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No te olvides de visitar la Guía de Combate que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. En Shinobi's Justice utilizamos un sistema de combate de rol interpretativo donde empleamos técnicas y un sistema de parámetros, así como un medidor de chakra. Recordamos que las técnicas y los parámetros son interpretativos, no deben tomarse siempre al pie de la letra. Se puede ganar un combate cumpliendo las normas y describiendo bien tanto el escenario como la situación aunque se esté en desventaja, del mismo modo que se puede perder un combate ganado al no cumplir las reglas.






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No te olvides de visitar la Guía de Ambientación que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. A la hora de crear tu personaje es muy importante que pienses la religión, el país, y la aldea, pues cada una es, a su modo, única. Aconsejamos una lectura pausada para poder elegir lo mejor para el personaje que desees crear.






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No te olvides de visitar la Guía para Novatos que proporciona el foro, ahí está todo muy bien detallado y es una guía bastante completa. A la hora de hacer los registros, no olvides que debéis hacer el registro de pb, aldea, y expediente primero antes de poder rolear. Podéis rolear sin ficha ninja y sin cronología, sin embargo, para participar en un evento o vayáis a terminar un tema debéis tener creada ambas, tanto la cronología como la ficha.




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Nombre: Mal día
Rango de la misión: D
Paga de la misión: 250 Ryous.
NPC de Staff: No permitido.
Lugar: Kirigakure no sato.
Número de post:30 líneas.(Calibrí,11).
Descripción: Todo habitante de la aldea sabe perfectamente el lluvioso tiempo y la neblina que se esparce por la isla, pero en este caso, la señora Yamatoshi parece que no lo sabe tras vivir 68 años en la aldea. Posiblemente sea la mujer más amable y divertida del lugar, un jounin de rango alto te ha pedido que lleves un paraguas y guíes a la anciana en su poca vista,ya que es querida por todos, hasta su hogar.

Salvo por la densa niebla que escondía a la aldea de ojos extranjeros, Kirigakure no tiene mucho misterio. Es una localidad como cualquier otra, y a duras penas ocurre nada interesante. Debo suponer que la rutina de aquí, como la de cualquier parte, debe ser aburrida. Un arma letal que agota al individuo, que lo encarcela en la monotonía. Quizá yo sea la excepción, quizá el pasotismo me viene heredado de nacimiento.

Me visto a un ritmo medio, no tengo prisa por llegar a ninguna parte. Me pongo la capucha de la gabardina antes de salir de casa. Llueve, y no solo eso, la humedad que lleva asentada en la aldea desde el principio de los tiempos no se lleva bien con mi peinado pues este se ve continuamente perjudicado por el tiempo. Por último, cojo un paraguas, tampoco me gustaría llegar a mi destino empapado.

Una vez en la calle tomo la dirección hacia la oficina del Kirikage. No es que me apetezca demasiado tomar una misión, pero mis tíos me han estado presionando para que empiece a ganar mi propio dinero.

-Dios mío –pronuncio, elevando la mirada al cielo–. ¿No puede el mundo vivir en paz para no tener que necesitar a los shinobis?
Cualquiera que me oyera podría pensar que hay una vaga conceptualización filosófica detrás, yo sólo pienso que hablo solo por retroalimentar mi propia vagancia. Entre tanto, ya he llegado a la oficina. Entre todas las misiones para elegir, no sé cuál me da más pereza.

Acabo eligiendo una que me exige acompañar a una anciana hasta su casa. “Qué se piensa esta gente, que voy a recoger los restos de los otros. No es mi culpa que sean unos puercos”.

-Hola, jovenzuelo.

Doy un brinco, sorprendido, al escuchar la voz tan cerca de mí sin haber notado su presencia. Por suerte para mi orgullo, la anciana a penas ve nada así que no se ha percatado que me ha asustado.

-Yo le acompañaré, señora Yamatoshi –le anunció, inclinando cortésmente la parte superior de mi cuerpo a modo de reverencia.

-Qué educado…

-Kioshi.

-Encantada, Kioshi, ya me irás contando quiénes son tus padres que igual los conozco. Sí, sí.

***

Temí en un primer momento tener que hablar de mí mismo a esta señora, pero lo que está pasando es incluso peor: acabamos de salir del despacho y todavía no ha habido un solo momento de silencio. Historia tras historia, esta mujer parece haber decidido estropearme el cerebro con sus batallitas de joven.  Yo asiento por educación, pero a cada segundo que pasa pierdo la paciencia.

Me tengo que adaptar a su caminar lento. “Qué tedioso”, pienso. Además que está usando mi paraguas, viéndose parte de mi cuerpo no resguardada de la lluvia. Lentitud, mojado y de vez en cuando se para en alguna tienda. No entiendo cómo todo el mundo puede quererla tanto.

-Kitoshi…, ¿no te parece sorprendente esta aldea? –me pregunta repentinamente , cambiando el tema de la conversación en un ángulo de noventa grados.

-¿Eh? Bueno yo… -no sé muy bien qué decirle, me ha pillado totalmente desprevenido y tampoco es que tenga una pasión incondicional hacia la aldea.

-Poco a poco irás comprendiendo, a medida que vayas conociendo los secretos que se guardan en su historia. La gente de aquí no deja de sorprenderme cada día más, da igual cuán arduo sea el camino, tampoco estamos dispuestos a doblegarnos por nada ni por nadie. Como tú, que haberme acompañado debe haberte resultado insufrible.

Solamente la lluvia y el viento hablaron durante el resto del camino. La abuela permanece callada desde hace un buen rato, peo no parece molesta; lleva desde que salimos con una sonrisa mal disimulada.

Se para y levanta la vista. La imito, tratando de adivinar qué está mirando. O más bien, qué está tratando de mirar. Pero no logro encontrar nada inusual. La niebla es suficientemente densa como para que los últimos pisos de los edificios sean solo siluetas oscuras. Entre estas siluetas suele levantarse un follaje vivo debido a que las condiciones climáticas lo permiten. Pero no hay más, lo de siempre.

Auch! –exclamó al notar el golpe de una piedra contra mi cuello–. ¿Quién ha sido el sinvergüenza? –me separó de la abuela, frustrado, esperando pillar al gamberro que nos molesta sin motivo alguno.

Miro alrededor, pero lo único que consigo es mojarme entero. De pronto, me golpea otra piedra desde una dirección diferente a la anterior. Parece que hay dos. Sin darme tiempo a procesar la información y llegar a una conclusión, me golpea otra piedra desde un ángulo superior. No sólo son dos, son mínimo tres. Flexiono mis rodillas, me mantengo en una posición defensiva; esperando que vuelvan a lanzarme piedras.

-Tú, ¿qué crees que estás haciendo? –grita una voz aguda, propia  de un niño que recién empieza en la academia.

Frente a mí se dibuja una pequeña figura que avanza rápidamente hacia mí. La silueta me arroja una cuarta piedra, pero esta vez sí que consigo apartarme a tiempo para que no me dé. Detrás de mí se escucha otro grito agudo, como si me estuviera declarando la guerra. Me agacho de forma totalmente instintiva, pasando por encima de mí otra piedra. Cuando parece que los dos niños se han cansado de seguir incordiándome, escucho un débil zumbido; haciendo que dé un salto de la sorpresa.

A los segundos, se escucha a un objeto chocar contra el suelo y salir disparado a un lado de la calzada. Resulta que era otra piedra. “No se van a cansar nunca, están empezando a mosquearme”. Corro a coger una de las piedras que reposaban en el suelo, no eran muy grandes, y la lanzo en la densidad de la neblina.

Se escucha un lloriqueo, parece que le he conseguido dar. De la nada salen tres enanos que van directos a la anciana, se abrazan a ella y estiran de su túnica como si estuvieran rogándole por atención.

Uno ellos, el de la izquierda, parece que tiene un rasguño de nada en el hombro. Debe haber sido ese al que le he dado por pura casualidad. La abuela parece no darle importancia, así que me doy por satisfecho de cómo ha terminado este inesperado duelo.

-Tranquilos, este chico tan caballeroso me estaba acompañando hasta casa. Nada más. Anda, venid aquí, traviesos. –dijo la abuela, sacando de la túnica una bolsa de una panadería en la que nos habíamos detenido.

-Dulces, dulces, dulces. –las sombras dejaron de serlo, ahora eran mocosos bastante idénticos. No sé muy bien si veía bien, o es que alguna de los golpes me había creado una conmoción.

-Parece que ya conoces a mis nietos, los cuido yo desde que sus padres… se fueron. Son trillizos, y todo un martirio. Disculpa que te causaran tantas molestias. –aunque se puede adivinar de lejos que la carga significativa de sus palabras es amarga, la señora mantiene una sonrisa benevolente que me ha llegado a conmover.

-No es nuestra culpa que sea tan déb… -uno de los niños no ha podido acabar la frase, parece que la abuela también sabe dar collejas.

-No te preocupes más por mí, vivo aquí atrás. Ten el paraguas, aunque ya estés empapado por culpa de mis diablillos. Muchas gracias, jovencito.

Tras despedirme de la abuela, camino murmurando todo tipo de insultos hacia esos críos insolentes. Por su culpa estoy totalmente empapado. Maldita misión, no solo ha sido aburrida, sino que además me ha dado trabajo. En fin, ahora me dirijo a la oficina de nuevo, a recoger mi recompensa bien ganada. Y ya mañana será otro día.
Líneas: 97
Letra: Calibri, 11
Sobrantes: 97 - 30 (misión) -35 (stat)= 32 líneas sobrantes.
Entrenamiento: +1 de percepción (debido al conflicto con los nietos de la señora)

✓MISIÓN ACEPTADA
Shinobi's Justice


Tienes un total de 79 lineas. Aún así te da para el punto de percepción por lo que no hay problema. Para que la próxima vez las lineas te den bien debes de quitar los espacios entre párrafos, de este modo lo contaras a la perfección siempre y cuando tengas Calibri 11


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