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Bienvenido al foro de Shinobi’s Justice, esperamos que tu estancia en el foro sea agradable y lo encuentres entretenido.

Shinobi’s Justice es un foro de rol interpretativo basado en el mundo y la ambientación de Naruto, donde el usuario tiene total libertad para crear el personaje que desee, sin que le falte rol.

El foro posee un equilibrado sistema de subida de parámetros y rangos que permite que se vea una progresión constante, e infinidad de opciones para que el personaje sea único. ¡Te invitamos a comprobarlo por ti mismo!
El ocaso cae en Daichi, y la noche comienza a reinar. En el palacio del feudal, tras meses de planficación, Hikari Aika, feudal de la nación del fuego, aliada con las naciones de la nieve y la tierra, acuerdan terminar definitivamente con los estados practicantes del Shuha Shinto. Los soldados marchan, liderados por sus mejores generales y con pertrechos suficientes para entrar en una cruel guerra. Samuráis, soldados, y ninjas han sido llamados por igual. La guerra se ha desatado, solo queda esperar que no lo consuma todo.

Sin embargo Hikari Aika no marcha con sus tropas. Por primera vez, decide quedarse en su palacio, rezando en el templo de Amaterasu. Es el día de su veinticinco cumpleaños, y espera pacientemente a una sombra del pasado.


♦️
ENLACE AL ÍNDICE DE TRAMAS
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Es la estación del año más cruel y desgarradora, comprendida entre otoño y primavera. Comienza el día 13 de Node y termina el último día de Gami.

Los días ahora tienen tan solo ocho horas de luz al día, disminuyendo cada vez más cuanto más avance la estación, llegando hasta tan solo cinco horas de luz. La temperatura baja en todas las regiones de Daichi, volviéndose un clima frío, desolador. Los días en la Nación del Viento ahora son más agradables, sin embargo al caer la noche el frío se vuelve casi tan insoportable como en la Nación de la Nieve, la cual, ahora experimenta constantes tormentas que cubren todo el país, salvo en la península. Todas las naciones se resguardan ahora del frío, pues los días y las noches son insoportables. Se dice que en los inviernos los yokais proliferan y cubren más el mundo de los humanos.

Precipitaciones constantes en forma de nieve, lluvia, o granizo, descargando en forma de tormentas de nieve cuando el frío se vuelve insoportable, o incluso en granizo en la Nación de la Nieve. Cuanto más se acerca a la primavera, menos frío hará, sin embargo eso no quita lo horrible que de las precipitaciones, que dependiendo del año algunas islas de la Nación del Agua pueden inundarse, y los refugiados ir a la capital hasta que termine la estación.

Los árboles pierden sus hojas hasta quedar en solo un tronco cubierto de nieve, en el mejor de los casos la nieve cubre las hojas y estas aguantan hasta primavera. Sin embargo las bosques de las Naciones del Fuego y la Hierba logran aguantar estas horribles temperaturas sin perder apenas hojas, algo que otros países no logran entender.
¡Bienvenidos a Daichi Magazine, la revista oficial de Shinobi's Justice! En esta revista podréis encontrar entrevistas a diversos usuarios ganadores de awards o cuya participación en una trama haya decantado la misma. Resúmenes de tramas y eventos, y anuncios anticipados de tramas próximas. ¡Si quieres verlas todas, solo haz click en la imagen que hay debajo!

Daichi Magazine
¡Ha habido una enorme actualización en el foro! Ya ha pasado un año desde que abrimos nuestras puertas para mostrar Daichi y todo aquello que lo engloba este pequeño universo, y queremos agradeceros a todos por apoyarnos en este ambicioso proyecto.

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Como habéis podido observar la estética del foro ha sufrido un cambio bastante importante con respecto a la que hemos tenido el pasado año. La gana de colores claros ha dado lugar a una combinación cromática nueva, usando colores que permitan un mayor contraste.

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Modificada la guía de ambientación y cronología, dejando enlaces, descripciones y todo mejor redactado en un solo lugar. Añadido el F.A.Q ambientativo a esta misma guía.

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Nuevo tablón de anuncios que condensa toda la información que había anteriormente en el anterior, más la propia del banner.

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Modificadas las técnicas básicas de la academia para un mejor balance, añadida la técnica de invocación.

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Han sido añadidas las historias y modificado por completo los resúmenes de los 31 clanes y artes que tiene el foro.

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Creado el sistema de profesiones que tanto se pedía, sin embargo este es añadido como algo narrativo y con lo que ganar un poco de dinero. ¡Tenéis más de 100 puestos para escoger!

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El inventario ha cambiado por completo, siendo un precioso y útil código creado por nuestro diseñador, que facilitará mucho las cosas de ahora en adelante.

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Añadida la raza ''Poseído''. que efectivamente hace que en un porcentaje un ser del otro mundo os posea y tome control sobre ciertas acciones.

¿Por qué no te animas a verlo todo por ti mismo? ¡Solo tienes que hacer click a este enlace!

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Misión:

Nombre: Did he burn in hell?
Rango de la misión: C.
Paga de la misión: 450 Ryous.
NPC de Staff: No permitido.
Lugar: Kusagakure no sato.
Número de post: 60 líneas. (Calibrí,11).
Descripción: Dedicado al asesinato de civiles, comprometido con la sangre que desean las manos ajenas, pero que corren por las suyas; Ideo Kamoto, un asesino a sueldo que a cambio de unas cuantiosas monedas podría dejar fuera de este mundo a cualquier civil de cualquier nombre en cualquier hogar, sin interesarse de las repercusiones, ahora eso no seguirá siendo así. La misión es fácil y concreta, deshacerse del sujeto, no dejar que sus crímenes perjudiquen nuevamente al País de la Hierba.
NPC:


- No importa cuántas personas mueran, los dioses nos crean para morir, nunca se sacian, por eso seguimos naciendo -

Nombre: Ideo Kamoto
Clan: Kaguya ichizoku
Especialidad: Taijutsu
Elemento: Raiton
Rango: Chunnin
Aldea: Renegado de Kusagakure
Religión: Shuha Shinto


Un nuevo día surgía por el horizonte, un momento de calma entre los que quedan de siniestras brumas entre las fronteras del País de la Hierba. Los pajaritos cantaban mientras revoloteaban por el cielo azul de la villa oculta más oscura de todas, más sectaria y sangrientas a pesar de ser de las más recónditas y pequeñas. En sus calles rondaba hoy un asesino a sueldo, con un objetivo y un nombre, el cual debía sentenciar antes del día siguiente por alguna razón. Quedaba relativamente poco para la llegada del destino final de aquellos confrontados por el destino. A pesar de todo aquél marco, una trama oculta aguardaba en el espacio de lo que a ésta misión respecta, alguien habría tenido que llamar al famoso asesino Ideo Kamoto, nombre temido por las personas del País de la Hierba. Así, en un paso seguro y alentando a la sospecha colectiva, un muchacho de a penas once años, inocente y libre de sospecha, entraba en un oscuro callejón de la villa. Era un gennin, un chiquillo recién graduado en la Academia con unas notas muy pobres y mediocres, pero logrando pasar por alto la prueba tan sencilla que supone el examen de graduación. Al entrar, el muchacho visionaba una pared, a la cual, recibió la orden de dar una pequeña oración un tanto siniestra - No importa cuántas personas mueran, los dioses nos crean para morir, nunca se sacian, por eso seguimos naciendo - invocaba con una voz temblorosa, algo asustado, sin duda. Al paso de las palabras en el eco del oscuro callejón, llegaba la figura por alto del muro, una imagen siniestra como pocas, inhumana a la vista, pero que aquél muchacho vería de un modo distinto desde su posición, pudiendo visionar los negros ojos vacíos de Ideo Kamoto - Buenas, joven... ¿Qué se ofrece? - preguntaba una voz juvenil pero algo ronca y seca. El joven se estremeció ante una figura tan desestimadamente oscura. El muchacho sacó de entre sus ropas un pergamino, completamente blanco con una banda rosada - Buenas, ¿es usted el señor Miyamoto? - preguntaba con la voz temblorosa, tratando de seguir las órdenes dadas lo mejor posible. El joven bajo una capucha negra, saltaba abajo justo delante del joven, el cual retrocedía bajo su imponente presencia - Sí, joven. Soy yo mismo... ¿Algún mensaje? - interrogaba sonriente aquél muchacho. El chiquillo extendía el pergamino y lo entregaba en mano, notando una fría mano al contacto con el falso señor Miyamoto - Supongo que tus superiores te habrán informado de que ésto es alto secreto... ¿verdad? Te habrán instruido sobre lo de que no puedes decir nada sobre ésto, ¿cierto?- preguntaba en tono serio mirando intimidantemente, a lo que el chiquillo asintió, y tras una mueca de Ideo, salía por piernas del lugar. Ideo Kamoto tomaba el pergamino, lo abría y encontraba un papel en blanco, en el cual habría un sello, cuyo kanji era el nombre propio 'Kamoto'. El joven alargaba su dedo pulgar hacia su boca, dando un mordisco en su yema y haciéndose sangre en el mismo, y al posarlo por el sello, la tinta tomaría otra forma, un texto extenso ilegible por el momento, donde solamente se visionaba un nombre - Uchiha... Saori -

¤ ¤ ¤

En el hogar de la familia de los Uchiha, ese núcleo residencial reducido de miembros del clan que habitan en el País de la Hierba desde hace no muchas generaciones, la vida comenzaba a despertar. Los padres de las hermanas daban rienda suelta a una profunda discusión sobre algo que parecía preocupante de verdad, sobre todo a Sakura. Su padre, Hisao Uchiha, también estaba preocupado, pero parecía ver alguna solución - Tranquila, cariño... No permitiremos que ocurra nada a las niñas, no van a poder con nosotros por muchos que sean, sólo tenemos que hacer lo que nos han pedido para demostrar nuestra preferencia religiosa... Sólo debemos demostrar que no somos unos herejes - decía Hisao con rostro serio, q lo que Sakura no era capaz de responder igual - ¿¡Pero qué dices!? ¿¡Herejes?! ¡Ellos son los herejes, ellos son quiénes matan en nombre de los dioses! ¿¡Acaso deberíamos aceptar torturar a ese chiquillo!? ¡No puedo! ¡NO PUEDO! - exclamaba al borde del infarto. Hisao tomaba sus brazos y la zamarreaba, tratando de hacerla callar - ¡Sakura, no grites! ¡Vas a despertar a las niñas! ¿Quieres eso? ¿que se enteren? - preguntaba persuasivamente, a lo que - No Hisao... Ellas no... Ellas no saben nada de lo que está ocurriendo, ellas deben ser ajenas a todo ésto... Ellas no tienen culpa de nada - respondía ahora susurrante. Hisao abrazaba a su mujer, tomaba aire, y ambos lloraban abrazados - Saldremos de ésta, cariño... Te lo prometo -. Pasaron algunas horas, el ambiente se calmaba un poco, la familia Uchiha se ausentaba de su trama interna. La razón, una suposición de herejía por parte de las autoridades shintoistas de la villa. Planteaban que aquella familia de origen extranjera, tanto en cuanto había antepasados cercanos originarios de renegar del País del Fuego, para colmo no profesaban fervientemente el Shuha Shinto, a lo que propusieron una salida a los padres de familia: Protagonizar un sacrificio humano, o que se usase a una de sus hijas como tributo; cualquiera de las dos como muestra de su fe. Sólo así podrían salvar su posición, y ya se estaba a punto de ocasionarse el tope de tiempo dado para decidirse. A pesar de ello, parecían haber tomado una decisión, y se dedicaba el joven Hisao a informarles de la misma. Habría salido dispuesto a solucionarlo todo. Saori y Shiore se levantaban, aquél día ambas tenían trabajo. Shiore iba a partir a algún país extranjero a una misión exterior, de la cual no había hablado suficiente nunca. No paraba de decir lo que haría y lo que lograría, que estaría con los aliados en el extranjero y que podría aprender muchas cosas nuevas. Saori en cambio, no saldría de la villa, había sido citada por la central de encargos del ejército de Kusagakure. Allí recogerá hoy una misión, no sabía cual, pero la chica esperaba, como siempre, algo mediocre y aburrido. Cazar gatos, cortar árboles o buscar niños perdidos, matar mosquitos gigantes o algo así, cosas aburridas que no tenían ningún riesgo ni peligrosidad excesiva, lo cual enfadaba un poco a la muchacha. Además, Shiore no dejaba de restregar que su misión tenía mayor importancia, que la suya era una patata. Saori no podía ese día estar más molesta.

Saori salía de casa hoy de morros, había sido demasiado aguantar las burlas de su hermana, pero nada podría con su moral, iría a hacer lo que le pidan para seguir comprando herramientas ninja y poder aumentar su inventario. Su hermana y ella hicieron un pacto, y es que ninguna de las dos podría pedir dinero a mamá para comprar cosas en la tienda ninja, debían hacerlo con su propio trabajo, y Saori había adquirido hasta hoy varias armas, no muchas, pero las misiones de rango D daban más bien poco dinero, aunque habría adquirido recientemente un extraño artefacto. Saori había comprado un mecanismo que se lleva en el brazo, algo que a ella gustaba llamar el as bajo la manga, pues era un cacharro capaz de guardar en sí kunais ocultos a los cuales se accede a partir de la activación de sendo mecanismo. Hoy lo había traído por estrenarlo si se daba el caso o para al menos acostumbrarse a llevarlo. La verdad es que le alegraba ir extendiendo sus armas, pero todo el dinero que iba cogiendo, lo gastaba en éstas cosas. Al fin y al cabo, la paga crecería cuando le manden a misiones más complejas su las que llevaba hasta ahora, y tendría su recompensa al cabo de hacer muchas... De momento tres de las misiones fáciles, a ver hasta cuando podrían estar enviando a Saori a las tonterías que le enviaban hasta ahora. Pero la sorpresa sería mayúscula al llegar a la central de misiones para los ninja de la villa, donde recibía al fin una misión de rango C - ¿¡De verdad!? ¡Una misión de rango C! ¡Al fin una misión de riesgo! ¡Mis esfuerzos han sido recompensados al fin con una misión buena! ¡Podré demostrar que estoy preparada para ser Kusakage! - exclamaba muy entusiasmada la muchacha, dando saltos y gritos con una voz chillona y chirriante - ¡Eh, chica! ¡Vamos, cálmate! ¡No tengo tiempo para ésto, como no te calles le damos la misión a otro! - advirtió el hombre que le daría la misión, a lo que Saori, en un intento de mostrar seriedad, practicaba una pose marcial que la colocaba como un palo en el frente del shinobi. Con rostro agotado, pasó a darle el pergamino - A ver... Sí, es ésta. Es una misión bastante importante, la verdad es que ya se ha intentado varias veces, pero el hombre al que te enfrentas no es ningún pelele... La misión trata sobre cazar a un hombre, a un tal Ideo Kamoto, un tipo que asesina a gente por dinero, y que no tiene ningún tipo de moral ni valores. Es un asqueroso bandido que para colmo, traicionó a la villa hace mucho tiempo, y el Kusakage ha dado una orden clara de ejecución para éste imbécil... Sus habilidades son un misterio, nadie ha peleado con él, pues el muy bastardo ataca a traición a los hombres enviados antes de que puedan hacer nada. De los tres enviados, dos desaparecidos y una víctima mortal, mas los ciudadanos que hayan pasado inadvertidos o que han aparecido muertos. La villa no ha querido dar muchos detalles para no caer en un auge del terror de la gente, por lo que no sabemos mucho, sólo que tienes que averiguar todo sobre el tal Ideo y llevarlo ante la ley, pero seguramente no podrás, así que deberás acabar con su vida... Veo que es la primera vez que te envían a una misión arriesgada, y para colmo, no me consta que te vaya a acompañar nadie, ciertamente es extraño - decía el hombre con rostro extraño. Mientras hablaba, rascaba su cabeza con un lápiz, y escribiendo algo en un papel, preguntaba de nuevo - Esto... ¿Saori? Sí, eso es... Si quieres, puedo dar a conocer el error y hago que se te asigne un compañero, algún otro gennin de la aldea, que seguro que está disponible alguno... ¿Te parece? - interrogaba el hombre, finalizando la pregunta con un enérgico bostezo. Saori se descuadraba de nuevo - ¿¡Qué!? ¡Ni de coña! ¡Un gennin de lujo como yo no necesita ayuda para ésto! ¡Estoy seguro de que me nombraréis Kusakage nada más traeros a ese tipo amarrado del cuello, que lo sepáis! ¡Dejadme a mí al Mideo Kusamoto ese, que me lo ventilo antes de diez minutos! ¡Ponme un cronómetro, ya verás! - fanfarroneaba. El funcionario miraba por un momento a Saori, pero ni de coña podía permitir que hiciese aquello sola - ¡Eh, Sakamura! ¡Necesitamos a un apoyo por aquí para una misión de rango C! ¡Busca por el edificio a algún gennin que haya terminado con su misión y que quiera unos ryous extra! -


Hablo - Pienso - Narro

A la mañana siguiente de haber completado aquella misión de talar árboles Heihachi se levantó con bastante buen humor, aquel herrero le cayó bastante bien y hacía tiempo que no probó un sake tan bueno, así que su humor estaba yendo en alza, ni siquiera se cambió de ropa, simplemente preparó su pipa y salió temprano de la casa aun portando unos pantalones cortos y una camiseta de tirantes, los zancos de madera resonaban mientras recorría los puentes que unían las distintas casas árbol, se paseó por el lugar sin más, necesitaba despejarse y pensar sobre su próximo entrenamiento, fumaba de su pipa con paso parsimonioso, saludó a los vecinos que se encontró, tenía en su cabeza todo tipo de dilemas que no le dejaban centrarse en lo de su entrenamiento. Observó el cielo mientras caminaba distraído, entonces escuchó una voz familiar.-Hermanitooooo-Desde lejos, dos casas árbol más allá un grupo de niños se acercó empuñando kunais de madera y shurikens de cartón, los lanzaban a todo aquel que se cruzaban, uno de los abuelos de turno sacó una escoba para intentar a golpear a alguno de los gamberros que le tiraron la taza de té al pasar.-¡Ueeeeh viejo no nos pillas!, ¡Jajajaja!, ¡Corred hermanito nos protegerá!-Dijo Kotaro corriendo con una sonrisa iluminando su infantil y rechoncha cara.-Como te pille verás, ¡Mocoso!-El anciano empecinado en hacerles pagar continuó esgrimiendo aquella escoba como un arma mortal mientras golpeaba a algunos de los más rezagados, perdieron a algún que otro de grupo que huyó espantado, el viejo los siguió durante todo el trayecto hasta que lograron alcanzar a Heihachi, la gente de todo el lugar estaba observando aquella típica escena una vez los niños hacían alguna gamberrada, únicamente los viejos más aburridos eran aquellos que le seguían el juego. Todos los niños se refugiaron tras la espalda del shinobi del clan Sarutobi que los observaba sin entender nada.

-Hey, hey, niños, ¿Qué puñetas creéis que hacéis?, no soy ningún muro en el que esconderse cuando hacéis algo malo y os persiguen.-Observó al anciano que bajó por primera vez la escoba desde que la había empuñado, se secó el sudor que corría por su arrugada frente como una cascada, su pelo escaso y blanco como las nubes del cielo.-¿Es alguno de esos salvajes hermano tuyo?-Intentó observar a los niños tras Heihachi pero éstos se movían para el lado contrario en el que el anciano intentaba mirar, estaban más sincronizados que muchos equipos shinobi.-No, no son hermanos míos, sin embargo déjame pedirle disculpas en su nombre, junto con su disculpa por supuesto, niños, disculpaos ante este amable vecino de la aldea y ¡No volváis a molestarlo más!-Gritó está última frase dándole un énfasis de rabia exagerado, sin embargo guiñó un ojo a los pequeños que parecían habérselo creído, habían incluso empezado a retroceder, solo cuando notaron ese guiño cómplice todos se arrodillaron de repente provocando que la gente de alrededor comenzase a reírse de la situación, la docena de niños, incluso aquellos que se habían desperdigado debido al miedo habían regresado para aquella disculpa.

-¡Lo sentimos mucho viejo!-Las voces de los niños corearon al unísono, el anciano rápidamente se sonrojó debido a que era el foco de atención de todas aquellas risas, al parecer tenía el sentido del ridículo muy pronunciado, en cuanto pudo se dio media vuelta y se largó por donde había venido.-Por esta vez os lo dejaré pasar…-Aseguró mientras se alejaba, los niños comenzaron a reír levantándose de aquella falsa disculpa, el genin rió con ellos y le revolvió el pelo a Kotaro mientras daba una calada a la pipa.-Casi te la cargas enano, trata de no romper nada, no siempre estaré aquí para salvarte el trasero-Comenzó a caminar alejándose de todo el jaleo que armaban los chiquillos, recordó la palabras que él mismo había dicho, “No siempre estaré aquí para salvarte”, ¿Y dónde diablos estaré?, se preguntó Heihachi mientras se dirigía a la sala de asignación de misiones allí donde residía el Kusakage, antes de entrar al edificio sobre aquel enorme árbol milenario echó un vistazo al par de guardias, ambos tenían una mirada terrorífica, sin duda como aliados era algo tranquilizador, imaginárselos como enemigos debía ser algo que apretaba el corazón a uno, se fijó que cualquiera que se atreviese a cruzar el umbral era escaneado por ese doble par de ojos que te escrutarían cuales son las cosas que portas y qué intenciones albergas, sin más preámbulos camino hacia dentro, se dirigió hacia la sala en la que asignaban misiones de nivel D, quería entregar la misión de la tala de árboles como terminada y cobrar su puñado de Ryus.

-Eres tú Heihachi, ¿Vienes a por otra misión?, ¿O quizá te entregaron otra mientras no estaba yo distribuyéndolas y vienes a recibir tu pago?, no me lo digas, no me lo digas, con esa cara satisfecha y la pipa en la boca seguro que es para recibir la recompensa de la misión hecha-Soltó una sonora carcajada el shinobi que asignaba las misiones de rango D, fue el antiguo profesor de Heihachi por eso lo conocía y se atrevía a bromear con él.

-Así es-Se retiró la pipa de la boca y con la mano libre echó mano al bolsillo sin embargo, justo en ese momento se acordó de cómo había salido de casa, estaba en pantalones cortos y camiseta de tirantes, sin nada encima, ni el rollo de misión que descansaba en su kimono habitual. –Maldita sea…me dejé el pergamino de misión en el kimono, como pude salir así de casa sin acordarme-Se frotó la sien, regresó la pipa a la boca saboreando el sabor del tabaco y negó despacio ante su propia estupidez.-No pasa nada, regresaré a casa y me daré otro paseo-Justo cuando estaba saliendo por la puerta de la sala de asignación de misiones de rango D, un tipo sudoroso salió preguntando a múltiples shinobis que había rondando los pasillos, iba de uno a otro con una voz rápida y ansiosa.

-Dime, ¿Quieres formar parte de una misión de rango C junto a una chica para ir a capturar a un asesino?-La mayoría de la gente se apartaba del camino de aquel ayudante, era la persona que solía ayudar al encargado del otorgamiento de misiones, cuando llegó a Heihachi éste se dirigía a la salida, había escuchado sobre capturar a un asesino, no sonaba a trabajo fácil, sin embargo un poco de entusiasmo comenzó a crecer dentro de él, aun así necesitaba primero entregar la misión para aceptar la otra formalmente, así que debía dar prisa, sin embargo es ayudante lo agarró de la camiseta de tirantes justo antes de atravesar la puerta hacia el exterior.

-¡Espera!, ¡Espera por favor!, ¿Tú no estarías interesado en participar en una misión de Rango C con una chiquilla para acabar con un asesino?-Preguntó desesperado Sakamura, el Sarutobi se dio la vuelta retirando con calma el agarre de su camiseta de tirantes, movió la pipa de arriba abajo, entonces se la retiró de la boca y expulsó el humo al ayudante en la cara.

-Antes dijiste capturarlo, ¿Por qué de repente es una misión de asesinato?-El ayudante al ver que una persona le contestó con algo diferente a una negativa o simplemente ignorarlo se precipitó para contestar hablando muy rápido-Porque este asesino es una persona peligrosa, hay un muerto y varios desaparecidos debido a él sin contar los civiles, pero tenga, tome el rollo y examine.-Extendió un rollo hacia adelante con las dos manos, Heihachi lo recogió y abrió sin mucha prisa, leyó el contenido, zona por la que debería estar el sujeto, su descripción, volvió a cerrar el pergamino sin devolvérselo,  guardándoselo en el bolsillo trasero del pantalón.

-Estoy interesado en participar, pero dígame, la pregunta más importante, ¿Esa Kunoichi está bien dotada?-Preguntó sin atisbo de vergüenza o duda, de hecho frunció el ceño concentrado volviéndose a colocar la pipa, el humo salía con forma de corazón al ser expulsado desde su nariz, ya se estaba imaginando una chica con una delantera tan grande que podría reposar su cabeza, Sakamura se quedó un poco en duda ante la pregunta.-Claro, claro, está muy bien dotada, ha realizado varias misiones anteriores a esta con muy buenos resultados, sin duda posee unas excelentes habilidades seguramente-Cuando Heihachi escuchó esto negó repetidamente con la cabeza.-No, no y no, no me refiero a sus dotes como ninja, me refiero a sus verdaderas dotes, ¡Sus dotes como mujer!-Hizo el gesto de pechos grandes mientras miraba al ayudante, éste se quedó patidifuso, Sakamura lo imitó pero haciendo un gesto de pecho mucho menor, el cuerpo de una chiquilla era algo natural-Algo así…-Heihachi comenzó a alejarse nada más ver la escasa silueta que mostraba.

-Lo siento no me interesa, no me moleste más.-Y salió por la puerta, el ayudante Sakamura se le agarró a las piernas siendo arrastrado, el Sarutobi caminaba con la pipa en la boca y las manos en los bolsillos, después de arrastrarlo un par de metros se quedó mirándolo, retiró la pipa de su boca, habló y la volvió a colocar-Qué pasa, no tienes más gente a la que molestar, debo entregar una misión ya terminada, ¡Suelta puñeta!-Se despegó al ayudante que bien podría tener parentesco con un pulpo de lo que costó y se marchó a su casa, el ayudante Sakamura cubierto de polvo y algunas roturas en sus ropas regresó sin nadie para la misión, había insistido tanto porque conocía como de duro era el encargado de misiones para el que trabajaba, cuando no conseguía algo de lo que él pedía más lejos se encontraba de su futura promoción. Heihachi una vez en su casa se vistió con su kimono habitual de color azul, una capa de motivos florales y su abanico a juego, observó que en los pantalones cortos del pijama se había guardado el pergamino de la misión C, se cruzó de brazos meditabundo durante unos instantes y lo recogió, guardó su pipa en el bolsillo interior del kimono junto al rollo de misión y volvió hacia el lugar donde se entregaba las misiones dispuesto a entregar la misión D terminada y aceptar la misión C a pesar de que la kunoichi no era una pechugona. Cuando llegó al sitio de misiones D entre risas y bromas perdió un cuarto de hora, una vez llegó a la sala de misiones C no encontró por ningún lado al ayudante, extrajo el pergamino del bolsillo del kimono y observó la ubicación en el que en teoría se movía aquel individuo, le pareció raro que conociendo donde estaba un asesino tan peligroso no mandasen a un equipo especializado en capturas, sin embargo no había tiempo para plantearse ese tipo de cosas, guardó el pergamino de nuevo y salió en busca de la kunoichi si es que había ido a realizar la misión con otra persona o sola.


115 líneas
NPC #2:


- ¡Pe-pero jefe! ¡Si no he lanzado un kunai en mi vida! -

Nombre: Sakamura Arata
Clan: Hozuki ichizoku
Especialidad: Iryoninjutsu
Elemento: Suiton
Rango: Gennin
Aldea: Kusagakure no sato
Religión: Shuha Shinto

La situación era insoportable en el despacho del jefe de asignación de misiones de rango medio, pues tenía que esperar a que el joven médico Sakamura Arata llegase con un nuevo ninja que apoyase a la joven Uchiha Saori, y estaba tardando bastante mientras aquella pequeña de cabello azabache estaba hecha una energúmena en el mismo despacho de éste personaje - ¡Pero es que no lo entiendo! ¿¡De qué vas!? ¡Es porque soy una mujer! ¿¡Verdad!? ¡Maldito machista de mierda! ¡Yo soy mejor que cualquier otro machito de toda la villa! ¡Podría comerme con patatas al mismísimo Kusakage y quedarme tan ancha! ¡Vamos! ¡Pelea conmigo, ya verás el curro que te doy! - exclamaba bastante frustrada la chica. El hombre con apariencia de ser bastante vago ni siquiera escuchaba ya las cosas que decía, aburrido de oír las palabras de la niñata esa con voz de pito. Con sus dedos en los lados del tabique, esperaba que no colmara su paciencia. El día no empezaba muy bien por allí, así que no terminaría bien, eso seguro, y menos si Ideo andaba cerca - Ya está bien... ¡SAKAMURA! ¡VEN YA DE UNA PURA VEZ! ¡LA SUBNORMAL ÉSTA ME ESTÁ LIANDO EL PITOTE Y VOY A PERDER LA PACIENCIA! - exclamaba con una voz tan estridente que preocupaba a Saori por su salud auditiva. Las paredes retumbaron ante la gran potencia del sonido de la garganta del jefazo de la zona. Tal fue la vibración, que al terminar el grito, la puerta cayó al suelo, y ahí estaba la imagen de Sakamura, escondido tras de ella esperando algo que a saber qué era - A ver, Sakamura... ¿Has encontrado a alguien dispuesto? Debemos mandar al grupo a la misión ya - rendía cuentas el hombre. Las palabras de aquél no agradaron mucho al chaval, y éste miraba a su izquierda mientras rascaba su nuca - Sí, esto... Ehm... Bueno... No, no he encontrado a nadie, nadie quería ir a una misión peligrosa en la que tuviera que cargarse a un criminal, así que nada... - decía Sakamura colocándose las gafas con miedo. Saori esperaba respuesta por parte del ninja encargado de las misiones, el cual miraba furioso a Sakamura - Menuda faena... Bien, devuelve el pergamino anda, cubre mi puesto, iré yo. Saori, tienes el día libre, vete a... Jugar o lo que sea que hagáis los peques por aquí - decía mientras se levantaba de la silla. Pero mala cosa había dicho, pues a Saori no le gustaba que le pasen por alto - Eh, escucha, mequetrefe... ¡A mí nadie me llama 'peque'! ¿¡Me oyes!? ¡NADIE! ¡AHORA MISMO COJO YO LA PUERTA Y ME PIRO A MATAR AL FIDEO KURIYAMA YO SOLITA! - montaba en cólera, volviendo a confundir el nombre del objetivo. Con un tremendo golpe de mesa, volvía a exclamar el jefe - ¡Idiota! ¡Si ni siquiera sabes como se llama el desgraciado ese! ¿¡Para qué te voy a mandar sola!? ¿¡Para que el condenado ese se quite la mierda de los dientes con tus huesos!? ¡SAKAMURA, LECHE! ¡DAME EL PUTO ROLLO DE LA MISIÓN! - y tras semejante berrido, todo el edificio quedaba en silencio a espera de una respuesta de Sakamura. El joven volvía a recolocarse las gafas de nuevo, con un dedo tembloroso y sudando en las palmas de las manos - He... jejeje... Se va a reír, señor Hisao... El pergamino está... Ésto... ¿Co-cómo decirlo...? Lo he perdido... - decía lo más bajito que podía, esperando que no fuese oído correctamente, pero por desgracia, así fue - Espera... ¿Que has qué...? ¿!Que has qué!? - preguntaba retoricamente el jefe, a lo que respondía para empeorar las cosas - Lo he perdido, jefe... El pergamino, no está ¡Jajajaja! Chistoso, ¿verdad? - y justo cuando terminaba, un bote de tinta china le impactó en la cabeza. Sus ojos estaban abiertos de par en par, y volvía a golpear la mesa envuelto en ira - ¡IDIOTA, IDIOTA, IDIOTA! ¡HAS PERDIDO EL PERGAMINO! ¡NO SABES LA QUE HAS LIADO, VAS A CAGARTE ENCIMA! ¡VAS A LLORAR POR EL CULO, GILIPOYAS! ¡AHORA VAS A COGER Y HAS A LLEVAR TU CARETO A LA PUTA CALLE Y VAS A IR CON LA SUBNORMAL ÉSTA PARA CARGARTE AL PAVO ESE, SI ES QUE TIENES HUEVOS DE SOBREVIVIR A UN SÓLO ATAQUE! - exclamaba para terror de los dos gennins en la sala. El joven se recolocaba las gafas por tercera vez en el rato, y volvía a hablar para terminar de liarla - ¡Pe-pero jefe! ¡No he lanzado un kunai en mi vida! - a lo que el hombre comenzaba a rugir como un león, lo que hizo que los dos jóvenes huyeran - ¡Eh, Saka! ¡Vámonos, que éste tío está de la olla! -.

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Los dos gennins caminaban juntos el uno del otro por la villa, caminando hacia la zona que se le dijo que buscase primero. El lugar era el hospital de la villa, donde recientemente habría caído la única víctima que había quedado materialmente a la vista, aunque muerto, donde estaban examinando el cuerpo de la víctima para el apoyo en la misión. Saori y Sakamura entraban en una sala con uno de los forenses, un destacado miembro del clan Yamanaka, el cual era además de ninja médico, un respetable interrogador, el cual lograba entrar en el tejido cerebral y sacar información hasta después de muertos. El hombre hablaba con Saori y con Sakamura sobre el mismísimo Ideo Kamoto - Pues bien... Ideo Kamoto es un chico bastante bueno. Yo lo llegué a conocer cuando aún era parte de la villa, muy callado, muy extraño... Tuvo serios problemas con sus compañeros en la academia, de hecho, ahí aún era yo su maestro en la academia... Era bastante bueno, sobre todo con el taijutsu, era un genio. En el cuerpo de la víctima hemos encontrado imágenes bastante duras, el muchacho era Kurobaku Inuzuka, y el chaval apareció, más no su amigo... Y eso que los Inuzuka son grandes combatientes cuerpo a cuerpo - explicaba brevemente Shiro Yamanaka. Sakamura comenzaba a hacer un pequeño interrogatorio sobre majaderías médicas que Saori no entendía, y que ambos perfectamente pudieron meterse en toda una charla llena de tecnicismos y palabras súper raras. Sakamura parecía interesado en varias cosas, como las heridas que relataba Shiro - Así que eran cortes, pero con un arma que parecía de asta, con el grosor más grande conforme más penetraba... ¿Puede tratarse de una lanza? No, una lanza con punta cónica no podría cortar... ¿Una nanigata con... una hoja extrañamente redonda? - interrogaba Sakamura, buscando alguna explicación sobre aquello. Shiro Yamanaka miraba seriamente a Sakamura mientras preguntaba, a lo que respondería brevemente - Éste chico, es capaz de manipular su esqueleto, puede hacer armas a partir de su estructura ósea con una facilidad preocupante... Deberíais ir con cuidado. Éstas heridas fueron provocadas con un húmero afilado... Literalmente - explicaba mientras una gota de sudor recorría su frente. Saori parecía impresionada, Sakamura asustado, temido por lo que decía - El húmero es ese hueso de la rodilla, ¿no? - preguntaba la Uchiha, provocando una sonrisa en la cara de Sakamura. El médico se levantaba de la silla, y con una mirada sería, se dirigía a ellos - Siento la brevedad de nuestra reunión, pero tengo mucho trabajo... Los exámenes de chunnin han terminado, hay que estar pendiente de los heridos y no puedo pasarme el día aquí. Os pediría su os marchéis ya... Por cierto, siento la presencia de un sujeto que os anda buscando, debe estar al llegar... - y tras una reverencia por parte de Sakamura y un levantamiento de mano de Saori, se marchaban ambos de la sala. En la soledad de la sala, Shiro miraba hacia la puerta, y cuando se cerraba tras la espalda de los muchachos, surgía de la pared a su espalda una imagen oscura, un hombre cuyo rostro ya ha aparecido en ésta narración - Vaya... Resulta que no está sola... ¿No me dijeron que harían que la misión la haga ella sola? - resonaba en el lugar la voz ronca y joven de aquél muchacho que había usado el jutsu de camuflaje. Shiro se volvía y le miraba con frialdad - Bueno, ya sabes... No es un dato a saber que tras las bambalinas, ésto es trabajo al servicio de los dioses... No se ha anunciado la herejía de la familia Uchiha, ni nadie sabe quién es de verdad el bueno en ésta historia... Tú sabes cómo debes hacer ésto, Kamoto, siempre lo has hecho como debías, no fallas, y lo más importante, no te importa que se te asigne una fama tan oscura como la que se te da como tapadera - elogiaba Yamanaka Shiro. Kamoto sonreía tras la sombra que proporcionaba su capucha, y tras una pequeña carcajada, se mostraba serio - Vamos, Shiro... Los dioses no entienden que acabe con sus vidas de una forma tan pobre e insultante para ellos, ésto es una deshonra para mí... - decía en un tono molesto. Shiro se acercaba y miraba con rostro severo a su alumno y camarada, negando con la cabeza levemente - No, Kamoto... Te equivocas... Si bien es cierto que los dioses exigen sacrificios humanos esmerados y gloriosos, no necesitamos que sus nombres sean limpiados con la sangre de todos los herejes... A veces, es mejor hacer las cosas desde un ángulo ciego, que no se pierda la fe y la confianza en nosotros, el espectáculo de la sangre puede a veces hacer estragos... Como es el ejemplo de ésta chica - explicaba el Yamanaka. Kamoto parecía haber oído lo mismo mil veces, por lo que parecía algo molesto - Está bien, ahora dime algo... ¿Nuestro contratante ha pagado? - interrogaba el joven, a lo que su respuesta fue asentida -Ésta mañana, a primera hora, se produjo el pago en metálico, la otra parte se dará ésta noche... - en el rostro de Kamoto se dibujaba el sadismo materializado, y con un tono jocoso y sombrío, decía - Entonces no hay vuelta atrás... La redención caerá en la noche, entre las brumas de la Arboleda, bajo la ciudad... En el cementerio de las raíces. Otra pregunta... ¿Y la otra? La gemela... - dudaba Kamoto, a lo que Shiro contestaba en seco - Ella no forma parte de la operación, por eso se la mandó fuera... Ya no es nuestro problema -.


Hablo - Pienso - Narro

Caminó por la aldea con la idea de dirigirse al hospital, no iba con prisas, el asesino no podría estar en una zona tan poblada causando problemas y esperar escapar, todo shinobi de la aldea se le echaría encima, a no ser por supuesto que fuese un tipo realmente fuerte, por las descripciones hizo desaparecer a gente de no muy alto rango, pero ¿quién podría asegurarlo?. El Sarutobi escuchó a dos individuos hablando, pegó la oreja arrugando el entrecejo al oír la palabra “asesino”, eran dos aldeanos corrientes, pero parecían sospechosos, estos susurraban y caminaron hasta la parte de atrás de una de las casas árbol más alejada.-Están hablando sobre un asesino, pero que hierba frita…- Rápidamente Heihachi los siguió sin ser percibido, caminaba por las ramas escogiendo los puntos ciegos de esos dos individuos, cuando se reunieron en la parte de atrás uno de ellos extrajo un papel que desdobló varias veces. El genin de Kusagakure descendió de una de las ramas más altas en silencio usando toda la agilidad de la que podía disponer en ese momento, los dos aldeanos comenzaron a hablar.-Esto no puede ser, es imposible que con esto podamos librarnos de él, ya sabes cómo se cargó a todos esos peones de una sola vez, es su maldito rey no podemos hacer nada con él-Negó con despacio al otro-Esto es inaceptable, ¿Con esto crees que podamos derrotarle?, no digas tonterías, este plan esto no le hará caer en la trampa, usar una mera carnaza ante un profesional, ¡Ridículo!, el asesino nos aniquilará antes, pareces idiota Gendo-Heihachi se situó detrás de aquellos dos sospechosos que hacían aspavientos mientras discutían sobre el asesino y ese tal plan que no podría funcionar, apuntó con sus dedos índice en la espalda de los dos aldeanos

-Quietos, no os mováis, tenéis dos kunais apuntando vuestra espalda, no hagáis ninguna tontería u os podría costar caro señores, suelta ese papel, estoy a la caza de ese asesino, ¿Dónde puedo encontrarlo?-Los dos aldeanos comenzaron a temblar de miedo, uno soltó el papel que se lo llevó volando el viento, el otro comenzó a hablar-Señor, no, no sabemos exactamente donde, pero suele frecuentar y hacer de sus jugarretas en el bar ochenta-Rápidamente se calló al ver que Heihachi apretó más ese “kunai” contra su espalda-¿Ese que es un bar donde puede va a discutir sobre sus jugadas o qué?-

Continuó interrogando el genin, el otro aldeano cansado de tanta pregunta estalló-Yo que sé que es un lugar que los tipos como él frecuentan, por ello de ese nombre, no sabemos nada más déjanos en paz.-Heihachi viendo que no podía seguir tirando del hilo sin romperlo despegó los dedos de los aldeanos y se los mostró-Gracias por su colaboración buenos ciudadanos-Y salió corriendo por donde había venido, los dos aldeanos lanzaron gritos de enfado al shinobi que ni se dignó a echar una última mirada hacia atrás, ese bar de ochenta le sonó de algo, justo cuando observó a los chiquillos junto a Kotaro ir en su busca, aquel anciano de la escoba llevaba una camiseta en la que aparecía el logo de un bar con un número ochenta, ¿Podría ser ese bar?. Corrió como alma que lleva el diablo hacia esa zona, cuando vio al anciano sentado sobre una silla mecedora con cara de pocos amigos dudó en preguntarle, sin embargo no había alternativa

-Oye viejo…-Justo cuando se acercaba se dio cuenta de que aquel era el bar ochenta, un bar de viejos carcamales por encima de los ochenta-¿Quién es el tal asesino que frecuenta este sitio?-El viejo sonrió orgulloso y contestó inflando el pecho mientras se mecía hacia adelante y atrás, como cogiendo fuerza-Al parecer mi apodo como jugador de shōgi es extraordinario que hasta un mocoso como tú lo conoces.-Soltó una carcajada y se echó a toser por el esfuerzo. Heihachi no sabía si tirarse de cabeza desde la copa del árbol más alto o pegarle una paliza de muerte a esos dos por estar hablando con tanto secretismo sobre derrotar a un viejo al shōgi, por sacar el detective que lleva dentro perdió un buen rato haciendo el tonto.

Se alejó de allí en cuanto se pudo zafar del anciano y sus batallitas contra todos los grandes jugadores de shōgi que conoció en la aldea.  Con algo más de prisa ahora se dirigió al hospital y llegó justo cuando vio a una pareja de shinobis salir, reconoció al ayudante para el otorgamiento de misiones, aquel que arrastró por el suelo cuando se agarró a sus piernas suplicante.-Con que aquí estás ayudante desesperado-Junto a él había una chiquilla, Heihachi extrajo del interior del bolsillo de su kimono el rollo de pergamino
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-Voy a realizar la misión, ya que insististe tanto-Echó una mirada al edificio levantado en torno a aquel gran árbol que lo sostenía, entendió entonces que estaban allí por la misión, Sakamura maldijo al Sarutobi-Así que tu tenías el rollo todo este tiempo, pensé que lo había perdido, el jefe me echó una buena bronca por tu culpa, al menos regresaste para cumplir con tu parte-No hablaba con tono seguro frente a otras personas, su actitud en cambio frente a los dilemas médicos era digno de mención, pero en cuanto al resto no dejaba de ser bastante asustadizo.

-Entonces esta chica, ¿Quién es?, ¿A la que debo ayudar a realizar la misión?-La examinó de arriba abajo viendo que aún era joven, ¿Y podía hacerse cargo ya de una misión de rango C como para matar a un asesino?, debía de ser uno de esos genios que deambulan por el mundo o una chiquilla que aparentaba menos edad de la que en realidad poseía, de cualquier manera Heihachi esbozó una sonrisa medida y se presentó.

-Soy Heihachi, un gusto-Dijo escuetamente mientras palmeaba después el hombro de Sakamura-¿Sacasteis algo en claro del hospital o la visita fue en vano?-Adoptó ahora una expresión seria pero relajada, se cruzó de brazos tomándose en serio aquello que tenían entre manos, el ayudante habló ajustando sus gafas sobre su nariz, con un aire de sabelotodo siendo expulsado por cada pulgada de su cuerpo comenzó a relatar.

-El objetivo es Ideo Kamoto, experto en taijutsu según su propio antiguo profesor de academia, él mismo nos acaba de informar siendo además uno de los mejores forenses en la aldea sobre cómo acaba con sus víctimas, al parecer utiliza partes de esqueleto a placer para fabricar armas, no sabemos cómo lo hace o si tiene repercusiones de algún tipo, pero las heridas de la víctima eran horripilantes-Volvió a ajustarse las gafas más como una manía que como algo necesario, Heihachi se quedó pensativo, ¿Manipulación de huesos?, examinó su propia mano imaginándoselo pero no era del todo útil ese mecanismo, no habría otra forma de aprender que verlo con sus propios ojos, dirigió su mirada hacia el pergamino que aún descansaba en su mano, lo abrió para comprobar el siguiente punto en el que se recomendaba buscar pistas.-Según menciona el pergamino de la misión varios de los desaparecidos lo hicieron en la zona baja, la arboleda, marcan con varias cruces rojas distintas zonas en las que podría aparecer, pero no sé, sabiendo que es un asesino hábil, ¿Repetiría la misma ruta para seguir matando?, de todas formas es la propia misión la que recomienda estas rutas así que poco hay que discutir, es esto o esto.-De nuevo el pergamino de la misión se perdió en el interior del kimono del genin, ya no portaba ni abanico ni pipa por ningún lado, ya las había guardado incluso antes de llegar.

–Bueno, a qué estamos esperando, en marcha, podemos ir preparando un plan en caso de toparnos con este tipo que lucha con sus huesos-Una parte de él se hallaba emocionado, rara vez ocurría algo emocionante fuera de la rutina del genin, una misión de rango C era algo raro en ser asignada a gente que no formaba parte de un equipo, por suerte esta joven kunoichi necesitaba ayuda así como él necesitaría de su fuerza para acabar con esta amenaza, por supuesto no se podían olvidar del ayudante de misiones Sakamura.-Deberíamos conocer un poco que es lo que aportamos cada uno, por cierto Sakamura, ¿Qué es lo que se te da bien a ti?-Comentó mientras descendían hacia la arboleda-Pues…pues verás, yo soy mejor sin luchar, así que yo estaré en la retaguardia, puedo sanar algunas heridas, sí, creo que eso se me da bastante bien-Se llevó la mano a la nuca algo avergonzado, Heihachi tomó la palabra de nuevo.

-Ya veo, pues yo no destaco en nada especialmente, soy usuario del elemento viento y en las distancias cortas tanto con arma como en cuerpo a cuerpo puedo dar alguna batalla.-Miró a la Saori para que diese a conocer su aptitudes, si ella fuese alguien buena en distancia o quizá cuerpo a cuerpo cambiaría la estrategia rápidamente. Una vez alcanzaron el suelo del bosque el ambiente cambió como de la noche al día, el ruido de la gente se había omitido casi por completo, los animales salvajes e insectos dominaban aquella zona.

-Eehmmm….¿Por dónde creéis que deberíamos empezar?-Preguntó Sakamura algo temeroso mientras retrocedía de la retaguardia que sin querer había tomado al precipitarse sobre el suelo sin mucho control, el Sarutobi golpeó el hombro del ayudante reconfortándolo, perder a cualquiera de ellos podría suponer la derrota si el individuo al que iban a dar caza era tan peligroso como los informes mentaban, Heihachi se adelantó conociendo bastante el bosque por el que se había internado más de una vez, extrajo el rollo de la misión nuevamente para orientarse

-Deberíamos buscar hacia el norte, es la parte más densa y peligrosa, pero también la zona en la que más probabilidades tiene de aparecer-Mostró en el dibujo del mapa la zona en la que se encontraban y después apuntó con su dedo recto al frente.

-Por aquí-Comenzó a correr. en la dirección en busca de señales por el entorno.

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Palabras de sangre, de muerte, las que desde una edad alarmantemente temprana, escuchó el joven y aún inocente, Ideo Kamoto. Si bien, el enemigo ha de ser derrotado por asesino y suponer un peligro para cualquier persona que se pase de la línea marcada por la doctrina religiosa más fuertemente cerrada de todo Daichi, nadie nace con las manos manchadas de sangre, ni crece con ellas por alguna razón aislada. En éste caso, la historia de Ideo Kamoto es una más o una menos, la cual parecía no tener fin. Veinticuatro años cuenta el joven, el cual se crió en algún orfanato del País de la Hierba, en el cual sufrió abusos, maltratos, violaciones y todo tipo de atrocidades por parte de sus supuestos cuidadores. Nadie sabía su procedencia, ni su nombre real ni su origen, sólo se conocía de él que era un chico extraño, callado y solitario, pero bastante inteligente a pesar de no saber relacionarse con los demás. En otros tiempos más modernos, se hubiera detectado un claro caso de autismo, pero en una etapa en que el pueblo no es más que algo de usar y tirar, y más en su posición, ¿quién iba a buscar una explicación a ese mundo interior de Ideo? Y así creció éste joven, rodeado de personas que ni lo comprendían, ni él comprendía, teniendo solamente como sustento la doctrina de los libros que se me daban para tener cierta educación, y la única cultura y sabiduría que su pronunciado intelecto pudo analizar, describir y comprender, fue una... El Shuha Shinto. Quién sabe qué o por qué fue provocado, pero por alguna razón se descubrió cada vez más fuerte rechazo a los muchachos que no profesaban con ello y aún tenía diez años, y aquello terminó por ser un gran detonante en su carrera militar, cuando con ésta edad, hizo gala de su secreto en público, un monstruo encerrado en la mente de un muchacho, y lo daba a ver cuando con la manipulación de su esqueleto, destrozó a un joven habitante de su orfanato, según palabras literales de Ideo 'por no entender unas escrituras sagradas', mostrando un grado de radicalización increíble. Su falta de contacto humano lo convirtió en alguien incapaz de entender la empatía, sólo comprendía su dolor y su posición, y el hecho de que no se pueda alcanzar su nivel, ya lo hacía marginar la posibilidad de considerar a alguien un orgullo para los dioses. Ideo a penas tenía doce años, cuando recibió la visita de un profesor de la academia, llamado por algún miembro del orfanato que vería su potencial, y dispuesto a venderlo a algún loco de la secta Shinto, presentó al muchacho en una audiencia con Shiro Yamanaka. Éste no entendía hasta qué punto, aquél muchacho puramente autodidacta habría podido aprender tanto en su corta vida, pero aquello impresionó al Yamanaka. Pero sin duda aquella relación económica entre Shiro y dicho encargado, terminaría en su encuentro para el intercambio, cuando aquella frase recorrió los oídos de Kamoto confortablemente - Ideo... tú eres un elegido por los dioses, un inquisidor... Ellos te han puesto entre los hombres para que hagas justicia en su nombre - y para Kamoto, toda una orden de ejecución supuso. Desde entonces, el joven se alistó en la academia, se llevó a la vida de un shinobi, pero finalmente se apreció más aún su mano de hierro en las sombras. Cuando contaba con dieciséis años, fue sometido a la prueba de fuego... Sus compañeros debían morir por traición, y debía hacerlo en los exámenes de chunnin. Así se hizo, y su ascenso fue actuar en las sombras para honrar a los dioses, bajo tachado de criminal y con una recompensa sobre su cabeza, sigue a día de hoy las órdenes de sus superiores, caza a los herejes y a los ateos, los castiga como los dioses harían... O al menos los deja a merced de ellos. Los humanos no entienden el por qué de sus actos, por lo que ellos no podrían juzgarlo.

¤ ¤ ¤

A la salida del hospital, el sol pegaba más aún que antes; ya era pasado el mediodía. Sakamura y Saori esperaban al chico que según Shiro, buscaba a aquellos muchachos por alguna razón. Mientras, Sakamura trataba de explicar las conclusiones sobre el asesino y las heridas en el joven Kurobaku, ya fallecido. Saori miraba extrañada al ninja médico, tratando acaparar la información que recibía, sin demasiado éxito por su poco conocimiento en la materia - A ver... Lo que hasta ahora entiendo es que lo importante es lo que ha dicho el pavo ese... El Fideo Kuramoto es capaz de sacarse los huesos y afilados, hasta ahí bien... ¿Pero no tardaría un poco en afilarlos? Los huesos tienen que estar duros de cojones... - decía Saori sin pensar demasiado. Sakamura daba buena cuenta de que la pequeñaja ni tenía ni papa de medicina ni nada de eso, por lo que buscaba la explicación más simple y convincente de las exposiciones - A ver, más fácil, Saori... Ejem... IDEO Kamoto, puede crear huesos de chakra, puede extender su esqueleto y puede incluso sacarse el suyo y afirmarlo con chakra, no tiene que afirlarlo como un cuchillo ni tiene que darle forma, simplemente su chakra es capaz de moldear sus huesos - explicaba Sakamura, dejando ver a Saori desencajada por la lección - ¡Vaaya! ¡Pero eso es increíble! ¿Y dónde crees que ha aprendido a hacer eso? - preguntaba de nuevo la joven kunoichi, y como hasta que llegase el compañero no habría nada que rascar, Sakamura buscaba en el horizonte y no veia nada, no quedaba otra que explicar lo que sabía - Bueno, sobre eso no se sabe mucho... Pero estás ante todo un experto en estudio de técnicas sobre anatomía, y para fortuna tuya, he leído sobre esa habilidad varios libros, y estoy bien informado - fanfarroneaba con una sonrisa el joven Sakamura mientras se colocaba las gafas sin necesidad, sólo para aparentar ser un importante hombre estudiado y bien inteligente, pero Saori no soltaba la típica muletilla de admiración y quedaba esperando a que siguiera - En fin... Ésas técnicas eran usadas por un antiguo clan de la Villa oculta de las Nubes, el cual se conocía como el clan Kaguya de los huesos de acero, debido obviamente a su habilidad... Dicen que eran realmente letales, y que sus enemigos duraban muy poco por la letalidad de sus ataques... Para colmo, sus huesos son tan duros cómo el acero, tan consistentes cómo una roca y afilados como los colmillos de un depredador... La llevas clara, muchacha ¡Jajajajajajaja! - finalizaba Sakamura con una carcajada, a lo que Saori miraba para otro lado y respondía - Pues no sé de qué te ríes, si tú vas a venir conmigo... - burlaba Saori despreocupada, mientras Sakamura sentía un frío sebtenciante recorrer su cuerpo - Bueno, bueno... Ese que viene ahí... ¿De qué me suena? - señalaba Saori al ver a Heihachi. Por alguna razón, pareció conocerle, y entonces, un deja vu seguido por una especie de punzada en la sien, le recordaba el número doce... Un abanico... Sí, era un tipo con abanico que pidió doce botellas de sake, pero de lo demás ni se acuerda. La pequeña Saori se haría la sueca mientras los otros dos hablaban, y entonces, llegaba su momento de hablar, para poder organizarse, pero algo avergonzada, esperan no ser reconocida - Esto... Sí, claro. A ver, yo en principio puedo hacer de todo, el tal Fideo no tiene nada que hacer, pero en fin... Aunque sea buena en todo, lo que se me da mejor que nada son las técnicas ilusorias, genjutsu, vamos... Sí, eso es todo, creo - finalizaba rascando su cabeza.

¤ ¤ ¤

La misión al fin estaba en marcha, se había marcado una posición exacta en la Arboleda, en la cual se esperaba encontrar al asesino Ideo Kamoto. Hasta hoy era la única vez que un equipo de más de dos shinobi se aproximaba al Kaguya con intención de intervenir en sus planes, un equipo destinado a la busca y caza de un hombre, y todos ellos eran primerizos en la realización de una misión cómo ésta, pero aquél era un grupo bastante avanzado en razones de habilidades, pues dado el trío y las habilidades individuales de los miembros del grupo, se podían dar por cubiertas prácticamente todas las posibilidades tácticas que pudieran darse, y la ayuda de Sakamura podría salvar a los integrantes del equipo a la hora de ayudar a la supervivencia del grupo. Todos habrían bajado al bosque que comprendía la distancia entre la altura a la que se encontraba suspendida la Villa oculta de la Hierba. Los miembros del equipo recorrían a ras de suelo la Arboleda, un lugar de cierto modo, sagrado para la gente de la aldea, los cuales entendían que allí no se debía entrar si uno no están en paz con los dioses. Los enormes árboles, ancianos y de troncos robustos y negros, rodeaban allá donde mirasen a los jóvenes shinobi, y allá donde se mirase, sólo había más y más árboles. Ajena al resto de su escuadrón, Saori vislumbraba los alrededores en busca de alguna evidencia de vida, algún rastro de chakra que evidenciara la presencia de Ideo Kamoto por los alrededores, en un logro de poder mantener el área un poco más bajo control, pero no era así como encontrarían a Kamoto, pues éste, a unos doce metros de altura, se podía apreciar cómo controlaba el bosque - Tres... Hay tres. La cosa cas vez se va complicando más, tendré que quitarlos rápido y sin gloria, al final los dioses me van a pisar a mí por hereje... - susurraba casi inaudiblemente el inquisidor. Frío como el hielo, su sombra hacía que dejen de crecer las flores donde se posaba, y al acecho cual bestia que buscaba una presa fresca, vigilaba cada paso que daban sus víctimas. De sus ropas, sacaba un amuleto, uno sin símbolo alguno, el cual parecía ser un método de redención que Ideo Kamoto practicaba - Dioses de los elementos, señores de la naturaleza, yo soy vuestro adalid... Limpiaré con la sangre de los infieles su nombre, desinteresadamente, con el único fin de glorificar aún más vuestros nombres... - pronunciaba fervientemente el asesino. Apretando ahora con fuerza aquél amuleto, a la par que sus ojos, mostrando una devoción indecente, finalizaba aquél extraño rezo. Acto seguido, continuaba con la persecución hasta el lugar al que iban... El viejo cementerio de la Arboleda. En éste lugar descansan las almas de antiguos y míticos guerreros de Kusagakure, los cuales murieron por defender su cultura, su modo de vida... El Shuha Shinto. Todo el plan, habría sido ajustado al dedillo por Shiro Yamanaka, él mismo habría decidido el destino de ésta chica desde un inicio. Aquél, maestro y mentor de Ideo Kamoto, logró dar las pinceladas en el muchacho del clan Kaguya para convertirlo en lo que es hoy, y lo que Shiro Yamanaka habría sido en otra época. Por el momento, el atardecer llegaba, en el horizonte se reflejaban ya los últimos rayos de sol del día, todo comenzaba a oscurecerse, y la hora cúspide llegaba, se aproximaba... En el horizonte, los miembros del grupo de misión podían ya presenciar las lápidas antiguas junto a una escultura que suponía una representación de Susanoo.


Hablo - Pienso - Narro

Conforme avanzaba el tiempo, el grupo se internaba más y más en el bosque, podían ver las tumbas más adelantadas del cementerio, la luz comenzó a disiparse allí donde antes mostraba claridad, las sombras más largas finalmente se fundieron con el suelo hasta desaparecer, el manto de la noche aterrizó sobre las cabezas de los shinobis mostrando por entre los recovecos de las frondosas ramas de los árboles milenarios y centenarios un mar de estrellas que titilaba en la lejanía. Heihachi se detuvo un instante alzando la vista hacia el cielo, aquellas lejanas luces en el firmamento a pesar de estar tras toda esa capa de hojas y ramas, podían llegar, ¿Qué tan lejanas podían estar?, regresó su atención y mirada hacia el frente, por un instante había viajado más allá del perpetuo devenir de la vida ninja, cuatro tumbas hacían escaparate de aquello que se iban a encontrar, un reguero de antepasados de la  aldea de Kusagakure, se preguntó si su asqueroso abuelo además de perseguirlo como una sombra durante su proceso de entrenamiento como shinobi estaba ahí enterrado.

-Habéis visto la cantidad de tumbas que hay repartidas por todo este cementerio…-Señaló aquí ya allá, no parecían contener una ordenación y si la tuvo las raíces y el crecimiento de los árboles se encargó de desarmarla. El Sarutobi se aproximó hasta una de las tumbas, el moho así como raíces más pequeñas la inundaban, apartó el polvo y la tierra con una mano, parecía que nadie venía ya a llorar a estos muertos, ¿Tanto tiempo había pasado que sus sucesores los olvidaron o quizá es que fueron todos tan cabrones como su difunto abuelo?, leyó el nombre en voz alta.-Tombi Yedasu, vaya un nombre eh-Lanzó una mirada a Sakamura y a la chica, no había dicho cuál era su nombre, sin embargo sí que su especialidad era el genjutsu, algo extrañado arrugó el rostro intentando recordar de qué le sonaba aquella chica, sin embargo Heihachi no tomaba mucha nota de ninguna mujer si no le impresionaba a nivel de talla de sostén, por lo que continuó sin recordarla. Sakamura lo sacó de su ensimismamiento con un breve comentario.

-Heihachi, Saori, venid aquí rápido, creo que esta tierra fue removida recientemente.-Sakamura se encontraba arrodillado junto a una tumba partida, no se podía leer nada sobre ella, solo la imagen decorativa de un animal mitológico con algún tipo de cuerno en la cabeza, cuando Heihachi echó un vistazo sobre la tumba pudo apreciar exactamente como el color de la tierra era distinta al resto de tumbas y la tierra estaba incluso desnivelada.

-¿Quién enterró aquí hace poco?-Miró hacia el camino de tumbas tambaleantes que se hallaban junto a troncos más pequeños, otros más grandes que incluso comenzaron a fusionar su madera con la piedra de la tumba. Se frotó las manos mirando a Sakamura.-A qué esperas, ¿Necesitas mí permiso?, venga y date prisa me cago en la leche, hay que cavar-Después miró hacia Saori-Tú podrías montar guardia Saori y suplir al debilucho de Sakamura cuando se canse.-Dijo con la intención de ofender delante de la Uchiha al ayudante de misiones, cosa que tuvo efecto ya que agarró la primera rama que pilló en el suelo y comenzó a cavar.

-Yo no me cansaré, no necesito que nadie se cambie conmigo-Dijo con un adorable enfado de niño pequeño, Heihachi sonrió y lo imitó buscando una rama con la que empezar a cavar. El tiempo pasó lento gracias a lo poco entretenido que era excavar en busca de algo que no sabías si ahora era nada más que huesos. El Sarutobi se inclinó y empezaba a cavar con las manos viendo que el palo era ya inútil, Sakamura seguía con el palo asqueado solo con la idea de ensuciarse las manos, el médico que tenía dentro siempre le decía que tener las manos los más higiénicas posibles era importante, también que le daba asquito.-Bufff esto es cansado, Saori, ¿Por qué no abanicas a los grandes hombres que están haciendo todo el trabajo duro?-Soltó una carcajada habiéndose casi olvidado que estaba de misión a la caza de uno de los asesinos más peligrosos de la zona, al menos que estuviesen cerca de su nivel. Fue entonces cuando por fin pudo encontrar algo, era un dedo, comenzó a cavar alrededor del fiambre, como se temía Heihachi el olor a descomposición era reciente, se cubrió presionando la nariz y la boca contra la tela del kimono de su antebrazo, con la otra mano extrajo el cadáver hundiendo la mano y usando toda su fuerza para arrastrarlo, un difunto shinobi un corto tiempo determinado atrás había sido extraído de la tumba, el hedor era nauseabundo por lo que Heihachi se retiró un par de pasos mirando al médico del equipo, Sakamura tragó saliva observando la bandana que cubría la cabeza del cadáver, sin duda alguna era de Kusagakure, por la estatura no se le podía otorgar mucha edad, sin duda era joven, el auxiliar de misiones señaló con el dedo al difunto.

-Pe-pe-pero este es uno de los chicos que vino aceptando la misión de cazar al asesino-Empezaba a comprender lo arriesgado que era tomar una misión como aquella, maldijo por dentro a Heihachi por haberle obligado a tomar parte de la misión por llevarse el rollo, también a su superior por obligarle a hacer algo que no tendría que ser su responsabilidad.-Que los Dioses te acojan en su seno y te otorguen la gloria que no pudiste acaudalar en vida shinobi-Dijo estas serias palabras el Sarutobi uniendo ambas palmas y cerrando los ojos unos instantes, después de ello dio una patada al cadáver devolviéndolo al agujero

-Joder que peste ha dejado el cabrón, esto no se quita ni con veinte duchas en el río, sí me ducho en el río no me mires así Sakamura-Comenzó a olisquear su kimono poniendo cara de asco-¿Pero qué haces?, cuando empezaba a tomarte en serio vas y pateas un cadáver, además todavía tengo que examinarlo-Dijo aprisa el genin médico que corrió a mirar el cadáver cubriendo su boca con un pañuelo, se puso de cuclillas examinando las heridas que su pútrida carne mantenía sin ser devorada por gusanos-Y qué más da el cadáver, yo recé por su alma que es lo que importa no por su asqueroso cuerpo, si fuese una mujer de grandes pechos quizá la hubiese tratado con más tacto-Tosió intentando disipar la idea de un cadáver de grandes pechos, algo bastante macabro

-Entonces que ves medicucho, cuenta cuenta…-Sakamura con una herramienta médica que no sabía Heihachi de donde la había sacado comenzó a examinar con más detenimiento, parecía asentir cada poco tiempo buscando más y más pistas, fue al cabo de unos minutos cuando se levantó y concluyó. -Es sin duda obra del asesino, tiene muchas laceraciones por hojas muy toscas, perforaciones por doquier en cada uno de los huesos…-Iba a continuar cuando una voz se escuchó en la lejanía, una luz producida por el fuego que portaba una antorcha se aproximaba por entre los árboles de un lateral.-Por supuesto que es cosa del asesino, ¿Quién más crees que podría hacer algo así por aquí petimetre?-Era la voz de un viejo, estaba medio jorobado y arrastraba una pierna, se quejaba mientras se acercaba de lo alta que era una raíz que sobresalía cortando su camino, pero pudo pasar a pesar de las dificultades. El Sarutobi se agachó agarrando una piedra del suelo, cuando el viejo estuvo a punto de volver a hablar se la lanzó a la cabeza haciéndole una fea herida en la frente.

-¡¿Pero qué cojones haces animal?!-Gritó el viejo tapándose la herida de la sien con una mano.

-Perdona, perdona, quería comprobar si no eras un espíritu en busca de venganza por patear tus huesos antes-Mintió Heihachi, le había lanzado la piedra para corroborar si era el asesino transformado buscando pillarlos con la guardia baja, sin embargo era un viejo jorobado real que sangraba profusamente por la cabeza.-Maldito animal tarado, mira que golpear a un anciano, soy Guli, antes vivía en la aldea pero me exiliaron aquí tras desertar del ejército de las Damyo, dejé atrás toda esa mierda de vida de soldado no hacía ningún bien a nadie-Se lamentó casi olvidándose del golpe y perdiéndose en sus recuerdos de juventud.

-¿Y te pones a enterrar a gente por aquí que te deja el asesino?-El viejo asintió a la pregunta de Sakamura, el genin médico se había colocado detrás de Saori, parecía que no se fiaba de como Heihachi iba a reaccionar y confiaba más en la Uchiha para protegerlo en caso de que el anciano se volviese loco y atacase. Heihachi se acercó sin miedo al anciano esbozando una sonrisa, se detuvo frente al viejo con ambos brazos sujetos tras su espalda, no paraba de sonreir-Anda dime viejo, ¿Dónde está el asesino?, ¿Es tu amigo?-El anciano no se esperaba aquella repentina pregunta, abrió la boca emitiendo un sonido que no significaba nada salvo soy tonto, Heihachi dio un paso hacia adelante, entonces el anciano comenzó a hablar precipitadamente.-No, no, no es mi amigo, el viene deja un muerto y se larga, ni siquiera lo veo, lleva haciendo eso desde que está aquí en la aldea, esta es la zona que  delimitó como su montaña de cadáveres, alguien tendría que limpiar…-Antes de que acabase recibió una patada en el estómago del Sarutobi que lo mandó contra un tronco enderezando su columna por breves segundos, el anciano escupió una bocanada de sangre, Heihachi no poseía un atisbo de sonrisa, se hallaba serio y frío como el mismo cementerio que pisaban sus pies.-No digas tonterías viejo-Volvió a tomar la postura recta con ambos brazos detrás a su espalda.-Dile que salga…-Esas fueron las última tres palabras que dijo de forma seria antes de hacer formar una sonrisa con sus labios.

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Vientos de primavera han pasado desde aquellos lejanos tiempos en los que se basa la siguiente escena, en la que un joven recién ascendido Ideo, vivía como uno más en la aldea de Kusagakure. El chico vivía como uno más, acudía a los entrenamientos con su maestro, más no su equipo, fatalmente asesinado a sus manos en aquél examen de chunnin en el que resultó ser único superviviente. El Kaguya acudía a la arboleda, donde habría acordado una cita con su maestro Shiro Yamanaka. El joven huérfano no entendía de qué se trataba, sin saber que aquella cita sería la que le cambiaría la vida - Maestro, he acudido a su cita con la máxima prioridad posible... Estoy preparado para su último cometido - expresaba profundamente el chico con gran respeto hacia aquella figura. Shiro, un hombre alto y rubio, pálido de piel, tomaba al muchacho de los hombros, le miraba a los ojos y sonreía - Dime Ideo... ¿Te has despedido de tus amigos? - interrogaba el médico como requisito esencial para poder continuar el camino. Kamoto con un rostro serio no claudicaba - A nadie importante dejo atrás, pues la voluntad de los dioses me acompaña... Con su confianza me basta, maestro - mencionaba con devoción aquél chico, lo cual dibujaba una sonrisa que inspiraba orgullo en su maestro. Ambos caminaban por el bosquejo hasta el último rincón, reconocido por la representación de anteriores escritos en ésta misma historia. En éste lugar, un claro destacaba en la mañana, donde una escultura de Susanoo presidía un campo rodeado de docenas de lápidas. En la escultura, a sus pies, un anciano también mencionado anteriormente esperaba allí a la llegada de su encuentro con Kamoto y Shiro. A la llegada de éstos, su cabeza se levantaba, y a éste, Shiro agachar su cabeza, así como empujaba hacia adelante la de Kamoto, lo que el muchacho no entendió, forzando su cabeza y ocasionando que su pelo se revolucionase donde su maestro posaba su mano - Joven Ideo Kamoto... Shiro - chan me ha hablado mucho de ti... Prácticamente todo el tiempo durante éstos cinco años, ha estado hablando de ti... Por fin tengo el gusto de conocerte - iniciaba el hombre anciano con una sonrisa en su rostro. Al oír como se refería a su maestro, apretaba sus dientes, pero al mirar a Shiro tranquilo, él se calmaba - El placer es mío... Señor... - Arashi... Mi nombre es Yamato Arashi, y soy el primer inquisidor de Kusagakure, maestro de Shiro Yamanaka... Tu maestro - se presentaba, lo cual inspiraba tal respeto en Kamoto, que se arrodillaba al oír sus palabras. Shiro estaba en una pompa, por fin su maestro conocía a su pupilo, y estaba tan orgulloso de ello que posiblemente, éste fuese el mejor momento de toda su vida - Joven Ideo, eres un referente para los jóvenes adoradores de los dioses en la Villa oculta de la Hierba, y por eso tendrás la potestad de poder decantar el destino de las nuevas generaciones de Kusagakure, podrás purificar la moral de la juventud y dirigirla a la gloriosa enseñanza de los dioses, el Shuha Shinto... Igual que en su día hice yo, e igual que en su día hizo tu maestro... Solamente tendrás que tener en cuenta una cosa para poder ostentar tal honor... - exponía ahora, a la espera de la respuesta del muchacho, el cual no dudaba - [color:5b47=9000aa]Dígame... Maestro - pedía devoto el adolescente - Pasarás la actualidad conocido como un criminal, por tu seguridad... Pasarás a la historia como un héroe referente para nuestras futuras generaciones, y aunque vivirás entre los hombres como ratas, en los suburbios... Los dioses te recompensaran como es debido una vez llegué tu momento... Sólo te pido, que no dejes que la ira te lleve cuando veas que llega el mío o el de Shiro, debes mirar por ti, eres el futuro de nuestra aldea... ¿Ves éstas tumbas? Infieles... Todos ellos ajusticiados por mí y tu maestro a lo largo de los años... Pero ésta es tu historia, tú debes ahora iniciar el legado de la Inquisición... Tú has sido elegido, joven, y deberás morir de forma gloriosa, como todos nosotros debemos hacer... - conforme las últimas palabras surgían de sus arrugados labios, muchos más aparecían de entre los árboles, al menos cinco, con amuletos de madera, a lo que terminaba de expresarse Arashi, que era seguido por todos ellos -Un hombre que sella un destino con los dioses, no será castigado por ellos al morir con honor a manos de los enemigos de los dioses, sino glorificado por los hombres como leyendas, como Susanoo, titán entre los hombres, dios entre los dioses... -

¤ ¤ ¤

Los tres shinobi corrían adelante hacia el cementerio del bosque, sin parada y con algo de prisa. Todos habrían detectado la estatua de Susanoo, las tumbas y lo lúgubre del momento, y nada más llegar, se pondrían a investigar la escena. Saori se dirigió a la escultura del dios de los mares, en el cual, al pie de dicha estatua, había inscrita una oración a dicho dios cuando éste era un hombre. Inspeccionando los alrededores del lugar, Saori podría ver que la tierra estaba abultada por todos lados, pero su atención fue requerida por Heihachi, y el lugar daba escalofríos a la pequeña, por lo que no dudó ni un segundo en acudir a su llamada. La tierra estaba húmeda, era reciente el que aquella tierra se haya movido, y el Sarutobi propuso que ella hiciese guardia mientras ellos miraban aquello. Saori, entre morros se quejaba por lo bajo - Míralo él, la última mierda y se cree que manda... Yo aquí soy el jefe... Es mi misión - susurraba de forma inaudible. Miraba al vacío mientras escuchaba como hablaban sobre lo que hacían, buscar un cadáver en aquél lugar. Ella trataba mientras tanto imaginar lo que hubiera en la nada os ir que veía, y comenzaba a tener un poco de miedo. Entonces se daba cuenta de que estaba sobre un bulto en el suelo, sin lápida, pero un bulto. Para colmo, miró a la nada y vio algo tan vil como un yokai en medio de la oscuridad, lo cual provocó que una sensación propiciada por la segregación de adrenalina recorría su columna vertebral - ¡QUEEEEEÉ COOOOÑOOOOOO! - gritaba mientras corría hacia atrás, en lo que veía a Heihachi arrodillado rezando - Pero... ¿Qué haces? ¿Estás rezando tío? ¿Crees que es el momento para ponerte a rezar, Heihachi? - interrogaba algo nerviosa por la imagen que creía producto de su imaginación. Tras aquello, los dos empezaban a discutir sobre el hecho de rezar a algo que procedía directamente a patear de seguida. Entonces, la imagen fantasmagórica volvía a aparecer, lo cual hizo que Saori se escondites tras Heihachi y agarrarse sus ropas - Maldita sea Heihachi, ¿¡Estás viendo eso!? ¡Dime que tú también lo ves! - decía, acto seguido a la escena descojonante de la pedrada y tal. Después de eso, Heihachi tomaba una actitud un tanto siniestra, la cual parecía hacer que Saori se sintiera un poco mal - ¡Eh, Heihachi! ¿¡Estás de la olla!? ¡Es un viejo, no lo trates así! - exclamaba enfadada la muchacha. La petición del Sarutobi de sacar de su escondite al asesino no resultó respondida, más una pequeña carcajada seguida de una tos sangrante seguía la pregunta - De verdad... ¿Querrías que Ideo salga? ¿Estás dispuesto a aceptar tal destino? Ésto no está a tu alcance, fantoche... Vuelve a casa antes de que sea demasiado tarde, no vaya a ser que no vuelvas a ver la luz del sol... Éste no es un lugar para niños - ofrecía, y justo al terminar, escupió a los pies de Heihachi, a lo que Saori exclamaba - ¡Heihachi, no lo toques! ¡Déjalo! - regañaba de nuevo la chiquilla, a lo que la mano del anciano se extendía a ella - ¡Tú calla, niñata! ¡Ésto no va contigo! ¡Has cavado tu propia tumba, como aquellos muchachos! - decía con una voz chirriante y gutural. Volvía a toser sangrando, pues aquella patada había roto una de sus costillas y habría astillado un pulmón, encharcando sus vias respiratorias. El objetivo principal era ajusticiar a la hija de una familia de herejes, pero Ideo habría visto aquello desde las alturas, un imbécil que por muy religioso que sea, habría atacado al máximo representante humano para él, por lo que todo se desmoronaba al ver el estado de aquél hombre. Un par de hábiles movimientos lo colocaba en una rama a diez metros de altura, y al pisar la rama, la madera crujia bajo sus pies, mirando a Heihachi con rostro siniestramente serio - Tú... Has atacado al maestro Arashi - sama... Atacar al maestro, es equivalente a una herejía a ojos de los dioses... - decía con un tono suficiente para ser oído por todos.

Sakamura quedaba paralizado del miedo, temblaban sus piernas, pero no tenía nada en su mente que pudiese dar a entender un final sano a todo aquello. Buscaba una vía de escape, pero la vuelta a la villa estaba acaparada por ellos. A su espalda, bosque, lo cual me hacía ver en una ratonera - Oh no... Ahí está, estamos perdidos chicos, ¡fin del trayecto! - exclamaba desesperado. Saori miraba en shock, y por qué no decirlo, un poco asustada. El anciano se centraba en intentar decir algo - ¡IDEO! ¡NI SE TE OCURRA! ¡Éste es mi momento, es el camino que elegimos todos en un momento de nuestras vidas! No te atre... no te atrevas... - No, maestro... Lo siento, pero le he fallado... No puedo permitirme presenciar impasible su muerte, los dioses me deben llevar a mí antes que eso... Y todas éstas personas también perecerán, y luego... Seguiremos nuestra misión - cortaba el Kaguya mientras sacaba dos huesos de sus radios por las muñecas, y miraba a Saori - Ésto es por los dioses... Hereje - acusaba Ideo al lanzamiento de su radio izquierdo. ¿Cómo llamar hereje a alguien que ni sabe qué significa exactamente? ¿cómo ajusticiar a una niña de doce años...? Ideo se decantó por atravesar su hombro izquierdo con su radio afilado, el cual viajó por el aire cortando el viento en cuestión de un segundo, el cual originalmente buscaba su corazón. El dojutsu del clan Uchiha le permitió eliminar el daño mortal, tratando esquivarlo sin éxito. Un grito desgarrador recorrió la arboleda, la voz de la pequeña preadolescente erigió como una tormenta, provocando una sonrisa de satisfacción en la cara del viejo - ¡No! ¡Saori - chan! - exclamaba Sakamura, el cual corría a recoger la cabeza de la chica, la cual se comenzaba a desangrar en el suelo - ¡Le has podido matar, hijo de puta! ¡Has atacado a una niña de doce años! - exclamaba Sakamura con rabia en su mirada. Ideo no entendía de aquello, y olvidando por un momento a Saori, su mirada recorría el espacio entre Saori y Heihachi, el cual era su objetivo próximo - Y tú... Ésto es por Arashi - sama... También te ajusticiare como hereje, por tu osadía... Morireis lenta y dolorosamente, como los dioses lo requieren... Goza de ello, maestro... - y con ésto, se dejaba caer de espaldas. Con un giro hacia atrás, posando su pie en el árbol, lo cortaba con el rígido hueso de dureza férrea, y empujando con su pie, se precipitaba sobre los tres shinobi, los cuales debían evitar el golpe - ¡Aparta Heihachi! - exclamaba Sakamura al tiempo que saltaba a uno de sus lados. Al aterrizar, tomaba la cabeza de la niña de nuevo - Saori, háblame, no te vayas - susurraba mientras le daba en la cara con su palma varias veces - Saka... Tengo mucho frío... - decía Saori con un hilo de voz. El Kaguya surgía por el mismo lado que Heihachi evitaría el golpe, lanzando el hueso donde éste no pudiera evitarlo con movimiento: en el aire. El combate estaba iniciado, y ya un herido se contaba... ¿Podrían enfrentar a Kamoto?


Hablo - Pienso - Narro

Heihachi escuchó los gritos de reproche de la kunoichi, no pudo sino seguir esbozando aquella sonrisa tranquila que siempre le acompañaba, ya había golpeado seriamente a aquel individuo para hacerle hablar sobre la situación del asesino, el Sarutobi simplemente miró a Saori realizando un gesto con la mano para restar importancia a la patada que le propinó al anciano.-Saori no te preocupes por este viejo, debe estar compinchado con el tal Ideo, sino que mierda hace en este sitio custodiando un cementerio tan viejo en medio del bosque-Justo cuando se calló, el anciano comenzó a divulgar con nombre al asesino y como de estúpidos eran al personarse con intención de buscarlo, que sus vidas pendían de finos hilos si no saldrían corriendo de allí. Justo cuando observó el escupitajo sanguinolento a sus pies, Heihachi iba a ir a abofetearlo hasta hacerle cantar por peteneras la ubicación del asesino, entre el chillido de Saori de que se estuviera quieto y la tos acompañada de sangre del viejo, el Sarutobi solo pudo negar despacio, iba a darse la vuelta cuando escuchó aquella seria y mortecina voz.-Sí, fui yo quién atacó al viejo pedorro, ¿Herejía?, ¿Crees acaso que este viejo asqueroso es un enviado de los Dioses o simplemente es demasiado importante para ti?-Bufó sin apartar la mirada hacia aquella rama a diez metros de altura, sin duda aquel tipo se veía imponente, su aparición fue inesperada pero por dentro Heihachi lo celebró, podría haber atacado sin siquiera avisar de que estaba presente, cosa que podría haber acabado muy mal para el grupo de tres, seguramente el atacar al viejo hizo que su rabia le impidiese pensar como asestar un golpe fatal al grupo y dar la cara. Escuchó como Sakamura acojonado perdido comenzaba a gritar, totalmente desesperanzado-¡Oy!, Sakamura deja de armar alboroto y prepárate para la lucha, este no es el fin, es el inicio del trayecto-Dijo intentando hacer que el ninja dejase de ponerse en peligro, un shinobi que se rinde ante un enemigo es solo un trozo de carne esperando ser destrozado sin remisión. Justo entonces escuchó la discusión del anciano Arashi y el asesino, ambos se enfrascaron en una disputa sobre el destino de morir, primero el anciano parecía querer sacrificarse, luego el asesino no quería ver morir a su maestro, por último Ideo dijo de cumplir con su misión después de asesinarlos, ¿Misión?, eran ellos quienes tenían que cumplir la misión, ¿Qué rayos estaba ocurriendo?. Los  ojos del Sarutobi regresaron al asesino Ideo Kamoto, dos puntiagudos huesos brotaron desde sus muñecas hasta sobresalir de su piel y carne, parecían dos dagas, antes de que ninguno pudiese reaccionar uno de aquellos huesos fue recogido y lanzado por el Kaguya con la mano contraria por la que fue expulsado. Heihachi se quedó sin habla al ver en acción aquella extraordinaria habilidad, había expulsado de su propio cuerpo un hueso dándole forma, sin embargo salió de su ensimismamiento al ver que la dirección a la que se dirigía el hueso, fue nada más y nada menos que a la Uchiha, la miembro más joven del grupo fue tomada por una ¿Hereje?, no pudo evitar intentar avisarla sin mucho resultado-¡Cuidado Saori!-El hueso finalmente la alcanzó, durante esos breves instantes se pudo ver como la niña de apenas doce años logró mover su cuerpo en el último momento, sin embargo Heihachi no conocía la gravedad de la herida, apretó los dientes con fuerza a la par que sus puños al escuchar aquel largo grito de dolor proveniente de la joven kunoichi, resonó en su mente como una campana.-Maldita sea…-Guio su cuerpo hasta situarlo frente al shinobi asesino del clan Kaguya que pendía aún de aquella rama.-Maldito cabrón…¡Sakamura!, cuida de Saori, ¿No eres un puto enteradillo en medicina?, ¿Cómo está?-Sakamura se sorprendió al escucharlo gritar, sin embargo no trató de evitar la situación esta vez, la ira, el miedo, el dolor de tener a alguien herido entre tus brazos, aquel cúmulo de cosas le hizo sacar un valor que desconocía tener, algo que solo puede extraerse de una situación de vida o muerte.-Ella está perdiendo sangre, puedo, no, voy a detener el sangrado y…Ahí viene-Heihachi observó que Ideo se lanzó de aquellos diez metros hacia su grupo, obviamente quería finiquitar todo aquello rápidamente. Una sombra se materializó al lado del Sarutobi, nadie salvo él podía verle pues era un producto de sus subconsciente, Kimura, su abuelo cruzado de brazos envuelto en sombras reía a carcajadas, con cara de asco el genin con kimono simplemente lanzó aire por la nariz exasperado, no tenía suficiente con un jodido asesino que venía su abuelo muerto a tocarle las narices también ahora.-Mocoso, ¿Sabes que tienes que hacer?, ¿Por qué luchas contra él?, obviamente podría usar a ese estúpido de Sakamura como cebo y a esa niña también, que haces perdiendo el tiempo aquí, deberías estar entrenando y no meter tus narices…-Mientras escuchaba toda la perorata de un Kimura Sarutobi como producto de su propia imaginación realizó sellos, primero el del perro, después el del tigre, por último el sello del pájaro, comenzó a concentrar chakra elemental en sus manos hasta finalmente enviar toda esa concentración hacia su puño derecho. Esperó a que el asesino Ideo descendiera lo suficiente, mientras tanto contestó al osado de Sakamura que se atrevía a darle consejos.- ¿Apartar?, ¿Qué mierda crees que estás diciendo?, encárgate de Saori, yo lidiaré con este huesitos-Justo en el momento en el que Ideo estuvo a una distancia peligrosa saltó en el aire esquivando hacia el lateral contrario que tomó Sakamura, obviamente un ataque con un rango tan amplio era fácilmente esquivable, pero por supuesto fue todo según el plan de ataque del Kaguya, o eso pensaba él,  Heihachi en el aire observó como el hueso salió volando en su dirección, el mismo que hirió gravemente a la Kunoichi, sin embargo el castaño se había preparado, golpeó el aire con su puño diestro envuelto en un chakra moderadamente concentrado de elemento viento, un fuerte estallido sonó en dirección al hueso y su creador repeliéndolos a ambos, al parecer el peso de las armas de hueso eran tan afiladas e incluso podían endurecerse hasta un nivel parejo al del acero, sin embargo su peso era mucho más liviano, esa fuerte ráfaga de viento podría incluso fracturar huesos. Entonces Heihachi cayó al suelo habiendo podido evadir la primera embestida del asesino Ideo, debía luchar en serio o acabaría muerto, la sombra de Kimura volvió a aparecer-Bien hecho mi nie…-Antes de que pudiese terminar lo hizo callar-Que te jodan-Parecía estar insultando al Kaguya que se levantaba del suelo después de ser lanzado unos metros hacia atrás, la sombra de Kimura se desvaneció, corrió hacia el Kaguya con una única intención, éste se puso en guardia creyendo haber subestimado al grupo en su totalidad, nuevamente crecieron los radios, y no solo estos, también los cúbitos por encima de sendas muñecas, las cruzó y dio un paso mostrando que no retrocedería, aquellos cuatro huesos parecían brillar en busca de ser bañados con sangre.-Hereje, solo pospones unos segundos tu muerte y la de tus compañeros infieles a los Dioses.-Heihachi se llevó ambas manos hacia su cintura, parecía extraer algo, con sus manos hizo el gesto de lanzar, Kamoto el asesino se preparó para mover sendos brazos junto a los huesos y esquivar e incluso destruir bajo la seguridad de sus huesos cualquier elemento que le fuese lanzado, sin embargo nunca llegó nada, el Sarutobi alcanzó finalmente su objetivo, el cubito que había sido repelido anteriormente por él mismo, lo recogió del suelo y lo esgrimió como una daga.-Vaya, vaya, que liviano es y sin embargo se nota su firmeza-Blandió el arma cortando el aire-No te lancé nada, la verdad es que no tengo equipo ninja alguno-Tosió algo avergonzado, aún no había logrado ahorrar suficiente para ir a la tienda y abastecerse como cualquier shinobi de la aldea.-Creo que me quedaré con tus huesos, parecen bastante aprovechables y me ahorraré un dineral en armas.-Esbozó una escueta y fría sonrisa mientras retrocedía apoyándose en una tumba, aquella provocación fue preparada con la intención de alejarlo de la Uchiha y el matasanos genin.-Maestro, por favor, observe bien, voy a destruir a aquel que osó posar su pie en usted, pronto estará bajo tierra como uno más de los estúpidos que osaron oponerse al designio de los Dioses-A pesar de que el maestro estaba gravemente herido parecía aún luchar por mantener los ojos abiertos, parecía costarle respirar pocas palabras podían salir ya de su boca. El Kaguya llevó una mano a su espalda, un cilindro blanco asomó entre crujidos justo al inicio de su columna, con un rápido movimiento la extrajo, tenía un metro y pocos centímetros de longitud, Heihachi abrió la boca observando la escena, este clan podría crear un arma con cualquier parte de su cuerpo definitivamente, el agujero de su espalda se cerró, aquel látigo compuesto por vértebras traqueteaba en el aire mientras era esgrimido, se abalanzó sobre el Sarutobi que lo único que podía hacer era subir a una rama, la tumba en la que antes se apoyó acabó hecha añicos, una pequeña humareda se levantó de la piedra.-Me cago en la madre que…ese hueso de que narices está hecho-Lanzó una breve mirada hacia la daga de hueso, se veía demasiado frágil en comparación a aquel látigo-Ven y recibe tu castigo hereje.-El castaño ágilmente se movió detrás de un grueso árbol milenario, el látigo de hueso se estampó en él unos cincuenta centímetros sin embargo no fue capaz de atravesarlo por completo, ni siquiera su base se vio afectada como para hacer caer el tronco, agarrándose de las ramas y con ágiles juegos de pies volvió a posarse sobre otra tumba cercana a la que Ideo había destrozado, parecía que estaba bastante habituado al entorno, o solo había entrenado toda su vida en esos bosques, su abuelo le hizo atravesar por desafíos igual de mortales que la huida de aquella columna vertebral.-Maldición nunca pensé que estaría huyendo de un tipo que esgrime una parte de su cuerpo como arma-Entonces de nuevo un sonido de cortar el aire se escuchó y una nueva tumba se rompió en pedazos llenando todo de escombros de piedra, levantando una pequeña nube de polvo y tierra. Heihachi gritó esgrimiendo la daga, con un golpe de pie sobre un tronco se impulsó hacia la retaguardia ayudado por la cobertura del polvo, pretendía apuñalar la espalda de Ideo, fue entonces cuando esgrimió una sonrisa-Patético-Dijo a la par que múltiples huesos nacían de su espalda a un ritmo alarmante, Heihachi intentó utilizar la daga para protegerse esquivando gracias al choque de tres huesos con ella un golpe fatal, Ideo dio un giro sobre si mismo haciendo que cuatro huesos tocasen a Heihachi que salió despedido hacia atrás, éste apoyó una mano sobre el suelo y saltó, volviendo a apoyarse sobre otra tumba cercana a la imagen del Dios Susanoo en piedra. El Sarutobi esbozó una mordaz sonrisa mientras la sangre descendía por su pecho y vientre, no le dejaría al enemigo probar la satisfacción de verlo sentir dolor a pesar de lo que escocían aquellos cortes, parecía la garra de un enorme animal que había asestado un terrible golpe sobre el pecho del castaño, la mitad superior de su kimono casi había sido triturada.-Joder, este tipo es un monstruo.-Murmuró y lanzó una mirada en dirección a Saori y Sakamura, esperaba de todo corazón que el inútil del ayudante fuese de utilidad.

Técnica usada:

• Fuuton: Shinkū burō no jutsu (Viento: Técnica de golpe de vacío)
• Rango de alcance: Genin: 5 metros || Chūnin: 8 metros || Jōnin: 15 metros || Tokubetsu: 25 metros.
• Entrenamiento:1º Especialidad: 0 líneas || 2º Especialidad: 15 líneas.
• Sellos: Perro, Tigre y Pájaro.
• Duración: Un turno, el de ejecución y el próximo turno del rival.
• Gasto de chakra: 35.
• Descripción:  Tras una serie de sellos el ninja es capaz de acumular una moderada cantidad de chakra en una de sus manos para luego expulsarla en un fuerte puñetazo hacia adelante en forma de una fuerte ráfaga de viento; la particularidad es que el chakra empleado logra darle cierta consistencia y densidad al viento provocando que la fuerza del golpe sea mucho mayor al que se pudiera conseguir con el Fuuton: Tsuyoi shōgeki pero su gasto energético es mucho mayor.
• Extras:  La técnica consta de un impacto de viento unidireccional de tal potencia que un impacto directo pudiese llegar a provocar una fractura de algún hueso, troncos delgados no serán suficientes para bloquear el ataque más si una roca sólida.

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El eco del ambiente resonaba en su oído interno, mostrándose molesto a la vez que distante, sintiendo como poco a poco su cuerpo a apagaba buscando la huída de tal dolor, anestesiando poco a poco el ardiente brotar de su sangre en el hombro izquierdo. Saori era demasiado pequeña, y lo que supone un arponazo de esa categoría para alguien corriente, se multiplicará al impacto en su organismo, a tal velocidad y fuerza que éste era lanzado, el hueso radio provocó severos daños en su juvenil cuerpo. Sentía mareo, calma y dolor, pero éste no era capaz de aliviar la anterior calma. Sentía frío y dificultades respiratorias, necesitaba definitivamente ser intervenida. Sakamura sacó coraje de dónde no lo había, sustrajo a través de alguna técnica médica aquél óseo alojado en la preadolescente, y con el mismo, rompía su ropa desde el costillar hasta el hombro. Debía aislar la herida, no cerrarla a la ligera, como le habrían enseñado. Tendría tal oportunidad, rasgaba el tirante de su ropa interior, y ahora comenzaba a hacer el torniquete en la herida, acompañado de un chakra verdoso - ¡Aguanta Saori! ¡No te duermas! ¡Aprieta mi brazo, a ver cuánto puedes! - exclamaba Sakamura dejándose llevar por la situación. Saori levantaba el brazo derecho, pues el izquierdo estaría difícil. Se propuso a agarrar el antebrazo de Sakamura, mientras sus ojos entrecerrados y aún encendidos en llamas miraban al médico. Mientras ésto ocurría, Heihachi contenía a aquella bestia, y eso ocasionaba mayor presión en el aprendiz de médico. La herida iba sanando, pero Saori se iba decayendo - ¡Vamos Saori! ¿¡Esa es tu fuerza!? ¡Yo creía que ibas a ser la Kusakage! - provocaba a su subconsciente. Saori hacía lo que podía, apretaba con la fuerza que le daba su músculo, pero nada funcionaba - Hago lo que puedo, Saka... Ésto es lo que hay - protestaba con un hilo de voz y sin cambiar su mirada. Sakamura no a rendía, tenía que dejar a salvo a la pequeña antes que aquél tipo se fundiese a Heihachi, y tenía que ser ya - ¿¡Ah sí!? ¡Pues en ese caso, me quedaré el puesto de Kusakage! ¡Sí! ¡Yo seré el siguiente Kusakage! - sentenciaba el iryo, logrando despertar algo en Saori. La fuerza de voluntad, hacía que su brazo apretase como nunca. Saori no iba a permitir aquella ofensa, debía vivir, debía mantenerse con vida - No flipes Saka... Antes que tú seas Kusakage, arraso la villa - decía Saori con rostro enfadado, cansado aún, pero con un hilo de ímpetu. Sakamura se alegraba enormemente de aquello, Saori había respondido positivamente a una técnica de autocontrol del dolor, y él ayudaba a curarlo - ¡Sí! ¡Así me gusta Saori! ¡Vamos pequeña, saldrás de ésta! - exclamaba jubiloso con sus ojos bañados en lágrimas. Saori iba logrando mirar su alrededor, buscar sentido en la vida de nuevo, y en aquél agitado ambiente, observaba a Ideo Kamoto, ese asesino de pacotilla incapaz de matar a una niña de doce años... Y observaba así su estado del chakra, una alteración ya conocida por los ojos carmesí de la pequeña Saori, un método poco más que terrible. La pequeña miró, y al acto, pidió a Sakamura un favor - Saka... Debes ir con Heihachi... Yo estoy mejor, debes ir con él - decía Saori con toda la vitalidad que podía. Sakamura, curando su herida, no entendía lo que decía - ¿De qué hablas Saori? Mira al chaval, ¡Está aguantando muy bien al asesino ese! - exclamaba Sakamura mostrando una positividad impropia de aquella ajustada situación - Tranquila, te vas a recuperar, y después podremos ir los tres juntos, está hecho - decía algo más confiado. Saori miraba dudosa, parecía demasiado confiado el iryo, a lo que Saori respondía de nuevo haciendo fuerza con su mano - ¡Saori! ¿¡Qué haces!? - preguntaba sin entender qué pasaba - Escúchame Saka... Ahora lo entiendo... Los huesos, son cónicos, ¿no? ¿Y cómo es posible que corten? Tú mismo lo dijiste... Necesitan una gran fuerza, necesita algo que tenga mayor persistencia para poder desplazarse por el tejido sin necesidad de filo... ¡Ya lo entiendo, Saka! -.

Ideo miraba de frente a Heihachi, sosteniendo su columna vertebral en la mano como si fuese lo más normal del mundo, posiblemente siendo la cosa más macabra que aquellos tres hubieran visto en sus vidas como ninjas. Sonreía, plácidamente podía sacar una sonrisa tan malvada como el propio hecho de atravesar a una niña y no ser capaz de entender aquello como un acto mínimamente atroz. Sabía que aquello era algo glorioso, necesario, purificador, y que no podría ser de otra forma. Ideo retiró desde el pecho sus ropas, su túnica negra dejaba de ser el misterio que rodeaba todo su físico, mostrando un cabello mediano y rubio al retirar la capucha, una cicatriz con alguna historia que le cogía desde la frente hasta la mandíbula por la izquierda, tomando toda la sien, el torso mostraba cicatrices casi en todo su tejido epitelial, y su espalda, aunque invisible para quien le afrontaba, completamente flagelada, alojada en latigazos de todos los tamaños como parte de su entrenamiento. Ahora, ésta visión haría entender lo horrible de ésta misión, lo enormemente dura que se daría ésta - Ese hombre está usando una técnica prohibida... Yo la he visto antes, en una persona de la villa que sabe usarla, yo misma podría usarla gracias al sharingan... Ese tipo está desbloqueando lentamente las puertas de chakra, está desbloqueando su límite corporal a una velocidad bastante prudente... Tú no puedes verlo Saka, pero yo sí... Puedo ver como su chakra va va vez a más... - explicaba como podía la niña, mientras seguía intentando forzar a Sakamura a que la deje con su mano, pero era difícil - Eso hará que se multipliquen sus aptitudes físicas de un modo que ni imaginas... Es algo realmente peligroso, créeme, necesita tu ayuda, Saka... - decía mientras su mano comenzaba a hacer ceder la de Sakamura. El médico no daba crédito a aquello - Pero... ¿Qué locura estás hablando? ¿Cómo va a romper las puertas de chakra? Eso sería romper el límite humano de lo físico... ¿Estás segura de lo que dices? - interrogaba Sakamura con rostro incrédulo. Saori apretaba sus dientes, y como resultado de la curación de Sakamura, lograba levantar su otro brazo y agarraba el suyo - Saka... Doy fe, mi sharingan... Puedo verlo con mis propios ojos. Necesita tu ayuda, llegará el momento en que Heihachi no podrá parar sus golpes... - y al fin, terminaba por arrancar el brazo del médico de su tacto. Respirando hondo, dejar caer sus brazos en cruz - Saka... Debes ir si quieres que sobrevivamos... Haz lo que veas mejor, pero tienes que atacarle junto a Heihachi, pues él sólo no va a poder con él... Voy a levantarme de aquí e iré con vosotros... - e inseguro, mordiendo su labio inferior, salía corriendo dirección al Sarutobi, dejando el hueso radio de Ideo junto a Saori, sangrante. La chica lo miraba, su mano lo buscaba, y con su mano acariciaba su propia sangre en el arma de la agresión, y devolvía la mirada al campo de batalla.

Kamoto regaba el campo te batalla de su visión tan atroz, mostraba un pasado terrible, doloroso, y ante ello, el anciano sonreía. El octogenario ya estaba medio muerto, pero en su visión del Yomi se llevaría a aquél justiciero haciendo paz a los dioses. Sabía lo que iba a hacer, tomaría la posición más ventajosa del combate, y para cuando fuese a lanzar las primeras palabras tras ignorar las posibles que Heihachi dijera, ya podía verse como su musculatura en general se marcaba más de lo normal - Ahora vais a saber lo que los dioses hicieron creando a seres superiores a otros... Sentenciaron a los inferiores al juicio de los fuertes, así funciona el sistema... Así lo quisieron los más altos, y así obedezco yo como su adalid... Sufrid la ira que los dioses imponen a los que osan conspirar contra su voluntad... ¡Morid! - exclamaba para terminar, y de pronto, las venas en su cuerpo se marcaban de firm espeluznante. La segunda puerta, Kyomon, se abría dispuesta a sentenciar a muerte a aquellos. Saori habría advertido a Sakamura, y éste al tercer llegado al grupo. Kamoto era ahora una bestia más que un humano, pero lo peor no estaba dicho, ya que la tercera de las puertas, comenzaba a verse rodeada por chakra... Poco a poco abriría la tercera puerta corporal, de algún modo, todo aquello se ponía demasiado oscuro. Poco a poco, esperaba sentenciar el Kaguya aquél combate. Saori juzgaba al margen, esperaba poder hacer algo para frenar aquello, esperaba poder actuar junto a ellos. Había caído al primer golpe, y eso no podía perdonárselo. Como shinobi, debía levantarse tras la caída, no dejar la carga a los suyos... Como mujer, debía ser capaz de hacerse valer más aún... Como niña debía ser desesperante en el campo de batalla... Y como Uchiha debía luchar hasta el final. Sí, ese era el mayor de todos los orgullos, más que su patria, más que su aldea, más que su orgullo y honor, era el nombre su reposaba en su espalda, a modo de símbolo del abanico, ese que aviva las llamas de la guerra y los vientos del presente... Resurgir de sus cenizas como el fénix, sólo así lograría ser lo que aspira; la mejor kunoichi de todas. Apretaba con fuerza el hueso radio de Ideo, llena de determinación, se levantaba lentamente, temblorosa, con las rodillas débiles y sus ojos entrecerrados, oscurecidos en sus párpados, costosamente lograba levantarse, y a pesar de ello seguía apretando el hueso radio de Kamoto, el cuál aún goteaba su sangre... - Donde las dan... Las toman... -


Hablo - Pienso - Narro

Nada más comprobar que Sakamura continuaba lidiando con las heridas de la joven Uchiha, Heihachi regresó la vista a Kamoto, aquella serpiente de hueso que ondeaba en su mano parecía buscar la sangre que se derramaba por el pecho del genin de Kusagakure hasta el suelo. No había forma de saber cuánto tardaría en recomponerse la kunoichi por lo que tuvo que continuar lidiando solo con aquel asesino.-Si esto sigue así deberé tomar la misión completada solo para mí esa niña no ha hecho nada, imagina la de chicas a las que podría invitar con todos esos ryus-Sacó la lengua con pensamientos algo libidinosos sobre mujeres de gran busto, solo fue unos instantes pero se vio sobre un suelo cubierto de cojines y un sinfín de mujeres de pecho abundante agasajándolo con fruta, caricias y besos. De repente despertó anclado aún en aquella mortal pelea, con todas las de perder y notando el calor de la sangre que corría por sus pectorales hasta gotear sobre la tumba en la que se hallaba subido y acuclillado.

-Joder, en la que me ha metido el cabrón de Saka…-Dijo entre dientes mientras sopesaba a su enemigo una vez más, observó cómo los huesos crecían de zonas en las que no debería haber huesos, también como algunos estaba cubiertos de su sangre, el aspecto de Ideo era terrorífico, sin embargo no podía retirarse, Saori y Sakamura estarían vendidos si lo hacía.-Eh, huesitos…-Antes de que pudiese continuar metiéndose con él percibió la mano del Kaguya moverse sin prisa, elevando el brazo para hacer descender aquel temible látigo de hueso en un instante, Heihachi saltó ayudado por una rama baja que agarró para tomar impulso, con una voltereta hacia atrás cayó junto a la estatua del Dios Susanoo, subido sobre el pedestal que la alzaba, poseían la misma estatura, fue entonces cuando Kamoto se enfureció viendo aquel acto tan deleznable situarse al mismo nivel que la representación de un Dios.

-¡Baja de ahí basura hereje!, ¡Estás faltando el respeto al Dios Susanoo!-Enarboló el látigo vertebral, comenzando a hacer unos bruscos giros que incluso hacía soplar un poco de aire circular alrededor suyo. -¿Pero de qué Dios hablas?, esto es solo un pedazo de piedra y muy mal tallado, un Dios no puede ser tan feo-Pasó un brazo sobre la escultura en plan colegas-Si fuese la auténtica representación de un Dios debería de ser de al menos un kilómetro de alto, con estas minucias solo lo haces enfadar, normal que no tengas a ninguna chica junto a ti, mírate que pinta de monstruo.-Comenzó a relatar Heihachi mientras negaba con la cabeza, en la zurda aún reposaba la daga de hueso extraída del radio de Kamoto, una explosión ocurrió haciendo que el Sarutobi saliese despedido hacia atrás, la estatua reventó en fragmentos que hacían imposible ya relacionarlo con dios alguno, el genin de Kusagakure mantenía un ojo cerrado por el dolor, se había dado un buen espaldarazo, Ideo le había sorprendido, nunca pensó que podría cabrearse tanto solo por menospreciar una piedra cincelada, sin embargo la había destruido, comenzó a arrastrarse hacia atrás mientras intentaba mantener un margen de seguridad con el maníaco de los huesos.

-¡¿Cómo te atreves a hablar mal de la estatua que creó el gran Arashi-sama?!-Se quedó estupefacto tras calmar su cólera, él mismo la había destruido, el anciano Arashi que apenas quedaba vida en él intentó articular palabra pero no podía, ya sea por el fuerte shock de ver a uno de sus pupilos destruir la imagen de uno de los Dioses que él mismo había tallado o por estar a expensas de que la parca se lo llevase. -¡¿Qué es lo que he hecho?!, perdonadme Dioses, perdón maestro-Se llevó sendas manos a la cabeza soltando el látigo de hueso, dio un par de pasos hacia atrás, parecía querer terminar de una vez por todas con todo, la cosa se estaba yendo de las manos, con aquella terrorífica mirada escudriñó a un Heihachi que se había alejado unos cuatro metros de él, desvió después la vista hacia la posición de Saori y Sakamura- Ahora vais a saber lo que los dioses hicieron creando a seres superiores a otros... Sentenciaron a los inferiores al juicio de los fuertes, así funciona el sistema... Así lo quisieron los más altos, y así obedezco yo como su adalid... Sufrid la ira que los dioses imponen a los que osan conspirar contra su voluntad... ¡Morid! –Aquella ya definida musculatura comenzó a marcarse aún más, su piel tornó incluso enrojecida como un cangrejo, se hallaba rodeado de escombros de piedra por todas partes, cuando el chakra comenzó a formar una capa alrededor suyo, Heihachi maldijo para sus adentros mientras se ponía de pie aún algo dolorido. Fue entonces cuando Sakamura apareció, por el lado opuesto en el que se hallaba el Sarutobi, éste se había quedado sin habla mientras observaba la dantesca escena ante sus ojos, el cementerio hecho un completo caos la mayoría de las tumbas estaba destrozadas y justo en el centro se encontraba Kamoto liberando tres de las ocho puertas de chakra. Los ojos se le habían puesto tan blancos como los huesos que relucían fuera de su cuerpo, no había pupila que observar dentro de ellos, desprendía un poder que dejaría en shock incluso a los más grandes shinobis de la aldea, aquel enfado había hecho entrar en un frenesí al asesino del que no podrían escapar sin poner su vida aún más en riesgo, si es que eso era posible.

-¡Heihachi!, ¡Huye!-Instó el auxiliar de misiones sobrepasado por todo aquello, extrajo lo que parecía un recipiente del que bebió, a pesar de que le temblaba la voz logró permanecer estoico en aquella situación extrayendo un escalpelo y apretándolo con fuerza, aquello más que para luchar servía para darle fuerza, no iba a rendirse, no sería más un inútil. Heichachi gritó mientras comenzó a realizar sellos-¡No des un paso más hacia él!-El Sarutobi sabía que todo poder conllevaba un riesgo, era la primera vez que el asesino se quedaba quieto a expensas de recibir cualquier ataque, el genin de Kusa no quería haber utilizado toda aquella preparación para nada, así que no dudó, sello del pájaro, jabalí, serpiente y de nuevo pájaro. Heihachi acumuló chakra en su mano diestra, el chakra elemental comenzó a girar formando un diminuto tornado que aceleraba con cada instante que pasaba. Sakamura se quedó observando a su compañero desde el otro lado, su mirada saltaba del asesino Ideo que parecía una bestia salvaje al Sarutobi que formaba poco a poco un tornado que empezaba a levantar una enorme presión de aire palpable incluso desde su posición, Heihachi lanzó el tornado que se agrandó hasta tomar la altura del propio shinobi. Ideo Kamoto fue envuelto en aquel tornado que atrajo todos los escombros con él, Heihachi se lanzó hacia atrás secando el sudor de su frente con los restos de kimono que le quedaba en una de sus anchas mangas, las rocas, ramas y todo tipo de escombros de piedra de todas las tumbas golpeaba y cortaba el cuerpo del inmóvil asesino. Sakamura y Heihachi se protegían del viento así como de los escombros que salían despedidos con los brazos cruzados delante de sus cabezas, un enorme grito se escuchó desde la posición del asesino, uno que incluso superaba el rugo del viento de aquella técnica, de repente la técnica de aquel tornado menor desapareció expandida por un colosal poder, había abierto la cuarta puerta, todos los escombros que fueron suspendidos en el aire fueron lanzados en todas direcciones golpeando en distintas partes tanto a Sakamura como a Heihachi, por suerte no fueron lanzados con mucha fuerza y fueron precavidos. Una vez la nube de polvo se había asentado un poco pudieron apreciar la imagen de Ideo, éste se encontraba en el mismo lugar, cubierto de heridas, muchos de los huesos que emergían fuera de su cuerpo fueron quebrados, múltiples heridas y cortes se abrieron a lo largo de todo el cuerpo del chunnin, el chakra se arremolinaba alrededor de él de forma visible incluso para aquellos que no poseían un doujutsu, sin embargo, era aún más aterrador el aura que desprendía, las venas de su cara incluso estaban hinchadas, esa tez color rojo parecía emular a un yokai que había venido a castigarlos realmente. -¿Qué clase de poder es este?-Musitó Sakamura dejando caer el escalpelo de su mano y dando un último trago al recipiente que portaba antes de tirarlo al suelo, éste tintineo en el suelo captó la atención del asesino que se movió por primera vez haciendo girar su cuello hacia el shinobi del clan Hozuki, Heihachi apretó la daga de hueso-¿Qué haces ahí parado Sakamura?, ¡Sal corriendo ahora mismo!-Heihachi dio un paso hacia el Kaguya lanzando el radio que expulsó previamente de su cuerpo de vuelta él, clavándolo en el pecho del chunnin, sin embargo el shinobi inquisidor ni se inmutó, como si no hubiese pasado nada, en un instante desapareció de su localización para aparecer justo delante del auxiliar de misiones, que se hallaba totalmente expuesto, indefenso, sin ninguna arma en su mano.

-¡NO!-Vociferó el Sarutobi sin poder hacer nada salvo lamentarse, una clase de monstruo que ni se inmutaba cuando una daga atravesaba su pecho, todo debido a la apertura de la cuarta puerta, era insensible a cualquier tipo de dolor físico. Con la palma extendida parecido a un golpe de karate, Kamoto esgrimió su mano asestando un terrible y veloz golpe que podía incluso cortar rocas, simplemente un ataque físico no hizo uso siquiera de aquellos fatales huesos. Heihachi corrió en vano sin poder alcanzarlo a tiempo, aquella mano atravesó y dividió en dos el cuerpo de Sakamura, el Sarutobi con los ojos abiertos como platos observó a su compañero sonreír, aquella estúpida y nerviosa faz se había transformado en una con tal determinación y fuerza que parecía una persona completamente distinta. Aquel ataque no había hecho nada a Sakamura que esgrimía una determinación digna de un Kage.-Mi turno-Dijo con una voz que no permitía réplica, se enfrentaba a un monstruo, uno además sordo, no entendía que decía al no poder escucharlo cuando rompió a través de la cuarta puerta de chakra. -¿Saka?-Pudo solo mentar el castaño alzando una ceja y recobrando el dolor que intermitentemente inundaba su pecho, guio una mano hasta él mientras intentaba recuperarse un poco tanto de su sorpresa como de los daños recibidos por el Kaguya. Entonces bajo aquella terrorífica técnica prohibida e iracundo por haber sido menospreciado volvió a ejecutar un golpe, esta vez una patada, tan potente que incluso contra el aire sonó de forma clara.-¡Jamás habrá tu turno!-Gritó molesto dando un golpe tan fuerte que incluso las piedras de las más grandes rodaron haciendo un surco en la tierra, pero Sakamura no parecía ser afectado en lo más mínimo, su cuerpo se dividió en dos fluidos líquidos formados íntegramente por agua, allí donde había golpeado nada quedaba del auxiliar de misiones, sin embargo el resto del cuerpo permanecía hasta volver a unirse por medio de esa agua que parecía separarse y unirse sin daño alguno. Sakamura volvió a repetir con su rostro serio mientras aprieta su puño.-Repito, ¿Has terminado y es mi turno?-Realizó un par de sellos, el sello del dragón y el de la liebre, fue entonces cuando propinó de vuelta una patada, esta vez su pierna no se vio cubierta por agua como cuando sufría algún ataque del enemigo, era un chakra azul poderoso y crudo como la masa de galletas sin hornear, Sakamura desprendía un aura salvaje realizando aquella patada, no era un taijutsu muy entrenado, pero aquella pierna llevaba mucha fuerza, tanta que el asesino Ideo no se la esperaba y salió volando unos metros hacia atrás, pasando incluso por delante de Heihachi. El Sarutobi no pudo creer que no solo había salido indemne de dos de aquellos fatales ataques, sino que había contraatacado, ¿Quién era ese tipo y donde estaba el cagado de Sakamura?, aquella pinta de tímido fue retirada al igual que sus gafas ahora, Heihachi intercambió miradas entre ambos encontrándose en el medio, tanto Sakamura como Kamoto permanecían en el sitio sopesándose como dos rivales al mismo nivel, sin embargo el reloj contaba para uno de ellos que había liberado una técnica prohibida.

Técnica usada por Heihachi:
• Fuuton: Chīsakunaru no jutsu(Viento: Técnica de tornado menor)
• Rango de alcance: Genin: 5 metros || Chūnin: 8 metros || Jōnin: 15 metros || Tokubetsu: 25 metros.
• Entrenamiento:1º Especialidad: 0 líneas || 2º Especialidad: 15 líneas.
• Sellos:  Pájaro, Jabalí, Serpiente, y Pájaro..
• Duración: Un turno, el de ejecución y el próximo turno del rival.
• Gasto de chakra: 35.
• Descripción:  El shinobi usuario es capaz de acumular chakra elemental en la palma de una de sus manos para poco a poco ir moldeándolo de forma espiral, el resultado de tal acción será un pequeño tornado que será enviado en dirección al rival para dificultar su movimiento, empujarlo o simplemente cortarlo. Al momento de tocar el suelo el tornado incrementará su tamaño siendo este igual a la altura del shinobi que utilizó la técnica.
• Extras:  La velocidad de rotación de la técnica será directamente proporcional a la cantidad de elementos desperdigados en el lugar en donde se ha utilizado. La presencia de pequeñas rocas, astillas o incluso armas arrojadizas acelerará el tornado provocando que este sea mucho más dañino pudiendo producir cortes considerables.

Técnica usada por Sakamura:
• Tobu (Potenciar)
• Rango de alcance:En la extremidad del usuario
• Entrenamiento:1º Especialidad: 0 líneas || 2º Especialidad: 15 líneas.
• Sellos:Dragón y Liebre.
• Duración:Un turno, el de ejecución y el próximo del rival.
• Gasto de chakra:35.
• Descripción:Técnica que a efecto práctico casi cualquier ninja puede realizar, pero en este caso, el iryoninjusu se asemeja al taijutsu. El ninja médico recudre cualquiera de sus exremidades en un poderoso y descontrolado chakra azul, que al dar un golpe, podría doblar el acero, romper una piedra o hacer una muesca en la tierra. Si este golpe da al enemigo, posiblemente le rompa algún hueso.
• Extras;-

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