¿De qué manera ella podía ir contra todo el sistema que rodeaba a la aldea? ¿Cómo podría ir contra el Kusakage? Ella no podía hacer algo así, a pesar de que amara la vida de todo ser vivo… no poseía las fuerzas para proteger aquellos que eran sacrificado en los rituales.

Entre tanto pensamiento la joven llego al río y se arrodillo en el borde para meter sus manos en el agua y lavárselas, luego recogió un poco de agua con ellas y la llevo hasta los labios para tomar un poco del líquido cristalino. Cuando sacio su sed, tomo al cachorrito –que hasta ahora no tenía nombre- y acerco su hocico al agua para que bebiera (ella hacia esa acción porque tenía miedo de que el cachorro cayera al río cuando intentara beber un poco, así que era mejor si lo sostenía).

Luego ambos se sentaron en la orilla y se quedaron unos minutos en silencio, Nozomi pensaba en una infinidad de cosas y el perrito simplemente optaba por acurrucarse junto a ella mientras escuchaba el sonido del agua en movimiento. El ambiente era muy tranquilo, pero de un momento para el otro este fue quebrado, pues ambos seres escucharon el ruido de una bolsa y vieron como un cuerpecito se acercaba hacia ellos. Por lo tanto la kunoichi se sorprendió un poco y poso detenidamente su vista en la niña que se acercaba, la cual era muy familiar pero no recordaba bien de quien se trataba…

La supuesta desconocida se sentó junto a ella sin mirarla mientras abría una bolsa y salía un vapor calentito… junto al aroma a carne cocida, ante ello el perro simplemente levanto sus orejas y rengueando se dirigió hacia la bolsa, confirmando sus sospechas que se trataba de carne. Mientras tanto el apetito de Nozomi incrementó… pero rápidamente la incertidumbre la invadió por unos instante cuando escucho las palabras de la joven que le hablaba…

-¿En serio? ¿Podemos comer?-

Preguntó un tanto impresionada mientras sacaba dos trozos de carne, uno de ellos los soplaba y luego de enfriarlo un poco se lo daba al cachorrito y por el otro simplemente esperaba que se enfriara para comerlo, ante todo tenia educación (¿) Bueno, no comería como un animal desesperado… solo como un animal.
Igualmente la situación causo que Nozomi se impresionara y sintiera como que no estaba tan sola en el mundo, pues esa chica era la misma que había querido la última empanada… la cual todos deseaban. La acción de resignarla y traerle carne causo que la Fuma se quedara impresionada y a la vez sintiera un cálido sentimiento dentro de ella, pues esa personita era una compatriota suya que posiblemente en unos días pediría por su muerte.

-Muchas gracias, no comíamos carne hace mucho… ¿Sabes que jamás olvidare esto, verdad? Puedes pedirme el favor que quieras… en este momento me veo en una situación complicada pero si la resuelvo podría ayudarte en lo que necesites.-

Las palabras de Nozomi fueron sinceras, pero en su tono se podía ver un deje de tristeza… que trataba de disimular con una alegre sonrisa mientras por fin se dignaba a comer la carne.


69Líneas.
Saori comía aquella carne con sus manos, haciendo que ésta se enfríe con soplidos a cada trozo de carne que sacaba de la bolsa. Estaba deliciosa, ese cocinero kumogakuriano de Kumogakure era bastante bueno, al menos en lo que al tratamiento de la carne se refería. Saori valoraba aquél trabajo, por el cual pagó con la empanada, ya que a ella no le importaba el valor de ésta, sólo su sabor, y cambiarla por la comida le pareció lo más correcto, además, así ese tipo volvía más por Kusagakure para vender su producto. No estaba de más innovar en comer por una vez carne de la Villa oculta de las Nubes y no la famosa empanada del País del Viento, aunque la empanada era superior a cualquier trozo de carne, de eso no cabe duda. Pero no hay mejor que la satisfacción en la mirada de alguien que lo necesita y lo tiene ahora, su sienta que no le falta de nada aunque así no sea. Saori escuchaba los agradecimientos de Nozomi, la cual parecía bastante agradada con el acto de solidaridad con ella. Saori la miraba con los mofletes llenos de comida, la cual trataba ahora de tragar más rápido para poderle responder - Bueno... No te preocupes, amiga. No iba a comerme toda ésta carne yo sola, ¿no? Además, también quería una excusa para asegurarme de algo... Creo que te conozco más de lo que ambas creemos, no recuerdo tu nombre, pero sí tu cara. En el País de la Tierra, en aquél garito de ramen... ¿Estuviste allí? Yo estuve con Yatsuha, una chica de la villa, no sé si te suena, pero bebí demasiado, ya sabes... - recordaba posando su mano en la frente, tratando de recordar algo, pero sin mucho éxito. Saori rebuscaba entre las imágenes que vió en aquella pretenciosa fiesta noble, en la que conoció a mucha gente de la que a penas recordaba su cara. Recordó el cacheo en la entrada, las máscaras, la estatua del señor feudal del País de la Tierra, el abanico de su clan en algún lado, el garito de ramen... El camarero pelirrojo, comida gratis, Yatsuha, el sake... A partir de ahí, no mucho, pero haciendo el esfuerzo, llegaba Nozomi, un tipo con un abanico, más sake... Un beso, caídas, amigable gente Subagakuriana de la Villa oculta de la Arena, más sake... Doce botellas, una bebida verde, un tío bueno... ¿Más sake? Nada, el nombre de esa chica a penas estaba segura de que lo hubiera dicho, y si lo dijo, vino luego del tío bueno, pues después de eso no se acuerda de absolutamente nada... La vuelta a casa, vagamente... Seguro que hubo problemas en el camino, sería lo más normal, y de algún modo guardaba aquella sensación.

Saori suspiraba de pronto, como un suspiro de frustración por no llegar al recuerdo de aquella muchacha. La miraba, sonreía de nuevo con las cejas arqueadas hacia abajo y volvía a hablarle - Nada oye, que no hay manera... Debimos liarla un montón, espero no haber causado problemas a la gente de Iwa... Son buena gente, la verdad, no hubo nadie demasiado imbécil como para jorobarnos el día. Simplemente eso, me acuerdo de tí, y algo me dice que ese recuerdo no es malo, me transmites buen rollo, y no me gusta que mis coleguitas tengan penas, así que quiero que alegres esa cara, si no quieres que vaya a por doce botellas de sake... - bromeaba la Uchiha, tratando de hacer un símil a aquél día para ver si lo captaba como relación entre ambas. Aún así, no sería suficiente, Saori quería saber qué ocurría y qué provocaba aquella cara tan larga. Se ponía de lado, con las piernas cruzadas y mirándola. Daba un mordisco nuevo a la comida, y tras masticarla saboreando la salsita que ésta tenía, volvía a hablar - Bueno, bromas a parte... Dime a quién hay que matar. Digo... Cuéntame ¿qué te pasa? Me traes una cara muy larga, pareces triste y cansada... Y mira ese perro, parece que ya te lo has comido de cómo está de delgado... Así que, mi favor que me debes es que me dejes ayudarte, y lo primero sería que me digas qué te ocurre, ¿sí? - trataba de persuadir la pequeña, justo antes de volver a comer de aquella carne.


Hablo - Pienso - Narro

Un leve escalofrió comenzó a inundarle cuando escuchó sobre el País de la Tierra, el puesto de ramen y Yatsuha, obvio que recordaba aquello… había tomado por primera en vez en su vida y se había puesto ebria. Aquello era un secreto que guardaba bastante bien pues si además sus padres se enteraban de eso… ella seguro ya estaría hecha sacrificio, beber alcohol estaba absolutamente prohibido en su familia pues estar en todos sus sentidos era sumamente esencial para los miembros del clan Fuma. Por lo tanto la joven simplemente se atraganto un poco con la carne, cuando oyó la pregunta de la niña, que rápidamente paso hacia su estómago después de darse unas palmaditas en el pecho.

Ahora la duda es ¿Cómo debería responder? Bueno, lo ideal sería contestar con la verdad… mentir no estaba bien, a pesar de que ser ninja era estar inmiscuido en el “arte del engaño”, pero la cosa era que esa joven había sido demasiado buena y amable con Nozomi y el cachorrito. No merecía ser engañada, mejor era contarle lo que sabía.

La verdad era que ella había tomado bastante alcohol en esa noche, pero en ningún momento perdió la memoria… más bien solo sus sentidos fueron afectados, pero recordaba todo; por suerte no había hecho una locura, simplemente una que otra cosa vergonzosa que haría cualquier alcohólico o alcohólica. Por lo tanto trato de llevar su mente hacia aquella noche y recordó a una niña bastante expresiva y completamente ebria… por lo tanto la kunoichi simplemente abrió grandemente sus ojos para ver a la jovencita que estaba junto a ella.

-Tu eres Saori…-

Susurró un tanto estupefacta pues recordaba todo lo sucedido y como había entregado su pureza a un hombre cualquiera que le abandono, por ende la Fuma simplemente suspiro un poco porque sintió pesar hacia ella… ya que fue abandonada. También se acordó del alcohol que la muchachita bebió, algo que en su vida olvidaría… pues no había cosas más bizarra que ver a una niña tomando tanto (sin mencionar que ella ni Yatsuha la detuvieron). La verdad era que Nozomi al recordar aquello se sentía un poco responsable porque no pudo cuidar de ella.

-Mi nombre es Nozomi, efectivamente estaba en aquel lugar… tú te encontrabas un poco ebria…-

Acotó ocasionalmente mientras miraba disimuladamente hacia donde estaba el cachorrito  que comía ferozmente la carne hasta llenarse y terminar acurrucándose junto a la comida para dormir una pequeña siesta; eso le causo bastante gracia a la kunoichi que simplemente levantó sus hombros mientras aparecía una sonrisa en sus labios.

Luego la kunoichi escucho las palabras de la jovencita, frases que le hicieron sonreír y de cierta forma emocionarse un poco porque ella no tenía amigas… ni a nadie para contarle sobre las situaciones complicadas por las que pasaba, por ende en ese instante no se sintió sola y decidió que era mejor hablar, no contaría que era hereje pero sí sobre lo que había pasado para que llegara a ser una vagabunda de la aldea.

-Bueno… en primer lugar no podría beber sake en la aldea, si mi familia se entera  me sacrificarían…-

Dijo mientras le daba un bocado a la carne para terminar el trozo que tenía en sus manos, gracias a eso la ninja ya estaba satisfecha, por ende no agarro más comida.

-A decir verdad todo empezó con la competencia que se hizo en mi familia, yo tenía que competir con mi prima mayor… era una carrera de velocidad por la aldea, la ganadora tendría la aprobación de sus padres, la cuestión es que mi padre y mi tío habían apostado cosas costosas en esa competencia…-

Mientras hablaba tomaba el cuerpecito el perrito que parecía apenas despertarse por lo lleno que estaba, y lo colocaba sobre sus propias piernas para que durmiera tranquilamente.

-La cuestión es que cuando comenzó la competencia ambas íbamos igualadas… pero en un momento a mi prima se le cruzo un cachorrito y ella en vez de esquivarlo lo pateo y siguió corriendo; yo me detuve y lo auxilie… por ende fue descalificada.-

Se podía notar que el tono de voz estaba poniéndose un poco molesta, eso era por recordar como su propia prima actuó con el cachorrito que tenía en ese momento sobre sus piernas.

-Por ende cuando llegue a mi casa mis padres me dijeron que no volviera, que no necesitaban a un hija como yo; pertenezco al clan Fuma y son muy estrictos con las reglas, digamos que la vida de un animal no es una prioridad, más bien lo es la gloria.-

La última frase era más bien llena de indignación pues odiaba ese tipo de cosas porque ella había estaba inmiscuida en aquel sistema de su familia. Inclusive aún seguía dentro de él, aunque no se diera cuenta.


56 líneas.
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